Historia de como Tania le hizo la noche a un vagabundo

Duración estimada de lectura: 20 minutos

Visitas: 2,878

Voy a mitad de la carrera. Tengo 22 años y considero que mi cuerpo ha ido tomando la forma de toda una mujer y quizá sea por el ejercicio y por la manera en que tengo sexo. No quería aceptarlo, pero según mi terapeuta (que por cierto también me está cogiendo) soy ninfómana. Una condición mental donde no puedo saciarme sexualmente y busco de cualquier manera tener encuentros sexuales donde sea y como sea. No importa realmente con quien.

Todo esto me preocupa demasiado, pero es algo tan delicioso que no lo veo siquiera como algo malo sino como la confirmación que las putas naturales existen… y yo soy una de ellas.

Hace un par de meses estaba a punto del colapso y no sabía qué hacer. Estaba en mi casa. Ya me había masturbado 3 veces y seguía caliente. Realmente tocarme yo sola no sirve de mucho ya que me calienta aun mas y no me quedo en paz hasta que consigo interactuar con alguien más.

Vi la hora y ya eran las 10 de la noche. Cerca de mi casa a esa hora ya casi no hay nada ni nadie. Para colmo mis papás habían ido a una fiesta a Cuernavaca al cumpleaños de un tío, al cual detesto y por ello no quise ir.

Tenia la casa sola para mi al menos por 2 días. Eso era un mar de posibilidades. Viernes en la noche, casa sola y con la entrepierna que ardía de lo caliente que estaba.

Le marqué al albañil que luego viene a hacer trabajos a la casa, pero no me contestó. Seguro ya estaría dormido. Le marqué al señor de la tienda, pero no contestó tampoco. Le marqué al guardia del parque, pero me dijo que hoy salió temprano.

Ese es el maldito problema de que sean mayores con todos los que me gusta coger.

Pensé en ir con el vecino, el loquito pero seguro su mamá estaría en casa y no tenia un pretexto real para ir a buscarlo y mucho menos para quedarme a solas con él.

Por un momento la desesperanza se apoderaba de mi junto con un sentido de frustración incalculable.
Decidí salir al Oxxo que está casi llegando a la picacho Ajusco. Ese Oxxo siempre está abierto y quería un refresco con papas o alguna chatarra para cenar. Francamente solo quería despejar mi cabeza.
Me puse un pants y una sudadera. No llevaba ropa interior. Cuando me quedo sola en casa adoro andar desnuda. Me siento tan libre y sexy. Me gusta ver mi reflejo en las ventanas y en cualquier cristal o espejo de la casa. Ver como mis tetas grandes y firmes se tambalean en cada paso que doy, sentir como se endurecen mis pezones con el cambio de temperatura e incluso sentir como escurre ese pequeño hilo de fluidos cuando me excito por cualquier cosa.
Justo por eso solo me puse el pantalón y la sudadera, unas crox y listo. Tome las llaves del perchero y me perfile a la calle.
Estaba a 7 cuadras de la carretera así que tenía tiempo de aclarar mi mente. Empecé a caminar a paso tranquilo mientras iba escuchando aun el ruido de los autos y de algunas personas que me iba encontrando sobre la banqueta.
Apenas había caminado un par de cuadras cuando pude ver a media calle hacia arriba un señor que buscaba entre la basura que dejaban los del tianguis. Estaba ya oscura esa parte de la calle, pero yo sabía quién era. Ya lo había visto algunas veces en la tarde. Era un señor como de 60 años que es vagabundo en la colonia. Siempre anda pidiendo dinero cuando el tianguis se pone, pero ya que se quitan va a buscar a la basura cosas para comer.
Sin pensar ni dudarlo siquiera cambié mi ruta, en lugar de seguir caminando hacia la carretera las 5 cuadras que me faltaban, decidí subir esa media calle hacia donde estaba aquel hombre desvalido.
El no se dio cuenta de mi cercanía porque estaba muy entretenido en su búsqueda. Ya a un par de pasos volteó sobresaltado del susto de verme tan cerca.
– Ay no chingues mija. Me sacaste un sustote. ¿Qué haces aquí? – dijo en un tono algo molesto.
– Hola, señor, buenas noches, perdón si lo asusté. Es que paso por aquí rumbo a mi casa, pero lo vi aquí y me dio curiosidad. ¿Qué anda buscando? – fue la pregunta más tonta, pero fue lo único que se me ocurrió en ese momento.
– Pues algo de comer mija. ¿Qué más se podría buscar en la basura a esta hora de la noche?
– Perdón, tiene razón, es una pregunta muy tonta, mejor me voy. Buenas noches.
– No, perdóname tu a mí, no era mi intensión ser grosero. Es que es raro que alguien me hable de manera amable y mas por como me veo. Soy un vago de la calle jejeje. No te vayas.
– Pues a mi se me hace buena persona. Lo he visto varias veces por aquí en las calles del tianguis.
– Pues sí, a veces ando siguiendo a los tianguis para tener algo que comer.
– Oiga, perdón el atrevimiento, pero si anda buscando algo que comer, yo tengo comida en mi casa y podría ofrecerle algo para que cene además parece que va a llover. Ya está tronando el cielo. ¿Dónde pasaría la noche?
– Ay mija, como crees. Capaz que me ven entrar contigo a tu casa y van a pensar que te voy a robar o a hacer otra cosa. Francamente no quiero problemas.
– Ándele. Le ofrezco un cafecito con pan. Si quiere se puede duchar y tengo ropa usada de mi papa que ya no utiliza y que le podría servir para cambiarse. Además, no hay nadie en mi casa y mi calle esta sola a esta hora. Ya todos mis vecinos están en su casa. Ándele. – insistí poniendo mi cara más dulce- déjeme hacer mi buena obra del día.
El vagabundo me vio con recelo y de repente vi como su miraba me recorrió por completo. Fue bajando sus ojos y los detuvo en mis pechos por un par de segundos y siguió bajando hasta llegar a mi cadera. Volvió a subir su mirada a mis ojos y dijo:
– Bueno mija, pero en serio no quiero problemas. Se que estoy viejo, pero no dejo que nadie me vea la cara o se burlen de mí.
– No se preocupe. Soy Tania.
– Bueno, te lo agradezco Tania. Me llamo Celso.
– Mucho gusto señor Celso. Sígame, vivo a qui a 2 cuadras. En la calle de Akil.

