Cumpliendo mis fantasías con una mujer casada

Hola, me llamo Diego. Es la primera vez que escribo por aquí. Soy un hombre felizmente casado, con hijos y una muy buena esposa.

Pero como todo hombre, siempre tenemos algo que ocultar. Mi secreto es una amiga, también felizmente casada. Es una gran mujer: empresaria, muy inteligente, elegante, exitosa, excelente madre y esposa.

Llevamos varios años chateando y manteniendo una relación únicamente virtual en secreto. Es mi espacio seguro donde puedo contar todas mis fantasías y pensamientos sucios sin miedo a que me juzguen. Lo mismo pasa con ella.

La verdad es que nos la pasamos muy rico hablando. Siempre hablamos de juntarnos. A pesar de que ambos vivimos en México y estamos relativamente cerca, el hecho de que ella sea casada y yo también, ambos trabajamos y tenemos hijos, nos lo ha dificultado.

Aun así, no impide que siempre estemos chateando, contándonos cosas que no podemos contar a nuestras parejas. Es una mujer que me excita demasiado. No sé qué tiene, pero me vuelve loco.

Yo le he regalado varias cosas. Somos como pareja virtual. En una de esas, le regalé un dildo para hacer más emocionantes nuestras pláticas. Escogí uno que fuera el más parecido a la forma de mi verga.

Me ha enseñado varias veces cómo me está cogiendo y mamando la verga. Me pone loquisimo. Es una mujer preciosa, linda de cara, unos grandes ojos, linda sonrisa, labios carnosos. Tiene un cuerpazo y un culo simplemente espectacular, de los mejores culos que he visto en mi vida.

Nuestras pláticas se ponen tan intensas y tan sucias que, cuando hablo con ella, paso con la verga dura toda la semana. Siempre me cojo a mi esposa pensando en ella. A ella le pasa lo mismo.

Un día vi una convención de un importante taller de crecimiento empresarial que iba a estar en un lujoso hotel de la ciudad. Se me prendió una idea. Inmediatamente la contacté y le dije: “Lo que vamos a hacer”.

Le dije: “Tengo el plan perfecto para vernos. Tú te vas a ir a esa convención, yo te la voy a pagar y se la vas a mandar a tu marido para que no sospeche. Al mismo tiempo, voy a reservar la suite del hotel”.

La convención dura 5 horas, así que tenemos toda la tarde con un buen pretexto para pasarla rico. Yo le diré lo mismo a mi mujer.

Ella aceptó mi plan. No podía creer que, después de tantos años, por fin se me iba a dar con mi vicio favorito. Esa mujer que me excitaba tanto por mensajes estaba a punto de cumplir mi mayor fantasía.

Reservé la suite más bonita. Le mandé a dejar una botella de su vino favorito y una comida ligera. Le dije: “Váyase a la habitación, póngase cómoda, coma algo, beba lo que quiera”.

Y cuando se sienta segura, cuando ya le haya dicho a su marido que está en la convención y no puede usar su teléfono, me avisa y yo subo. Así fue.

Me puso tan caliente cuando recibí el mensaje que decía: “Ya estoy lista”. Procedí a caminar hacia la habitación, subí el elevador y por fin llegué a su puerta. Por fin se me había hecho realidad.

Toqué suavemente y salió esa mujerona preciosa a recibirme con una sonrisa. Se miraba espectacular con un hermoso vestido. Yo iba con traje y corbata.

Ambos estábamos muy nerviosos. A pesar de que habíamos hablado miles de veces y nos habíamos contado cosas que solo nosotros sabíamos, era nuestra primera vez por fin solos en una habitación.

Me dijo si quería una copa de vino. Rápidamente le respondí que sí. Charlamos un poco mientras tomamos una copa y le dije que se miraba espectacular.

Me acerqué y procedí a besarla. Sus cálidos labios se fundieron con los míos, mientras mi inquieta lengua exploraba por completo su cavidad bucal. El sabor de sus besos era exquisito, al igual que el aroma de su cuerpo tan femenino.

