El secreto de mi hermana
Duración estimada de lectura: 5 minutos
Visitas: 5,578
Cuando me divorcié, buscaba videos porno en internet, sobre todo de incestos de hermanos con hermanas. Se que la mayoría son actores y actrices porno, y que los videos no son reales, aunque se busque incesto real casero. Bueno, no me enrollo más y voy a lo que importa.
Buscando, encontré una página de cibersexo donde encontraba chicas para videollamadas eróticas o conversaciones de sexo. Una de las chicas me llamó la atención. No enseñaba el rostro, pero su cuerpo me cautivó. Morena, gordibuena, deliciosas tetas con aureolas sonrosadas y coronadas por dos erectos pezones, un coñito tapado por una pequeña mata de bello negro y un delicioso culo.
Al principio no me fijé mucho, pues pensé… “una de tantas”… Pero después de congeniar y de varias conversaciones, subidas de tono, la convencí para una videollamada erótica.
Cuando llegó el momento, contactamos. Mientras hablábamos de sexo, nos íbamos desnudando y me quedé prendado de sus encantos, aunque me parecía recordarlos. No podía decir de qué, pero me recordaban a alguien, hasta que en uno de sus movimientos, dándome la espalda, lo recordé…. Era mi hermana…. La reconocí por el lunar encima de sus nalgas, donde llamamos el coxis. Me llevé una gran sorpresa, pues ya conocía sus encantos al desnudarla en las noches de verano, desde mi adolescencia hasta que se casó.
No le dije nada para no cortarla y disfrutar nuevamente de los encantos de mi hermana, aunque fuese en videollamada. Yo también me tapé la cara para que no me reconociera.
Después de casi una hora, hablando y masturbándonos por la videollamada, y corrernos juntos, nos despedimos hasta otra ocasión.
En una ocasión que fui a su casa, para que le arreglara un enchufe que no funcionaba, pues soy electricista, después del trabajo, nos sentamos en el salón a tomar unas cervezas. Mi cuñado estaba trabajando.
.- ¿Cómo te va, tras el divorcio?… Preguntó mi hermana.
.- Estoy bien… Comenté… Algún que otro rollete, pero nada serio. ¿Y tu?
.- Bien… Comentó un poco resignada… Desde que sondaron a tu cuñado, dice que no se le levanta y le han recetado unas pastillas, que no es Viagra, y cuando tiene ganas, se las toma y tenemos sexo.
.- Me vas a perdonar, por lo que te voy a decir… Comencé a explicar… Tienes un delicioso cuerpo de gordibuena, como se suele decir, y ya sabes que desde adolescente te he desnudado mientras dormías para disfrutar de tus encantos.
.- Si, lo se… Me cortó.
.- Que no se le levante, por haberlo sondado… Seguí explicando… puede ser. Pero a mi me sigues excitando cuando te veo.
.- No me digas eso… Comentó un poco sonrojada… Somos hermanos.
.- Te voy a ser sincero… Expresé… He encontrado una página de cibersexo, y una de las chicas eres tú. Y aunque no me reconocieras, hemos tenido varias videollamadas de sexo. Te he reconocido por tu lunar en el coxis.
Se quedó unos minutos callada, con la cabeza baja y avergonzada.
.- No se lo digas a nadie… Me rogó… Es una forma de escapar de la rutina.
.- No te preocupes… La tranquilicé… Yo tampoco quiero que me descubran.
Para demostrarle que era verdad lo que le decía, le confié mi link y le dije el suyo. Se quedó más cortada aun, pues ella no me reconoció.
.- No esperaba esta sorpresa… Comentó… No sabía que eras tú.
.- Como ya te he dicho… Comenté… Te reconocí por el lunar.
.- No me acordé de eso… Comentó… Ha sido un fallo.
.- Bueno… La tranquilicé… Solamente tu marido y yo conocemos ese lunar. Nadie sabrá que eres tú.
Estuvimos unos minutos callados, sin decir nada y casi sin mirarnos. Me levanté y fui a la cocina por unas cervezas. Nos las tomamos sin hablar, aunque parecía que ella estaba un poco cortada.
.- No te preocupes… Volví a tranquilizarla, rompiendo el silencio… Será un secreto entre tú y yo.
Me sonrió y colocó su mano en pi polla, por encima del pantalón, subiendo y bajando como si me masturbase. Yo reaccioné colocando mi mano en su entrepierna y acariciando su coño, por encima de la maya que tenía. Ya no hubo nada más que decir. Nos besamos y nos acariciamos por todo el cuerpo. Ya no éramos hermanos, éramos un hombre y una mujer sedientos de sexo.
Poco a poco nos fuimos desnudando, besando y lamiendo cada parte de nuestros cuerpos. Fuimos a su habitación y la tumbé en la cama, recorriendo su cuerpo con besos y lamidas, desde su cuello, pasando por sus deliciosas tetas, las cuales chupé y mamé, bajando por su vientre hasta llegar a su coño, y separando los labios vaginales, metí mi lengua entre ellos hasta encontrar el botoncito del placer y succionándolo, haciéndola llegar a un orgasmo, contrayendo su cuerpo, arqueando la espalda y llenando mi boca con sus flujos.
Antes de que se recuperara, coloqué sus piernas en mis hombros y la penetré de una sola embestida, soltando un gemido de placer mientras bombeaba suavemente al principio y poco a poco aumentando la velocidad hasta que los dos llegamos al orgasmo a la par, inundando su coño con mi lechada.
Nos quedamos abrazados, con mi polla aun dentro de su coño, hasta que se salió debido a la flaccidez tras la corrida, arrastrando restos de mi corrida. Nos levantamos y nos lavamos juntos acariciándonos mutuamente.
Después de ese día. mi hermana y yo continuamos con el cibersexo, pero esta vez por el móvil, acordándonos de borrar las conversaciones, y cuando podíamos teníamos sexo en su casa.
