Intimando con el novio de su hermano
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Adrián iba por la ciudad a paso rápido, cruzó la calle y se metió en un bloque de apartamentos para empezar a subir las escaleras a ritmo rápido y con ganas.
Era un chico de veintitrés años, de cara joven y mandíbula prominente; no llevaba nada de barba y tenía labios carnosos —perfectos para besar, y comerle el chochito a la pava de turno— y tenía una buena lengua a juego. Estaba fuerte, de piel bastante bronceada, todo su cuerpo, fuerte y ancho, bastante bronceado de las sesiones de piscina veraniegas. Estaba salpicado de pecas, aquí y allá, que parecían repartidas por su cuerpo estratégicamente para no molestar y sin llegar a ser demasiado grandes. En la ceja derecha tenía una muesca, como si le hubiera arañado una fiera salvaje que le daba un aspecto más guerrero, y pendientes en las orejas.
En resumen, era todo un cani. Un cani pijo. Estaba bueno y lo sabía.
Trabajaba en la ITV y ese día de verano llevaba una camisa ajustada de azul marino del curro y unos pantalones cortos ajustados que le sacaban mejor culo, perfecto para que las tías se les cayera la baba, y los tíos lo mirasen el culo al pasar. Seguro que más de una y uno quería follarselo y que él se los follara.
Adrián era bisexual y, normalmente siempre tenía alguna tía a mano y mantenía sus asuntos con tíos en privado. Y hasta ahora no le había ido nada mal.
Llegó por fin al rellano y se plantó frente a la puerta 3ª para sacarse las llaves del bolsillo del pantalón y entrar en el apartamento cerró la puerta.
Pasó el estrecho vestíbulo hasta el salón-comedor. El piso era de su hermano mayor, Carlos; le pillaba cerca del curro y no le importaba que se pasase cuando le diera la gana, siempre por su cuenta y riesgo de lo que se pudiera encontrar; por eso tenía una llave propia que su hermano le había dado. Tenían confianza, de hecho, si algunos supieran que nivel de confianza tenía con su hermano mayor probablemente pensarían que tenían demasiada.
Apenas entró en el salón cuando lo primero que notó fue que el sofá estaba cubierto de arriba a abajo de toallas, además de ropa desperdigada por el suelo y una camisa colgaba del sofá. Y algo más en la mesita; era un tubo de aceite de masajes. Lo cogió para comprobar que en efecto, era un tubo de aceite sexual SuperSeXXX con sabor a frutas del bosque Oscura Tentación. Aun estaba medio lleno.
Parecía una buena opción, pensó.
Un ruido le hizo ponerse en alerta.
—¡Aaaah! —Era un gemido. Reconoció sin problemas a Diego, el novio de su hermano. Su voz llegaba amortiguada por la puerta cerrada de la habitación a apenas metro y medio de donde él estaba y que daba a ese mismo salón donde él estaba—. ¡Joder! Me encanta esa polla…¡Aaaah! ¡Cabrón hijo de puta!.
—Sí, nene. Te encanta mi polla, cerdito —le respondía su hermano—. Yo lo sé. Y mi polla adora este culito relleno de mierda .
—Oooooh, eres un puerco asqueroso. Cabrón —berreó Diego—. ¡Oooooh!
—Puto cerdoooooo —respondió su hermano—. ¡AAAAAAH! ¡Que gusto, joder!
Diego le replicó con un gemido largo y placentero y un «¡Hostia puta!» de placer.
Cualquier otro se habría sentido…raro, probablemente incomodo, al oír a su propio hermano y su novio follando a lo bestia en la habitación de al lado, apenas a unos metros. No era el caso de Adrián; sabía que podía entrar a mirar y los muy cachondos seguirían follando como buenos cerdos, y hasta le invitarían a unirse. No tenía pruebas ello, pero tampoco dudas.
Además de solo oírlos ya se estaba animando, la polla se le estaba despertando. Se frotó el paquete dentro de esos pantalones cortos antes de inclinarse para coger el mando de la mesita y poner la tele.
Al encender la tele salió un video en el que había dos militares empezando a besarse todavía con la ropa puesta, poniéndose a tono como él. Perfecto. Seguramente habían tenido una buena sesión de porno antes de ponerse en materia.
Los de la tele eran dos tios grandes y fuertes, desnudos, uno era peludo y se besaban con lengua y cerdeo, lamiéndose las bocas antes de que el más peludo y tatuado cogiera al otro y lo pusiera a comer rabo.
—Ahí a comer rabo —dijo el que estaba recibiendo la mamada—. Ahí, pedazo de maricón ¡Aaaah! Mucha tía mucha tía pero a ti lo que te va es un rabo, pedazo de cabrón.
Y el otro no podía contestar porque tenía la boca llena de polla dura haciendo ruidos y tragando con ganas.
Adrián no perdió el tiempo y sin apartar la vista de la televisión se bajó los pantalones por los tobillos junto con los calzoncillos y se recostó en el sofá, sintiendo la toalla ligeramente húmeda bajo su culo. Volvió a incorporare y cogió el tubo de aceite y lo abrió para dejar caer un chorro sobre su polla dura. Un buen chorro abundante para estar bien lubricado. Se embadurnó bien la polla, antes de cerrar el tubo y volver a dejarlo en la mesa y empezar a machacarse la polla dura y caliente viendo como los de la tele follaban.
—Traga, cabrón —le decía el dominante—. Se nota que te encanta ¡Aaah! Traga. Por la patria y mis cojones gordos, así…. Joder, que cabrón… ¡Aaah!.
—mmmmm…
—¡Aaaaah! —Ese gemido llegó desde la habitación tras la puerta cerrada. Reconoció la voz de Diego, disfrutando—. ¡Joder! ¡Me estas destrozando!
—Sabes que te encanta —le replicaba su hermano—. Pedazo truñaco que tienes que tener aquí dentro, bebé.
—¡Aaaah!
—Esta blando, calentito y apretado… —dijo su hermano. Diego respondió con otro gemido—.Mi polla se ha abierto camino en este culito asqueroso y lleno de mierda, cabrón.
—¡Aaaah! Me encanta que seas tan cerdo, joder…¡Aaaah!
Adrián miró a la puerta cerrada sin dejar de cascarse la polla con tranquilidad, preguntándose que clase de guarrada estarían haciendo esos dos. Pero ahí con la película se estaba tan bien… —«Traga rabo, maricón. Que te encanta, joder…Aaaah la chupas como toda una puta de lujo» le gritaba el dominante al sumiso—. Y de todas formas no tenía problema en esperar.
—Me voy a correr en tu culo, bebé… —vociferó su hermano—. ¡Que gustito…aaaah…joder! ¡Grrrraaa!
El gruñido de su hermano subió un poco más y luego descendió hasta apagarse detrás de la puerta. y Adrián ya no escuchó nada más, así que centró su atención en la pantalla donde el dominante hacía que el sumiso se pusiera de pie para darle un bofetada suave el la cara y volvían a besarse, lamiéndose las bocas y gozando como cerdos.