Sus grandes labios me sabían tan bien y el nerviosismo desapareció. Todo ella olía tan rico que me la estaba gozando demasiado. Besaba su cuello, sus labios, mientras pasaba mi mano por su espalda.

Ella, ya animada por el vino y la calentura, empezó a meterme mano por encima del pantalón. Yo me quité el cinturón y mi saco mientras ella iba desabotonando mi camisa. Caminamos hacia la cama.

Ella se sentó en la orilla, me bajó el pantalón, metió la mano en mi bóxer. Salió mi verga ya muy parada por la situación, goteaba líquido preseminal que manchó un poco mi bóxer.

Me dio pena, no supe qué pensar, pero su reacción fue agarrarla, pasarle la lengua en la punta y lamerlo mientras me dijo: “Qué rico”. Tomó mi pene con una de sus manos, lo acarició y me masturbó sensualmente, como queriendo descubrir cada milímetro de mis genitales a través de su sentido del tacto.

Me pasó la lengua lentamente de abajo arriba y empezó a mamarme la verga como lo había hecho tantas veces con el dildo que le regalé. Pero esta vez era mi verga la que estaba mamando. Era una diosa del sexo, experta en el sexo oral.

Me miraba con ojos de sedienta mientras estaba parado enfrente de ella. Miraba cómo se la metía tan rico en la boca. Qué mamada me estaba dando, estaba tocando el cielo.

Se la pasaba por los labios, le daba golpes a mi verga con su lengua y se la introducía. Era demasiado excitante la visión que estaba teniendo. Y más viendo cómo ella estaba disfrutando mi pene erecto.

Se veía que la estaba gozando tanto como yo. Tanto que mejor le dije que se parara. Si seguíamos a ese ritmo, iba a acabar llenándole la boca con mi leche sin antes haberla probado.

Se levantó y le bajé el vestido. Quedó en ropa interior. Solo podía pensar: qué rica se mira esta mujer de todas las formas, siempre se ve espectacular, olía tan bien.

Pasé mis manos por su espalda desnuda y desabroché su brassier. Saltaron sus increíbles pechos a mi vista. Quedó solo en una diminuta tanga.

La acosté en la cama y yo me acosté encima de ella. Sentí mi cuerpo desnudo con el de ella y se sentía tan rico. La volví a besar, nos estábamos devorando de una manera más intensa y deliciosa.

Después de unos instantes, mi boca comenzó a bajar lentamente hasta depositarse en sus erguidos y turgentes pezones. Ella siempre me decía que no le gustaban mucho sus tetas, era la única parte de su cuerpo que nunca me había enseñado por chat.

Creo que era para darme la sorpresa de conocerlas en persona. Qué tetas, por Dios. No recuerdo cuántos minutos estuve comiéndolas, le pasaba la lengua alrededor de sus hermosos pezones y los succionaba deliciosamente.

Al escuchar sus gemidos, supe que le estaba gustando. Bajé pasando mi lengua hasta su ombligo y seguí el recorrido hasta la zona de su entrepierna. Por fin tener en mis manos algo que había visto muchas veces, pero era la primera vez que iba a poder probar.

Le bajé la tanga y lo que vi me puso a mil. Su vagina estaba mojadísima, desprendió un hilo de sus flujos despegándose de su ropa interior mientras se la quitaba. Se me hizo agua la boca.

Se la quité por completo hasta sus rodillas y la tenía enfrente mío, brillando por sus jugos. Me acerqué y su olor me estaba volviendo loco. Qué rico olor desprendía.

Pasé mi lengua suavemente y sabía aún mejor. Así que procedí a tomarme mi tiempo para explorar cada rincón de su vagina lentamente con mi lengua, saboreando cada centímetro y cada gota de sus deliciosos jugos.

Ella se puso algo tímida de lo mojada que la estaba poniendo y me dijo que quería sentir mi verga. Le dije que se relajara y lo disfrutara, así como lo estaba disfrutando yo.

Perdí la noción del tiempo de cuánto estuve comiéndome sus deliciosos labios, cambiando mis tiempos de succión y sintiendo cómo se aceleraba su respiración. Fue cuando supe que estaba cerca de acabarse en mi boca.

