Amor Filial | 10.644 lecturas |

Mi hermano jugó con mi culo estando dormida

Esto que a continuación les contaré sucedió cuando mi hermano y yo nos empezamos a enrollar. Tenía yo 16 y el 20. A veces es difícil recordar sucesos, y de esos sucesos detalles. Afortunadamente lo recuerdo casi todo. Eso creo. Las cosas que suelen ser muy profundas para nosotros nunca se olvidan, y esta experiencia que pasó con mi hermano es una de ellas. El día que pasó todo fue un sábado. Ese día fue todo normal. Por la mañana siempre salía a correr, llegaba a desayunar y salía con mis amigos y amigas. Ese sábado había ido al cine. Llegué como a las 8. Las palomas me habían llenado que no tenía hambre.

– ¿cómo te fue?, preguntaba mamá cuando entré.

– bien bien, fue divertido.

– que bueno, ¿ya dormirás?

– si, estoy algo cansada.

Jorge sólo me miraba. La verdad lo vi muy normal, no me vieron toda la tarde. O tal vez fue por cómo iba vestida. Sin duda las mujeres sabemos cuándo llamamos la atención. No soy fea y tampoco la gran cosa. Me considero bonita. Soy de piel blanca, delgada, estatura de 1:65, sigo teniendo la misma estatura. Cabello lacio. No muy largo. Lo tengo 5 centímetros pasando mis hombros. Lo sigo teniendo igual hasta ahorita. En cuanto a mi cuerpo, no me quejo. Sin duda lo he mantenido en forma. Cuando tenía 16 años iba a ballet, así que pues ya se darán una idea. Aunque estaba en etapa de desarrollo tenía y sigo teniendo unas nalgas levantadas y tonificadas. Ahorita sólo practico gym.

– está bien, descansa, buenas noches, contestó mamá.

– hasta mañana a todos.

Entré a mi recamara. Aventé mi bolsa y me despinte los labios y un poco los cachetes. Me quité el pantalón de mezclilla y la blusa. Paseaba por todo mi cuarto con sólo el calzón blanco y un top negro. Revisé mi mueble para ver con que dormir. Me puse un pantalón lycra color gris y me cambié el top por una blusa blanca muy pegada a mi cuerpo. Distendí la cama y me metí. Prendí la tele y esperé a que me diera sueño. Abrí los ojos, la tele aún estaba prendida. Miré mi celular y eran las 2:40 am. Me había quedado dormida con la tele encendida. La apagué y dejé caer mi cabeza sobre la almohada. El sueño estaba pesado. Habían pasado como 5 minutos y en ese instante escuché que la puerta se abrió. Supuse que era mi mamá o papá que habían escuchado la tele, pero no. Sentí que una mano resbaló por mi cabello. Medio abrí los ojos y pude ver a Jorge parado junto a la cama. Aunque era de noche, la lampara de lava que siempre mantenía prendida, iluminaba un poco mi cuarto. Papá me la había regalado de cumpleaños. Vi que me miraba. Se inclinó hacia mi rostro.

– …oye…susurró en mi oído derecho.

No sé cuál era su motivo para despertarme, pero no le hice caso.

Lo poco que vi es que su mirada recorría mi cuerpo. Estaba acostada boca abajo. Y únicamente estaba envuelta en la sábana. Puso su mano sobre mi cabeza resbalándola lentamente. Me acarició y aprovechó para tomar la orilla de la sábana. Comenzó a destaparme la espalda hasta la cintura. Al tener los brazos sobre la almohada junto a mi cabeza, dejé un hueco entre mis costillas y la orilla de la cama por lo que se sentó en ese lugar. Al hacerlo acercó su cara a mi cuello y rozó su nariz.

– que rico hueles, dijo y me besó.

No podía moverme. Y si lo hacía terminaría con todo su plan. Me quedé fría cuando hizo eso. La verdad me sorprendió mucho que él hiciera eso porque soy su hermana y no está bien. Se subió a la cama colocando su cuerpo sobre el mío. Aunque no se acostó sobre mí pero podía sentir el rose de su pecho sobre mi espalda. Sus brazos y sus piernas estaban alrededor de mi cuerpo. No tenía escapatoria. O tal vez si. Simplemente disimulando que me despierto por casualidad, pero quería saber que más era capaz de hacer. Su rostro rozaba mi cabeza. Su nariz se metía entre mi cabello. Bajó la sabana destapando mi trasero.