—Ahora te vas a enterar de quien manda aquí, puta —le decía el dominante—. Te voy a reventar el culo. Y todavía me pedirás más, joder. Claro que sí. No vas a poder sentarte en toda la semana.
—Fóllame.
Y el activo se daba una palmada en los muslos, indicándole que se sentara para que diera inicio la follada.
Se centró en la película y en como el sumiso se sentaba encima. Le molaba que no tuvieran pluma, que ambos fueran fuertes y tuvieran barba, y de que el sumiso disfrutaba como un cabrón de que le dieran lo que se merecía. Lo deseaba. Se cascó la polla con más ganas con la mano pringada de aceite, saboreándolo.
Se centró en la follada que se daban los militares, pero no habían pasado ni dos minutos cuando la puerta de la habitación se abrió y Diego, el novio de su hermano, salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí.
Diego era un chico rubio de pelo corto y piel blanca y limpia; su constitución era parecida a la de Adrián aunque era un poco más alto, apenas unos centímetros. Y estaba completamente desnudo, claro. Con la polla colgando morcillona ahora entre sus piernas. No tenía ni un solo pelo en el cuerpo, completamente lampiño.
—Mira por donde, si tenemos visita —dijo, sin importarle encontrarse al hermano pequeño de su novio haciéndose una paja en el sofá—. ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
—Un rato —respondió él usando los pies para quitarse las zapatillas sin dejar de cascársela. Diego cruzó la habitación hasta él con toda tranquilidad para colocarse delante de él.
—¿No te han dicho que es de mala educación no saludar? —le preguntó Diego con una sonrisita—. No es políticamente correcto.
Adrián le sonrió.
—Me ha parecido que estabais ocupados y he preferido… ponerme cómodo —contestó—. Espero que no te importe.
—Claro que no. Aunque sin esto… —dijo agachándose para sacarle los pantalones de por los pies—. Estarás más cómodo.
—Pues sí, gracias.
El porno de la tele había quedado reducido a un sonido de fondo. Toda su atención estaba centrada en Diego, el novio de su hermano. Al ver a Diego agachado delante de él mientras le sacaba los pantalones, pensó que le molaría ponerse de pie para que le besase los cojones y se la chupase ahí mismo. Tuvo la impresión de que el tiempo pasaba muy despacio mientras le quitaba los pantalones, sacando primero un pie, y luego el otro.
También podría acercarle el pie libre a la cara para que se lo oliera, así de rodillas. Tener a un tiarrón así de rodillas mientras te la cascabas… Bufó cachondo.
Pero el momento pasó y Diego se incorporó y de nuevo estaba mirándolo desde arriba. Tenía sus pantalones en la mano. Sus pantalones se cayeron al suelo y Adrián apenas tuvo tiempo de pensar que el su móvil estaba en uno de los bolsillos, pero se olvido de eso cuando vio como Diego se acercaba los gayumbos a la cara y inspiraba profundamente.
Aceleró el ritmo de la paja, sintiendo como la mano le resbalaba por la polla toda aceitosa y dura mientras Diego apartaba los gayumbos de la cara y le miraba con una sonrisa felina que Adrián le devolvió. Era todo parte del juego. Sabía lo que le estaba haciendo.
—Huelen muy bien —dijo Diego levantando suavemente sus calzoncillos rojos—. ¿Cuánto tiempo hace que los llevas?
—Unas dos semanas —respondió él con orgullo.
—Sí que sabes, cabrón —le sonrió él, acercando otra vez la prenda a su cara, para inhalar ese olor fuerte y penetrante a cojones sudados y polla mezclados con lefa reseca de las pajas que se había hecho durante esas dos semanas que no se cambiaba.
Ver a ese tiarrón, con ese cuerpo, y esa tableta, oliendo sus calzoncillos asquerosos con los ojos cerrados, como si fueran lo más rico del mundo, le puso aun más cachondo. Le habría gustado sacar una foto, pero no podía dejar de cascársela, ni apartar la mirada del novio de su hermano mientras lo hacia.
Diego apartó los calzoncillos de su cara los lanzó al lado de Adrián en el sofá y dio un paso hacia él, acercándose.
—Tú también hueles muy bien —dijo él refiriéndose al olor a mierda que salía del culo de Diego. Estiró las piernas y los puso sobre la mesita, repantigándose más en el sofá.
Ahora Diego estaba más arriba, entre sus piernas, sonriéndole con tranquilidad, atrapado. Aunque no pareció importarle.
—Es que tu hermano a insistido en follarme. Le he dicho que tenía el culo lleno de mierda y que necesitaba ir a cagar y me ha dicho que me aguantase, que quería follarme y meterme la polla para llenarme a gusto, como a un puto pavo en navidad. Y, bueno, cuando quiere sabe como convencerme —dijo con toda tranquilidad—. Y me ha follado el culo hasta correrse ahí dentro, el muy cabrón. Menudo puerco esta hecho el cabrón de tu hermano ¿eh? ¿Puedes imaginártelo?
Oh, sí, sí que podía. Adrián era capaz de verlos a los dos en la cama, Diego encima de su hermano, gimiendo, y la polla de su hermano entrando y saliendo de su culo toda marrón de la mierda que tenía en el culo. Gimiendo como cerdos, los mismos gemidos que había oído al llegar.
Joder.
Aceleró la paja; cosa que no le pasó desapercibida para Diego.
—Te gusta ¿eh? —preguntó Diego con una sonrisa y Adrián no le molestó en negarlo—. Morboso cabrón.. Sí quieres puedo ayudarte, pero igual quieres que vaya a cagar en el váter, para que no te manche de mierda. Tu hermano ha hecho un buen batido en mi culo, y no creo que pueda aguantar mucho rato ¿Qué dices? ¿Eres tan cerdo como tu hermano mayor?
Por toda respuesta Adrián aceleró un poco más la paja y soltó un gemido suave sin mover las piernas para que Diego pudiera salir de ahí.
Diego aceptó eso como que aceptaba lo que iba a pasar. Sonrió felino mirando a Adrián a los ojos.
—Lo que hay que ver… que buena familia me he agenciado. Pedazo cabrones sois, joder. Vamos a mejorar esto un poco ¿vale? —dijo con tranquilidad y se acercó un poco más a él para cogerle la camisa por el cuello y tirar de ella. Adrián levantó las manos y Diego le quitó la camisa y la tiró a un lado dejándolo completamente desnudo, salvo por los calcetines.
En cuanto se vio desnudo volvió a dejarse caer en el sofá echando mano de la polla para seguir cascándosela.
—Menudo cabrón —sonrió Diego, mirando ese cuerpo fuerte y marcado—. Justo como tu hermano. Otro mamón mazado que quiere dar polla a todo lo que se mueva.
Las palabras de Diego ponían aun más cachondo a Adrián.
Diego cogió el tubo de aceite que estaba sobre la mesa y lo abrió.
