Mi hija me anima a dejarme coger
ADVERTENCIA: CONTENIDO FICTICIO SOLO PARA MAYORES DE 18 AÑOS.
Hola a todos, me llamo Sara, tengo 40 años. Soy así físicamente: morena, de 1.60 m, muy caderona, con unas nalgas bien redondas y unas tremendas piernotas.
Me mantengo joven. Recientemente me divorcié, ya que me sentía tremendamente infeliz. Seguí tantos años con él por mi hija, que tiene 18 años y se llama Esmeralda, pero le decimos Esme.
Antes de tomar la decisión, quise hablar con Esme, ya que no quería que me odiara. Pero todo lo contrario: ella me entendió, me dijo que yo merecía ser feliz, que me divorciara y no tuviera miedo de seguir sola. Eso me dio fuerzas y me divorcié. No hubo mayores complicaciones: yo iba a vender la casa para que el dinero fuera 50/50, pero mi ex me la dejó, ya que se iba del país. Así que me la quedé. Nuestra hija ya era mayor de edad, no había que discutir custodia ni pagos. Mi hijo se quedó conmigo, ya que aún estaba en la universidad.
El tema del divorcio me acercó muchísimo más a mi hija. Me contaba de todo, hasta de su vida sexual. Me enteré de que Esme es bien liberal en esos temas.
Esme: Vamos, mamá, eso es normal hoy en día. ¿En serio nunca hiciste un trío?
Sara: ¡Nooo! En mis épocas eso era mal visto, jajaja.
Esme: Yo he hecho tríos, con chicos y chicas ya.
Sara: ¡Pero Esme, jajaja!
Esme: Jajaja, ¿qué? Hay que probar de todo. Como dice el dicho: el que come de todo nunca pasa hambre, jajaja.
Sara: Dios, esta niña, jajaja.
Esme: Ah, pero esto sí lo tuviste que hacer sí o sí: ¡usar la puerta de atrás, jajaja!
Sara: ¿Quéé? No, jamás. Eso no se utiliza para eso.
Esme: ¿Cómo que no? Si yo ya la he usado para eso como 20 veces, jajajaja.
Sara: Dios, niña, vives una vida muy liberal.
Esme: Ay, hay que disfrutarla, mamá. No voy a ser joven para siempre.
Sara: Pues en eso sí tienes razón.
Esme: Por cierto, mamá, ¿cuándo fue la última vez que tú… ya sabes, trás, trás, jajaja?
Sara: ¡Niña, eso no se le pregunta a las madres, jajaja!
Esme: Bueno, ya yo te conté mucho que no se le cuenta a las madres, jajajaja.
Sara: Bueno, te doy ese punto, jajaja.
Esme: ¿Y bien, desde cuándo?
Sara: Bueno, hace 2 años ya.
Esme: ¡¿Quéeeee?! ¡Mamáaaá!
Sara: Sí, ¿es mucho?
Esme: ¿Que si es mucho dices? ¡No lo hago en dos años y vuelvo a ser virgen, jajajaja! Tienes que conseguirte un novio.
Sara: ¿Qué? No, no. Acabo de salir de un divorcio, no quiero nada en estos momentos.
Esme: Bueno, por lo menos alguien que te haga el favorcito. Cualquier señor estaría encantado contigo, te ves de 30. Y si no quieres un señor, tengo muchos amigos que te desean. Ya sabes, te sirve de colágeno, jajajaja.
Sara: ¿Qué, quéee? ¿Cómo así?
Esme: Bueno, los amigos que traía a la casa siempre me decían que estabas buenísima, y siempre me dicen que quieren ser mis padrastros, jajaja.
Sara: Pero esos son unos niños.
Esme: Ya son adultos, mamá. Piensa en ello. Según mis amigas, son tremendos en la cama, te los recomiendo, jaja. Ya me voy, me iré a dar una ducha.
Esme se fue a duchar y yo me fui a mi cuarto, pero no podía dejar de pensar en lo que me dijo. ¿Cómo que unos niños me deseaban? ¿Aún era tan atractiva? De solo pensar que esos chicos me quisieran coger me excité. No pude evitar llevar mi mano a mi entrepierna y comenzar a frotar mi clítoris. No tardé mucho en tener un rico orgasmo; hacía mucho que no tenía uno. Me di una ducha, bajé a hacer la cena, comimos, hablamos de otras cosas y me fui a dormir.