– mmmm estás bien buena…

Su rostro bajó a mi culo. Pasó por mi espalda y rozó mi espina dorsal hasta llegar a mi cadera. Se detuvo. Se apartó. Sus manos tomaron mi cadera muy suavemente. No quería que me despertara, supongo. Estaba hincado sobre mis piernas sin aplastarlas. Sin percatarme, en menos de un segundo puso su rostro sobre mi culo y lo presionó entre mis dos nalgas. Dios, no creí que hiciera eso. Su cara sobre mi traserito parado.

– dios, que rico te huele.

Bajó sus manos al resorte de mi lycra y lo bajó muy lentamente. No sabía que hacer, en verdad. Tragué saliva. Me quedé intacta para que pensara que seguía dormida. Bajó mi pantalón hasta mis tobillos. Fue mucho fingir que estaba dormida. Así que me moví un poco para ver que haría. Se quedó quieto, no hizo ningún movimiento. Se montó sobre mí y acercó su cara a la mía revisando si había despertado. Me dio un beso en la mejilla derecha y plantó sus manos en mi culo parado.

– tienes un excelente culo, dijo masajeando lentamente mis nalgas.

Lo poco que pude ver de reojo es que se agachó y presionó su cara en mi trasero. Sentía su rostro en mis glúteos.

– estás bien rica, mi vida.

Dió un profundo respiro en mi trasero.

– Dios, que rico.

Sus palabras me excitaron un poco pero igual quería que no siguiera, así que actué como si me estuviera despertando. Estiré mis brazos y me apoye de la almohada levantando mi cabeza lentamente. Justo al despegar mis cabeza y mis pechos del colchón, Jorge me detuvo echándose encima de mí. Tomó mis brazos como cuando le ponen esposas a los ladrones.

– quédate quieta y no hables, me dijo al oído.

– quiero que no sigas, dije.

Mi cara estaba enterrada en la almohada, no me podía mover.

– por favor, suéltame, le pedía forcejeando para liberarme, pero no podía.

Con la mano izquierda mantenía juntas mis manos con mucha fuerza y con la otra empezó a frotarme el clítoris.

– no te voy a soltar, ¿me entendiste?. Te tengo muchas ganas, dijo quitando su mano de mi vagina y dándome un fuerte azote en el glúteo derecho.

– aaahhh!!! Rayos!!! Dije y arrugue la cara sofocando el dolor

Me ardió horriblemente pero era difícil negar que no me excito más.

– tienes un culo bien parado, hermanita. Me dan ganas de probarte todo.

Mordí mi labio inferior al decirme eso. En verdad que me excitaba mucho que me dijera lo que me quería hacer, pero me faltaba más confianza y agallas para seguir su juego. Apoyó su mano derecha sobre mi culo y se dirigió hacia abajo. La resbaló sobre mis nalgas y la metió donde se juntan con mi vagina. Roso la entrada de mi culo y presionó mi zona vaginal.

– estás un poco húmeda de aquí abajo, que delicia.

Acarició mi rajita. Se sentía muy rico. Cerré mis ojos.

– ¿te gusta, preciosa?, preguntó excitado.

– …¿mmmm?. Sus dedos no me dejaban contestar con claridad.

– me gustaría metértelos y chupármelos. Quiero probarte todo tu hermoso cuerpo.

– ¿…eh…?, pregunté confusamente. Estaba cediendo a todo. Sus manos frotaban muy rico mi mojada vagina. Mientras su índice y su dedo medio acariciaban mi mojado sexo, su pulgar masajeaba en forma circular la zona de mi ano. Aunque aún tenía puesto el calzón sentía fabuloso. Me estaba excitando muchísimo.

– que rico, ¿verdad?. ¿te excita esto?.