—Vamos a lubricarte bien —dijo y apuntó con el tubo y apretó. Adrián sintió como el chorro de aceite le daba en el hombro y el pechó hasta el otro hombro. Echó la cabeza hacia atrás todo lo que pudo y sintió el acete pasándole por la garganta y un leve cosquilleo en la nuez, mientras Diego sonreía—. Así, que resbale bien… Bien lubricado.
Adrián pasó la mano libre por el pecho para expandir el aceite por los abdominales. Diego se inclinó sobre él y le pasó la mano por el hombro y los pectorales.
—Así estas mucho mejor, cabroncete —dijo mientras le pasaba la mano, ayudándole, expandiendo el aceite por sus pectorales mientras el aceite caía por su abdomen—. Todo lubricado y listo para una buena follada. Que tu polla entre y salga por donde quiera.
Adrián no podía contenerse y aceleró la paja, todo aceitado y lubricado. Muchas veces habían tonteado, y su hermano no tenía problema en meterle mano delante de él. Una noche cenando se había quedado mirando como se morreaban. Ninguno de los tres había tocado su plato. Al final al separarse su hermano le había sonreído y le había dicho: «Ni te imaginas lo bueno que es besando, hermanito. Pero su boca sirve para cosas mucho mejores».
¿Cuantas veces había imaginado que respondía algo ingenioso para bajarse los pantalones para sacarse la polla? Para que le demostrase esas cosas mejores que sabía hacer. Ponerse de pie y decir «Pues por mí puede enseñármelas cuando quiera» y bajarse los pantalones.
Diego no escatimaba el aceite y el fino chorro salía del tubo y le iba pasando la mano por los pectorales y el abdomen mientras el aceite iba cayendo por su cuerpo, lubricándolo y el tubo se iba vaciando. Ahora el dulce olor a frutas del bosque se expandía y se mezclaba con el olor a mierda que salía de Diego.
El tubo estaba casi acabado. Adrián calculó que tenía suficiente aceite encima para freír tres tortillas, tanto roce le estaba poniendo a mil. Diego puso el tubo debajo de su barbilla y estaba casi vacío. Apretó y el chorro le dio en toda la boca, sorprendiendo a Adrián que cerró los ojos.
—¡Ups! —sonrió Diego viendo como el aceite le embadurnaba la mitad de la cara. Dejó el tubo vacío sobre la mesa—. Lo siento. —Y le restregó el aceite por los labios la barbilla—. Tienes los mismos labios que tu hermano. Y esa mandíbula tan marcada…—Bufó cachondo—. Me encanta. Eres todo un follador nato.
»Sabes, el otro día vino Ramón, un amigo de tu hermano, y tu hermano y yo nos pusimos a tontear y la cosa se calentó bastante. Nos despedimos comiéndonos los morros y les hice una mamada a los dos en la misma cocina; tú hermano y él de pie, dándome rabo en la boca… Y yo se las chupé hasta que se corrieron encima de mí —le contó—. También me dieron unos buenos morreos ¿Y tú, Adrián? ¿Besas tan bien como tu hermano?
Y entonces acercó su boca a la de él, y él simplemente dejó que lo besara. Había fantaseado un montón de veces con el novio de su hermano, pero nunca había imaginado algo tan morboso y cachondo como estar cubierto de aceite y que lo embadurnara mientras lo besaba con el culo lleno de mierda.
Buff…
Adrián bebió de ese beso, y fue tranquilo y sereno. Sus labios se rozaron mientras sus lenguas apenas se rozaban. Adrián bebió de ese beso con calma, cosa increíble porque estaba cachondo como un mono y quería meterle la lengua en la boca y hacer guarradas con él mientras le untaba el aceite. Notaba el sabor al aceite de frutas del bosque en la boca.
Cuando el beso terminó Diego le sonrió.
—No lo haces nada mal.
—Eso no es nada —respondió él, chulito—. Ni siquiera lo estaba intentando.
La sonrisa de Diego se ensanchó. Ahora las manos de Diego le acariciaban el brazo con el que se la estaba cascando, expandiendo el aceite.
—Mira estos brazos…fuertes y duros… estas venas…
—Ah —masculló él doblando y tensando la mano libre mientras seguía cascándosela con la derecha.
—Eso es…hazte un buen pajote, campeón. —Diego le paso la mano por el bíceps tenso y venoso hacia su hombro—. Seguro que más de una se te folla en cuanto te ve ¿Eh? ¿Te has follado a alguien mientras había gente a tu alrededor sin enterarse. Metiendo es polla por el culito o el chochito de turno.
Adrián gimió con suavidad como respuesta mientras la mano de Diego le cogía del cuello, sintiendo su piel caliente, su pulso en los dedos y expandiendo aun más el aceite para bajar por la mano que iba hasta la polla.
—Estas fuerte, cabrón —sonrió—. Sigue cascándotela. Cáscatela bien fuerte. Así, muy bien. —Adrián cachondo como un mono, se recostó un poco más dejando la polla justo debajo de ese culo—. Eres un rey, cerdo cabrón. Como tú hermano. Si es cosa de familia, tu padre debe de ser la hostia en la cama.
—Hostia puta… —masculló él, cascándose la polla con ganas, con la cara contraída y los ojos medio cerrados—. ¡Aaaah!
—Por cierto… ya no puedo más. Estoy apunto de cagarme encima de ti, así que sí no quieres tener mierda encima, baja las piernas.
Adrián contestó dejándose caer un poco más, de forma que ahora su polla quedaba debajo del culo.
Diego le miró con una sonrisa felina.
—mmm… follador cerdo de primera. Que bien… ¡grrrr…! —Cerró los ojos con fuerza y enseñó los ojos emitiendo un gruñido—. Grr…
Y ahí estaban. Adrián atesoraría ese momento para siempre. Se recostó un poco más en el sofá. Podía ver los ojos de Diego, cerrados con fuerza, su cara contraída —debía de poner la misma cara cuando iba a correrse—, haciendo presión, enseñando los dientes. Mientras él estaba completamente embadurnado de aceite con el que seguramente también habría embadurnado a su hermano mayor antes de llevarle a la cama para que le reventara ese culo lleno de mierda.
—Grrrr…. —gruñó Diego, con más fuerza.
No quería perderse ni un segundo.
—GRRR… —siguió gruñendo Diego y Adrián se dio cuenta de que tenía su polla muy cerca, una polla flácida pero aun así larga, lo bastante cerca como para cogerla, pero entonces lanzó un gemido y le miró la cara.
—Aaaah —suspiró. Adrián vio como tenía la cara relajada, como ese gemido le salió suavemente por la boca. Tenía los ojos cerrados.
Lo siguiente que sintió fue que el olor a mierda se intensificaba. Como si le golpease la cara. Dejó de cascársela junto cuando una especie de pure marrón le caía en la parte baja del tórax, donde habría estado el pelo de su polla si no se tomase muy enserio lo de afeitarse sus partes intimas.
Aquello era un buen montón de mierda. Parecía mierda batida, como un pure de los pollazos que le había metido su hermano. Seguramente se lo había follado a presión —pensó distraído por lo cachondo que estaba mientras veía su polla alzándose dura detrás de esa cagada—, batiéndole toda la mierda que tenía dentro del culo.
