debut con mi tia la viuda
Tenía apenas 15 años. Era un dia de frio, en Lima la humedad cala los huesos y fui de visita a la casa de mi padre un fin de semana, aprovechando los dos dias de receso en la escuela. El se había separado de mi madre hacia varios años y vivía en las afueras de la capital en un condominio con sus otros tres hermanos. Mi padre era chofer interprovincial y por las casualidades y cosas de motores no llegó a su casa.
Al llegar a su casa estaba vacía, cerrada y no podía dormir allí. Su hermana Ana de 40 años, quien vivía al costado, me dijo que me quedara con ella hasta el día siguiente que mi padre supuestamente llegaría de su largo y trajinoso viaje.
Mis primos no estaban, solo habia dos camas en la habitación y al entrar a la habitación mi tia me dijo que le daba flojera de sacar las mantas del ropero para la otra cama que estaba vacía y que no había problemas en quedarme en la cama grande, acepté sin contratiempos ni malicia, acepté ingenuamente y me acomodé en un costado y ella salió de la habitación.
Me acomodé y me quede dormido hasta aproximadamente la medianoche cuando sentí que ella se recostó a mi costado para dormir.
Sentía su calor a mi lado, se acomodó de costado con las nalgas hacia mi. Aún no dormía, sentía su respiración y con la excusa del frio me fui acercando a ella sin decir una palabra hasta el punto de sentir mi pene apegarse a sus nalgas. Mi truza parecía explotar, mi corazón latía a mil por hora, sentia sus nalgas carnosas, suaves la tenia bien apegada y poquito a poco me movía, ella no se movia, ni quejaba ni nada.Mi tia nunca usaba pantalones, ni siquiera para dormir, siempre la vi con faldas y esa noche no podía ser la excepción, metí mi mano entre sus piernas y subi poco a poco, me sorprendí que ella no atinaba a nada, llegué hasta la vagina y sentí su calzón y sus vellos púbicos salir por los costados que sentí por la mano, la toqué unos segundos asi que decidí tomar mas riesgos.
levante mi mano a la altura de su cadera y jalé de su calzón hacia abajo lentamente, ella se puso con la cara hacia el techo y terminó de bajarlo.
En la oscuridad silenciosa escuchaba el latir de mi corazón, era una invitación al tabú y lo inimaginable, no demoré mucho en sacarme la truza y colocarle el pene sin decir palabra alguna dentro de su vagina, era mi primera mujer y sentí lo mas maravilloso que pude experimente en mi vida sexual, me sentía dentro de ella, escuchaba suaves gemidos en la silenciosa y negra noche.
ella tenía las piernas abiertas y en la penumbra mientras miraba hacia atras veia sus talones presionar las blancas sabanas a su vez que escuchaba sus gemidos uniformes, constantes con movimientos suaves y firmes que con su experiencia de tantos años me enseñó a disfrutar de la sexualidad en esa sesión amorosa.
No atiné a decir nada, me daban ganas de cambiarle de pose pero me quedé corto, solo hicimos el amor en la pose del misionero, y veía como su vientre hacia movimientos internos hacia mi que me contraía el pene y luego lo soltaba una y otra vez, la cogí con ambas manos de la cintura hacia mi con tanta suavidad hasta que dejé todo el semen dentro de ella, era como estar en el paraíso, mientras ella gemía mas cariñosamente.
Al terminar la sesión amorosa quedé extenuado y me recosté hacia su lado y al despertar ella no estaba, se había recostado en la cama vacía.
Al día siguiente ella estuvo indiferente y avergonzada, apenas me hablaba.
La siguiente semana cuando fui a visitar a mi padre, sabiendo que no estaba le dije que dormiría en su habitación y rehusó al principio pero luego aceptó con la condición de dormir en la otra cama.
No había duda que ya no quería seguir haciendo el amor conmigo, asi transcurrieron los años y nunca mas volvimos a tener sexo, aunque cuando me ve en la actualidad ya con 70 años encima, me mira y me hace gestos de coquetería y me regala una sonrisa maliciosa, quizás recordando de esa noche fantástica que me hizo debutar como hombre y que nunca olvidaré.
Autor: el cachero
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