Comenzamos a caminar. Su olor se hizo mas penetrante. Era un olor a humedad, orina y basura. En ese momento se me revolvió el estómago y sentí miedo. No sabía que estaba pasando. ¿Qué pasaría si al meterlo a la casa nos veía alguien o si al salir alguien lo miraba? ¿Qué tal que le dicen a mis papás y yo como justifico eso?
Me estaba poniendo en mucho riesgo, pero la adrenalina que estaba sintiendo tenia mucho que no la sentía. Segi adelante a pesar de mis miedos.
Al entrar a mi calle miré a lo lejos y no vi nada raro. Solo algunos perros callejeros pero ninguna persona. Lo apresure a caminar diciéndole que quería ir al baño.
Las manos me temblaban al querer abrir la puerta. Estaba muy nerviosa. El se pudo dar cuenta de ello por que mis pezones de endurecieron por el frio y la excitación y se marcaron por la delgada tela de la sudadera. Sus ojos se abrieron y me miraban fijamente a las tetas.
Por fin abrí la puerta y entramos. Antes de dar otro paso más le dije:
– Don Celso, un gran favor, antes de seguir le quiero pedir solo una cosa.
– Lo que sea mija. Lo que tu me pidas.
– Nadie debe enterarse de esto por favor. Nadie de la colonia ni de ningún lado. ¿me lo promete?
– Tienes mi palabra Tania. No te preocupes. Lo más que podría hacer es contarle a los demás señores de la calle con los que luego tomo, que una chavita bien sabrosa me invito a su casa, pero nadie me va a creer.
Ambos reímos con su comentario, pero ya estaba todo listo. Ya no había marcha atrás.
Pasamos a la casa y le dije si quería cenar primero o que se le antojaba hacer.

“(Lo curioso de la gente vieja o en situación de calle es que sus valores morales suelen ser diferentes a los de las demás personas. Siento que como no tienen nada que perder, dicen las cosas de la manera en que las piensan.)”

