La madre de mi vecina

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Una mañana, después de haber follado con mi vecina de al lado, nos vestimos y nos sentamos en el sofá a fumar un cigarro y esperar a mi hermana que volviese del parque con su hija. De pronto sonó el timbre de la puerta. Nos sorprendió, porque mi hermana tenía llave de la casa. Fui abrir y me encontré con la madre de mi vecina. Una señora de unos 52 años, alta, morena con un cuerpazo de escándalo. No sabría decir quien estaba más buena, so la madre o la hija.

Nos saludamos, con sendos besos en la mejilla, pues ya la conocía y la dejé pasar. Vestía una blusa azul, tan ceñida que resaltaban sus pechos y una falda negra, y estrecha,un poco por encima de las rodillas, que hacía notar su hermoso culo. Entré detrás de ella, y mi vecina se dio cuenta de como miraba a su madre, con una sonrisa pícara en su cara.

.- ¿Que haces aquí?… Preguntó mi vecina… No me has avisado de que vendrías.

.- He tenido que hacer un recado por aquí cerca… Comentó la madre… Y pensé en hacerte una visita.

.- Pues me coges de casualidad… Comentó mi vecina, levantándose para ir a su habitación… Dentro de un rato me voy a trabajar. Hoy me toca de tarde.

.- ¿Y mi nieta?… Preguntó la madre.

.- Está con mi hermana en el parque… Contesté… No creo que tarde mucho.

.- Ah, bueno… Comentó… La esperaré

Mi vecina salió de la habitación con el uniforme del hospital.

.- Me voy a trabajar, mamá… Se despidió mi vecina… La hija no creo que tarde mucho.

.- No te preocupes… Respondió la madre… El vecino me hará compañía mientras espero.

Yo me quedé un poco cortado al escuchar esas palabras, pues no tenía confianza con ella. Mi vecina se despidió y me miró con una sonrisa que no sabría como definir, entre pícara y enojada.

Cuando mi vecina cerró la puerta, la madre fue a la cocina y trajo un par de cervezas. Se sentó a mi lado en el sofá, cruzando las piernas, por lo que se le subió un poco la falda hasta los muslos. Yo intentaba disimular mis miradas y sobre todo, la erección que estaba empezando en mi polla. Por dentro pensaba, “HERMANITA VEN YA”. Ella parece que se dio cuenta de mis miradas y movía sus piernas más provocatibamente.

.- No te importa hacer compañía a una vieja, ¿verdad?… Me preguntó… No quisiera esperar sola a mi nieta.

.- No, no… Contesté un poco cortado… Y usted no es tan vieja. Sin animo de ofender.

.- No me ofendes… Contestó risueña… Y tutéame, que nos conocemos hace años.

.- Discúlpame… Respondí… Es por respeto.

.- Y eso de que no soy vieja… Comenzó a explicar… Casi podría ser tu abuela.

.- No exageres… Respondí enérgico… Yo tengo 20 años.

En ese momento, dejó la cerveza en la mesita y se levantó. Me miró unos segundos y cogiéndome de la mano, tiró de mi, haciéndome levantar del sofá. Yo estaba entre alucinado y cortado, pues no sabía de sus intenciones. Sin mediar palabra, me llevó a la habitación de su hija.

.- Mira, vecino… Comenzó a explicar… He venido aquí, no porque tenía un recado cerca. Sé que te follas a mi hija, pues me lo ha dicho y yo también quiero probar esa polla de la que tanto habla mi hija.

Yo me quedé como una estatua, al oír las palabras de ella.

Se empezó a quitar la falda y la blusa, dejando ver su cuerpazo con la lencería color carne, que dejaba transparentar su bosque de pelillos negros y sus rosados pezones. Parece que se dio cuenta de mi erección, pues ni apartaba la mirada de mi entrepierna.

Me envalentoné y me acerqué a ella y abrazándola por la espalda comencé a llenar su cuello con suaves besos, atrayéndola hacia mí, colocando mis manos sobre sus pechos, sin dejar de besar su cuello. Ya no había marcha atrás.

Se dejaba acariciar por mis labios y mis manos. Le di la vuelta y sin dejar de besar su cuello, bajé mis manos a su culo, metiéndolas por las braguitas. Su reacción fue colocar la mano sobre mi polla, por encima de la ropa, notar mi erección, y comenzar a desabrochar el pantalón, dejando salir mi polla como un resorte, que estampó contra su vientre. La cogió entre sus manos, y colocándose de rodillas, comenzó a lamer desde el glande a los huevos y viceversa, hasta que se la metió en su boca y comenzó a subir y bajar con sus labios, mientras lamia con su lengua.

Estuvo un tiempo subiendo y bajando con sus labios, mientras acariciaba mis huevos, hasta que sin poderla avisar solté varias descargas de leche que le inundaron la boca y que tragó relamiéndose.

No sabría decir quien la chupaba mejor, si ella o si hija. La aupé, la coloqué sobre la cama y quitándole las braguitas, bajé por su vientre besando cada centímetro, hasta llegar a su coño y jugar con mi lengua entre sus labios vaginales, recorriéndolos de arriba a abajo y viceversa, hasta llegar a su clítoris y succionarlo con mi lengua, mientras le iba metiendo un dedo o dos en su coño. Cuando llegó al orgasmo, me incorporé y me coloqué encima de ella, apunté con mi polla a su coño y la penetré suavemente hasta casi la mitad de mi polla, de una sola vez.

Soltó un gemido y continué empujando hasta clavársela entera, comencé el bombeo suavemente disfrutando de su coño mojado y caliente. Cuando noté que me iba a correr, la agarré de la cintura y empujando hasta el fondo de su coño, inundándolo con mi lechada.

La coloqué boca abajo, y con mi polla aun dura, y apuntando a su ojete le metí mi polla en el culo, bombeando hasta que solté una nueva corrida dentro, mientras jugaba en su coño con mis manos haciéndola llegar al orgasmo.

Esperé hasta que mi polla se salió sola, ya fláccida por la corrida, volví a colocarla boca arriba y quitándole el sujetador, comencé a besar, lamer chupar y mamar sus deliciosas tetas, se incorporó y volvió a cogerme la polla para mamarmela y volver a inundar su garganta con mi corrida, aunque menos por las folladas anteriores.

.- Mi hija tenía razón… Comentó… Sabes hacer gozar a una mujer.

Se recompuso la lencería, pero no la dejé, la agarré, la llevé de nuevo a la cama, mientras acariciaba su culo, la coloqué boca arriba y bajándole las braguitas, comencé a comerle el coño, chupando su clítoris y mordisqueándolo, hasta que llegó al orgasmo inundando mi boca con sus jugos.

Nos vestimos y nos sentamos en el salón, acariciándonos, hasta que llegó mi hermana con la nieta.

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Sevilla1972
Sevilla1972
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