Al día siguiente:
Esme: ¿Ya lo pensaste, mamá?
Sara: Esme, no, eso no está bien.
Esme: Mamá, ya no son los 90. Es normal tener sexo casual.
Sara: Para mí no es normal.
Esme: Mamá, lo necesitas.
Sara: No lo necesito.
Esme: Claro que sí. Todas las mujeres necesitan sentir placer, es por tu bien.
Sara: Yo estoy bien así.
Esme: Eso crees, pero apenas estés con alguien verás que lo necesitabas.
Sara: No lo creo.
Esme: Mamá, no te estás haciendo más joven. Ahora pareces de 30 y estás buenísima, debes aprovecharlo.
Sara: Aff, ¿no te vas a rendir?
Esme: No. Al menos hazlo una vez. Si ves que no te gusta y no es lo tuyo, no insisto más.
Sara: Aff, bueno, solo una vez.
Esme: ¡Bien! Ya le digo a un amigo, te va a encantar. Lo voy a invitar, pero no le diré nada. Te voy a vestir sexy y apenas te vea, ese es un lanzado. Y si no lo rechazas, te caerá de una, jajaja.
Sara: Dios mío, esta niña. No es normal que la hija le consiga tipos para que se cojan a su madre.
Esme: Los tiempos cambian, mamá. Ya vuelvo.
No puedo creer que esta niña me convenció de hacer esta locura. Esme se fue como 20 minutos y volvió con algo de ropa.
Esme: Listo, mamá. Mi amigo ya viene en camino. Te traje algo de ropa; aunque a ti te va a quedar más pequeña, no importa, así te verás más sexy. Te traje un hilo, porque supongo que tú no tienes.
Sara: Dios, Esme, esto es tan raro.
Esme: Jaja, vamos, mamá. Quítate la ropa.
Me desnudé. Esme me dio un hilo, me lo puse y la verdad me quedaba superpequeño.
Esme: ¡Wao, jaja! Te queda como un microhilo, increíble.
Sara: ¿Eso es bueno o malo?
Esme: Para mi amigo, buenísimo, jajaja.
Me causó gracia. Luego me dio un short de licra que ella usaba en voleibol, pero obviamente a mí me quedaba pequeño y se me veía la mitad de las nalgas. Luego me pasó una camisa recortada por la mitad; me la puse y se me veían los senos por debajo.
Sara: Dios, Esme, pero si parezco una cualquiera.
Esme: Bueno, verse como una cualquiera es ser sexy, mami. A los hombres les encanta.
Sara: Qué locura. No puedo salir así con ese chico en la casa.
Esme: Sí puedes, mamá. Solo relájate y déjate llevar.
En eso llegó alguien. Esme fue a abrirle. Escuché la voz del chico; yo sabía quién era, pues venía a la casa a veces. Dios, qué vergüenza, estaba super nerviosa. En eso escuché a Esme:
Esme: ¡Mamá! Voy para donde Lau un momento, que quiere que le ayude con algo. Por favor, ven y dale agua a Raúl y hazle compañía.
Y escuché la puerta. Dios, no me dio ni tiempo de negarme. No me quedaba de otra: tenía que salir, no lo podía dejar ahí solo. Salgo; él estaba en el comedor con su teléfono. Lo saludé y él volteó a ver y quedó maravillado. Dejó su teléfono, se levantó y me dio un beso en la mejilla. Fui a la cocina y, como el comedor está conectado a la cocina, me veía completa de espalda: tenía tremenda vista de mis nalgas al desnudo. Le serví agua y luego se la di. Me veía con una cara de que me quería comer entera, que me ponía más nerviosa y un poco caliente. Hablamos como 5 minutos y volvió a pedirme agua. Me levanté, le di la espalda y fui a servir más. Cuando me doy la vuelta, tengo a Raúl al frente, muy cerca.
Raúl: Espero no ofenderla, pero el divorcio sí que le sentó de maravilla.
Yo: Ehh, gr-gracias. Aquí tienes el agua.
Raúl: Sabe, usted me ha gustado desde que la conocí.
Yo: ¿Qué dices? Si soy muy mayor para ti.
Raúl: No me importa, así me gustan. Además, está muy buena.
