Las fantasías de Susana y mías
Mi nombre es Carlos y el de mi mujer Susana. Recientemente hemos realizado un viaje al Caribe. Como suele ocurrir estos viajes, están organizados por operadores que normalmente radican en Barcelona y o bien vas con algunos amigos o no conoces previamente a nadie y este era nuestro caso.
Llegamos a la Habana después de 10 horas de viaje, por lo que entre la espera de salida en el aeropuerto y el largo viaje vas haciendo amistades dentro del grupo. Llegados a este punto, deciros que nuestras edades son 45 la mía y 41 la de Susana. Vivimos en una pequeña ciudad catalana, donde todo el mundo se conoce. Soy un profesional libre y Susana se dedica a sus labores. Físicamente Susana es una mujer rubia muy guapa, alta bien formada. Yo no soy ni feo ni guapo, alto y musculoso por el mucho deporte que he practicado y poco más.
En el aspecto sexual, Susana es muy activa, una vez pasada el umbral inicial de la excitación, es una auténtica golfa y disfruta follando. Educada a la antigua usanza, siempre ha tenido y tiene muchos reparos morales y sociales. Por supuesto nunca hemos realizado nada con ningún hombre en nuestra ciudad, pero sí lo habíamos realizado, dos veces, aprovechando viajes míos de trabajo. En ambos casos yo estuve participando pues a ella le excitaba que yo viese como se la follaba otro hombre y a mí me volvió loco. Para Susana, no fueron experiencias que la llenasen plenamente, pienso que por lo de sus convicciones. Pero en cambio una vez se lo montó con una chica en casa de una amiga y la volvió loca. Así mismo hemos realizado varios tríos con chicas y se vuelve loca pero…
Como quiera que llevamos 15 años de casados, usamos mucho de las fantasías sexuales pues esto nos pone a mil. Le excita muchísimo que le diga que me la imagino follando con un negro, pues esta es su fantasía preferida. Le he propuesto en muchas ocasiones irnos a Madrid que no nos conoce nadie y buscar un profesional, pero mientras que estamos follando, le parece una magnífica idea, pero una vez que acabamos ya no le apetece. Antes de marcharnos de viaje, le había dicho, medio en broma medio en serio, que una vez en la Habana, se me apetecería hacerlo con una mulata y siempre se reía y me decía que… donde las dan, las toman.
La tarde de nuestra llegada al hotel, me fui a dar un paseo y Susana se quedó descansando en la Habitación. Como tenía direcciones que me habían proporcionado amigos míos, que ya habían pasado por allí, me fui a realizar mi deseo con la mulata. Fue maravilloso y cuando llegué al hotel se lo conté a Susana, pues siempre le he contado todas mis aventuras extramatrimoniales. Se rió, me preguntó si lo pasé bien y ahí quedó todo. Aquella noche coincidimos en la sala de fiesta del hotel con varias parejas de las del grupo, pero yo estaba muy cansado y pronto me fui a la cama, pues pensábamos levantarnos temprano para hacer turismo. Susana se quedó con ellos para subir más tarde. A la mañana siguiente me levanté a las 8 y Susana me dijo que ella no me acompañaría, pues se acostó tarde charlando con los amigos y tomando copas, alguna demás me confesó luego.
Salí a ver la Habana, pero estaba intranquilo por mi mujer y regresé pronto, sobre las doce. Al llegar al pasillo de la habitación, una de las limpiadoras, en las proximidades de la habitación, me preguntó que cual era la mía y al decírselo, puso una cara rarísima y me dijo que la Sra. estaba dentro, pero que estaba ocupada, que porqué no volvía más tarde y claro, no la entendí ni le hice caso. Al entrar lo entendí todo. Pensé que Susana estaría dormida y que eso sería lo que la limpiadora me quiso decir, no hice ruido alguno al entrar, pues además la cerradura era de apertura electrónica. Lo que vi me dejó de piedra. Susana se revolcaba como una loca con negrazo, no mayor de 30 años y con un cuerpo atlético de impresión. El pobre hombre no supo como reaccionar, pero la hábil y golfa de mi encantadora mujer, se dirigió a mí diciéndome que donde las dan… y que si me apetecía, que participase, que ya se la había follado una vez y que ahora iba por sacarle el segundo. Me quedé de piedra, pero mi polla cogió un tamaño y dureza que no tuve más remedio que desnudarme y unirme a los dos.