Apretó su pulgar de modo que entrara en mi orificio anal. Tragaba saliva, me mordía los labios, daba profundos respiros. La lujuria se apoderaba de mí por completo. Mi culo no lo tenía tan apretado por lo que fue fácil que me entrara su pulgar.

– Aaahhh!!! Jorge…!!

– tranquila, mi amor, relájate.

Quitó su mano. Sentía la tela un poco metida en el culo. Era algo incómodo. Se acostó sobre mi espalda y acercó su boca a mi oreja. La mordió suavemente. Besó mi mejilla y luego plantó sus labios a los míos. Me dio un profundo beso. Su boca abrió la mía. Metió su lengua y comenzó a jugar con la mía. Nuestras lenguas se abrazaban e intercambiaban nuestra saliva una con la otra. Saque mi lengua y la chupó, la succionaba. Me dejé llevar por ese beso tan abrazador. Soltó mis manos y las puse sobre la almohada. Puso ambas manos sobre las mías. Las entrelazamos. Dejó libre el pulgar que había metido en mi culito.

– me encantas, Daniela. Me excitas mucho. Me enamora tu cuerpo.

Sólo lo miré. Me gustaba lo que decía. Tal vez yo tampoco lo miraba de otra forma porque es mi hermano pero me empezó a gustar. Aparte de que no es feo, no me molestó que me siguiera diciendo sus excitantes palabras. Soltó mis manos y las puso sobre mi cintura.

– me encanta tu cuerpo, Daniela.

– …¿mucho?, le pregunté mordiendo mis labios.

– muchísimo, afirmó.

Nos miramos uno al otro. Miraba mi boca y yo la suya.

Sus manos bajaron a mi trasero. Lo tomó y me lo levantó haciendo que mis nalgas se abrieran. Sus largas manos cubrían mi lindo culo. Al estar encima de mi dejó caer y presionó su miembro en mi trasero abierto.

– siente, la tengo bien dura, dijo.

Y si, la tenía dura y larga. Y eso me gustó. Tanto que se me antojo que me la metiera en ese instante. Sentí su verga rosar mi traserito. Besó mi hombro derecho. Lo chupó al igual que mi cuello. Probaba cada parte de mi.

-…me das cosquillas.

Cerré mis ojos. Disfrutaba de su boca en mi suave y blanca piel. Sus manos desnudaron mi trasero bajando muy despacio mi calzón dejándolo colgado en mis muslos. La yema de sus dedos recorrían la piel de mi trasero. Me acariciaba el culo. Sus dedos se fueron acercando a la entrada de mi colita. Resbaló su pulgar sobre mi ano y me lo frotó muy despacio.

– mmm… Reaccione con un sonido.

– que rico, preciosa. Dan ganar de metértelo bien adentro.

Reí sin responderle. Quitó su pulgar y lo llevó a su nariz.

– hueles bien sabroso, cosita hermosa.

– Dios, cállate, dije y solté una risa nerviosa.

– ¿porque?, si es la verdad.

Colocó nuevamente su dedo en mi orificio y lo presionó de modo que me entrara un poco. Dios, lo que hacía me ponía muy caliente. Le gustaba ser un completo perverso.

– relájate, no lo aprietes. Ponte floja, me pidió besando mi cuello.

Lo escuché. Intenté relajarme. Formaba círculos en mi ano con su pulgar. Sentía como me entraba. Presionó, logrando que su uña entrara.

– Aaahhh!!! Solté un jadeo y levante el culo.

– eso, mi amor, para el culo, que te entre todo bien rico.

Sus palabras hacían que mis pliegues se abrieran. Ser penetrada por su dedo era una rica sensación. Lo retiró y probó.

– mmmm que rico sabe

– …no lo hagas…

– ¿y porque no?. Dudo que uno no tenga las ganas de probarte tu rico culo.

Enterré la cara en la almohada de lo nerviosa y apenada que me ponía al decirme eso.

– siempre que te veo en pijama me dan unas ganas de bajarte el pantalón y darte una buena cogida hasta venirme dentro de tí.

Sin que viera mordía mi labio inferior de lo bien que me imaginaba hacerme eso.