En eso me agarró de las nalgas, pegándome a él, y me miraba a los ojos, acercándose, hasta que finalmente me besó. Le seguí el beso y dios, nunca me habían besado con tal intensidad. Me apretaba bien duro las nalgas, luego me agarraba las tetas. Yo podía sentir una tremenda erección, ya que me pegaba su verga en mi vientre. Metí mi mano dentro de su pantalón y se la agarré: dios, podía sentir lo grueso que era. Me arrodillé y se bajó los pantalones con el bóxer. No podía creer semejante miembro, tan grande: medía el doble que el de mi exmarido, era negra con la cabeza casi morada, llena de venas. Dios, se me hizo agua la boca y no pude resistirme más. Comencé a chupársela; me metía solo la mitad, ya que no podía más, no estaba acostumbrada a algo así. Se la chupeteaba, le lamía las bolas, lo masturbaba, me golpeaba la cara con esa vergota rica. Luego me llevó al sofá, me desnudó, me puso en cuatro en el sofá y me nalgueó. Puso esa vergota en la entrada de mi vagina y la fue metiendo lentamente; podía sentir cada centímetro de esa verga abrirse paso en mi vagina. Yo me mordía los labios de lo excitada que estaba. Cuando ya tenía un poco más de la mitad adentro, ese mosco me metió lo que faltaba de golpe y eso me causó tremendo orgasmo. Ahora Raúl empezó a meter y sacar su verga mientras me agarraba duro de la cintura y me nalgueaba cada tanto. Luego ya empezó a darme bien duro mientras jalaba mi cabello; eso sonaba bien rico: ¡plaf, plaf, plaf, plaf, plaf! Tuve otro orgasmo así. Luego me sentó en el sofá, me abrió las piernas y me penetró. Yo lo abracé con mis piernas y le clavaba las uñas en la espalda mientras nos besábamos. Luego puse mi cara al lado de la suya; tenía los ojos cerrados mientras Raúl me la metía con fuerza y sonaba durísimo así: ¡PLAF, PLAF, PLAF, PLAF, PLAF, PLAF, PLAF!
Yo estaba gozando como nunca y de repente abrí los ojos y vi a mi hija Esme con una sonrisa maliciosa. Se va a su cuarto. Yo tuve un terrible orgasmo, casi me desmayo, y eso causó que Raúl eyaculara dentro de mí, pues no lo solté y lo abracé durísimo con mis piernas. Podía sentir la verga de Raúl palpitar en mi vagina y su leche calientita. Raúl la sacó; empezó a salir un poco de leche de mi vagina. Estábamos agotados. Me fui a limpiar, me puse el hilo nada más y la blusa. Raúl se vistió, le di un beso, él me nalgueó y se fue. Ahora me tocaba ir a hablar con mi hija, pero primero me daría un baño.
Me fui a bañar. No podía creer lo que había pasado y que mi hija viera cómo le estaban dando verga a su madre. Salí del baño, me puse una bata de seda y fui a hablar con Esme. Toqué su puerta y entré. Mi hija estaba acostada en su cama y cuando me vio:
Esme: Vaya, vaya, ¡mamáaaá!
Yo: Esme, por favor, no empieces.
Esme: Jajajaja, ¿cómo no voy a empezar? ¡Gozosa, jajaja!
Yo: ¡Esme!
Esme: Bien, bien, no te molestes, jajaja. Veo que te gustó.
Yo: No estuvo mal.
Esme: ¿Solo eso? Si parecía que estabas en otro planeta, jajaja.
Yo: ¡Esme!
Esme: Es la verdad, mamá. Me alegro mucho que disfrutaras, te lo merecías.
Yo: Sí, lo necesitaba. Fue una experiencia única.
Esme: Ya le di tu número a Raúl, por cierto. Y hay muchos otros chicos interesados en ti, mami.
Yo: No soy una puta, Esme.
Esme: No se trata de eso, mamá. Solo se trata de disfrutar. Hay muchos tipos que cogen mejor y diferente, y tienes que probarlos.
Yo: ¿En serio mejor que Raúl?
Esme: Uff, sí, mamá.
Yo: Mmm, bueno, uno y ya.
Esme: Vale, mamá. Mañana viene.
Yo: Okey, y no le comentes esto a nadie, qué vergüenza.
