Mi madre e hijo vienen de vacaciones a casa
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Me encanta antes de acostarme leer relatos y muchas veces me masturbo con alguno.
Me llamo Clara tengo 39 años y trabajo en un hotel en una famosa ciudad turística, vivimos en un alquiler dos compañeras y yo, después de 3 años logré invitar para 15 dias a mi madre e hijo que viven en un pueblo interior a muchos kilómetros de distancia.
Lo incómodo es que dormimos todos juntos en mi habitación como le ha pasado a otras compañeras cuando reciben su visita.
Recuerdo el mes pasado vino el esposo de una de ellas y durante una noche escucho ruidos de su cama pegando a mi pared, no querían hacer ruido, pero los gemidos de ella en forma de ayyyyy ayyy hizo que me masturbase.
Ya cuando fui a la estación de tren a buscarlos me asombró lo grande que estaba mi hijo Carlos de 18 años, era muy alto y delgado y se le notaba al abrazarlo su musculatura.
Mi madre Elena a sus 61 años seguía pareciendo joven con esa piel blanca y sus dos enormes pechos las cuales yo heredé, aunque sea algo más morena.
En el transporte público al ir a la casa hubo un momento que estaba muy lleno y por conocimiento me puse a mi hijo detrás, a mi madre no me dio tiempo de advertirle pues viene de pueblo y todo es nuevo para ella.
Después de un rato noto la dureza del bulto de mi hijo en las nalgas y estando en la adolescencia lo entendí perfectamente y lo deje hacer a su antojo, y me pegó fuertes arrimones.
Mi madre tenía otro joven detrás de ella, pero ls pobre nunca dijo nada de lo sucedido, el hombre con el vaivén le daba bastante y en una de estas noté su mano deslizarse por su falda a la rodilla .
Mi madre se dejó hacer y en unos movimientos del joven a la altura de la vagina de mi madre me dio a entender que la masturbaba, ella solo cerró ojos y vi que gozaba en silencio hasta que las piernas temblaban.
Ya en casa y luego las presentaciones salimos a dar una vuelta, mi hijo contento porque en la urbanización teníamos piscina y el no estaba acostumbrado a eso y menos ver el mar, el cual dejó boquiabierto a ambos.
Esa tarde les compré unos bañadores y teniendo a mi madre y mi hijo en probador distinto fue pasando y asesorando .
Mi madre tenía lunares en sus pechos blancos donde unos grandes pezones rosados me llamaron la atención, la vagina con mucho pelo y pensé en recortarlas antes de ir a la playa .
Mi hijo con total normalidad se me desnudo para mirar varios bañadores y me quedé boquiabierta con el tamaño y grosor que ya tenía, se me iban los ojos, decir que llevaba sin sexo más de dos años.
Mi habitación era pequeña, pero tenía una cama grande de matrimonio en la cual esperábamos pasar cómodamente los quince días de nuestras vacaciones.
Pusimos la tv y el niño en el centro con calzoncillo por el calor, mi madre a un lado con un pijama corto de raso que trajo para la ocasión y yo con camiseta vieja y en bragas.
La primera noche por el cansancio de todos fue muy normal y logramos descansar, al despertar por la costumbre yo primero pude mirar para el pene ahora erecto de mi hijo, se veía inmenso y con disimulo no pude evitar tocarlo un poco por encima de la prenda.
Me excite bastante.
Al rasurar a mi madre y verle su vagina con las piernas abiertas me resultó morboso y sería por el calor pero estaba como a mil.
En la mañana a la piscina donde tuve a mi hijo subido a mi espalda casi todo el tiempo y aquello duro me apretaba cada vez más, noté sus manos y dedos algo golfos pues con la excusa del juego me sobaba mis grandes pechos y algún dedito tocó mi vagina por encima del bikini.
Mi madre no se baño solo tomó sol y leía revistas que previamente le había comprado.
En las duchas algo extraño percibí pero no le di ninguna importancia, fue una especie de gemido de mi madre que estaba junto a su nieto bañándose.
Esa noche pensé en mi niñez y la dura que resulta la vida solitaria en un pueblo y encima sin hermanos y en un pequeño colegio donde yo era la mayor ya que teníamos de todas las edades en clase.
Mi cuerpo creció y nunca tuve información de nada, también escuchaba a mi madre gemir y los ruidos de una cama vieja levantándome un día por curiosidad y verla acostada boca arriba con su camisón en el cuello y piernas abiertas mientras mi padre con su enorme barriga estaba en el medio empujando fuerte, esas escena me marcó y soñaba con ella todas las noches, sobre todo con la cara de placer de mi padre al gritar cuando se corría.
Recuerdo unos días que mi madre tuvo que pasar en otro pueblo cercano para cuidar de mi abuela y yo me quedé a dormir esas noches con mi padre.
El me decía que íbamos a jugar a papá y mamá y yo contenta me puse feliz, me desnudaba y besaba mis pechos y vagina, también me enseñó a tocar su pene duro y meterlo en la boca hasta sentir ese líquido espeso de mal sabor en toda ella, también con mucho dolor al principio y después sentir cosas ricas que no entendía logró penetrarme muchas veces con su cosa dura y gorda, pero la de mi hijo creo que era la mayor que haya visto, aunque solo sean dos.
Pasaron varios días y la rutina seguía igual, yo estaba desesperada pues no podía leer relatos ni masturbarme de ninguna manera aunque feliz de ver a ambos después de algunos años de ausencia.
Una de esas noches sería de madrugada noto un movimiento en la cama, me despierto pero en silencio intento observar y como a través de la ventana entraba algo de luz percibí a mi hijo de lado dándome la espalda y haciendo movimientos de penetracion a la abuela, la cama se me movía cada vez más y el tibio gemido de mi madre me confirmó que su nieto se la estaba follando, no salía de mi asombro y con mucha excitación me intente masturbar aunque lo deje para no ser descubierta.
Mi madre por sus últimos grititos se ve que llegó al orgasmo colocándose mi hijo boca arriba con aquello enorme erecto, mi madre puso la cabeza al contrario de mi cara y pude ver tranquilamente sus movimientos de mamadas mientras mi hijo con ojos cerrados pensando que dormía me masturbo sin que su abuela lo supieses llegando ambos y con mucha humedad al orgasmo, el cual tuve que silenciar de manera inusual.
Yo estaba algo aturdida, no reconocía a mi madre en alguien tan caliente y mi hijo se convirtió en mi deseo máximo.
Al amanecer ya no solo tocaba su polla, también la sacaba del calzoncillo y hasta la chupaba.
El último día sentí por detrás su dureza y como metía dedos en mi vagina y me penetraba con ellos, iba a girar y darle una bofetada pero el sentir que con gran destreza apartó mi braga, me separó las nalgas y después de varios intentos me la clavó.
Me quedé paralizada, como entraba despacio y me cubría todo por dentro, después de tanto tiempo me moje de manera increíble lo cual el notó w hizo que me acariciase los pechos y pezones hasta que acelerando y con un dedo masturbando mi clitoris hizo que tuvieses el orgasmo más placentero de mi vida.
Y las vacaciones acabaron prometiendo vernos en Navidad.
