Seduciendo al mecánico

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Él checó el carro y vio que los alambres de la batería estaban flojos y con las pinzas allí mismo. Tú los aflojaste los cables o los estabas apretando – ella lo abrazó por detrás y dijo: la verdad es que me dejaste pensando en lo que me dijiste ayer, que te hubiera gustado cogerte a una new yorkina, y pues la verdad, me gustaría darte esa experiencia.

La volteó y sus manos fueron directo a sus nalguitas, las apretó y la levantó dándole un beso muy apasionado. Abrí mis piernas para abrazarlo mejor, así estuvimos agasajando. Yo por encima del pantalón podía sentir un bulto muy duro hasta que le dijo que apagara las luces de su camioneta. — Pensé ahora si me lo voy a coger, pero cuando llegué, me ordenó que me hinque, yo por lo caliente obedecí, saco su verga, agarro mi pelo con la mano izquierda, y con su mano derecha me pegaba en toda la cara con su pene, yo como loca sacaba mi lengua para poderla chupar y decía ¿en verdad eres Nykina? Seguro que vas a hacer lo que hacen ellas, — yo decía si yo te complazco en lo que tú quieras, pero deja y te la chupo.

Me metió la verga en la boca y la sacó muy bruscamente haciendo un ruido de Claw, me agarró la quijada con su mano derecha, abrió mi boca, acto seguido me escupió diciéndome: — Vamos a ver si eres la puta que creo que eres.

Y me abofeteó, tomó su verga y me la metió en la boca.

En ese momento me di cuenta de la dimensión de esa dura verga que entraba en mí… Era gruesa, dura y muy venuda, de tal vez 8 pulgadas.

Mis rodillas por el suelo comenzaba a doler, pero él con sus manos sujetaban mi cabeza y el ritmo de su cadera fallando mi boca. Traté de agarrar su verga, pero él, con su voz varonil, dijo: las nykinas ponen las manos atrás y yo volví a obedecer, podía sentir lo húmedo de mi vagina saboreando esa rica verga. Cuando de repente la metió hasta mi garganta, traté de empujarlo, pero su fuerza era mayor que la mía, y decía ahora, si putita vas a conocer a un verdadero hombre, unos segundos después saco su verga, acto seguido por una bofetada y dándome.

— No metas las manos o te seguiré abofeteando hasta que aprendas a chupar verga. Volvió a meter su verga y el control que me hacía sentir, sentirme dominada me ponía más caliente. después de un rato empecé a suplicarle que me follara y él decía que todavía no ganaba ese derecho, podría ver cómo disfrutaba follar mi boca y eso me hacía súper caliente, mis tangas estaban muy húmedas.

Finalmente me levanté y mis rodillas estaban muy adoloridas, pero mi calentura era aún más fuerte. Me levanté la ombliguera para chupar mi pezón duro y bien parado y sus manos hábilmente desabrochaba mis shorts y bajaba mi tanga, con mis pies me las quité y con su dedo ya estaba explorando mi vagina.

Quieres sentir mi verga fallando te, me decía… Sí, sí , por favor, cógeme. Me levanté hacia el cofre, abrí mis piernas y levanté más el culo y sentí su lengua dando suaves lambidas. – Sabes que eres muy rica, decía y me nalgueaba.

Estuvo solo unos pocos minutos saboreando, cuando se levantó muy lentamente iba pasando su verga por en medio de mis piernas hasta llegar a mi vagina. Podía anticipar que me iba a abrir toda, que esa cogida no iba a ser como otras personas, sabía que iba a ser especial. Con su mano la pasaba por afuera de mi vagina, abriendo los labios con su glande, pegó todo su cuerpo en mí. Se acercó a mi oído y me dio un beso en el cuello y dijo: —Te la tienes que ganar primero. Me agarró del cabello y se puso de pie, me dio un beso en la boca y me volvió a hincar . Yo haría lo que fuera por sentir esa rica verga.

Volví a follarme la boca, pero esta vez en menos de 30 segundos se vino en mi boca, el muy cabrón me la metió hasta dentro y explotó en mi garganta, sentí esos chorros calientes y espesos correr hacia mi estómago. Sacó su verga y se acomodó el pantalón, yo me puse de pie, me dio un beso y una nalgada y dijo: tengo que ir. Mi esposa me espera.

Lo vi alejarse, mis piernas temblaban y tuve que masturbarme. Cuando me vine, solo podía pensar que esa verga tiene que ser mía.

Esa noche no podía creer que me había dejado sin follarme, había tantos hombres queriéndome coger y él solo me había follado la boca. Me hacía pensar por qué lo hizo. El sueño me dominó y me dormí en mi sueño que  seguía muy caliente, soñaba que era su ayudante y mi uniforme era un traje de baño negro que me hacía lucir mi piel blanca. Él llegaba por detrás y me tocaba la piel y repegaba su cuerpo al mío y solo de sentir eso hacía que me mojara y podía sentir su olor a grasa de carro y gasolina. Él llegaba y me llenaba de grasa mi brazo desde el hombro hasta los dedos, acto seguido de un beso en mi cuello y dando me nalgadas.

Cuando desperté, puse mi mano en mi vagina y estaba pidiendo verga, desperté a mi esposo Alx y le conté lo sucedido. Monté su verga y me hizo venir pensado en cuando lo volvería a ver al mecánico.

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