La mejor noche

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Cuando era un adolescente cualquiera, los pies eran algo que me volvía loco. Mi maestra de geografía era una mujer que tenía un cuerpo hermoso y unos pies que hacían que algo se moviera dentro de mí.

Durante varias sesiones de clase me la pasaba viendo sus deliciosos tacones negros que dejaban ver un rico pedicure francés. Un día se dió cuenta de hacia dónde miraba por lo que hizo que me quedara al final de clases. Cuando me acerqué a su escritorio me comentó que hacía mucho tiempo que no le hacían «algo» a sus pies. Después de eso me ofreció de repente que le masajeara sus pies. El tiempo era un enemigo por lo que para que aceptara me hizo un citatorio por 5 horas. Claro que acepté.

Cuando llegué al salón me di cuenta de que habían 9 pares de zapatos diferentes en la parte baja del escritorio. A esa hora ya no habían más maestros de la materia. Era el momento perfecto para entrar en acción. Me habló muy dulce diciendo que prefería que le diera amor a sus pies. Probé con cada par que había, oliendo esa rica escencia y chupando en cada abertura de cada tacón para alcanzar sus deliciosos pies. Recuerdo meter la lengua entre la abertura de unos tacones para poder lamer sus suculentas uñas de pedicure francés.

Me pidió que me lo sacara, así que me dió un poco de lubricante para meter posteriormente mi miembro entre su talón y sus wedges, se sentía tan rico que mientras lo hacía me besó tan maravilloso que cada vez me crecía más. Cuando pasé por cada uno de los tacones se decidió a masturbarme con esas ricas plantitas morenas que tiene. Me dejé llevar y le quité la falda, bajé sus bragas y me puse un condón que había comprado.

Mientras lo metía, ella venía tan rico que me impulsó a lamer sus pies mientras mi pene tocaba su estrecha vagina. Cada vez quería más duro hasta que en un punto de éxtasis me quite el condón y empezé a masturbarme mientras le comía su vagina. Sabía tan bien que en ese instante le llamó a otra colega para disfrutar del momento.

Dentro de mí sabía que todo estaba planeado. Cuando tocan a la puerta y la maestra abre, allí estaba, mi otra maestra de Formación que desde hacía dos años le traía ganas por sus enormes tetas y nalgas. Le lamí lo pies en cuanto llegó porque amaba su olor y su sabor. Traía unas sandalias con plataforma que me excitaban al punto que mi verga ya tocaba sus ricos pies entre el cuero de las sandalias en el punto de la plataforma. Era tan sexy ese momento que no aguanté más y a las dos les quité el bra que traían para lamer sus ricas tetas. Tenían un aroma tan dulce que estaba a punto de correrme pero aguanté. Me dirigí hacia sus nalgas y me hizo un assjob, ya que puse mi pene entre sus nalgas y lo metía y sacaba.

Otro condón me puse y mientras la maestra Maricarmen de Formación gemía tan duro, la maestra Cayetana me chupaba los testículos para que se me pusieran como rocas. Después las dos me dieron un suculento footjob que hizo que por fin me corriera entre sus deditos tan chiquitos y con un sabor extravagante. Cuando me semen caliente estaba entre sus piesitos se pusieron los mejores tacones que traían y se escuchó un sonido tan delicioso como un «squish» que era mi semen con los tacones. Comenté a oler el calzado restante y me dejaron llevarme un par de cada una para que los oliera y corriera en ellos para recordar el momento.

Antes de salir me despidieron dándole un blowjob mi pene hasta que se corriera de nuevo pero en sus caras. Sí pudiera pedir algo sería repetir esos riquísimos tiempos para volver a sentir mi verga como en esa vez. Jamás olvidaré el pedicure francés con semen blanco, las piernas, tacones y boca tan deliciosa de Cayetana y las sabrosas tetas, pies, sandalias, nalgas y boca llena de semen de Maricarmen. Esa fue la mejor noche.

Autor: Br

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