Sexo indebido en el carro con mujer casada
Luego de un tiempo desde mi última experiencia con mi vicio favorito, me encontraba algo molesto. La mujer que me vuelve loco tenía semanas sin hablarme y me tenía bloqueado en WhatsApp. Pasó el tiempo y solo pensé que estaría ocupada. Ya me hablaría cuando pudiera o quisiera. Era un jueves tranquilo de verano. Yo ya estaba en casa con mi esposa, a punto de dormir, ya en pijama. Me entra un mensaje que decía “holis”. Me pareció muy extraño, ya que rara vez me habla de noche. Pero como siempre, me emocioné y respondí rápidamente.
Me contó que había salido de fiesta con sus amigas y quería que llegara donde estaba ella. Me molesté, ya que pudo habérmelo dicho antes con tiempo. A esa hora y en pijama, ¿qué le puedo decir a mi esposa para escaparme? No se me ocurría nada. Simplemente seguí hablando con ella. Ella me provocaba para que me inventara algo y saliera. Me mandó fotos de cómo iba vestida: se veía riquísima. Me recordó lo bien que la pasamos la última vez. Me dijo que tenía ganas de mi verga, que la extrañaba.
Por más caliente que estaba, no podía inventar una excusa válida para salir esa noche. Me fui a la sala, supuestamente a ver una película. Mi esposa se quedó en el dormitorio. Yo seguí hablando con mi vicio favorito. Me mandaba fotos y videos bailando con sus amigas, enseñándome lo que me estaba perdiendo. Me dijo que se había tomado unas pastillas potenciadoras sexuales. La tenían muy caliente, con su vagina escurriendo. Necesitaba coger. Si yo no llegaba, había varios hombres atractivos que no le quitaban la mirada de encima.
Me lo dijo para retarme y provocarme. En realidad, ella jamás le haría caso a ninguno. A mí me costó una eternidad que me hiciera caso, ni yo sé cómo lo logré. Pero sus retos y la plática me tenían con la verga durísima. Cada vez se hacía más tarde y mis posibilidades de llegar, más escasas. Llegó casi la medianoche. Le pregunté cómo se iba a ir a su casa. Respondió que su amiga la iba a dejar, a menos que yo quisiera ser su Uber y llegar por ella. Me mandó una foto muy provocadora, casi enseñándome todas las tetas, con una cara de sexo. No me resistí. No aguantaba más, necesitaba verla.
Me acerqué sin hacer ruido a ver si mi esposa ya dormía. Sí, la encontré profundamente dormida. Silenciosamente, así en pijama como estaba, agarré las llaves del carro y me escapé sin hacer ruido. Directo a traer a mi vicio. Entre la adrenalina y la calentura, no podía creer que estuviera haciendo eso. Si me descubrían, no tenía ningún pretexto para decir. A pesar de que estaba lejos, llegué rapidísimo. Ella, en efecto, le dijo a su amiga que no se preocupara. No quería molestarla con que la fuera a dejar. Su Uber ya estaba afuera. Salió. La vi venir a la distancia. Madre, me vuelve loco esta mujer.
Con razón los hombres no le quitaban la vista de encima. Qué sexy y rica se veía, y venía directo a mí. En ese momento no me importaba nada. Valía la pena las consecuencias. Se subió. Se encontraba bastante ebria. Sin decirme nada, se lanzó sobre mí y me dio un prolongado beso con mucha lengua. Era verano, venía en vestido. Me dijo: “Me puse vestido esperando que vinieras, para facilitarte el acceso”. Mientras me besaba, no podía quedarme ahí parqueado. Así que aceleré.
Entre su ebriedad y calentura, estaba totalmente desinhibida y me encantaba. Se sacó su tanga, quedando sin nada abajo, y me la puso en la cabeza. Estaba mojadísima. Ella sabe que me encanta el sabor y el aroma de su pussy. Qué rico. Logré agarrarla con mi mano y olerla. Olía delicioso y estaba muy mojada. “Esta tanga me la quedo”, pensé. La volteé a ver: se estaba abriendo de piernas, enseñándome su depilada y mojada pussy brillando para mí. Se comenzó a masturbar. Me dijo que estaba muy caliente. Se sacó las tetas por el vestido.
