La sumisa de mi cuñada
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Buenas tardes, soy Alfredo de 37 años y les voy a contar el relato de cómo me cogí a Ivonne, mi cuñada. Yani es mi pareja actual sin compromiso y sin derechos. Ivonne es la hermanita de Yani. Toda la familia de Yani es delgada, pero nalgonas. No podía dejar de saborear las caderas de Yani, una locura cómo debajo de esa cintura ajustada están ese par de nalgas redonditas y sabrosas, pero las de mi cuñada Ivonne fueron diferentes. Ella es de tez morena y con una cara hermosa, labios gruesos y pechos pequeños, pero las nalgas de Ivonne crecieron mucho más y al paso de los años se pusieron más redondas.
Por una ruptura amorosa, ahora Ivonne vive con nosotros en la capital. Sigue trabajando de secretaria, así que usa ropa ajustada, pantalones y vestidos que lucen espectaculares con su cuerpo. Así que, como salíamos a la misma hora al trabajo, yo salía detrás de ella en un largo pasillo con un par de escaleras para admirar el movimiento de sus nalgas. Algunas veces hasta cerré los ojos mientras tenía sexo con Yani e imaginaba que era Ivonne, su hermana. Así estuve durante meses.
Hasta la noche previa a Navidad. Yo le comenté a Yani que estoy insatisfecho con ella. “Eres muy buena, pero no tienes imaginación y me gusta tu hermanita Ivonne”. Ella me dijo: “Es que estoy pasando cambios en mi cuerpo y que le tuviera paciencia”. El domingo me dijo Yani que Ivonne va a cocinar la cena del 24 de diciembre y que faltan varias cosas. “¿Podrías comprarlas?”. Le dije que sí y salí a comprarlas. Había pasado media hora y me llamó Yani a mi celular. “Ya Ivonne va a empezar a cocinar y acabo de salir con mi mamá para comprar los regalos. Te veo en la casa”. Acabé de comprar y me fui a la casa.
Cuando llegué a la casa, Yani aún no llegaba. Ivonne se acercó y le entregué las compras. Mientras esperaba sentado en el comedor e Ivonne en la cocina preparando la comida, platicábamos. Yo no despegaba la vista del cuerpo de Ivonne. Ya sus pezones los tenía bien parados y ella vio más de una ocasión cómo me agarraba la verga. Ivonne se movía en la cocina y se agachaba para coquetear más conmigo. En eso hizo como que buscaba algo en lo más bajo del refrigerador, agachándose, dejando ver ese día un hermoso paisaje ya que no tenía ropa interior. Lo hizo para coquetear conmigo y ver mi reacción. La cual fue que me levanté de donde estaba y me ubiqué por detrás de Ivonne. Le levanté el vestido y sin más se la metí toda hasta el fondo.
La tomé por sorpresa y quiso zafarse, pero la tenía bien agarrada. Lo bueno fue que estaba un poco lubricada por sus jugos, que si no la hubiera desgarrado. Ella se quedó con la boca abierta al sentir mi pene dentro de ella y comencé a meterla y sacarla. Ella empezó a disfrutar de la cogida que le estaba dando. Le decía: “¿Esto es lo que querías? Pues tómala, me has estado coqueteando todo este tiempo. Yo sabía que eras una puta, toma cabrona”. Y se la metía toda hasta el fondo. Ella me decía: “Siento que me desgarras” y con cada metida que le daba la hacía levantar del piso. “Hija de la chingada, esto es lo que buscabas, toma toda mi verga, cómetela con esta raja hambrienta de verga”. Y seguía dándole y comenzó a venirse.
Me dijo: “Eso es lo que yo buscaba, que me dominaran alguien y tú lo haces a la perfección. Tanto me habló Yani de ti, de lo maravilloso que la coges, que decidí ver si es cierto. Sigue metiéndosela sin piedad”. En ese momento me detuve y le saqué mi verga. La volteé y la puse de rodillas. Le dije: “Solamente así aprenderás a callarte la boca, cómetela”. Y ella abrió la boca y se la metí toda a tal grado que sentía ahogarse y tosía al sentirla en sus anginas, pero yo seguía metiéndosela y sacándola. La tenía bien agarrada del pelo y la movía para que cogiera su boca. La saliva escurría por su quijada y caía en sus pechos y al piso. Cuando la tuvo toda adentro, ella movía su cara y yo seguía dándole. Entonces, apretando mi cuerpo, solté un chorro de esperma y tuvo que tragárselo todo. No paré de cogerme su boca hasta que decidí parar y saqué mi pene de su boca.