La mierda estaba caliente contra su piel. Recién salida del horno.
—¡Aaah! —gimió Diego atrayendo de nuevo su atención. Y pudo ver como alzaba la cara y la punta de la mierda cayó sobre ese montón de mierda batida, como si fuera la cereza en un helado de chocolate.
El olor a mierda era increíblemente fuerte. Y por algún motivo se moría de ganas de cascarse la polla con toda esa mierda caliente y que su hermano había batido con su propia polla. Una sustancia blanca rezumaba saliendo del marrón; era parte de la corrida de su hermano que se había corrido dentro de lo que antes había sido un señor zurullo, ahí en la cama, apenas a unos metros de donde estaban ahora. Lo había rellenado como a un pastel en el culo de su novio.
—Ooooh… —aulló Diego con todo su rostro relajado, abriendo ligeramente los labios en una mueca de placer antes de mirarle y sonreírle—. También necesito mear así que… tú eliges, puerco.
Adrián le devolvió la sonrisa, y mirándolo fijamente, apoyándose en los codos, se incorporó un poco en el sofá, alzando la cabeza con orgullo, diciendo que estaba listo para seguir.
—Adelante —respondió él con aire retador.
—Oh —dijo Diego—. Me encanta esta familia. Aaaah…
De su polla salió un chorro de meada caliente que impactó de lleno en medio del cuerpo de Adrián, que lo recibió con una sonrisa, encantado con todo ese cerdeo, sintiendo como la meada caliente impactaba contra su pecho encima del ombligo y se escurría rápidamente hacía abajo, hacía los muslos y la boñiga que tenía plantada justo delante de su polla.
Cogió la polla con la mano y mientras aun seguía meando, mientras salpicaba hacia los lados y se escurría por ese cuerpo, por sus abdominales, y por la toalla hasta llegar al suelo goteando.
Diego le dejó hacer con su polla. La sentía caliente y blanda en su mano; era larga y flácida. Y era un gusto oírle hacer esos ruidos de placer mientras vaciaba la meada encima de él.
—Aaah… —mascullaba Diego con expresión relajada y ojos cerrados, dejándole hacer.
Llevó la polla hacia arriba, alzándola guiando el chorro de meada también hacia arriba, hacia su cuello. Levantó aun más la barbilla para evitar que le diera en la cara, mientras el chorro le daba en la garganta, salpicándole la parte baja de la barbilla mientras la meada seguía bajando por su cuerpo, por los pectorales y los abdominales, y luego por sus muslos.
Bajó la polla con suavidad por todo su pechó, y luego lo bajó más. Cuando el chorro impacto contra la cagada gotas de pis y mierda batida les salpicaron a los dos, incluso creyó ver algo de liquido blancuzco de la corrida de su hermano escurriéndose entre la meada. No se detuvo ahí sino que la llevó más abajo, hasta su polla, para lubricarse aun más la polla con meada, mientras el chorro empezaba a perder potencia.
Diego simplemente le dejaba hacer. Entre suspiros de placer y las manos en la cintura, dejaba que ese cabrón le guiase la polla para que se mease encima de su polla dura y empalmada, lubricándose con su meada caliente que chorreaba sobre el suelo.
—¡Ah! —con un suspiró el chorro dejó de salir. Y antes de que pudiera hacer nada Adrián se incorporó, cachondo como un cerdo, y le dio un lametón en el capullo para llevarse las gotas doradas de meada, dándole lamidas al capullo en la zona del agujero sin metérsela en la boca.
Diego no pudo contenerse más y relajó la zona, y el ultimo chorro salió de la punta e impacto de lleno contra la mitad inferior de la cara de Adrián, como había pasado con el aceite.
Fue como verlo a cámara lenta. El chorro impacto contra su boca abierta y como al mover la lengua gotas doradas salieron de su boca y se desparramaron por la barbilla, goteando. Y le dedicó una sonrisa, encantado de estar pringado de meada y mierda.
Se inclinó sobre él y Adrián alzó la cabeza, orgulloso. Diego puso los dedos bajo su barbilla húmeda de meada caliente para que levantase la cabeza.
—De verdad parece que lo de ser unos cerdos es cosa de familia —comentó mientras acercaba su boca a la de él.
—Puede que porque mi hermano tiene a un autentico puto cabrón de novio —replicó él.
—Tú llegarás a ser un gran cerdo como él. Seguro.
—Seguro que sí —contestó él cachondo, sintiendo el aliento de Diego contra su cara—. Siempre me lo he tomado muy en serio.
Y se besaron. Adrián bebió de ese beso pocas veces había besado, dándolo todo, asegurándose de que ese cabrón sintiera el sabor de su propia meada en su boca, cachondo perdido; la polla le daba tirones, dura como un piedra, de lo cachondo que estaba, mientras la lengua del novio de su hermano se frotaba contra la suya, llenándolo de babas y esparciendo el sabor a salado de la meada por ambas bocas.
Al separarse Diego lo miró con otra sonrisa felina.
—Eres un gran besador —dijo—. ¿Besas así a todas tus novias?
—Solo a las más putas —respondió él—. Cuando se quitan las bragas.
—Pero que buen chico…
Y volvieron a besarse con toda tranquilidad, frotando sus lenguas mientras Diego le frotaba el cuello con la mano, disfrutando de lo ancho y duro que era, resbaladizo por el aceite y la meada.
Mientras se besaban la puerta de la habitación se abrió de nuevo y Carlos salió. Tenía aspecto adormilado y bastante despeinado; siempre caía redondo después de echar un polvo y vaciar los cojones. A veces Diego lo despertaba chupándosela hasta que volvía a empalmarse. Carlos tenía el pelo corto como su hermano y pecas repartidas por el cuerpo, fuerte gracias al gimnasio diario, aunque él no tenía ninguna muesca en las cejas, lo que le daba un aspecto más formal. Tenía cuatro años más que Adrián.
Ese día la cosa se había calentado en el salón, hacia como una hora se había puesto a hacerse un buen pajote en el sofá y Diego había llegado y se lo había encontrado en pelotas en el sofá, aceitado y con el porno en la tele y habían empezado a jugar, añadiendo el morbo y el cerdeo de que Diego tuviera el culo bien relleno de mierda, subiendo más el nivel hasta que habían acabado en la habitación metiéndole la polla por el culo a Diego, perforando el cogollo de mierda que tenía dentro y rellenándolo con su corrida, caliente, como la mierda del culo de su novio. Un buen pastel casero.
Tenía la polla flácida aunque cubierta de grumos de mierda de Diego. Había pretendido ir al baño para lavarse, pero se encontró con la estampa de su hermanito pequeño y Diego, besándose, los dos con cachondos. No se sorprendió, ambos sabían que su hermano quería darle polla a Diego desde que lo conoció, bastaba con ver como lo miraba.
Y no le desagradó verlo.