Esme: Obvio, mamá. Por cierto, quería preguntarte algo.
Yo: Sí, dime, mi amor.
Esme: Ya que tenemos más confianza y así, ¿será que puedo traer a mis chicos para acá, ya sabes, para plaf, plaf, jajaja?
Yo: Mmm, bueno, no tengo moral para decirte que no, jaja.
Esme: ¡Gracias, mamá! El chico viene en un rato.
Yo: Está bien, me avisas.
Esme: Sí, mamá, gracias.
Me fui a mi cuarto. Luego de 1 hora, viene mi hija y me dice que ya llegó el chico, que va a estar en su cuarto. Yo le digo que no se preocupe, que no la voy a molestar, y ella se va feliz. Escucho su voz y la de un chico, luego como se cierra la puerta. Luego de un rato comienzo a escuchar gemidos de mi niña y plaf, plaf, plaf, plaf. Se veía que le estaban dando una buena cogida a mi hija. Por alguna razón eso me excitó un poco. Luego de 1 hora escucho que salen y el chico se fue. Mi hija se fue a duchar. Hablamos un rato, nos reímos; la pasamos bien. Tener este nivel de confianza con mi hija me gustaba.
Al día siguiente, en la tarde, Esme me dice:
Esme: Mamá, dúchate, mi amigo viene en 30 minutos. Yo te pondré la ropa en la cama.
Yo: Ah, voy, se me había olvidado.
Me di una buena ducha. No podía creer que en dos días ya iba a coger con dos tipos diferentes; me sentía un poco puta, pero me gustaba. Salí y veo la “ropa” que me tenía mi hija: una minifalda que mostraba la mitad de mis nalgas, un hilo, un sostén que eran dos triángulos que solo me cubrían los pezones. Ya me veía superputa, mostraba literalmente todo. Al rato escucho voces; supuse que ya había llegado el chico. Mi hija me llama:
Esme: ¡Maaa, ven!
Yo: ¡Voy!
Salgo del cuarto y entro en la sala, algo apenada. Para mi sorpresa, no solo estaba mi hija y el chico este, sino que había otro chico más, ¡y me había visto casi desnuda! Qué vergüenza.
Yo: Ehh, hola, soy Sara.
Gero: Hola, mucho gusto.
Javi: Hola, oye Esme, pero wao, tu madre está buenísima también.
Qué vergüenza, ¿cómo va a decir eso?
Esme: ¿Verdad? Solo mira estas nalgas.
Esme me voltea y me nalguea, agarrándome duro la nalga, dios.
Javi: Dios, qué suerte tienes, Gero.
Esme: Oye, estúpido, ¿cómo que qué suerte? Tú también tienes suerte de estar conmigo.
Javi: No, o sea, no lo dije por mal. Solo que sería una delicia comerse a tu mami. Además, Gero también piensa que yo soy afortunado por comerte.
Esme: Jumm, bueno, vamos.
Javi se levanta, me mira pícaramente y se va con Esme a su cuarto. Yo agarro de la mano a Gero y lo llevo a mi cuarto. Este chico era un poco más tímido que Raúl, pero no dejaba de verme. Ya en el cuarto me agarra para besarme; tenía la verga durísima. Me agarró de las nalgas, me manoseaba, me tiró a la cama para montarse encima, besarme, chupar mis tetas, me dedeaba. Luego bajó más, me abrió las piernas y comenzó a darme una buena mamada que me causó un rico orgasmo. Luego se desnudó, me puso en cuatro en la cama y me puso a mamársela mientras me nalgueaba, me agarraba del pelo. Luego me dio la vuelta y me penetró bien rico, mientras metía un dedo en mi culo. Era la primera vez que me metían algo en el culo y el tipo fue tan hábil que no me dolió nada. Cuando menos me di cuenta, tenía tres dedos en mi culo: era una sensación rara, pero me gustaba mucho. Luego de un rato me acuesta boca abajo, me escupe el culo y se escupe en la verga. Me dice que me relaje y que muerda las almohadas. Y ahí fue metiendo su verga lentamente en mi culo.
