Mi primita Vale de 20 años

Hola a todos, este es mi primer relato. Después de solo leer, quise compartir el mío. Esto pasó hace tiempo, cuando yo tenía 19 años y mi prima de 20. La verdad es que ella es una mujer muy linda, de tez morena, cabello largo casi hasta la cadera y una sonrisa tierna.

Un día en casa de mi abuela, empecé a acercarme mucho a ella: le compraba cosas que quería, le decía que estaba muy linda y gané su confianza. Un día llegó con un short ajustado que hacía que su culito respingón se notara espectacular. Al verme, corrió a abrazarme. Disimuladamente le apreté ese culito y le dije al oído que me gustaba cómo se había arreglado. Le propuse que después viniera a buscarme porque tenía algo para ella. Sonriendo tiernamente, me dijo que sí y “te quiero mucho, primito”, y me dio un beso. Moví la cabeza y rozamos los labios.

Se sonrojó y fue a ver a mi abuela. Yo me fui a la sala, esperando el momento y planeando mi jugada. De repente, su saludo me sacó de mis pensamientos. Se había quitado la chamarra y traía una remerita tipo deportiva que dejaba ver su vientre plano. Le dije: “Princesa, qué hermosa te ves”. Sonrió y contestó: “Gracias, ¿y qué es lo que me traes, primito?”. Le pedí que se sentara a mi lado y cerrara los ojos porque era una sorpresa, pero que prometiera mantenerlo en secreto. Lo pensó un momento y dijo: “Sí, está bien, pero no me dolerá ni me asustará, ¿verdad?”. Le respondí: “No, te prometo que te gustará y me pedirás más”. Cerró sus ojitos. La abracé y la puse arriba de mi miembro, que estaba por explotar. Con las manos le acaricié su colita y esas hermosas piernas.

Ella solo sonreía y se agitaba cada vez más. “Primito, qué ricas cosquillas siento, ¿esto es lo que querías darme?”. “Sí, pero espera que aún falta”. Pasé mi mano izquierda a su culito y con la derecha empecé a hacerle masajes en su puchita. Me tomó la mano y dijo: “No, primito, mi mamá me ha dicho que no deje que nadie toque mi cosita”. “Pero yo te quiero y no te haría daño, si lo sabes, ¿verdad?”. Me acerqué y le di un beso en los labios. Primero quiso apartarse, pero no la dejé. Después dejó de resistir y me siguió el paso. Quitó su mano de la mía, me abrazó por el cuello y empecé a tocar de nuevo su puchita por encima del short. Me dijo: “Primito, qué bien se siente, te quiero mucho”. Me animé a más y logré meter mi mano dentro del short. Me topé con sus braguitas y con un ligero movimiento pude tocar su tesoro. Por accidente o por novato, se me fue un dedo entero dentro.

Ella se arqueó y soltó un quejido: “Mmmmmm, primitooo, aghhh”. Saqué mi dedo rápidamente pensando que la había lastimado, pero ella me imploró que no lo sacara. Aun recuerdo palabra por palabra lo que dijo: “No, primito, no lo saques, se siente muy rico, por favor mételo de nuevo. Prometo que no diré nada, pero mételo”. Empezó a hacer movimientos de atrás hacia adelante sobre mi pene. “Vale, nena, qué rica estás, no aguanto más. Quiero que seas mía. De hoy en adelante serás mi novia”. “Sí, lo seré, quiero ser tu novia y quiero ser tuya, pero mételo ya, por favor”. “Nena, espera que tengo algo mejor, de hecho es en lo que estás sentadita”. “Ooo, pero parece que está muy grande y dura”. “Pero bien que estás brincando arriba de ella, ¿verdad, nena? Sí, bien que te gusta, ¿para qué finges?”. “Pero es diferente, brinco porque se siente rarito y me gusta la sensación que me da al rozarlo”. “Pues eso haremos, pero un poco diferente, tú solo déjate llevar”.

Disimuladamente empecé a acariciar de nuevo su puchita sin vellos y miraba sus ojitos cómo se perdían de lo bien que la estaba pasando. Aceleré el paso de mis movimientos de mi mano dentro de su puchita aún virgen. Entre gemidos apagados por mis besos, pues corría el riesgo de que la escucharan y nos encontraran, ella me alcanzó a decir: “Para, primito, para, te voy a mojar”. “No te preocupes, eso es lo que quiero que hagas, hermosa”. La tumbé en el sofá, bajé mi short y sus braguitas blancas, como su pureza que pronto sería mía y solo mía. Me agaché y pude oler su fragancia y saborear sus jugos.

Ella estaba poseída, era la primera vez que sentía un orgasmo. Se arqueó con el movimiento de mi lengua dentro de su ser y me tomó por la nuca, empujándome hacia ella como queriendo que metiera mi cabeza dentro de ella, cosa que hubiera hecho si las leyes de la física me lo permitieran. Pude escuchar un “Aaaaa, qué rico, primito, esto es increíble, mmmmm, qué rico”. Me bebí todo lo que ella me ofreció.

Cuando estaba por penetrarla, el grito de su madre llamándola nos quitó lo caliente del susto.

Ella rápido se colocó su ropa, me dio un beso en la boca y me dijo: “Después terminamos con mi regalo, novio, jijijiji”. Después les contaré cómo logré mi cometido.

Autor: el primo.

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