También vio que Diego había dejado su pastel especial encima de Adrián.
—Hola, cariño —le dijo Diego, girando la cabeza para mirarlo—. Mira quien ha venido por sorpresa.
—Ya lo veo, ya —dijo él mirándolos con los ojos somnolientos. Su hermano lo miró sin vergüenza, completamente cubierto de meada—. Ya podrías haber dicho algo al llegar —maculó mientras cruzaba la estancia completamente desnudo y con la chorra colgando, para largarse por el pasillo.
Adrián estaba demasiado feliz y cachondo para andarse con remilgos ahora que estaba cubierto de meada caliente y aceite; además de la mierda del culo del novio de su hermano mayor, claro.
Diego se inclinó de nuevo sobre él, y se besaron, metiéndose las lengua, con tranquilidad. Adrián escuchó como el agua corría en el baño, en la ducha…
Frotó la lengua de Diego con la suya, con toda tranquilidad, y levantando una mano y la llevó hasta ese culo, el culo que su hermano se follaba, seguramente a diario; a esos dos no tenía que faltarles la marcha. Era grande y firme. De solo amasarlo con la mano la polla empezó a darle tirones pensando en lo bien que se tenía que sentir follandose ese culazo con toda tranquilidad; además, ahora sabía que a su hermano no le preocupaba lo más mínimo que follaran, así todo quedaba en familia.
Una familia de pollas cachondas, duras y calientes, sí señor. Como debía ser.
Carlos volvió por el pasillo, desnudo y algo húmedo, luciendo pecho y tableta, y ya con la polla completamente limpia, bamboleándose morcillona entre sus piernas. Llevaba un rollo de papel higiénico en la mano.
Se acercó a ellos, pero sin decir nada, sin intervenir, disfrutando de ver como se comían los morros con tranquilidad, y repasando a su hermano completamente chorreante de meada y el olor a mierda que hacía en ese salón. También se fijo en la mano de su hermano en el culo de su chico, y esbozó una sonrisa antes de adelantarse.
—Mirad que puto desastre habéis armado vosotros dos —les dijo mientras ellos se separaban con suavidad—. Putos cerdos. Y encima sin invitarme… muy bonito.
Ambos miraron a Carlos sonrientes, un poco pegados el uno al otro, para seguir enrollándose entre meada y mierda.
—Debe de ser cosa de familia —comentó Diego sonriente a Carlos, incorporándose—. Todos los machos sois unos cabrones muy cerdos.
Y se besaron delante de Adrián, que seguía teniendo las piernas estiradas y los pies sobre la mesita para que Diego no pudiera separarse de él fácilmente.
—Estoy tan orgulloso de que os llevéis bien —dijo Carlos entre beso y beso.
—Claro que sí —respondió Diego—. Es tan cerdo como su hermano mayor. Todo un cabrón de honor.
Siguieron morreándose, y Adrián no podía mirar hacia otro lado. Aquello era real, estaba ocurriendo. En anteriores ocasiones había estado apunto de ser real, se habían enrolladlo delante de él, pero ahora estaban desnudos delante de él, con las pollas fuera y todos desnudos. Ahora era real.
Hostia puta… pensó, mientras su polla daba tirones clamando por su atención.
Carlos captó una mirada de su hermano, mientras se morreaba con Diego y su hermano movió el brazo en un movimiento perezoso y le lanzó el rollo de papel higiénico al lado, que rebotó contra las toallas.
—Límpiate esa mierda y levántate —le dijo con tranquilidad mientras Diego lo miraba con una sonrisa—. Quieres follarle el culo ¿verdad? Hacedlo en el baño, hijos de puta. Aquí huele a cuadra que tira para atrás.
—Oh, venga —ronroneó Diego—. A las visitas les encantará —dijo—. Ramón se bajará los pantalones encantado de la vida la próxima vez que se pase por aquí —comentó pasándose la lengua por los labios mientras Adrián cogía papel para quitarse ese zurullo de mierda batida de encima.
—Eres tan cerdo… —le dijo Carlos, acercando provocadoramente la cara a la de Diego, acariciándosela—. Me encanta.
—Y quieres ver como me folla el cabrón de tu hermano ¿a que sí?
—Puerco hijo de puta… —dijo su hermano, con cariño para volver a besarlo.
—mmmm…
Adrián recogió la mierda de su bajo vientre lo mejor que pudo casi sin mirarla, completamente centrado en lo que decían esos dos. Iba a poder follarle el culo al novio de su hermano… Joder…
Un sueño echo realidad. Era una sensación increíble.
Una de las manos de su hermano bajó por la fuerte espalda de Diego y agarró el culo con tranquilidad, amasándolo como lo había hecho él.
Bastante más limpio vio como se comían los morros un momento más, antes de que se separasen y su hermano lo mirase autoritario.
—Venga, al baño los dos, putos cerdos, hijos de puta —les dijo muy serio—. A follar en la ducha. Para que acabéis bien limpios después de hacer guarradas. Cabrones.
Adrián no replicó y bajó las piernas para que Diego pudiera moverse ya y los tres cruzaron la estancia para ir por el pasillo por el que su hermano había ido hace un momento, y se dio cuenta de que ese era el motivo por le que su hermano había dejado el agua de la ducha corriendo: para que siguieran follando en la ducha.
Diego y Adrián iban delante por el pasillo; ambos sonrientes. Adrián llevaba el papel con la mierda de su hermano en la mano mientras este los seguía de cerca, a menos de medio metro. Los tres con las pollas y los culos al aire, aunque Adrien aun llevaba los calcetines.
Entraron en el baño y Adrián lanzó a canasta el papel con la mierda y la corrida de su hermano al váter que tenía la tapa levantada. El agua lanzó un chapoteo y Adrián sonrió; esa canasta valía tres puntos, por lo menos. También aprovechó para quitarse los calcetines.
El baño era bastante grande, una estancia bastante ancha con un espejo y el retrete y al fondo la ducha: una cabina de cristal bastante grande en la que cabrían unas cuatro personas. Estaba encendida y el agua seguía corriendo. Lo único que desentonaba bastante ahí era una silla de plástico blanco, de esas con patas anchas que solía haber en los bares o en la playa.
—Venga —les dijo Carlos poniendo las manos sobre sus hombros desnudos—. Adentro los dos, puercos. Y no salgáis hasta que estéis bien limpios, como la patena, que ya verás luego para limpiar toda la marranada que habéis dejado en el salón, joder.
—No seas cascarrabias, amor —le sonrió Diego. Le besó en los labios—. Siéntate y disfruta como tu hermano pequeño y yo hacemos guarradas delante de ti, cabroncete morboso.
—Puto —le replicó él, aun serio y autoritario.
—Pichabrava.