– No pues si me preguntas que se me antoja hacer pues quisiera darme un baño primero. Me da pena estar en tu casa todo mugroso, que tal que llegan tus papas y me corren a patadas.
– No se preocupe señor Celso. No están y no van a llegar. ¿no me hará daño verdad?
– No, como crees. Tu me estas tendiendo la mano y eso se agradece.
– Pues podemos pasar al baño que esta en mi recamara. Ese tiene regadera y todo.
– ¿podemos? ¿a poco te vas a bañar conmigo? – y soltó una risa entre nerviosa y retadora.
– ¿le molestaría? Yo no tendría problema. Seria como meterme a bañar con mi abuelo.
– ¿lo dices en serio? Es que de verdad no me lo creo. Me estas chamaqueando mija.
– Sígame. – le dije con mirada provocadora y me encaminé a las escaleras que suben a mi cuarto.

Don Celso me siguió muy de cerca. Entramos a mi habitación y su olor impregno todo el ambiente. Pasé directo a abrir la puerta del baño y le dije que me esperar un momento en lo que traía la ropa de mi papa para que se cambiara.
Al entrar de nuevo a mi cuarto el seguía parado en la entrada del baño aun sin poder creer lo que estaba pasando.
– ¿todavía no se ha metido a bañar don Celso? – le dije como en tono de burla y regaño al mismo tiempo.
– Pues es que dijiste que me bañarías como a tu abuelo y pues aquí estoy esperándote. – dijo en tono aún más burlón.
Entonces me acerque a él caminando despacito. Me paré frente a frente y hasta ese momento lo pude ver a detalle. Realmente era un hombre viejo, con la piel muy maltratada por el sol y la falta de higiene. No era mas alto que yo, al contrario, es mas chaparrito, yo creo que mediría como 1.55 de estatura. Barba cana incipiente y una dentadura maltratada. Tenia una panza prominente sin llegar a ser gordo. Le quité la chamarra y la heche a la bolsa de basura que había traído conmigo.
Cuando le quité la chamarra el dio un paso hacia atrás y se me quedo mirando fijamente.
– Ora mija, ¿es en serio? ¿a poco tu le quitabas la ropa a tu abuelo?
– Pues cuando se enfermó yo tenia que ayudar y lo hacía bañándolo y dándole sus medicinas y usted me recuerda mucho a mi abuelo y no tengo problema en hacerlo. Además, usted dijo que yo lo bañara o no quiere?
– No pues sí. De querer si quiero, per… – se me quedó mirando y guardo silencio-

No dije mas ni el tampoco. Le quité una playera toda rota y mugrosa con un fuerte olor a sudor. Para ese momento ya se le notaba la erección debajo de ese pantalón todo ennegrecido, pero nadie dijo nada. Me arrodillé frente a él y le quité los zapatos. Ese olor si que era fuerte pero no me importó. Todo lo que le iba quitando lo iba depositando en la bolsa de basura. Voltee hacia arriba y él me sonreía de manera lasciva.

Hay momentos en la vida que no requieren de explicaciones ni de preámbulos. Hay momentos en que solo te dejas fluir y no hay explicación para lo que ocurre, pero te dejas fluir.
Me puse de pie y entré a la regadera, abrí la llave del agua caliente. Justo en ese momento se soltó un aguacero que, los que viven por el área del Ajusco, saben a lo que me refiero cuando digo que se estaba cayendo el cielo.
Regresé a la entrada del baño y le dije que se metiera.
– Oye Tania, tú ya me quitaste casi toda la ropa, solo me queda el pantalón. ¿por que no me lo quitas también? O ¿me voy a bañar con todo y pantalón?
Además, si me vas a bañar como si fuera tu abuelo, tu pants se va a mojar. Creo que sería bueno que tú también te quitaras la ropa ¿no crees? – volvió a mirarme aun con más morbo.
– Tiene razón don Celso. No lo había pensado. Oiga, se me ocurre algo. ¿puedo decirle abuelo y usted me puede decir nieta?
– Ay mi nieta preciosa, pero claro. Que rico que con esta lluvia mi única nieta me vaya a dar un baño y a darme de cenar.
– Gracias abuelito. Me da gusto que se deje cuidar por mí. Ya ve que a mi mamaá no le gusta que lo bañe pero no tiene nada de malo. ¿usted cree que sea malo que lo bañe? Cuando yo era chiquita usted me bañaba o mi papa y nadie lo veía mal.
– Tienes toda la razón nieta, yo no lo veo mal. Al contrario, hasta me ayudas por que no me puedo bañar yo solo. No me alcanzo por debajo de la panza y no puedo tallarme bien a veces. Mira, ni el pantalón me he podido quitar.
– Deje le ayuda abuelito. Usted tranquilo que no pasa nada.