Su voz es tan sexy, fresca, ni gruesa ni tan aguda.

– nos van a escuchar, vete a tu cuarto.

– no me voy a ir. Bastante e esperado para esto.

– …por favor…

Me peinaba. Su mano izquierda acariciaba mi cabello. Me agarró y lo jaló fuertemente haciendo que mi cabeza se levantara mirando al techo.

– aaauuu!!!

– no te quejes, sino te lo jalo más fuerte. Besó mi hombro derecho, luego el izquierdo, siguió con mi espalda. Soltó ligeramente mi cabello de modo que pudiera bajar la cabeza y recostarla nuevamente en la almohada. Su boca recorría mi espalda hacia abajo. Su nariz tocaba mi espina dorsal. Bajó poco a poco hasta llegar a la altura de mi cóccix. Llegando a mi zona trasera soltó mi cabello y plató otra vez sus manos en mi culito parado. Me dio un suave mordisco en mi nalga izquierda y luego en la otra. Me las chupó y me azotó el glúteo derecho haciendo que me ardiera bastante. Sofoque el dolor apretando los dientes.

– mira que sabroso culo tienes, hermanita, dijo al separar mis nalgas haciendo que el ano se me abría más. Enterró su cara en mi colita y resbaló su lengua en mi ano.

– Aaahhh!!! Jorge!!! ¿que estamos haciendo?, gemí y pregunté.

– Dios, que culo más rico.

Manoseaba mi trasero. Levante mi colita y me lo chupó.

– mmmm si…

Disfrutaba mucho de tener su linda boca en mi culo. Su lengua mojaba mi sucio ano con su espesa saliva. Me lo lubricaba. Metió bien su cara en mi trasero y lengüeteó mi ano intentado meter su lengua en mí hoyo.

Que sucio era lo que hacía pero era algo tan placentero y rico que dejaría que lo hiciera las veces que quisiera. Apartó su rostro y me escupió el culo. Colocó su dedo y me lo metió hasta dentro.

– Aaahhh!!!

– uy!! Que rico!!

Tenía su largo dedo bien metido en el culo. Lo movía. Me acariciaba por dentro.

– estás bien rica, hermanita. Tienes el culo bien profundo.

– ¿si?,

– si, cosita hermosa.

Sacó su dedo. Vi de reojo que lo chupó. Hizo calentarme más. Disfrutaba lo que hacía. Chupo dos de sus dedos. El índice y el de en medio y me los metió de golpe.

– rayos!!! Espe…ra… Aaahhh!!!

Díos, sus dedos me penetraban y me abrían mi sucio ano. Me dolía peo a la vez me gustaba. Me los empujó de modo que entraran por completo.

– ¿te gusta, corazón?, preguntó con un tono de voz como si estuviera enojado y a la vez excitado.

– siento rico, si, me gusta.

Los retiró un poco sin sacarlo y los metió fuertemente.

– Aaahhh!!!! Siii!!!!, jadeé y rasgue la funda de la almohada. La rasguñaba.

– que bueno que te guste porque te la meteré toda.

Sacudió con rapidez sus dedos dentro de mi rabito.

– Aaahhh!! Aaahhh!! Que rico siento!!!, dije excitada.

Me los sacó y chupó nuevamente mi rabo.

– Que rico sabe.

Lengüeteo y metió su lengua.

Sus dedos me habían abierto más el culo por lo que su lengua me entró muy bien.

– cógeme, vamos, azótame y méteme tu verga, le pedí con desesperación.

– ¿si quieres?

– si, mi vida. Házmelo.

Se quito todo y se acostó sobre mí rasbalando su larga verga en mi trasero. La untaba en mis glúteos. Su punta rosaba mis pliegues mojaditos. Levante mi culo y lo unté en su verga. Se sentía bien rico. Tenía ganas de tenerla bien hasta adentro. Bajé mis manos a mi culo y separé mis nalgas para que pudiera meterla.

– eso, preciosa, ábretelo más.

Lo obedecí y colocó su punta en mi anito.

– ¿estás lista?

– …aja…si…hazlo, mételo.