Carlos le sonrió y volvieron a besarse. Adrián los miraba, cachondo perdido y con la polla dura, pensando en todo lo que habían hecho, los gemidos, el frotamiento con aceite, la meada…
Y más importante: en lo que estaba a punto de pasar. Iba a follarse al novio de su hermano mayor, con todas las letras. Y su hermano iba a estar delante. Por algún motivo eso aun le ponía más cachondo. Ya estaba habituado a verlos enrollarse delante de él desde hacía tiempo, y llevaba tiempo deseando participar. Esos nervios primerizos habían desaparecido hacía tiempo ya. Por eso los miraba con toda tranquilidad, impaciente por entrar en la ducha, y ser él el que lo besara, y el que se follaría ese culo con el que llevaba fantaseando tanto tiempo… el culo de Diego.
Cuando por fin terminaron con los besos ambos lo miraron a él.
Carlos miró a su hermano con una sonrisa.
—Fóllatelo bien, hermanito —le dijo Carlos—. Lleva tiempo diciéndome que te tiene muchas ganas.
Desde luego al oír esas palabras de su propio hermano su polla se puso al cien por cien, y tenía claro que estaba listo para la tarea: más que preparado para follarle el culo a ese cabrón. Y su hermano a mirar; no parecía que fuera a irse para darles privacidad.
Tanto mejor, se dijo. Por algún motivo tenerlo mirando era mejor. A su propio hermano mayor… Y parecía que tenían mucha experiencia en el tema, probablemente ni si quiera era la primera vez. Y eso que le había contado de ese tal Ramón en el salón, mientras lo sobaba…
«El otro día vino Ramón, un amigo de tu hermano, y tu hermano y yo nos pusimos a tontear y la cosa se calentó bastante…»
A saber que guarradas han hecho estos dos en esa misma ducha, pensó él cachondo. Probablemente Ramón se había duchado con ellos antes de irse a su casa. Seguramente se montaban orgías ahí dentro.
Esta vez fue Diego el que habló, como su hermano, con una sonrisa que veía a decir que estaba pasándoselo bomba.
—¿Vamos?
Por toda respuesta Adrián cogió aire sacando pecho —ese pecho fuerte, de palomo, con pezones erectos— se dio la vuelta y se dirigió a la ducha para abrir la puerta de cristal y abrirla para que Diego pudiera pasar, y este pasó junto a él con esa sonrisa felina en la boca, disfrutándolo…
Estaba tan cachondo…
Entró detrás de Diego cerrando la puerta de cristal, mientras su hermano cogía la silla de plástico que tan poco pegaba allí y la colocaba frente a la ducha para sentarse en primera fila con las piernas bien abiertas y la polla colgando para disfrutar del espectáculo en primera fila, como tenía que ser, después de todo era el novio. Se sentó ahí, bien repantigado, masajeándose la polla con suavidad dispuesto a ver como su novio y su hermano pequeño echaban un polvo en su ducha sin perderse un detalle.
Se reunió con Diego debajo del chorro de la alcachofa, frente a frente. El agua caía desde arriba recorriéndoles el cuerpo, algo templada ya, aunque se estaba calentando; y ellos estaban listos para seguir con lo suyo.
Ambos se miraban, Diego lo miraba con esa mirada felina, esa sonrisa, obviamente de lo más encantado con que la cosa continuara. Adrián le devolvió la sonrisa, mientras fuera, su hermano repantigado en la silla se sobaba la polla y los cojones, preparado para el espectáculo.
Se besaron, insistentes, con ganas, acariciándose mutuamente, casi como si quisieran devorarse, mientras el agua los cubría a ambos. No hacia falta hablar. Los dos sabían lo que querían. Los dos querían lo mismo. Los dos querían follar como animales. Se besaban con insistencia y pasión, mientras ambos acariciaban el cuerpo desnudo del otro; Diego le planto un beso en la boca, insistiendo, metiendo la lengua en la suya, invitándole a jugar mientras le pasaba el pulgar por la mandíbula mientras sus cuerpos se rozaban como sus pechos y sus pollas se rozaban entre ellas excitándose mutuamente.
El hermano no apartaba la mirada, cascándose la polla y sobándose los cojones con más insistencia, usando ambas manos.
Adrián deslizó la mano hacia ese culazo al que se quería follar, con toda tranquilidad. Porque se lo iba a follar. Y cuando Diego separó los labios de los suyos lo miró con esa sonrisa felina, con esos ojos azules… y luego le agarró la polla por los cojones, con suavidad. Al sentir los dedos Adrián sintió un cosquilleo que le recorría todos los cojones. El agua se estaba calentando y el vapor recorría la cabina.
—Tienes una polla muy parecida a la de tu hermano —comentó Diego mientras le acariciaba los cojones mojados con suavidad y el seguía masajeando ese culo—. ¿Quieres follarme como me ha follado él?
Adrián no titubeó.
—Voy a reventarte el culo —proclamó, y la sonrisa del rubio se acentuó.
No podía más.
Lo cogió y le obligó a darse la vuelta, para pegarlo al cristal de la cabina y Diego se dejó hacer, sonrió a Carlos que estaba cascándose la polla dura con toda tranquilidad, despatarrado en su silla, disfrutando del espectáculo.
Adrián perdió apenas un segundo para ajustar el grifo de la dicha y asegurarse de que no acabarían cocidos como langostas, langostas felices y cachondas. Diego echó el culo hacia atrás y Adrián volvió a colocarse tras él y le dio un cachete a una de esas nalgas perfectas.
—Dulce culazo —dijo dándole otro azote y frotando la polla dura por toda la raja, para que la sintiera—. Me lo voy a follar —anunció.
Gracias al agua la polla estaba lubricada y la entrada también, aun así lanzo un gapo y lo restregó por esa raja con su polla antes de colocar la polla y presionar. Se deslizó, entrando sin problemas. El culo estaba abierto de la follada que le había metido su hermano —y de todas las que habrían entrado, que habrían sido unas cuantas— y Adrián gimió cuando su polla entró entera y su cadera chocó contra ese culazo.
—Aaaah —gimió Diego sin dejar de mirar a su novio—. ¡Joder, papi! Buena polla ¡Aaaah!
Eso hizo que Carlos abriera los ojos como platos y empezara a cascársela con más ritmo, viendo como le daban polla a su novio. Podía ver como su hermano estaba detrás de él, dándole polla.
Adrián le dio otro azote en el culo, pensando que aun no le había limpiado el culo después de la cagada, y de que su hermano se la hubiera batido a pollazos. Se agarró a la cadera de Diego.
—¡Joder! —masculló cachondo, cogiendo ritmo—. De puta madre.
—¡AAAAAH! ¡Pollaaaaaa! ¡Aaaaah!
El cristal se bamboleaba por las sacudidas, aunque no demasiado y Adrián se lo follaba mientras ambos gemían, y Adrián imprimía más ritmo a la follada contrayendo la cara, dándole rabo a ese cabrón como solo había hecho en sus fantasías más calientes y cachondas.
—¡Aaaah! —masculló junto a Diego, sin dejar de follarselo, sintiendo como ese culo caliente y húmedo le comía la polla, devorándola en un cálido abrazo, feliz.
«Esto no puede acabarse aquí —pensó mientras se follaba ese culo—. No se como pero por mis cojones que esto se tiene que repetir»
—¡Aaaah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Hostia puta!