Aceleré mi ritmo, centrado en su más que excitado clítoris. Ella se arqueaba de lo rico que la estaba pasando y sus gemidos eran cada vez más fuertes. Hasta que explotó en un delicioso orgasmo, estaba mojadísima.

Yo procedí a lamer lentamente mi premio, saboreando todos los jugos que salían de su vagina. Lentamente ella estaba rojísima, sudando y con cara satisfecha. Creo haber cumplido bien mi trabajo, pero esto era solo el comienzo.

Mi verga estaba como un cohete. Así que se la puse en la entrada de su mojadísima vagina y se la fui metiendo lentamente. Por Dios, qué rico sentí mientras iba ingresando toda.

Ella también puso sus ojos en blanco y se mordió el labio, dándome a entender que le estaba gustando. Empecé a bombearla primero suave pero profundo. Sacaba mi verga a la mitad y luego se la metía lo más profundo.

Quería que sintiera mi verga hasta adentro. Me levanté un poco, la imagen era simplemente espectacular. Le abrí las piernas con mis brazos lo más que pude y procedí a bombearla.

Me decía: “¡HHHHAAAA síii, Diego! ¡Qué ricooooooo! ¡Métamela hasta adentro! ¡HHHHAAA síiiii así! ¡Deme durooo! ¡No pare por favor, no pareeee! ¡Démela todaaaaa asíii, asíii!”.

Metía mi verga hasta adentro, ella estaba sudando y gimiendo de placer. Ya había tenido un orgasmo e iba por su segundo. Yo le daba cada vez más duro.

El sonido de mi verga penetrando su mojadísima vagina era música para mis oídos. Su vagina me apretaba la verga de una manera tan deliciosa, nunca había probado algo así.

Entre más se acercaba su orgasmo, más me apretaba. Hasta que acabamos en un intenso orgasmo los dos al mismo tiempo. Fue increíble. Quedamos rendidos, la realidad había superado la expectativa.

Ella se levantó al baño. Yo serví dos copas más de vino y me senté en la sala a esperarla. Nos tomamos la copa, platicamos un poco.

Le dije: “¿Ya vio que le reservé la suite con jacuzzi? Sería una pena no usarlo”. Me dijo: “Póngalo a llenar”. Procedí mientras se llenaba.

Regresé a ella y le dije: “Acompáñeme a la cama”. Ambos desnudos, comenzamos a besarnos nuevamente. Le dije que me había gustado mucho y que quería repetir. Ella me dijo lo mismo.

Pasaba mi mano por todo su cuerpo mientras la besaba. Inmediatamente se me puso durísima la verga y ella lo notó. Se puso de lado y empecé a penetrarla de cucharita.

Tenía una mano en su cuello y mientras la ahorcaba un poco, la empecé a penetrar durísimo en esa posición. Le agarraba las tetas, acariciaba su clítoris, la ahorcaba sin dejar de penetrarla de lo más rico.

Ambos gemíamos de placer. Pero yo quería probar todo de ese cuerpo. La acosté boca abajo, le besé la oreja mientras la agarraba del cuello.

Le dije: “Que le voy a comer todo el culo”. Mientras le decía eso, apoyaba mi vergota hinchadísima contra ese gran culo. Le besé el oído mientras la agarraba del cuello.

Ella se arqueó y yo bajé por su espalda hasta su glorioso trasero. Era una imagen simplemente espectacular. Por Dios, cuántas veces no me masturbé pensando en ese culo y lo tenía para mí para disfrutarlo enfrente mío.

Me tomé mi tiempo, lo agarré con mis manos, lo masajeé y lo abrí, viendo todo su ano abierto esperándome. Se me hacía agua la boca. Al principio ella no estaba muy convencida.

Cuando sintió mi lengua, dejó de poner resistencia y pude empezar a disfrutar de la comidota de culo que le estaba pegando. Pasaba toda mi lengua y ella se fue relajando. Cada vez podía lograr meter mi lengua más adentro.

Lo abría con mis manos, disfrutaba de la vista de ver su culo ensalivado por mí, de ver su vagina escurriendo. Ella entregada por completo, dedicada a disfrutar.

