Relato porno – La gallina de los huevos de oro
Quien no recuerda la historia de la gallina de los huevos de oro, apodo que caracteriza a mi mujer, una señora de 37 años. ¿Por qué? Comienzo por describirme. Mi nombre es Joaquín, soy un hombre de 41 años, alto, 1,85 m, peso 88 kg. Gracias al ejercicio constante que hago, me gusta el fisicoculturismo, todo lo he convertido en músculo, o al menos la mayor parte. Soy licenciado en Derecho y en mi profesión me ha ido bastante bien: tengo un despacho grande y muchos clientes.
Mi mujer era guapa, se podría decir. En su adolescencia tenía un cuerpo delicioso: trasero, piernas y busto eran una maravilla. Desde nuestro noviazgo hasta principios de nuestro matrimonio la cogía a todas horas, pero todo cambió. Con el tiempo, por cuestiones de la naturaleza, nunca pudo darme un hijo varón, pero en cambio me dio seis hijas: Natalia, Cecilia, Mayren, Jimena, Laura y Carolina. Las tuve de todos los colores y sabores: dos rubias, dos blancas, una morena y una pelirroja. A todas las tuvo una tras otra, con mínima diferencia de edades; la mayor tiene 24 y la menor 18.
Mi esposa, con la excusa de tantos embarazos, descuidó su cuerpo de manera horrorosa, convirtiéndose en una cerda de unos 115 kg por 1,69 m, rubia y casi siempre sin arreglarse. Su carácter se volvió amargado y, a la hora de sexo nocturno, el solo pensar en cómo temblaban sus carnes hacía que mi erección desapareciera a la velocidad de la luz.
Por otra parte, mis hijas en su adolescencia eran diosas del Olimpo comparadas con su madre horrorosa. Vivir con esas bellezas y la falta de sexo provocaban erecciones masivas todos los días. Incluso al levantarme por la mañana y toparme en la cocina con uno de esos bombones en babydoll, como solían dormir, me dejaba a mil. Pero siempre mi mente había podido más que mi verga: “Son tus hijas, son tus hijas”, me repetía.
Mi hija Natalia, de 24 años, es una morena guapa que heredó mi estatura: mide 1,71 m, bastante alta para mujer. Tiene piernas encantadoras, firmes y largas; tan largas que podría pasarme la noche recorriéndolas, terminando en un culo redondo que arrebata miradas al caminar, y arriba un par de melones dignos de ser devorados. Viste provocadora: blusas escotadas con minifaldas.
Por ser la mayor quiso estudiar Derecho como su padre. Ya casi finalizada su carrera, me pidió entrar en mi despacho para aprender práctica. Encantado, le dije que le enseñaría todo lo que sé (y vaya que tenía ganas de enseñarle cosas).
Desde el primer día en el despacho vestía minifalda, como suele hacerlo. Sin el peligro de mi esposa, me daba rienda suelta admirando cómo iba y venía, con esas nalgas apetitosas matándome de placer. Yo no salía del baño: me iba y me la jalaba, bajando la calentura pensando en lo ricas que estaban sus nalgas y lo sabroso que debía ser chuparle los senos a mi adorable hija.
El horario era de 8 a.m. a 3 p.m. por sus estudios vespertinos, pero al concluirlos le propuse tiempo completo: 8 a.m. a 8 o 9 p.m. de lunes a viernes, y sábados-domingos en viajes de “negocios”, a cambio de buena paga. Sin más, dijo: “Sí, papi, por supuesto; aparte de dinero, aprenderé mucho contigo”. Quedó pensativa y añadió: “Hmmm, pero… ¿y Julián?”.
Julián era un mocoso estúpido con quien llevaba dos años y tres meses de noviazgo; olía a boda, y a mí me molestaba, aunque a mi esposa le daba alegría. Le dije: “Mira, Naty, hay que tomar decisiones que nos convengan; si es necesario dejar a Julián por un futuro prometedor…”. Hizo una mueca, pero respondió: “Está bien, papi, tienes razón; le pediré que no nos veamos más, ya habrá otros hombres”. Me llené de satisfacción: “Por supuesto que habrá más hombres, mi niña adorada”.
Esa tarde quedó en reunirse con Julián en casa. Le dije que llegaría a las 9 p.m. y su madre con hermanas estarían con abuelos. Sin decírselo, la mandé a entregar papeles mientras yo instalé una cámara oculta en la sala, la dejé grabando y regresé al despacho. Media hora después llegó Natalia, se despidió y se marchó a su cita a las 5 p.m.
A las 8 p.m. fui a casa calmado. Todo en silencio. En su cuarto, Natalia dormía boca abajo con minivestido. La moví: “Despierta, amor, ¿cómo te fue con Julián?”. Una lágrima rodó por su mejilla. Fui a la sala, tomé la cámara y en mi estudio vi la cinta.
Primeros minutos vacíos. Luego Natalia buscando algo, regresa con una foto (lejos para ver detalles). Habla despacio a la imagen. Timbra el timbre: entra Julián suplicando. Treinta minutos de súplicas (avancé). Él pide sexo final “por viejos tiempos”; ella accede si no la busca más.