La llevé a la cama y ahí la incliné, levantándole nuevamente el vestido y sin piedad se la volví a meter. Ella quería gritar, pero le dije que se callara y tuvo que hacerlo. Empecé a metérsela y sacarla mientras le chupaba su culo preparándola. Tuvo un orgasmo tan intenso que le temblaron las piernas. De pronto se la saqué y quiso subirse a la cama, pero la detuve. Le dije que se abriera las nalgas, que me la cogería del culo. Ella me decía que no, que por ahí no, pero yo ya no la escuchaba. Le volví a decir que las abriera y temblorosa lo tuvo que hacer. Empecé a empujar mi verga en su ano. Costaba, pero iba entrando. Le dolía, lo notaba, pero no decía nada, me dejaba metérselo.
Sentía que tenía a mi sumisa a mi merced y empecé a cogérmela con fuerza, hundiendo mi polla en su estrecho culito. La sacaba y la miraba, y volvía a meterla. La miraba y seguían saliendo lágrimas de sus ojos. Tenía el rímel corrido por sus mejillas. De pronto sintió un dolor tan grande y gritó que pensé que se iba a desmayar, porque aflojó su cuerpo al sentir toda mi verga dentro de ella. Se la había metido toda sin misericordia, sin lubricación más que la de sus jugos vaginales donde se la había metido en su vagina momentos antes. Yo estaba tan excitado gozando que había perdido la noción del tiempo. No sé por cuánto tiempo me la seguí cogiendo por el culo, pero el dolor que sentía Ivonne se volvió placer para ella y comenzó a disfrutarla. Comenzó a mover sus nalgas en círculos para gozar más.
Ivonne, y yo no paraba de insultarla y decirle cosas sucias, y eso la calentaba más y más. La hice que me rogara que quería mi verga y lo hizo. A ella ya le gustaba rogarme. Me decía: “Ya tengo mi culo adormecido de las cogidas que me das”. En ese momento me vine dentro del culo de Ivonne y cuando ella sintió mi chorro dentro de ella también se vino por última vez. Le dejé mi verga hasta que solita se salió. Ivonne se recostó en la cama, el culo le dolía y al ver mi verga vio unas manchas de sangre. Me recosté en la cama y le dije que trajera una toalla húmeda para limpiar mi verga, lo cual hizo. Cuando terminó de limpiármelo, le dije que le diera un beso a mi verga en la punta, lo cual hizo.
Me dijo: “A partir de hoy voy a ser tuya mucho más de lo normal. Quiero ser tu sumisa sexual siempre que lo desees. Puedes pedirme lo que quieras, estoy abierta a hacer y hacerte lo que quieras, donde quieras. A partir de hoy voy a andar con vestido y sin tanguita en casa cuando me quede contigo. Quiero demostrarte que tus deseos son órdenes SIEMPRE. Quiero que seas mi Amo. Quiero que me hagas lo que quieras. Azótame el rato que quieras, lo fuerte que quieras. Cógeme la boca sin parar y puedes tenerme todo el tiempo que desees. Disfrútame”.
Entonces se levantó y se vistió. En ese momento escuché la puerta que se abría y al salir, yo, las dos, Ivonne y Yani, platicaban. Yo me viré y le dije a Ivonne: “¿Ya acabaste de cocinar?”. Me dijo que ya poco le faltaba y se dio vuelta. Con las piernas adoloridas y con el culo ardiendo se fue para la cocina a seguir cocinando. Le era difícil caminar ya que todo le dolía. Yani me preguntó qué le pasaba a Ivonne, que ella estaba bien cuando me fui. Le dije: “Es mi nueva sumisa, mi puta, igual que tú, mi Yani”. Ella me contestó: “¿Cómo estaba ese rico culito?”. Le contesté: “Apretado pero sabroso”.
Al fin llegó la hora de la cena, sirvieron y al sentarse Ivonne en la silla para comer sintió un dolor tremendo en su culo que la hizo gritar. Yani le dijo: “¿Qué te pasa?”. “No, nada, algo me picó”. “Sí”, le dijo Yani, “te picó la verga de Alfre y estás adolorida”. Ella se quedó muda y dijo: “Perdón”. Yani le dijo: “De ahora en adelante serás nuestra sumisa. Ve a la recámara y ponte crema, la primera que encuentres. Así me pasó, pero qué sabroso es que te cojan del culo”. Regresó Ivonne al comedor y sentía mi mirada. Veía que le sonreía y me empezó a sonreír también. Ambas hermanas eran mis sumisas y ambas son excelentes cogiendo, pero lo son más obedeciendo mis órdenes y cumpliendo mis deseos.