Empujó su rica vergota hasta hacerla entrar.

– Aaahhh que rico!!!! Si!!!!

– ¿te gusta, preciosa?

– si, métela.

Me encantó que me la metiera. Me lleno de es verga que tiene.

– que rico te entra.

– sii!!! Me entra bien bonito. Ven, métela toda!!!

– si!!! Que culo tan profundo tienes.

– si, me cabe toda tu verga.

– Dios, se siente sabroso.

Me la sacó y por accidente se me salió un pedo.

– Aaahhh!! Lo siento, perdón.

– no importa, me gusta!!!

La metió toda y la sacó suavemente.

Me habría todo el culo. Sacármela sentía como si estuviera haciendo del baño. Sentía muy rico. La metía y la sacaba muy despacito. Lo hizo varias veces hasta dilatarme bien el hoyo.

– está bien abiertote tu sucio culo, hermanita. Dan ganas de meterte la lengüita bien rico.

Sus palabras perversas me hacían llegar a mil por ciento de excitación. No cabe duda que nosotras las mujeres podemos ser igual o más perversas que los hombres.

– no, ya no lo hagas.

– ¿no te gusta?

– si pero…no se…Aaahhh!!, Solté un jadeo al sentir el pulgar introducirse en mi culo.

– me encanta hacerte esto.

Cerré mis ojos. Subió sobre mí y frotó su punta sobre mis húmedos pliegues.

– ¿te cojo por aquí?

– si, métela por ahí, por dónde tu quieras.

Abría mi vagina con su glande. Lo untaba muy rico. Presionó fuertemente logrando meterla.

– Aaahhh!!! Gemí.

Apreté los dedos de los pies.

– que rico te la meto, chiquita.

– si, se siente rico. Cógeme.

Empezó a mover su cadera. Metía y sacaba metía y sacaba su larga verga.

– Aaahhh!!! Más rápido!!! Más!!!, le pedí.

– ¿así?, preguntó al aumentar su ritmo.

– siii!!! Así!!! Aaahhh!!! Que rico, que rico!!! Sigue!!! Métela!!!

– claro que si, mi amor!! Te quiero dejqr bien cogida!!!

– sii!!! Lo haces rico!!! Aaahhh!!! Aaahhh!!! Me vendré creo!!! Mmmm si!!!

– vente preciosa!!! Vamos!!! Hazlo!!!

Metí mi mano entre mis piernas y me froté el clítoris. Me masturbe rápido. Sentía fantástico.

– ¿ya casi?, preguntó cogiéndome con desesperación.

– Aaahhh!!! Dios!!! Si!!! Ya casi!!! Aaahhh!!! No aguanto!!! Ya!!! Ya!!!

– bajale a tus gemidos, despertaran

– Aaahhh!!! No…puedo…

Me tapó la boca con su mano derecha justo cuando liberé un exquisito orgasmo. Aparté su mano de mi boca.

– Aaahhh!!! Rayos!!!! Sii!!!! Que rico!!! Dios!!

Mi vagina expulsaba pequeños chorros, y mi cuerpo se retorcía mientras me frotaba desesperadamente mi vagina. Mis piernas temblaban, mis ojos divagaban por todos lados. Sus brazos rodearon mi cintura. Me abrazó.

– sssshhh tranquila, tranquila, me encanta como te retuerces.

Tenía la mano toda húmeda. Bajó su mano derecha cubriendo la mía.

– estás mojadita, que rico.

Mi respiración era lenta, cansada. Tragué saliva retomando energías. Quité mi mano y me limpié en la blusa. Su verga pegaba en mi vagina, aún la tenía bien parada y dura. Que delicia. Tomé su punta y me la metí en mi rajita. Fue una ricura meterme eso.

– eso nena, mastúrbame la verga con tu linda vagina.

– Aaahhh!! Si papito!! Se siente bien sabrosa tu verga.

– si chiquita!! Aaahhh!!! Te entra bien rico!!!

– si!! Métemela toda!!!

La sacó y me la metió con fuerza haciéndome gritar

– Aaahhh!!!!!