La primera verga que me metían por el culo y dios, dolía, pero no tanto como imaginé; era aguantable. Luego dejó que me acostumbrara y empezó a bombear: mete y saca lento pero constante, hasta que ya sentía puro placer. Ya me empezó a dar más duro y rápido. Luego de tan rico que me daba, tuve mi primer orgasmo anal. Ya me daba bien duro, me jalaba del cabello, me tenía en cuatro embistiéndome por el culo. Dios, estaba gozando demasiado; ya había tenido otro orgasmo anal y este tipo no dejaba de embestirme como un toro. Y en eso se abre la puerta y entra Javi totalmente desnudo, con una verga impresionante y bien dura. Yo trato de ocultar la cara, pero no podía, ya que Gero me tenía agarrada de los pelos y no paraba de cogerme por el culo.
Gero: ¿Qué pasó?
Javi: Nada, Esme dice que si quieres ir a darle a ella.
Diciendo esto, Javi se acerca y pone su vergota dura en mi cara.
Gero: ¿Ahora?
Javi: Sí, que será tu única oportunidad.
Gero: Aff, bueno, señora Sara, la dejaré con Javi, pero otro día vengo a terminar lo que empecé.
No me dio ni tiempo de responder cuando se fue. Javi tomó el lugar de Gero.
Javi: Uff, qué bien le abrieron el culo. Aunque la mía es más grande y gorda.
Yo: Esper…
No me dejó terminar y me la clavó toda de una por el culo, hasta las bolas, y comenzó a cogerme bien duro. Bajaba sus manos y pellizcaba mis pezones, jalándolos hacia abajo, y eso me causaba tremendo placer. Estaba tan excitada. Javi me puso a cabalgarlo, dándomela yo solita por el culo. Luego me puso boca arriba y me daba por el culo mientras nos besábamos. Al fondo podía escuchar los tremendos gemidos de mi hija. Dios, todo ese ambiente me excitaba demasiado y tuve un terrible orgasmo que causó que Javi se viniera dentro de mi culo. Caímos agotados en la cama.
Javi: Dios, Sarita, qué rica estás.
Sara: Jaja, gracias. Tú lo haces muy bien.
Javi: Gracias, gracias. ¿Puedo venir a repetirlo?
Sara: Puede ser, jaja.
Luego de eso me puse el hilo con las tetas al aire y fuimos a la cocina por agua. Javi me daba una nalgada cada tanto. En eso salió Esme en hilo también, con Gero. Tomaron agua. Estamos los cuatro parados en la cocina: Esme y yo en hilos con las tetas al aire, y Javi y Gero en bóxer. No podía creerlo: en un día había estado con dos tipos diferentes y, además, esos tipos también se habían cogido a mi hija. Estaba demasiado excitada otra vez. En eso Javi se fue a dar una ducha rápida. Nos fuimos a sentar en el sofá: Gero, Esme y yo. Gero en medio; él tenía una mano en el muslo de cada una. Y en eso Gero me besa, luego besa a Esme, y así, hasta que apareció Javi totalmente desnudo. Gero se fue a duchar y Javi tomó el lugar de Gero. Nos comenzamos a besar. Yo estaba dándole un rico beso a Javi y veo que Esme le está dando una buena mamada. Luego cambiamos y ahora era yo quien se lo mamaba a Javi. Luego nos arrodillamos ambas y comenzamos a mamárselo. Y luego Esme me agarra y me besa. Estaba tan excitada que no me negué: me estaba besando con lengua con mi propia hija. Luego nos besamos con la verga de Javi en medio. Luego llegó Gero y nos pusieron a mamársela a ambos: nosotras arrodilladas y ellos sentados; nos cambiábamos cada tanto. Luego nos montamos encima de esos tipos y nos pusimos a cabalgar. Luego pusieron en cuatro a Esme y a mí sentada con las piernas abiertas, y nos daban bien duro. Los gemidos de Esme me tenían loca de excitación; ver a mi hija recibiendo verga me encantaba. Luego cambiaron: a mí me cargó Javi, y Gero le empezó a dar verga a Esme. Luego de una hora nos arrodillaron y se masturbaron en nuestras caras hasta eyacular. Nos llenaron las caras de leche. Esme me volteó la cara y me besó con la leche en nuestras caras: ella lamía la leche de mi cara y yo de la suya. Dios, qué experiencia tan divina. Y eso fue solo el comienzo para todas las experiencias que mi hija Esme me hizo vivir.
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