Llenando El Culo De Mi Prima: El Placer Que Su Novio Nunca Le Da
Duración estimada de lectura: 5 minutos
Visitas: 1,123
La botella de vino ya estaba casi vacía cuando ella dejó su copa a un lado y se recostó en el sofá con una sonrisa perezosa. Noté cómo sus mejillas estaban sonrojadas, cómo sus ojos me miraban de esa manera que recordaba perfectamente — la misma mirada de hace dos años, hambrienta y sin vergüenza. «¿Sabés lo que extraño?», murmuró, y antes de que pudiera responder, se inclinó hacia mí, su mano deslizándose directamente a mi entrepierna, palpando mi polla ya dura a través del pantalón. «Esto», susurró contra mi cuello, su aliento dulce a vino mezclándose con el deseo.
La levanté del sofá sin preguntar, mis manos agarrando su culo con fuerza, recordando cada curva de su cuerpo. Ella soltó una risa nerviosa que se convirtió en un gemido cuando la apreté contra la pared, mi boca devorando la suya con dos años de abstinencia reprimida. «Tu novio no te coge como yo», gruñí mientras le subía la falda, descubriendo que no llevaba bragas, su coño ya mojado y caliente bajo mis dedos. Ella arqueó la espalda, jadeando mi nombre, sus uñas clavándose en mis hombros.
La arrastré hacia su habitación, dejando un rastro de ropa tirada por el pasillo. Una vez en su cama, me desvestí rápidamente mientras ella se abría de piernas, mostrándome todo, sin pudor, completamente entregada. Me sumergí entre sus piernas, lamiendo su clítoris con avidez, sintiendo cómo su cuerpo temblaba bajo mi lengua, cómo sus caderas se movían buscando más fricción. «Por favor, follame», suplicó, su voz ronca, desesperada. «Necesito sentirte dentro otra vez.»
Me posicioné sobre ella y entré de una sola embestida, haciéndola gritar. Su coño apretaba mi polla con esa familiaridad que solo teníamos nosotros, húmedo, caliente, perfecto. La cogí con fuerza, sin piedad, recuperando cada mes que habíamos perdido. «Más duro», gritaba ella, sus piernas envolviendo mi cintura, sus manos agarrando las sábanas. El sonido de nuestros cuerpos chocando llenaba la habitación, mezclado con sus gemidos y mis gruñidos de placer.
La volteé, poniéndola a cuatro patas, y ella entendió inmediatamente, arqueando su culo hacia mí. Usé saliva para lubricar su ano y entré en su culo despacio al principio, sintiendo cómo se abría para mí, cómo gemía con la cara enterrada en la almohada. «Me encanta tu culo, puta», gruñí, acelerando el ritmo, follandola anal con fuerza mientras mis dedos jugaban con su coño. Ella se vino con un grito ahogado, su cuerpo convulsionando, y yo no pude más, descargando todo mi semen dentro de su culo, colapsando sobre ella, ambos jadeando, sudorosos, finalmente reunidos después de tanto tiempo.
Todavía jadeando, con mi polla aún dentro de su culo, me incliné sobre su espalda y susurré contra su oreja: «Quiero quedarme solo en tu culo como reencuentro, dejarlo bien lleno de mi semen, ¿te parece?» Ella giró la cabeza, sus ojos vidriosos de excitación, y asintió con una sonrisa traviesa. «Sí, por favor, es lo que más extraño», confesó, «contigo puedo disfrutarlo de verdad, mi novio ya ni siquiera lo intenta, le dije varias veces que por ahí no, a pesar que su verga es tan pequeña que ni siquiera sé si sentiría algo». La besé con fuerza, sintiendo cómo su culo apretaba mi polla de nuevo, listo para la segunda ronda.
La saqué un momento para ver su culo abierto, rosado, invitante. «Ponte boca arriba», ordené, y ella obedeció, abriendo sus piernas y levantando sus rodillas hacia su pecho, exponiendo completamente su ano húmedo y relajado. Me posicioné entre sus piernas, guiando mi polla hacia su entrada trasera, y entré despacio, observando su cara mientras gemía, mordiéndose el labio inferior. «Dios, qué rico lo haces», suspiró, «él ni siquiera me toca ahí, y tú me llenas por completo». Comencé a moverme con movimientos profundos y constantes, sintiendo cada centímetro de su culo caliente y estrecho envolviéndome.
«Juguetea con tu coño mientras te follo el culo», le ordené, y ella obedeció, sus dedos frotando su clítoris en círculos rápidos mientras yo aumentaba el ritmo, embistiendo su ano con fuerza, el sonido de nuestros cuerpos chocando mezclado con sus gemidos ahogados. «Voy a venirme en tu culo, lo voy a dejar bien lleno de mi semen», anuncié, sintiendo cómo el placer se acumulaba en mis bolas, cómo su culo me succionaba, pidiendo más. «Sí, lléname, por favor, dame todo», suplicó ella, su voz quebrada por la excitación, sus dedos moviéndose frenéticamente sobre su clítoris.
La embestí una última vez, profundo, hasta el fondo, y exploté dentro de su culo, chorro tras chorro de semen caliente llenándola por completo. Ella gritó, su propio orgasmo estallando simultáneamente, su cuerpo convulsionando bajo el mío, su culo apretando mi polla en espasmos rítmicos, succionando cada gota de mi semen. Nos quedamos así, jadeantes, sudorosos, conectados, mi polla aún palpitando dentro de su culo lleno de mi leche. «Nadie me coge el culo como tú», susurró finalmente, satisfecha, «eso es solo tuyo».
