El encanto de las mujeres mayores

El encanto de las mujeres mayores.

Cada mañana me cruzaba con esa señora, ya mayor, quizá 60 y tantos, ella iba al yoga y yo corría en un circuito que construyeron en un camellón de la avenida, a veces nos cruzábamos y a veces en alguna vuelta la veía ejercitando o la miraba termina e irse, no platicaba con nadie, terminaba y se marchaba. Yo empecé a saludarla cuando me la cruzaba, era de estatura media, pelo castaño recogido en una cola de caballo, facciones firmes, su pecho se veía firme y bien marcado en su ropa, incluso alguna vez creí ver sus pezones bajo la ropa, cintura marcada, unas nalgas deliciosas y un par de piernas atléticas y bien torneadas. Ella contestaba educadamente pero nada más.

Una de esas mañanas al cruzarnos la saludé, contestó y yo seguí, un poco más adelante vi en el piso un monedero, no sabía si era de ella pero lo recogí, di la vuelta para alcanzarla pero ya no estaba a la vista, pensé hay que entregárselo y me volví por el camino, entonces vi que ya había salido del circuito y cruzaba la calle, empecé a trotar para alcanzarla, cuando yo crucé de nuevo la había perdido, llegué a la esquina de la calle y mire a ambos lados, iba más adelante, de nuevo la seguí y miré que se detenía en una puerta, metía la mano a la bolsa y empezaba a buscar algo, a poco pude ver como empezaba a desesperarse, tiraba las cosas en el suelo y seguía buscando, incluso a lo lejos se notaba su cara desesperada. Yo me fui acercando y cuando la alcancé le dije -Hola, de casualidad será de usted este monedero?- su cara se iluminó y enrojeció al mis o tiempo, me miró y dijo -Si, es mío, se me ha de haber caído al acomodar el tapete. Yo se lo entregué y ella lo abrió sacando una llave, la miró con alivio y me comentó -me ha salvado la vida, no hubiera podido entrar a la casa, además traigo aquí mis credenciales de identificación. Muchas Gracias, como se lo podré pagar?- Yo le dije, de ningún modo, usted habría hecho lo mismo por mí, entonces ella dijo me aceptaría aunque sea un desayuno por gratitud. Yo insistí que no era necesario pero ella me tomó del brazo, abrió su puerta y casi me mete a la fuerza. Yo algo turbado le agradecí y pasé.

La casa era pequeña, había una salita con un sofá y casi enseguida una mesa cuadrada, pequeña con dos sillas, una enfrente de la otra.

Me dijo, me llamo Rocío, yo le contesté, mucho gusto yo soy Jesús, me miró con una sonrisa y me dijo -en serio, haces milagros- me sonrojé primero y luego asentí diciendo, pues todavía lo intento, ahora ella fue la que se turbó, pasó a la parte de la cocina y me pidió que me sentara mientras ella preparaba el desayuno, a lo que le dije, mejor te ayudo, así será más rápido. Sacó de su refrigerador unos huevos, jamón, queso y un envase de jugo. Me dijo, -sirves por favor el jugo mientras yo te hago los huevos, le dije -con gusto tomaré tu jugo si me haces los huevos- nos miramos sonriendo.

Una vez preparados los alimentos nos sentamos uno frente al otro, la mesa era pequeña y quedábamos bastante cerca, platicamos y comimos, entonces como por casualidad nuestros pies chocaron bajo la mesa, al mismo tiempo nos disculpamos, volvió a suceder, a la tercera vez que sentí su pie abrí los míos y atrapé el suyo, ella no lo retiró ni dijo nada. Yo me saqué el calzado de mi pie derecho y lo extendí hacia ella, acariciando su pie, subiendo por su pierna y avanzando hacia ella, para mi sorpresa abrió sus piernas y dejó que mi pie empezara a hurgar en su vagina, me apretaba sobándose ella misma con mi pie. Yo tomé su pie y lo subí hacia mi verga, frotándola con el. Así estuvimos un rato.

Nos miramos, ella dijo, -el yoga provoca mucho- yo asentí y dije, -también correr-, solté su pie, bajé el mío y me levante y le dije, creo que es hora de tomar tus jugos y de que me hagas los huevos que me prometiste, ella también se levantó, yendo hacia mí, me tomó de la cintura y me llevó a lo que supe era su recámara, ya entrando la tomé por la espalda y empecé a acariciar sus senos, sus nalgas, bajé a su vagina y se la sobé, ella pasó su mano hacia atrás y la metió en mi pantalón, tomando y apretando mi verga.

Le saqué la blusa y me fui sobre sus pechos, en verdad eran duros y suaves, sus pezones reaccionaron al ser chupados y mordidos, por poco se los arranco a mordiscos, la tumbé en la cama y bajé su mallón, dejando al descubierto una mini tanga que no cubría casi nada, me comí su vagina con todo y tanguita, abría sus labios, chupaba, mordía y lengüeteaba con furia, ella tomaba mi cabeza y la sobaba contra sí misma, -toma mis jugos decía y dame esos huevos- encontré su botoncito y lo apreté entre mis labios primero y luego con mis dientes, suave pero firmemente.

Fui subiendo hacia ella, volví a sus pechos, alcancé su cuello, su boca, sus orejas y entonces mi verga quedó a la altura de su vagina, empecé a sobarme contra ella, con su mano bajó  mi calzoncillo y  en un acto de contorsión abrió sus piernas, las entrelazó en mi cintura se metió mi verga en la vagina, empecé a bombearla con suavidad  y sin prisa, entrando y saliendo, revoloteando en su interior, a veces rápido y a veces lento, rápido y lento, ella se columpiaba en mi cintura casi con ritmo, como si estuviera bailando una danza de amor, eso me prendió, empecé a darle más rápido y más duro, ella también subió su ritmo y nos acompasamos hasta que tensos soltamos yo mi leche y ella sus jugos, yo seguía prendido y con la verga parada aún, entonces me animé y rozando su culito con la verga le dije ¿Y sin jugos…? Ella con una sonrisita gatuna me contestó – solo si quieres, pero si hay jugos- me fui colocando en su entrada y poco a poco empecé a entrar, nuevamente me sorprendió, parecía que su culo era una boca que me iba comiendo, casi masticándome la verga, yo enloquecí, la penetré por completo y gocé hasta que me vine de nuevo dentro de ella, poco a poco fui saliendo y ella acomodándose en la cama.

Ya calmados me miró y me dijo -No está mal para una abuelita verdad- a lo que contesté -con esta abuelita con gusto haría unos nietecitos.

A partir de ese día yo seguí corriendo, primero en el circuito y luego a su casa, ella me siguió demostrando todo lo que Yoga puede hacer en el sexo.

Gracias por leerme y por comentar.

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