(Mas más más…)
Movía la cadera contra ese culo, dispuesto a reventarlo. Y dispuesto a correrse dentro sin permiso. No creía que le importase. Y él le había cagado encima.
La polla empezó a palpitarle mientras se lo follaba.
—Aaaaah —masculló Diego con los ojos azules entrecerrados, mirando como su novio que se la cascaba como un mandril…
La polla se sentía bien… un hormigueo. Aceleró la follada todavía más sabiendo que estaba a punto de vaciar los cojones dentro del culo del novio de su hermano, cerrando los ojos con fuerza….
JODERR…
—Aaaah —masculló Diego.
El grito le salió desde el fondo del alma, sintiendo como el hormigueo aumentaba mientras se refrotaba contra ese culo. Y se la metió hasta el fondo, para correrse lo más profundo.
—AAAAAAAH —gritó al tiempo que enterraba su polla hasta lo más hondo y sus cojones empezaban a descargar chorros de lefa. Fue un aullido de gloria. Sin duda su mejor polvo hasta la fecha.
Que placer, joder.
Estaba llenándose ese culo descargando toda su lefa. Trallazos y trallazos de lefa caliente, desde sus cojones recorriendo su tronco y saliendo disparados por su capullo dentro de ese culo.
—Aaaaah —masculló Diego con una sonrisa, mirando como Carlos se la cascaba como un poseso, sonriéndole, sintiendo como el su culo estaba lleno de lefa caliente—. Adoro a tu hermano.
Él le sonrió satisfecho, cascándosela.
Con una especie de gruñido Adrián se la sacó del culo y retrocedió. Y entre el vapor creyó ver como veía que la corrida le salía del culo.
Había sido una de sus mejores corridas, sin duda.
Diego se volvió hacía él sonriente y Adrián alzó la cabeza, orgulloso y audaz.. Diego lo colocó a su lado —para que Carlos pudiera verlo bien— se pegó a él, pecho con pecho, antes de pasarle el dedo por la mandíbula hasta su barbilla y alzarle la cabeza con suavidad antes de besarle.
Adrián disfrutó de ese beso. Fue tranquilo y agradable, lo ideal para después de correrse y vaciar los cojones en su culo.
Cuando se separaron se miraron tranquilamente.
—Ahora tú me la chupas a mí, pequeño —le dijo, sorprendiéndolo y poniéndole la mano en el hombro y presionando, para que se pusiera de rodillas; la polla de Diego le dio en la cara—. Venga, ahora me toca correrme a mí, cabrón.
Adrián se resistió un poco, no era de los que chupaba, y cuando se lo montaba con tíos era el que llevaba el ritmo de la follada, y no solía gustarle mamar. Pero en esas circunstancias, en fin… era el más joven del grupo, y esos dos le encendían como nunca nadie lo habían encendido.
Así que no puso pegas al novio de su hermano, abrió la boca y recibió la polla de Diego en la boca, chupándola mientras entraba.
—Eso es… —sonrió Diego mientras su polla entraba y salía de su boca—. Tu también tienes que arrimar el hombro y hacer tu parte, nene.
Diego se la sacó de la boca y empezó a pasarle la polla mojada por toda la cara, dándole suaves golpes con ella; Adrián la sentía cada vez más grande y dura. Cerró un ojo y giró la cara y pudo ver como su hermano se la cascaba a toda potencia y sin parar.
«Disfruta del espectáculo, hermano» pensó. Y no pudo hacer nada más porque en ese momento Diego le agarró de la cabeza con bastante brusquedad y le metió la polla entera de una estocada provocando que abriera los ojos de par en par al recibir su polla en plena potencia hasta el fondo de su boca.
—Daaa —masculló sacándose la de la boca, apartándose sin poder evitarlo.
—Aaaah. Venga, colega —dijo Diego soltándole la cabeza y Adrián se apartó tosiendo y escupió al suelo—. Tú también tienes que colaborar. Demuestra que sabes mamar como un profesional.
Diego volvió a agarrarle de la cabeza para amorrarlo a su polla y él se resistió un poco, con una sonrisa, apartándose. Sabía que iba a mamar, y teniendo en cuenta que era el más joven de la sala suponía que era lo que tocaba y tenía que hacerlo; y cumpliría como un hombre, claro. Pero no sin resistirse un poco.
Le devolvió la sonrisa a Diego y le dio un lametón a la polla, y cuando Diego volvió a agarrarle para amorrarlo se apartó, rebelde, dispuesto a jugar, y Diego le devolvió la sonrisa, entendiendo el mensaje sin necesidad de palabras.
Así que durante un rato jugaron al tira y afloja: Diego le daba golpes en la cara con la polla, y él se revolvía pero sin apartarse, y le daba un lametón ocasional a la polla para apartarse. Dejaba que Diego lo agarrase y lo amorrase a su polla con fuerza, para luego apartarse cuando le daba una arcada…
Pero poco a poco se dejaba hacer, mientras Carlos se la seguía cascando, incrédulo y encantado ante el espectáculo que le estaban dando esos dos, lamiendo el aire de la excitación.
—¡Joder! —masculló, cascándosela con ganas, sin dejar de mirar.
—Tú, pequeño, cabrón chupapollas…—mascullaba Diego sujetándole la cabeza y follandole la boca.
Adrián le dejó mandar y mamó un par de veces la tranca, hasta donde pudo, cachondo porque le estuvieran dominando, y más un cabrón como Diego.
—¡Daaa! ¡joder! —masculló Diego—. Pero que buen cabrón estas hecho ¡Daaa!
Y Adrián se dejó hacer —«Dlaaaap…daaaap»—, mamando polla a lo bestia, hasta que le dio una arcada y se la saco de la boca, tosiendo. Cuando levantó la cabeza para mirar a Diego vio que este le sonreía, sin meterle prisa, y devolviéndole la sonrisa le dio un lametón al tronco de esa polla embadurnada de babas y se la metió en la boca, mamando con ganas.
Diego le puso la cabeza, aunque sin presionar, con suavidad, mientras él mamaba a buen ritmo.
—Eso es, campeón —dijo con suavidad pasándole la mano por el pelo mojado—. Buen cabrón…
—mmmm…mmmm…mmm…
—Chupas muy bien —le dijo Diego—. ¿Ves lo rápido que aprendes? Todo es cuestión de practica.
Adrián siguió mamando esa polla. La mano de Diego sobre su cabeza presionó metiéndosela hasta el fondo, hasta los cojones. Esta vez sintió una pequeña arcada, pero aguantó, y Diego suspiró de alivio.
—Buen chico…¡Aaaaah!
—mmmm…
—Aaaaah….
La presión desapareció y Adrián no se la sacó de la boca, siguió mamando por su cuenta, a buen ritmo, lamiendo sin parar, disfrutando del sabor de esa polla jugosa…
«Joder —pensó mientras mamaba, comprendiendo algo—. Soy una puta».