Ahí estaba yo, en la madrugada, con una mujer increíblemente sexy semidesnuda en el asiento del copiloto. Necesitaba encontrar un lugar para parquearme. Quería comerla toda. Ella se abalanzó sobre mí y metió su mano sobre mi pijama. Le fue bastante fácil sacarme la verga, que la tenía durísima para ese entonces. Se agachó a mamarme la verga. Dios, qué rico. Me la estaba chupando mientras me decía: “Qué ricaaa”. Se la metía toda a la boca. La sacaba y me decía: “La extrañé mucho”. Su boca sedienta no dejaba de chuparla.
La agarró con su mano, se le quedó viendo con ojos de viciosa. Me dijo: “Diego, me encanta su verga. Me gusta su olor, su sabor y su forma. Me voy a volver adicta. Qué delicia”. Y se la volvía a meter toda. A todo esto, yo seguía manejando, buscando un lugar para parquearme. Se levantó a mi oído y me dijo: “Quiero que me cojas, Diego. Por favor, tengo ganas de que me la metas por el culo y me mandes a casa con mi marido escurriendo su lechita por el culo. Estoy muy caliente. Cógame por favor”. Se volteó, se levantó el vestido y puso su rostro hacia la ventana, dejando su culo a la vista.
Yo seguía en la autopista, pero no me importó. Me hice un poco a un lado y comencé a mamárselo. Le metía la lengua hasta adentro mientras ella me ayudaba abriéndolo con sus manos. Permitía que mi lengua llegara más profundo. Mientras gemía de placer: “Síii, asíii. Quiero que me cojas el culo. Quiero entregárselo todo y que me lo dejes bien abiertito, por favor”. Yo seguía en plena autopista. Carros pasando al lado mío y no me importaba. Estaba disfrutando ese culo como nunca. Se volteó y me dijo: “¿Se va a parquear en algún lado o me lo cojo aquí mismo?”.
Aceleré la velocidad buscando la primera calle tranquila donde meterme. Ella se empezó a meter los dedos y me miraba con cara de sexo, diciéndome que me apurara, que estaba muy caliente. Se metía los dedos en su pussy y me los metía a la boca. Sabe que sus jugos me vuelven loco. Me ahorquillé en una calle que se veía tranquila. “Ahora sí me la voy a coger”, le dije. Ella hizo mi sillón hasta atrás y me dijo: “No, yo me lo voy a coger a usted”. Tengo una SUV bastante alta, así que no tuvo problemas en subirse encima mío.
De hecho, primero me puso su pussy chorreando en mi cara y me la restregaba toda por la nariz y la boca. Tenía la cara mojada por sus jugos. El olor a sexo se sentía por todo el carro. Mi verga estaba como un cohete. Qué rico me lo estaba pasando. Se quitó de mi cara y se hizo para abajo. Procedió a agarrarme la verga con una mano y se la metió hasta adentro. Empezó con un movimiento pélvico sensual mientras yo la agarraba por la cintura. Se acercó a mi boca y me dio un beso con lengua entre gemidos. Mi boca sabía a sus jugos y ella pasaba su lengua por toda mi cara.
Me dijo: “Me lo voy a coger durísimo hasta acabar, pero no quiero que usted acabe. Quiero que me cojas el culo aquí en el carro y me mandes a casa con el culo escurriendo su lechita”. Madre, solo con que me haya dicho eso quería acabar. Me empezó a coger. Se movía tan rico, me estaba cogiendo de una manera deliciosa. Hasta que sentí su orgasmo: eran gritos de placer. Yo estaba con mi verga que no aguantaba. Eyaculé un poco, pero no quería que me descubriera. Igual mi excitación seguía a tope. Podía seguir cogiendo.
Ella se quitó de ahí y me dijo: “Cómame el culo como me lo estaba comiendo”. Me lo volvió a poner en la cara. Qué rico. Me lo empecé a devorar mientras ella por abajo se metía dos dedos en la vagina y gemía de placer. Su culo cada vez se dilataba más y mi lengua entraba súper fácil. No iba a tener ningún problema en penetrarla. Hasta que, para mi mala suerte, vimos una radiopatrulla. Inmediatamente me quité de ahí, aceleré y seguí mi camino para su casa. Ya era muy tarde y no quería que su esposo sospechara.