Me puse de rodillas de nuevo y le desabroché el pantalón. Cual fue mi sorpresa al darme cuenta de que no traía calzones. Dejé caer el pantalón al suelo y pude ver una verga pequeña y algo delgada tratando de hacerse paso por debajo de esa panza.

– Abuelo, pero mire nada más, ¿y ahora por que se puso así? Pensaría que a alguien de su edad ya no se le pararía y menos frente a su familia, frente a su nieta.
– Ay hijita pues que te digo. Es que tenerte aquí tan cerquita pues me hace sentir cosas.
– Pero usted dijo que no tenía nada de malo.
– Pues no lo tiene, solo es que un hombre siempre reaccionara ante una mujer, sin importar nada y luego ante una chamaca tan chula como tú, pues imagínate. Soy tu abuelo, pero también soy hombre. – dijo eso y empezamos a reír.
– Bueno abuelito, el agua ya esta lista, ahora si a meternos a bañar para que le de su cena y luego lo lleve a su cama a dormir.

Sin decir nada más me quité la sudadera jalándola hacia arriba despacio pero con toda la intención de que mis tetas fueran viéndose poco a poco hasta que por fin se liberaron de la tela y jugaron con la gravedad. Lo miré y estaba hipnotizado viéndome. Después me di vuelta para quedar de espaldas a él y me bajé los pantalones sin doblar las rodillas, quedé bien empinadita para que pudiera contemplar mi panocha completamente depilada.
Me di la vuelta y le dije:
– Pues ahora si abuelito, a bañarnos.
Pasé a un lado de él y me metí a la regadera, lo tome de la mano y le dije – venga abue, ándele, métase al agua, está bien rica. – Como mi regadera es pequeña, de apenas 1.5 metros cuadrados pues no está diseñada como para que 2 personas se bañen juntas así que quedamos muy pegados. Mis pezones duritos rosaban casi sus hombros.
El agua nos caía en el pecho a ambos, pero nuestras espaldas se estaban enfriando así que me recorrí un poquito hacia la pared y lo metí de lleno a la regadera. Le puse shampoo en la cabeza y talle rápido y fuerte, lo enjuagué de inmediato. Después me eche de mi jabón liquido en las manos y le pedí que cerrara los ojos para poder lavarle la cara. Volví a hacerlo rápido. Después de eso tomé el zacate que ya estaba por tirar pero que era perfecto para darle su ultimo uso. Lo llené de jabón y le pedí que se diera la vuelta para tallarle los hombros y la espalda. El obedeció. Casi no decíamos nada. El me dejaba bañarlo, pero su erección cada vez se veía mas firme, pareciera que su miembro iba a explotar en cualquier momento.
Mientras le enjabonaba la espalda, lo rosaba con mis pezones, dejaba que el movimiento de mis tetas lo sintiera claramente. Fui bajando mis manos hasta llegar a sus nalgas.
– Abuelito, tengo que tallarlo en todo su cuerpo, ¿no le molesta? Quiero pedirle permiso para no tocarlo de alguna manera en que se sienta ofendido.
– No hijita. De verdad que no me molesta. Tu lávame todo mi cuerpo. Quiero quedar bien limpio.

Entonces enjaboné mi mano de nuevo y comencé a masajearle sus nalgas algo flácidas, las tallé gentilmente pero firme. Realmente quería quitarle toda la mugre. Eché más jabón a mi mano y esta vez empecé a pasar uno de mis dedos entre el borde sus nalgas. No vi ninguna reacción, por el contrario, sentí como se abrió un poco de piernas y no me detuve. Empecé a lavarle el culo. Pude sentir con mis dedos ese culo peludo que tenía, lo sentía palpitante. Lo dejé más que limpio.
– Listo abuelito, ahora dese la vuelta por favor.
Se giró, empecé a tallarle el pecho frotándolo con mis manos, pero dejando que mis pechos lo frotaran de igual manera.
– Voy a lavarle la panza y abajo abuelito, ¿no le importa?
– Por favor mija, siento que le hace falta una buena tallada. Tiene mucho que no lo toca nadie.
– ¿en serio abue? ¿Desde hace cuanto no está con una mujer desnuda frente a usted?
– Híjole hija, ya no lo recuerdo, pero frente a una mujer desnuda como tu… nunca he estado, nunca en la vida, ni de joven tuve una mujer tan bonita. Por eso vez que lo tengo bien parado. Pensé que ya se había muerto y esta más vivo que yo – ambos soltamos una carcajada.