A pesar que siempre me gustó comer culo, nunca me había disfrutado tanto un culo como este. Podía desayunar, almorzar y cenar eso todos los días. Qué delicia.

Ella gemía cada vez más. Lo miraba cada vez que le abría las nalgas con mi mano y tenía el ano cada vez más dilatado, como pidiendo algo más grande. Ese culo quería mi verga hasta adentro y lo llenaría de leche, pero eso lo voy a dejar para la próxima ocasión, pensé.

La puse en cuatro patas como si fuera una perrita en celo. Madre mía, era toda una experta en ponerse en cuatro. Se miraba tan rica.

Ya la había visto anteriormente en video, pero en persona era impresionante. Ahí estaba ella con ese gran culo arqueado enfrente mío. Qué momento más espectacular estaba viviendo.

Tenía que comérmelo en esa posición. A pesar que ella me pedía que la penetrara por favor, le pasé la lengua por sus labios que escurrían hasta sus muslos, lamiéndole todo desde atrás, saboreando su néctar de lo más rico.

Me puse de rodillas, agarré el culo entre mis manos, la sujeté de la cintura y se la empecé a meter hasta adentro. Ella gimió: “¡Ahhh!”.

Empecé a bombearla de la manera más fuerte y dura que pude. Estaba demasiado excitado. Ambos gemíamos y gritábamos.

Se escuchaba cómo la estaba penetrando de duro y en ese momento no importó si alguien nos escuchaba o no. Me la empecé a coger durísimo.

Ella decía: “¡Asíii! ¡Asíiiii! ¡Cógeme duro, Diegooo! ¡Deme durooo! ¡Qué ricooooo!”. Provocándole así un nuevo orgasmo.

Ambos sudados, mi verga hinchadísima tratando de no acabar porque lo estaba disfrutando demasiado. No quería terminar el momento y ella también la estaba gozando.

Se acostó boca abajo y me dijo: “¡Cógeme así!”. Se abrió las nalgas con sus manos para que le entrara hasta adentro. Comencé a bombearla, qué rico me la estaba pasando.

Al mismo tiempo tenía la imagen de su hermoso culo abierto por sus manos, su dilatado ano a mi vista y mi verga entrando hasta adentro. Ella no aguantó más y tuvo otro gran orgasmo más intenso que el anterior, gimiendo delicioso.

Al oír eso, yo tampoco aguanté. Saqué mi verga rápidamente de su húmeda vagina. Ella seguía abriendo su culo con sus manos y eyaculé una gran cantidad de mi semen caliente sobre su culo y espalda.

Quedamos rendidos. El jacuzzi se había llenado por completo. Me levanté a apagarlo.

Ella estaba acostada boca abajo con ese gran culo lleno de mi leche. Era una imagen deliciosa de ver. Le alcancé una toalla.

Ella durmió un rato y yo me fui a meter al jacuzzi. Se despertó, le mandó un par de mensajes a su marido diciendo que no había podido usar su teléfono, que la convención estaba buenísima.

Le mandó una foto de la convención (que ella había tomado antes de subir). Se acercó a mí y me preguntó si estaba rica el agua. Respondí que sí.

Abrió la segunda botella de vino, sirvió dos copas y se fue a meter conmigo. Hicimos un brindis por lo bien que lo estábamos pasando y nos tomamos nuestro vino tranquilamente.

Me paré a servir otra copa y pasé enfrente de ella desnudo. Ella no se resistió y agarró mi verga con su mano. Me la empezó a mamar nuevamente.

Me preguntó: “¿Aguanta otro polvo?”. A lo que mi verga respondió poniéndose rápidamente dura como un tronco nuevamente. Cómo la chupa de rico está mujer.

Le dije que se parara y la apoyé contra la pared. Me la empecé a coger de manera muy sucia, parados los dos. La agarraba del cuello mientras me la cogía y se la metía hasta adentro.

“¡AAAAHH… AAAAHH…! ¡Siiiii… así… Cógeme… cógeme… no pare!

¡AAAAHH… AAAAHH…! Dios, por favor… no pare… siga Diego… ¡Siiiiiii, así… cógeme así!