A ella, a estas alturas, ya no le importaba. Estaba muy ebria y caliente. Para evitar problemas, decidí manejar hacia su residencia. Ella no se quedó tranquila. Me agarró la verga y me la empezó a chupar. Se la estaba gozando tanto como yo. Ya casi llevábamos a su casa, así que bajé la velocidad y me relajé a disfrutar. No aguanté mucho más y eyaculé una gran cantidad de semen en el interior de su boca. Ella hábilmente lo tragó todo sin que se le escapara nada para no manchar. Siguió chupando hasta sacar la última gota de mi verga. Gemía y decía: “Mmm, qué rico. Me encanta el sabor de su lechita”, pasando toda su lengua por mi glande.
A los pocos minutos llegamos a su casa. Estábamos enfrente y ella me seguía besando. Le dije que era muy peligroso, que la podía descubrir su marido, que se entrara mejor. En su ebriedad, se volvió a poner en cuatro y me dijo: “Solo cómemelo un poco más el culo, por favor”. ¿Y cómo resistirse? Le metí la mano hasta adentro. Me pedía que le diera un par de metidas, que tenía muchas ganas. Mi verga seguía a tope. Se la metí un par de veces duro y hasta adentro. Le dije: “Ya no puedo más, su marido nos va a descubrir”. Se enojó y se metió a su casa.
Al día siguiente me contó que lo primero que hizo fue llegar a su cuarto. Su marido dormía profundamente y ella seguía muy caliente. Se subió encima de él y le puso la vagina en la cara. Le dijo que tenía ganas y que se la chupara. Él ni lo pensó: comenzó a lamer su mojadísima vagina mientras ella se la restregaba toda. Pensando que hacía menos de dos minutos había tenido mi verga hasta adentro. Ahora él se la estaba chupando. Su marido probablemente lamió residuos míos, pero no le importaba nada en ese momento. Él continuó mamando.
En lo que su verga se le ponía dura, se la agarró con una mano para corroborar. Se bajó, se la metió a la boca para lubricarla. Sin poder dejar de pensar en mi verga y en la eyaculada que le di. Se estaba sintiendo muy zorra. Estaba degustando ambas vergas. Mi diosa del sexo se le subió encima y se empezó a coger como le gusta a ella: duro y rápido. Ella tenía el control, estaba en su máximo punto. Le agarró del pelo y le dijo que él no podía acabar, solo ella.
Se lo cogió durísimo hasta que llegó a su orgasmo. El pobre ya no aguantaba más. Quería ser obediente y tenía la verga a punto de explotar. Se bajó, se puso enfrente de sus piernas y le agarró la verga. Estaba sedienta, insaciable. Comenzó a mamarla. Le pasó la lengua por los huevos y el culo mientras le abría todas las piernas. Se mojó dos dedos y se los metió por el culo mientras aceleró la mamada que le estaba proporcionando. Él le eyaculó con grandes chorros de semen sobre el interior de su boca. Los cuales le escurrían por toda la cara.
Con una mirada pícara, agarró su verga, lo vio a los ojos. Agarró con su lengua los residuos de semen que le quedaban. Le sacó la lengua enseñándole toda su lechita y se la tragó. Se sintió la más zorra en ese momento. Era la segunda verga que eyaculaba sobre su boca esa noche. Él, muy satisfecho, se quedó dormido. Ella se quedó a la par, recostada. No podía creer la noche que acababa de tener. Su clítoris estaba hinchadísimo. Trató de conciliar el sueño sin dejar de pensar en la increíble experiencia que había tenido esa noche.
Yo, por mi parte, llegué a mi casa sin hacer ruido. Justo cuando me acosté en la cama, mi esposa se despertó y me dijo: “¿Dónde estabas?”. “Solo fui al baño, mi amor”, le contesté. Le di un beso y se quedó dormida. Mi respiración estaba agitadísima de los nervios. Le agradecí al universo por no haber sido descubierto y por la noche que me dio. Traté de conciliar el sueño aún muy excitado. Cada vez que lo pienso, se me pone durísima.
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