Me puse de rodillas frente a el y por lo reducido del baño tenia casi su panza en mi frente. Le pedí que se recargara en la pared un momento.
Enjaboné su panza haciendo círculos y fui bajando hasta llegar al pelambre que ocultaba parte de su verga. Lo froté con jabón y el se recargo aún más. Tomó su panza con sus manos para ayudarme y así dejo más libre mi campo de visión.
Empecé a frotar su miembro con mi mano enjabonada, recorrí su prepucio y pude ver un esmegma muy concentrado. Tengo que confesar que se me hizo agua la boca, pero seguí frotándolo. El agua y el jabón comenzaron a dejarlo limpio y el olor iba mejorando.
– Oye hija, te puedo pedir un favor.
– Claro abue, dígame.
– Es que no quiero oler feo y donde me estas lavando pues no se como huele ni a que sabe, pero quiero saber que esta limpio. ¿tu me puedes decir si ya huele bien y si tiene un sabor agradable?
– Ay abuelito, pero que atrevido. ¿me esta pidiendo que lo huela y se lo chupe para ver si está limpio?
– Solo un poquito hijita. Es que yo no me alcanzo.
– Bueno abuelo, pero solo un poco he.

Me acerque un poco mas y mi nariz ya estaba en su glande. Respire profundo y abrí mi boca, saque la punta de la lengua y lo probe. Sentía el sabor del jabón mezclado aun con olor a verga sucia. Tenia el olor muy penetrante. No lo dude. Metí esa esa verga por completo, hasta donde mis labios toparon con su pubis, saqué la lengua y lamia sus testículos. Sentí como le temblaron las piernas y sin avisar salió un chorro de semen caliente y acido. No deje escapar una sola gota. Empecé a masturbarlo mientras seguía bebiendo su semen. Me lo trague por completo. Me puse de pie, cerré la llave y le pasé una toalla.
Mientras nos secábamos le dije.
– Ay abuelito nunca pensé que me echaría su lechita en la boca.
– Perdonadme hijita es que no esperaba lo que hiciste, pero la verdad lo chupas muy rico.
– ¿le gusta como lo hago?
– Me encanta mija. Eres increíble.
– Vengase abuelito, vamos a la cama para vestirlo y bajar a darle de cenar.
Salimos del baño y se sentía frio por el aguacero que caía. Se sentó en la cama y me hizo seña de que me sentara en sus piernas. Le obedecí.
Tan luego me senté sentí su mano en mis nalgas buscando mi culo. Me acomode para que le fuera fácil encontrarlo. Una de sus manos apretaba mis tetas y la otra estaba hundida entre mis nalgas. Empecé a gemir de inmediato y no puede evitar besarlo. Nuestras lenguas se debatían en ver quien lograban entrar más profundo en la boca del otro. Sacó la mano de mi culo y la llevo entre mis piernas. Yo ya estaba mojadisima. Me tumbó en la cama, me puso en 4 y sin avisar me abrió las nalgas y me llamó como si fuera un perro en celo. Literal y por experiencia lo digo. Se puso de pie y me penetro la vagina, francamente no sentí mucho porque su verga era pequeña y delgada pero estaba tan caliente por todo lo que estaba pasando que me corrí de una manera que tenia rato que no lo hacía. Expulse un chorro grande y mis piernas temblaron. El salió de inmediato y se agacho y me dio la vuelta poniéndome boca arriba y pegó su vieja boca a mi vagina haciendo salir otro chorro, el cual se trago por completo.
Ambos terminamos fulminados. Solo nos subimos a la cama y nos tapamos con las cobijas. Nos quedamos dormitando un rato.

👉 ¿Te gustó este relato? ¡Compártelo! ✨
elsabroseadorM
elsabroseadorM

Soy un amante de la adrenalina y las letras. De la piel femenina y de relatar mis experiencias. Soy un admirador compulsivo de la imagen femenina, de la dulzura y la lujuria que al mismo tiempo pueden emanar. Me pueden encontdar en X como @elsabroseadorM y en telegram como @TAHIRED1 [email protected]

Artículos: 9

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *