Me metí a una casa ajena a masturbarme toda mojada y sin ropa
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Entré a esa casa abandonada con la adrenalina a tope, el corazón latiéndome fuerte mientras mis ojos se acostumbraban a la penumbra de esas paredes vacías y polvorientas. Cerré la puerta detrás de mí con un golpe seco y me quedé quieta unos segundos, escuchando nada más que mi propia respiración agitada y el silencio pesado de un lugar que no era mío. Sabía que estaba haciendo algo prohibido, que en cualquier momento los dueños podían aparecer y encontrarme ahí metida como una intrusa, y justo esa idea me puso más cachonda de lo que ya estaba. Me temblaban las manos mientras me desabrochaba la blusa, sin dejar de mirar hacia la ventana, y sentí cómo el corazón se me aceleraba todavía más cuando la tela cayó al suelo.
Me desnudé completa ahí en medio de esa casa ajena, dejando cada prenda tirada sobre el piso sucio como si fueran migas de pan que marcaran mi pecado. Caminé descalza hasta el baño, sintiendo el frío del piso en las plantas de los pies, y abrí la llave de agua fría sin pensarlo dos veces. El chorro me golpeó la piel y me erizó todo el cuerpo, pero no me aparté, al contrario, me quedé ahí recibiendo ese frío que me endurecía los pezones y me hacía temblar de una forma que no era solo por la temperatura. La penumbra del baño, el eco del agua cayendo en esas paredes vacías, la certeza de que estaba completamente sola y a la vez expuesta, todo se mezclaba y me ponía más cachonda por momentos.
Me pasé las manos por las tetas, apretándolas, sintiendo cómo los pezones se me ponían duros entre mis dedos mientras el agua resbalaba por mi piel. Bajé despacio por el vientre, disfrutando cada centímetro, hasta llegar a mi coño depilado que ya estaba palpitando de pura calentura. Me apoyé contra la pared húmeda, abrí las piernas y empecé a masturbarme bajo el chorro, frotándome el clítoris con dos dedos mientras gemía sin importar quién pudiera escucharme. Imaginaba que en cualquier momento se abría la puerta y alguien me encontraba ahí, toda mojada, sin ropa, con los dedos metidos en mi coño y la cara de puta caliente, y esa fantasía me hacía gemir más fuerte todavía.
La adrenalina de ser descubierta me tenía tan húmeda que no aguanté mucho. Metí un dedo, luego dos, sintiendo cómo mi coño se apretaba alrededor de ellos mientras el agua fría seguía cayendo sobre mi cuerpo caliente. Cerré los ojos y me dejé llevar por completo, imaginando manos ajenas recorriéndome, vergas desconocidas usándome en esa casa vacía, y con ese pensamiento me corrí ahí mismo, sola, temblando contra la pared, apretando los muslos mientras las piernas me flaqueaban y un gemido largo se me escapaba de la garganta. Me quedé unos segundos apoyada, recuperando el aliento, con el corazón todavía desbocado y la piel erizada.
Cuando por fin abrí los ojos, me di cuenta de que todo había quedado grabado, cada gemido, cada movimiento de mis dedos, cada gota de agua resbalando por mi cuerpo desnudo en esa casa abandonada. Recogí mis prendas del suelo y me vestí despacio, todavía temblando, con esa sensación de haber hecho algo prohibido que me dejaba una sonrisa de satisfacción en la cara. Salí de ahí como si nada, pero sabiendo que acababa de vivir una de las experiencias más calientes de mi vida, y que ahora ustedes pueden verla completa, tal como pasó, sin cortes ni vergüenza, pura calentura casera grabada para su disfrute.
