Por alentar al equipo recibí una cogida inolvidable
Luego de aquel encuentro íntimo en casa, donde yo usé una tanguita de mamá, también usamos el jacuzzi de mis padres y Luis me cogió muy rico sobre mi cama.
Hemos tenido muchos días de apenas saludarnos en la calle, para no despertar ninguna sospecha. Claro, durante la noche sí intercambiamos mensajes hot, hasta que se dio una nueva oportunidad para nosotros.
Cuando el equipo de vóley del club barrial participó de un torneo zonal. En ese equipo juega el hermano menor de Luis. El torneo se llevaría a cabo en una ciudad distante 90 kilómetros, comenzando el sábado para terminar el domingo. La excusa de alentar a los chicos era buena.
Viajamos en el mismo ómnibus que la delegación. Si el equipo clasifica el sábado, vuelve a jugar el domingo por las semifinales y final.
Antes de embarcarnos pasé por una maxi tienda. Adquirí desodorante íntimo femenino y una tanga roja. No se lo dije a Luis. Él me dijo que llevara condones y lubricante. Me latía fuerte el corazón imaginando sorprenderlo con mi tanguita roja y el aroma a desodorante de mujer en mi cuerpo.
Esa tarde el equipo jugó muy bien y clasificó para el domingo. Nos registramos en el hotel y dimos comienzo a lo más deseado y esperado por nosotros.
Al quedar solos en la habitación, nos besamos con desesperación. La verga de Luis creció y se puso muy dura al instante.
“¿Nos bañamos juntos?”, preguntó él.
“No, Luis, báñate tú primero. Quiero sorprenderte con algo”, respondí.
Él se rió y, quitándose la ropa hasta quedar en bóxer, ingresó al baño.
Yo permanecí sentada en la cama. Luego de unos minutos, él dejó el baño y vino hacia mí. Estaba totalmente desnudo y con una erección formidable. Al caminar, su gruesa verga levantada se balanceaba. Instintivamente me mordí el labio inferior. Una sensación de cosquilleo corrió por mi perineo.
Nos besamos apasionadamente. Luego yo, vestido únicamente con short, ingresé al baño llevando una pequeña bolsita con los elementos de higiene personal. Luego de bañarme y secar mi cuerpo, esparcí en mi piel la rica fragancia femenina. Subí por mis piernas la tanguita roja, quedando muy ajustada. Se metía profundamente entre mis nalgas y acariciaba mi ano al caminar.
Luis, tendido sobre la cama, me vio llegar a su lado. Me incliné sobre él para besarlo.
“¡Qué rico aroma tienes!”, dijo.
Mi boca abandonó sus labios y fui a decorar la cabeza de su pene. De su glande brotaban gotitas viscosas y salobres, haciéndola irresistible a mi deseo de tragarla entera, lo que era improbable por el largo de su miembro.
Luis jugaba pasando un dedo por debajo de la tirita de tela de mi tanga. Me la quitó por las piernas, dejándola caer al piso.
“Sube y acuéstate sobre mí, mirando mis pies”, me pidió bajando mucho la voz.
Iniciamos un rico 69, lamiendo mutuamente nuestros penes. Con un dedo mojado en su saliva acarició mi ano aún cerrado. Luego de unos minutos acomodó un poco mi cuerpo, para pasar de lamer el pene a lamer y salivar mi ano.
Yo le correspondía, lamiendo su perineo sin poder alcanzar con mi lengua su ano poblado de pelos.
Con un dedo comenzó a hurgar mi hoyo. El esfínter deseoso de sus caricias no opuso resistencia y lo recibió dócilmente. Alternó el dedo con su ancha lengua caliente, haciendo que me estremeciera y se me pusiera la piel de gallina.
Nuestros cuerpos enredados en un abrazo rodaron sobre la pequeña cama. Terminé de rodillas en cuatro sobre las sábanas. Luis, de rodillas a mis espaldas, apoyó la punta de su miembro en mi ano mojado y un poco dilatado.
El murmuró: “Iré por un condón y lubricante”.
“Sin condón, Luis. El látex me irrita mucho”, dije en voz baja.
Untó su pene con el lubricante y presionó el glande en mi hoyo. Temblé cuando la cabeza estiró un poco más mi esfínter. Luego de unos segundos de dolor inicial, me llenó el gozo de estar ensartado en su preciosa verga.
Luis comenzó a moverse, arrancando de mis labios suspiros y gemidos largos. Cuando incrementó la velocidad de su mete y saca, mi culo aplaudía en su pubis. Pocos minutos después me derramé sobre la cama y volví a sentir dolor cuando me golpeaba profundamente con la cabeza de su verga.
Me quejé con cada embestida suya. Eran profundas y continuas, con intensidad al meter y sacar.
Hasta que Luis gruñó ricamente. Se aferró a mis nalgas y las mantuvo abiertas. Su verga, haciendo contracciones espasmódicas, me llenó de semen caliente.
Esa noche Luis se descargó dos veces en mi boca.
A la mañana despertamos abrazados en posición de cuchara. De mi ano aún salían fluidos viscosos. Estaba húmedo. Luis apoyó la punta de su pene semidormido en mi hoyo. Cuando estuvo erecto, de su glande brotaron gotas de fluido preseminal. Pero sus piernas a las mías que estaban recogidas en cuclillas.
Sin emitir palabras empujó con su glande sobre mi ano. El anillo anal cedió, pero el dolor fue intenso, similar a un desgarro. Cubrí mi boca con la almohada para evitar ser oído. En menos de un minuto estuve ensartado hasta sentir sus huevos en mi perineo.
Él me susurraba al oído palabras bonitas, pero su verga me taladraba profundamente. Hasta que se vino dentro de mí.
Luego nos bañamos juntos. Yo tenía el ano hinchado, pero sin el ardor de la vez anterior.
Después de desayunar fuimos a ver el juego.
A la tarde regresamos todos. Los chicos con un trofeo deportivo. Yo feliz con el premio recibido por alentar al equipo.
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