El mejor amigo de mi hijo

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Esta historia es real. Soy una mujer de 46 años, morena, achinada, de pelo muy negro y largo, piernas parejas, senos ni grandes ni pequeños; me conservo muy bien. Hace 7 años me divorcié de mi esposo, quien fue mi primer hombre y yo su primera mujer, con lo cual no era muy experimentado en temas de sexo. Tengo un hijo de 21 años que estudia en la universidad. Mi hijo tiene un amigo que estudia con él y siempre va a mi casa; en más de una ocasión lo sorprendí mirándome mientras yo andaba por mi casa. Después de esto comencé a fijarme en él de forma diferente, no como el amigo de mi hijo sino como hombre.

Este chico es moreno, de pelo muy negro, pero lo que más me gustaba de él era su cuerpo musculoso pues practica deportes. Una noche incluso soñé con él, que me follaba; podía ver en sueño su verga igualmente musculosa e inmensa. Después de ese sueño supe que quería hacerlo realidad, entonces cuando él iba a mi casa yo trataba de ponerme ropas sexys para lucirle. Él se dio cuenta de eso y también me comenzó a decir cositas picantes cuando no estaba mi hijo.

Una tarde él fue a mi casa buscando a mi hijo pero este no estaba. Yo estaba sola, llevaba puesto un vestido cortito. Aproveché la ocasión y le dije que por favor me ayudara a subir unos libros a un estante. Él accedió; subí a una escalera mientras él debajo me iba dando los libros. Yo sabía que me miraba por debajo del vestido, miraba el hilo dental blanco que llevaba. Al terminar con los libros le pedí que sujetara la escalera que ya iba a bajar. Comencé a bajar de espaldas hasta llegar al suelo donde quedé entre la escalera y su cuerpo. Me quedé así unos segundos esperando su reacción; entonces fue cuando se pegó a mí. Sentí su aliento en mi nuca y algo que comenzaba a crecer detrás de mí; me pegó su verga en mi culo. Al sentirla me excité mucho y comencé a moverme suavemente para sentirla. Él por su parte ya había comenzado a besarme y chuparme el cuello y las orejas, mientras sus dos manos jugueteaban con mis senos y de vez en cuando bajaban hasta mi vagina, apartaban el hilo y la acariciaban. “Sí, tócame más, me encanta”, gemí bajito.

Estuvimos así un rato hasta que decidió quitarme el vestido. En ese momento recordé que mi hijo tenía llave, entonces me zafé y salí corriendo hasta la puerta; puse el seguro y comencé a caminar lentamente hacia él. Mientras caminaba me iba quitando el vestido y él se despojaba de su camisa. Al juntarnos comenzamos a besarnos apasionadamente. Él terminó de quitarme el vestido y yo comencé a quitarle el pantalón. Una vez que el pantalón cayó comencé a acariciar ese gran bulto que tenía por encima del calzón mientras él me besaba y chupaba mis senos.

Yo seguía mi trabajo manual; ya había sacado su verga y mientras lo besaba chupaba sus orejas, su cuello. Así fui bajando, chupando y pasando mi lengua por sus pechos musculosos, luego su vientre hasta llegar a su verga. Cuando la vi era idéntica a la que había visto en mi sueño: era inmensa, gorda y musculosa. Comencé a pasarle la lengua como a un helado, por toda la verga; luego abrí la boca e intenté tragarla completa pero me fue imposible, con lo que comencé a mover mi cabeza adelante y atrás. Él comenzó a gemir hasta que me pidió que parara. Me incorporé, lo tomé de la mano y lo llevé hasta mi habitación. Allí me tumbé en la cama y él comenzó a besarme todo el cuerpo hasta que se detuvo en mi chocho; comenzó a darme la mejor mamada que me han dado en mi vida.

Yo más que gemir gritaba de placer hasta que de repente se abalanzó sobre mí y me penetró completamente. “Sí, méteme tu verga entera, fóllame fuerte”, le supliqué jadeando. Comenzó a moverse primero suavemente y luego comenzó a embestirme. Sentía su enorme verga como entraba y salía en todo mi coño; me sentía completamente llena de su verga hasta que me dijo que se iba a correr y nos corrimos los dos juntos. Quedamos extenuados en la cama y luego seguimos haciendo mil cosas más; incluso me hizo cosas que nunca me habían hecho, pero se las contaré en una segunda parte si es que esta no les ha aburrido mucho.

Autor: Anónimo

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