Diego lo miró divertido y luego giró la cabeza y miró a Carlos que se la cascaba sin pausa, haciendo un gesto para indicar que su hermano la mamaba de puta madre.
—¡Eres el mejor, cariño! —le dijo el mayor de los hermanos—. ¡Aaah! ¡Me corro, joder! —Y gruñó, un gruñido que terminó en un gemido. Chorros de lefa salieron de su polla corrieron por el aire, por todo su pecho y abdominales pringándolo todo de corrida mientras él gruñía y bufaba. Cuando los últimos chorros de lefa fueron disparados se quedo ahí, mirando a su novio a través del cristal y el vapor con los ojos entrecerrados.
Diego le dio una lamida al aire y Carlos le sonrió todo pringado de lefa, despatarrado en su silla, respirando agitadamente.
Y Adrián siguió mamando, centrado en la polla, y sin fijarse en si su hermano se había corrido o no.
Se la sacó de la boca para lamer ese capullo rosado y húmedo con la lengua antes de volver a metérsela en la boca hasta el fondo, para demostrar que sabía chupar. Como todo un campeón. Joder…
—mmmm…mmmm..mmmm.
—Pero que buen cabrón…—dijo Diego acariciándole la cara con suavidad, ya no necesitaba su ayuda para mamar—. La chupas genial, cabrón.
Y Adrián siguió chupando sin problemas, disfrutándolo en verdad de esa polla grande dura y caliente mientras el vapor los envolvía a ambos ahí dentro.
Siguió así un rato hasta que la polla en su boca pareció inflarse un poco más y palpitar al tiempo que Diego alzaba la cabeza con un «Ooooh» alto y gutural. Se encendieron todas las alarmas. Puede que hubiera aprendido a mamar, pero no iba a comerse la lefa de otro tío.
Se la sacó de la boca, y por suerte Diego estaba demasiado confiado, disfrutando, como para impedírselo y cuando e dio cuenta ya se la había sacado de la boca como si acabara de darle una descarga, pero estaba tan centrado en que no se corriera dentro de la boca o en su garganta, que no se dio cuenta de que la polla le estaba apuntando directamente a la cara.
El primer trallazo le dio de lleno en la cara. Cerró los ojos —«Ooooh»—, aunque no la boca. El primero y el segundo trallazo le dieron en la cara de lleno, y el tercero le dio de lleno en la boca y Adrián sintió el sabor de la lefa caliente y recién sacada en su boca, y cuando la cerró sintió la lefa dentro de él.
—Ooooh… —Diego le puso la mano en el hombro y cuando Adrián abrió los ojos vio que lo estaba encañonado con la polla delante de su cara, cascándosela para soltar los trallazos en su cara.
Y él no se apartó. Podía notar la lefa espesa en su boca y —«solo por esta vez»— sin que se notara, tragó. Podría haberla escupido, pero tragó. Toda esa situación le ponía de lo más cachondo. Recibió la corrida como un buen baño de esperma, como un bautizo de lefa.
Los sonidos guturales de Diego fueron menguando y descendiendo hasta que su polla quedó goteante delante de su cara. Adrián lo miró sonriente y con la cara llena de lefa caliente, y Diego le puso la mano sobre el hombro y trato de restregar la polla con los últimos restos de lefa, contra sus labios, pero Adrián girlo la cara y se la restregó contra su mejilla y mandíbula, pringándolos de lefa.
—Cabrón —dijo Diego divertido y complacido, pero apartó la polla—. Ya aprenderás.
Podré chupar polla, pero no me tragaré la lefa, se dijo Adrián, aunque no contestó en voz alta.
Diego le ofreció la mano y le ayudó a levantarse. Se miraron mutuamente.
—Serás un gran follador, campeón —le dijo acariciándole la cara, esparciendo los restos de corrida con suavidad, como una mascarilla. Y le giró la cara con suavidad para darle un lametón a un trallazo que le chorreaba por el lado derecho de la cara.
Y luego lo besó. Adrián se sobresaltó, pero cuando sintió como la lengua entraba en su boca, jugó con ella, frotándose contra ella, y probando de nuevo la lefa fresca que hacía un momento había dicho que no volvería a probar.
Disfrutó de ese beso como lo había hecho con los demás. Y cuando se separaron le gruñó al rubio:
—Cabrón.
Diego le ofreció una de sus sonrisas felinas.
—Ya aprenderás, pequeño.
«Mientras tú seas el profesor…», pensó él mirándolo con una sonrisa desafiante.
Luego se pusieron debajo de la alcachofa y Adrián alzó la cabeza para que el agua le lavara la corrida de la cara, mientras ambos acariciaban el cuerpo del otro con suavidad. Luego se besaron. Y luego Adrián hizo que Diego se apoyase contra la pared para meterle dos dedos por el culo y limpiar ese culo tan cerdo de corrida haciéndolo gemir.
—¡Ah! —gimió Diego mientras el usaba los dedos—. Joder…
Sonriente Adrián aprovechó para darle un buen cachete a ese culazo que hace poco se había follado hasta correrse. Y antes de él, su hermano.
Cuando el culo de Diego estuvo bien limpio le ayudó a levantarse y ambos siguieron con la ducha, enjabonándose mutuamente y frotándose mutuamente para quedar bien limpios de sus guarradas con agua caliente y jabón.
Y cuando salieron de la ducha ambos chorreaban agua caliente mientras que hermano los recibía con aplausos. Diego sonrió a Carlos y Adrián aprovechó para pasarle el brazo por los hombros, pegarse más a él y darle un beso en el lateral de la cara, mientras su hermano les pasaba unas toallas y ellos las cogían.
—Ha sido un polvo genial —dijo Diego.
—Ya te digo —dijo su novio con una sonrisa, y se dieron un tierno beso.
Adrián se pasó la toalla por el pelo mojado, revolviéndoselo mientras la parejita se hacia arrumacos.
—¿Soy el único que se muere de hambre? —preguntó Carlos a los presentes.
—No —contestó Diego sonriente.
—Pues vamos a comer algo. Venga. Tú también, enano —le dijo a su hermano, mientras los tres salían del baño para ir a comer algo a la cocina.
Y los tres, encantados y felices, enfilaron el pasillo para ir a la cocina, con músculos al aire y los cojones y las pollas colgando.
Adrián estaba encantado y sonriente. Aquello era una puta maravilla. E iba a disfrutar mucho de esa relación que tenía con el novio de su hermano.
Ahora que habían pasado esa ultima línea… definitivamente iba a pasarse a visitarlos muy a menudo.
FIN
¡Hola!
¿Cómo va eso?
Ha pasado bastante desde la ultima vez que publiqué y espero que te haya gustado el relato. Como siempre, valoraciones, comentarios y correos electrónicos son bien recibidos. Mi correo electrónico es [email protected]
APUNTE PARA FUTUROS TRABAJOS:
En mi página de perfil de la web suelo poner apuntes sobre como van los proyectos que estoy haciendo o fechas de publicación. Os será útil más adelante.
Espero que os haya gustado el relato.
Nos vemos.