– cállate, estúpida!!, dijo enojado tapándome la boca nuevamente.

Su mano izquierda se metió en mi blusa y la puso sobre mi pecho derecho. A pesar de que era menor de edad, tenía el cuerpo algo desarrollado como una chica de 20. Mis pechos eran medianos. Se formaba la montañita. Me apretó la punta con sus índice y su pulgar. Lo hizo como si me la exprimiera. Sentía un pequeño dolor pero a la vez me gustaba y me excitaba. Sus manos sabían tocarme.

– que chula estás. Estás bien ricota, hermosa.

– ¿te gusta mucho tocarme? Aaahhh!!!

– si, muchísimo. Me gusta cómo te entra mi verga. Me dan ganas de venirme en tí.

– mmm que rico. Cambiemos, dije.

– ¿cómo quieres?

Saqué su miembro de mi vagina y volteé mi cuerpo quedando frente a él.

– tú quédate así como estás.

Tomé otra vez su verga y me la hunté en mi entrada. Rozaba su pene en mis pliegues. La metí.

– Aaahhh!!! Está tan dura!!! Sii!!! La tengo bien adentro!!!

– si, mi amor!!! Aaahhh!!!

Flexioné las piernas y las pegué mis rodillas a mis pechos. Con sus manos me las sostenía para que no las estirara. Esa posición nos favorecía a ambos. Me la metía con más facilidad, sin duda.

– Daniela, me quiero venir.

– Aaahhh!! ¿si?, ¿quieres eso, corazón?…Aaahhh!!!

– si!!!

– hazlo!!! Termina!!

– ¿segura?

– si, descuida. Tu sólo hazlo. Quiero sentirte!! Quiero que me expulses tú rica leche.

– sii!! Que rico!!!

Me la metía y me la sacaba de mi linda rajita. La retiró y la metió en mi ano bien abiertote.

– Aaahhh!!! Que rico lo tienes!!!

– ¿te gusta mi culo?

– si,

– mmm un chingo!!!

Reí y di un ligero respiro cuando me sacó su grueso pene. Le acaricié el rostro. Sus ojos, sus labios y todo él, me encantaban y me sigue encantando hasta la fecha.

Miró mi vagina y mi colita. Su pulgar acariciaba con delicadeza mi clítoris mientras me penetraba el ano. Mordía yo mi labio inferior resistiéndome a sus caricias.

– quiero chuparla, dije.

– ¿quieres mamar, bonita?

– si, métela a mi boca. Ven.

Me la sacó y se montó en mi pecho acercando su punta a mis labios. Me acarició los labios con su verga. Abrí la boca y me la metió. No tardé en empezar a chuparla y a succionársela. Lo hacía como si quisiera beber de ella. No creí que me gustaría mamar.

– Aaahhh que rico lo haces!!!

– ¿mmmmm?

– eso, mi vida, cómetela. Trágatela toda.

Me gustaba como me decía. Su verga sabía muy rica.

Me la saqué y se la empecé a jalar.

– eso, así. Aaahhh que rico!!! Más rápido!!! Haz que me venga!!!

– ¿más?…

– si, más.

Lo obedecí. Le jalé la verga como me lo pedía. Escupí su miembro y lo chupé limpiándoselo con mi lengüita.

– Aaahhh!!!

– mmmm vamos!!! Échamela en la cara!!! Le pedía excitada.

Me agarró de la nuca con sus dos manos y me la metió toda de un fuerte movimiento haciendo que me entrara hasta la campana.

– eso!!! Trágatela mi amor!!! Cómela!!!

Dios, me estaba ahogando. Sentí que iba a vomitar. La sacó y tome un aire. Mis ojos estaban llorosos. Lo sentía. Mi respiración era cansada.

– ven, otra vez, dijo metiéndola.

Ya no quería que lo hiciera pero me engañaba porque si me gustaba como me penetraba la boca.

– chúpala!!! Lamela, hermosa!!! Órale!!

Me agitaba con fuerza como si quisiera asfixiarme. Verlo como lo disfrutaba me excitaba cada vez más. Bajé mi mano a mi vagina y me la empecé a rascar. Me acaricié el clítoris. Me masturbaba.

