DP a mi esposa Zul
Mi esposa Susana siempre ha sido muy caliente. Nos conocimos hace muchos años y, desde antes de casarnos, notaba sus fantasías sexuales que me contaba y me encendían. Hicimos algunas cuando éramos novios, pero la de nuestra luna de miel en Puerto Vallarta es mi favorita.
Una noche salimos a conocer el lugar, bebiendo en varios bares. En el último, ella ya estaba tomada y me dijo que quería su primer DP esa noche. Sorprendido, le pregunté si ya tenía en mente a quién. “No será a quién, sino a quiénes”, respondió. “Tú verás y grabarás todo”.
Me gustó la idea. “¿Ya los viste?”, pregunté. “Los contacté por clasificados. Están aquí, pero no sé quiénes son. Parte del trato: nos recogen y llevan a su lugar”. Nervioso pero excitado, aceptamos. No sabíamos qué pasaría.
Salimos caminando al hotel. Unas cuadras después, una van se detuvo. Dos hombres nos subieron, nos vendaron los ojos y ataron las manos. Manejo 20 minutos por terracería otros 20. Nos bajaron en un lugar lleno de aparatos sexuales. No eran dos, sino tres.
Me amarraron a una silla. “Tu esposa dijo que querías grabar”, me soltó uno. “Nosotros lo haremos. Observa lo que le hacemos a tu puta esposa. O le quitamos lo puta… o se vuelve más”.
Le quitaron la ropa y le ordenaron un conjunto de lencería ajustado a sus tetas grandes y culote. Obedeció. “¿Qué hace mejor tu esposa?”, me preguntaron. Caliente, respondí: “Es experta mamando verga”. Se hincó; les mamó las tres vergas enormes hasta casi ahogarse, cambiando sin problema, disfrutándolo.
“Ahora la preparamos”, dijeron. La ataron a un aparato, lubricaron su culo, metieron un plug anal y un consolador gigante. La dejaron así mientras tomaban tragos. Me calentaba verla aguantar; quería saber sus límites.
“¿Tu fantasía es DP? Te daremos eso y más”, le dijeron. Le vendaron los ojos, la pusieron en cuatro atada. “Te cambiamos el plug por uno más grande para esa verga en tu culo delicioso”. Se abrió la puerta: entró un gigante de dos metros.
“¿Adivinas quién soy, puta?”, le dio nalgadas. Ella negó. “¿Recuerdas calentándome en la alberca? Rozando mi verga, apretándola. Esto no se queda así”. Ella palideció al recordarlo. Se sacó una verga monstruosa. Los otros aplaudían: “Ahora sentirás lo que es bueno, calienta vergas”.
Me desataron para verla de cerca. Él le mostró la verga: “Dale besitos para lubricar”. Apenas entró la cabeza en su boca. Se puso atrás, sacó el plug. Ella suplicó: “No toda, por la panocha”. “Después de partirte el culo”, rio.
Le mostró una foto de la verga sobre sus nalgas. “¡No aguanto!”, gritó. La lubricó en su boca y empujó. Gritó al entrar la cabeza; tardó en meterla toda. Lágrimas corrían por su rímel. Empezó a bombear rápido. “¡Métemela rápido y duro!”, le grité yo, su frase favorita. Él obedeció; gritos bestiales mientras le mostraban la foto.
Se corrió en su culo, tapándolo con el plug: “Guárdalo o repito”. Se fue. Hicimos amistad los tres restantes y yo. Me calentaba su sumisión. La desataron, vendaron y ataron en cama. Encendieron una máquina: el consolador penetraba solo la punta en su panocha mientras le mamaban tetas y clítoris. Gemía excitada.
Le acercaban vergas a la boca; suplicaba. “¡Quiero más verga!”, rogaba. “Llámala Zul cuando está caliente”, les dije. La ataron en cuatro. “No más culo”, suplicó. “Esto es diferente”. Le untaron miel en pezones, cuello y clítoris. Intensificaron el edging con la máquina y lenguas humanas, alternando dedos y vibradores hasta que explotó en orgasmo tras orgasmo, retorciéndose de placer puro.
Ya amanecía. “Hora de llenarla de leche”, dijeron. Le sacaron el plug (salió semen), lavaron su culo con manguera. Uno se acostó; ella encima por panocha. Otro por culo: ¡su primer DP! Gemía loca. Nos turnamos; yo elegí su mamada experta.
Los cuatro nos corrimos en su boca; tragó casi todo, con caritas, ruidos y miradas que enloquecen. Feliz y partida, caminó con dificultad al hotel. Nos enviaron el video. Se repitió después. Si tienes una como la mía, cúmplele sus fantasías.
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