Julián sentado, Natalia desabrocha pantalón: pija de 8 cm semierecta, crece a 13 cm. La masturba salvaje, soba huevos grandes. Le hace mamada exquisita; gemidos y ruidos de succión. Blusa arriba, tetas moviéndose; él las amasa. “Naty, qué ricas tetas; si tu padre viera qué zorra eres, te correría del despacho, pero no sin azotes en nalgas sabrosas”. Succiona fenomenal. “Menuda zorra; puta, puta”. Eyacula en su boca; traga todo.
“Wow, sorprendente; lástima que no me dejaste el culo”. “Ni lo sueñes, sagrado; menos ahora”. Ver ga erecta, la pone a cuatro patas, penetra vaginal. “Aaaah, qué rico, dame duro”. “Sigues apretadita”. Media hora intensa en sala; yo espectador, chaqueteándome hasta cinco chorros en pantalla.
Me dormí. Golpe en puerta: Natalia en babydoll blanco sexy. “¿Cómo te fue con tu pareja?”. “Prefiero no hablar”. “Como digas”. “Gracias, papito, por ser comprensivo”. “Para eso soy tu padre, para darte amor”. Me besa mejilla, se sienta en piernas: “Mamá dijo que se quedan en abuelos; me encarga cuidarte en todo”. “¿En todo, Naty?”. “Sí, papi; esta noche soy la mujer de la casa”. No resisto: cara, tetas, culo, labios cerca. “Puedes serlo cuando quieras”. Sonrisa coqueta, abrazo pegando tetas. “Hora de dormir”. “Te amo”. Otro beso; se va, dejándome excitado. Desquito con video toda noche.
Al día siguiente sábado, tarde por agotamiento. Silencio; grito: “¡Ya vine!”. Esposa. Semanal igual: Natalia riquísima, yo excitado, pero ahora aguanto sin masturbarme hasta conquistarla o renunciar al sexo forever.
Esposa e hijas salen de vacaciones; sugiero un mes a rancho Perlas Negras, San Luis Potosí, con camioneta y tarjetas. Acepta ambiciosa. Día llega: contentísima, parten enojadas (excepto Mayren, fans de abuelo Humberto). Camino libre.
Trabajamos; invito a comer fancy. Natalia en faldita azul, tacones, muslos morenos, blusa rosa tirantes mostrando espalda-pecho. Hombres envidian, excitados. Brindamos vino; propongo saltar tarde laboral, bebemos. Ella “alegre”; yo controlado. Logro borrachera total: “Momento”. Pago, ballet parking, casa.
En sala música; bailamos pegados. Manos en cintura bajan a culito; pego verga semierecta a conejito; gemiditos. Se duerme brazos. La llevo cuarto, falda sube: muslos, conejito blanco. Beso muslos locamente; quito falda, lamo por calzón, bajo pantalones. Ver ga erecta 22 cm gorda. Bajo calzón: depilado. Remordimientos infancia; volteo foto mesita “TE AMO”: mía. Confundido.
Veo culo desnudo perfecto. Beso-muerdo glúteos: “Dios, qué rico; culo divino”. Gemidos crecen. Dedos raja empapada. Ver ga exige. Atrás, punta en vagina: arremeto. “Mijita rica”. Quejido; sigue dormida. Mitad: “Aaaah”. Fondo: ojos abiertos. “¡Papá, qué haces!”. Intenta zafarse; sujeto tetas, atraigo. “Cogiendo a mi nenita, dueña casa”. Meto-saco veloz. “Papi, loco; duele”. Sacudidas masajean ver ga. “Nos volvimos locos; te deseo, foto lo prueba. Relájate”. “Tómame, gózame; folla a hijita”. “Incesto delicioso”. “Me vengo”. “Yo también; adentro”. Chorros calientes. “Papiii, calientita”.
Tendido. Rostro en ver ga flácida; masturba, lengüetazos. “Rica verga; tuya”. “¿Mami?”. “No roba sueños; tú excitas más”. Chupa delicioso: lados, succión mitad, lengua larga. Erección; cabalga ensartada. “Me matas”. “Cabalga mujeron”. “Síiii, péntrame”. “Qué nalgas; zorrita mía”. Olor sexo. “Rómpeme culito; reservado para ti”. Empujón ano: llora dolor. “Rompió culito”. “Apretado; ¿saco?”. “No, dame más”. Diez minutos anal. “Métemela conejito; leche aquí”. Hundida vagina. “Delicia; zorra golosa”. “Soy putita tuya; lléname, hazme hijo nuestro”. Descargo furia. “Me vine”. “Yo también”.
Dormimos; medianoche bañera, otra cogida. Mes sin esposa: cogemos diario, salimos como esposos, duermo con ella. Sueño acaba; llama: “Grave ocurrió; regreso en tres semanas. Cuida Naty”. Desconcertado, sigo cogiendo. Día: “Papi, embarazada”. Alegría prohibida; fruto amor. “¿Sociedad?”. “Diré de Julián”. Acepta patán. Esposa llega: Natalia panza notoria; Mayren (21) también embarazada. ¿Quién preñó pelirrojita?
¿Te gustó este relato? descubre más relatos para disfrutar solo en nuestra página principal.