Susana comenzó a pajearlo, pues entre el susto que le di al entrar y el otro polvo, la tenía flácida. Flácida era mayor y más gorda que la mía, que no es chica. Roberto, que así se llamaba, pronto reaccionó, pues daba la impresión, que era un profesional de los que andan por los hoteles cubanos para damas que los necesiten. Comencé a comerle el coño a Susana, pero me pidió que los dejara solos y que disfrutase mirándolos. Nunca creí que podría pasar por una situación así, pues las veces anteriores que hemos follado con otro, yo participaba, pero esto, esto era de lo más excitante por lo que yo había pasado. Pronto estuvo Roberto encima de mi mujer. La polla le brillaba y la sacaba chorreando jugos del coño, mientras Susana me decía -mira, mira como me meten este pedazo de polla.-Y era para verlo. Mientras, yo creía que más daba algo, nunca me había sentido igual. Chillaba la muy golfa, como si hiciese años que no follase. No tuve más remedio que pedirle que me dejase entrar en el juego. Hizo que Roberto se bajase y poniéndose a cuatro patas, le pidió que la follase desde detrás y a mí comenzó a chupármela, como nunca lo había hecho. Le pedí que me dejase follarla a lo que se negó, diciéndome que quería disfrutar de aquella magnífica polla, que ya lo haríamos más tarde. Terminamos corriéndonos todos y como eran casi las tres de la tarde, Roberto se marchó y nosotros, tras ducharnos, bajamos a comer.
Durante la comida, me estuvo comentando lo maravilloso que se lo había pasado, por, ella en sí y por ver como disfrutaba yo mirando y viendo como se corría. Me explicó, que la noche anterior, salieron a bailar los amigos, pues estaban en la discoteca del hotel y que en alguna ocasión la sacó a bailar uno de ellos y empezó a calentarse, pues el tío se le arrimaba y notaba su polla y entre eso y las copas comenzó a ponerse como una moto. Una de las veces que se quedó sola en la mesa, se la acercó un pedazo de negro que para qué, era Roberto, pero por corte no quiso bailar. Una de las amigas que vio todo, le dijo que era idiota no aprovechar aquello, que no iba a pasar nada y que además su marido, yo, estaba durmiendo.
Al comenzar a marcharse los otros matrimonios, ella prefirió quedarse, diciendo que había dormido mucha siesta y que no tenía sueño. La realidad, pues así me lo confesó, es que le excitaba ver si era capaz de ligarse a aquel chico, sin saber que era un profesional, y que si yo ya había mojado con una mulata, ¿por qué no ella con un negro como aquel? Que si lo ligaba, se quedaría a la mañana siguiente en el hotel y me dejaría marchar solo para ella aprovechar. ¡Y bien que lo aprovechó! Después de comer nos fuimos a hacer la siesta y follamos como niños. Le pregunté si estaba dispuesta repetir y me comió a besos, agradeciendo mi generosidad con ella, pues quería usar de la impunidad de encontrarse en un sitio donde nadie la conocía.
Aquella noche, fuimos los dos a la discoteca donde nos encontramos nuevamente a Roberto. Por 20 la sesión siempre estuvo dispuesto, incluso nos estuvo haciendo de guía turístico, por lo que puedo decir que gracias a él, lo pasamos fenomenal realizando todas las fantasías de Susana y mías. Lo que me ha empujado a escribir este suceso, es transmitir que en España hay muchas mujeres que les gustarían poner en práctica sus fantasías, que muchas veces no se las cuentan ni a sus maridos, pero que tenerlas las tienen y creedme que es muy excitante ver como follan a la mujer delante de uno y para ello hay que ser muy hombre y no tener complejos de clase alguna. Pensad que estando los dos de acuerdo, se mejoran las relaciones de la pareja
Autor: Anónimo
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