Relato erotico – desvirgando a mi novia virgen
Mi nombre es Fernando, actualmente tengo 28 años, y voy a contarte mi historia de cómo desvirgué a una chica de 18. Todo comenzó cuando yo tenía 24 y Andrea 18. La distinguí una tarde lluviosa en un colegio, mientras esperaba que la lluvia pasara. Ella llegó, la miré y me pareció una chica hermosa. Desde ese entonces, busqué la forma de acercarme a ella. Los días pasaron y ella empezó a buscarme. Al mes, ya éramos novios. Así empezó nuestra relación.
Una tarde que salía del trabajo, me la encontré y me dijo que estaba sola en casa porque su mamá había viajado y no volvería en tres días. La invité a un helado y ella aceptó. Salimos, caminamos por ahí, aunque Andrea se notaba un poco tímida, ya que nunca había tenido novio.
Eran alrededor de las 8 cuando nos fuimos a su casa. Mientras ella abría la puerta, miré fijamente su cuerpo y una sensación despertó en mí. La abracé por detrás y la besé. Entramos besándonos y nos sentamos en el sofá. Prendimos la tele, pero yo estaba más concentrado en ella que en la pantalla. Me preguntó si quería algo de tomar. Dije que sí. Se levantó, fue a la cocina y me trajo un vaso con agua.
La senté en mis piernas y empezamos a besarnos con pasión. Toqué sus senos, que aunque tenía 18, ya estaban bien desarrollados. “Mi amor, espera, aún no estoy preparada”, me dijo. Se fue a su cuarto y la seguí. Al entrar, la cogí y empecé a besarla. Esta vez fue ella quien lo hizo con pasión. Bajé mis manos, subí su falda y comencé a acariciar sus piernas. Se detuvo y me confesó que nunca había estado con un hombre y que tenía miedo. Le dije que no tuviera miedo, que la iba a pasar muy bien.
La recosté en la cama, la besé por todo el cuerpo, le quité la blusa y metí la mano en su falda para acariciar su vagina. Le saqué la falda, dejándola solo en calzones. Empecé a masajear su sexo, pasando mis dedos por toda su rajita, que aún no tenía bellos. Le quité los calzones y le chupé la rajita. Ella se movía y gemía. Luego le quité el top y chupé sus senos. Ella me quitó la blusa y el pantalón, y me chupó el pene, aunque no era experta.
Mientras le pasaba los dedos por su rajita, tuvo su primer orgasmo. La abrí de piernas y empecé a sobarle la entrada con mi pene. “Amor, métemela, quiero sentirla dentro”, me dijo. La metí suavemente hasta que choqué con su virginidad. “Para, porque me duele”, gimió. La saqué y volví a intentarlo, pero esta vez se la clavé de un solo envión. Pegó un grito de dolor y me quedé quieto un momento.
Saqué mi pene y vi que estaba lleno de sangre, igual que su rajita. Volví a meterlo mientras ella empezaba a gemir de placer. “Amor, métemela bien adentro”, me pedía, con la respiración acelerada. Tuvo su segundo orgasmo y en ese momento me vine, llenándole la vagina de semen.
Nuestra relación continuó así hasta que ella se fue a otra ciudad.
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