La retiró. Tomé un respiro.

– espera… Me siento cansada…

– claro que no. Lo haces muy rico.

Tenía la boca húmeda de mi saliva. Me escupió la boca y me metió nuevamente su miembro.

Mis lágrimas recorrían sobre mis mejillas combinándose con mi saliva. Cada vez que la empujaba se escuchaba un charco dentro de mi boca. Mi saliva se acumulaba debajo de mi lengua y en mi garganta. Me dio unas ligeras cachetadas.

– te vez linda así.

Lo miraba. Tener su verga en la boca me impedía responderle. Me la metió bruscamente haciendo que sus testículos tocaran con mis labios.

– abre bien la boca, me ordenó.

No quería hacerlo y me pellizcó la mejilla izquierda.

– aaaaa!!!! Me quejé dándole la oportunidad de metérmela.

Dios, sentía horrible pero a la vez muy sabroso. Me gustaba su forma de cogerme. Mis manos no las apartaba de mi rajita. La sacó y empecé a toser. Se me salió un eructo. Mi saliva brotaba de mi boca. Era algo mucosa. Me sentía entumida de la lengua y del paladar.

– me encantas, ¿sabes?

Se apartó y tomó mis piernas. Las flexionó y me lamió desde mi ano hasta mi clítoris. Apreté mis labios disfrutando su lengua.

– que ricota te vez. Tu piel blanca es hermosa y tu cuerpo es muy sexy. A puesto que tus amiguillos estúpidos no tienen idea de lo que eres capaz, ¿verdad?.

No le respondí. Sólo lo miraba. Metió su verga en mi ano y luego a mi vagina. Combinaba la lubricación de mi culo con el de mi vagina. Abrí mis piernas y resbalé la planta de mis pies sobre el colchón. Se metió entre mis piernas y se recostó sobre mí penetrándome mi rica vagina.

– Aaahhh!!!! Solté un jadeo y miré el techo. Lamió mi cuello.

– dios, sabes muy bien de todas partes.

– ¿si?.

– Aaahhh!!! Quiero venirme en tí!!!

– siii!!! Hazlo!!! Termina dentro de mi!!

– ¿y luego que pasara?

– yo me ocupo, tu sólo hazlo!!!

Me agarró de la cintura y empezó a penetrarme con un ritmo acelerado.

– Aaahhh siii!!! Cógeme!!! Más!! Más rápido!!! Métela más!!!

La excitación me enloquecía. Lo abracé y empecé a mover mis caderas siguiendo su ritmo. Me abrazó.

– ven!!!

Besé su cuello y cubrí su rostro con mis manos. Nos miramos a los ojos.

– me gustas mucho, Daniela, dijo excitado.

– tú también me gustas, respondí.

– Aaahhh!!! Ya casi!!!

– vamos!!! Expúlsalo!!! Cógeme más fuerte!!

Su penetración empezó a ser más rápida.

– Aaahhh!!! Siii!! Rayos!!! Siii!!! Dios!!! Más!!! Vente!!!

– Aaahhh!!! Siii!!! Ya casi!! Ya casi!!!

– vamos puta madre!!! Hazlo!!! Lléname de tu semen!!! Báñame el culo!!!

– Aaahhh!!!! Mierda!!! Que rico!!! Siii!!! Siii!!! Aaahhh!!! Ya!!!

– si!!! Esta caliente!!! Dios!! Es mucho!!!

Me bañó de su sabroso semen. Sentía las pulsaciones de su verga. Estaba aún todavía dura. Su respiración era agitada.

– bésame, tranquilo, ven, le dije abrazándolo y besándolo. Su cara se recostó sobre mi pecho. Miré el techo reflexionando lo que había sucedido.

– ¿que hora es?, preguntó

Miré mi celular

– son las… 5:20

– lo bueno que es Domingo.

– ajá… Si.

Besé su cabeza.

– debo regresa. No se vallan a dar cuenta.

– …está bien.

Quería que se quedara pero no quería correr riesgos.

Se paró, tomó su ropa y salió.

Me tapé y suspiré.

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