¡AAAAHH… AAAAHH…! ¡Siiiiiii, así… siga, siga… cógeme… por favor!

¡AAAAHH… AAAAHH…! Me encanta su verga… me llena toda…

¡AAAAHH… AAAAHH…! ¡Qué ricooooo… cógeme más fuerte… soy suya!

¡AAAAAHH… Diego, hágame su puta… AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH!”

Mientras más me la cogía, más salvaje se ponía. Ella tuvo un nuevo orgasmo en esa posición.

Luego me hizo sentarme, se subió encima mío y comenzó a besarme mientras me agarraba del pelo para atrás. Estábamos muy calientes y tomados los dos.

Ella se metió mi verga hasta adentro sentada. Comenzó un movimiento pélvico muy sensual encima mío mientras me agarraba del pelo y me besaba con fuerza.

Me escupió en la boca y me pasaba la lengua. Le había logrado sacar su lado ninfómana y me lo estaba gozando a mil. Mientras me escupía en la boca y cabalgaba sobre mi verga.

Pero el agua dificultaba un poco la penetración. Así que ella se levantó a vaciar el jacuzzi. Mientras yo estaba sentado enfrente de ella, acercó su vagina a mi cara sin decir nada.

Levantó una pierna y me puso a mamarle toda su pussy. Restregaba toda su vagina contra mi cara y yo estaba en el cielo disfrutando de sus deliciosos jugos.

Ella se abría con sus dedos sus labios y me decía que le lamiera el clítoris. Paró de repente y me dijo: “No puedo seguir, ya me hago pipí”.

A lo que yo contesté: “Oríname en la boca”. “¿Está seguro?”, me preguntó. “Síii, por favor”, le contesté.

Nunca había hecho algo así, era una experiencia completamente nueva para mí. Pero de esos labios que tanto placer me habían dado, se me antojaba y tragaba todo lo que salga de ahí.

Mientras levantaba una pierna, la puso sobre el jacuzzi para que quedara mi boca a su merced. Abrió sus labios con sus dedos y comenzó a orinarme en la boca.

Madre mía, qué delicia. Esa mujer me estaba meando la boca como marcando su territorio, como diciendo: este juguete es mío. Volteé a ver para arriba para ver su reacción.

Le vi la cara de placer absoluto mientras ella miraba cómo me escurría su orina entre mi boca hasta mi pecho. Tragaba lo que podía y el resto me escurría de la boca hasta mi pecho.

Nunca había probado algo así, era delicioso su sabor salado. La experiencia de sentirme dominado de esa manera, qué ricooo. Fue un chorro caliente, abundante y delicioso, me orinó como por 30 segundos.

Yo estaba excitadísimo. Luego, cuando terminó de orinar, me puso a limpiarle la vagina con mi lengua, aún sintiendo salir sus últimas gotas de pipí. Se la dejé limpita.

Ella bajó y se volvió a sentar sobre mi verga. Se movía delicioso y me empezó a besar. Aún tenía el sabor salado en mi boca, pero pareció no importarle.

Me pasaba toda la lengua por la boca mientras se cogía mi verga de una manera salvaje. Se penetraba durísimo y rápido. Agarró la copa de vino, le dio un trago y me dijo: “Abre la boca”.

Me la escupió en la boca mientras pasaba mi lengua por la suya y nos hundimos en un beso muy sucio. Yo no aguanté más y le dije que iba a acabar.

Empezó a cabalgarme cada vez más duro. Sus gemidos se hicieron más fuertes y acabé en un increíble orgasmo, soltando grandes chorros de semen en su interior. Ella sonrió.

Estábamos muertos los dos, despeinados, sudados, algo tomados y la habíamos pasado increíble. Pero faltaba poco más de una hora para que terminara la convención.

Entonces ella me dijo que bajara a escuchar lo último de la convención mientras ella se arreglaba, ya que no podía regresar así a su casa. Se quedó secándose el pelo.

Me acerqué a ella, lo cual me respondió con un prolongado y húmedo beso. Me retiré de la habitación.

Luego recibí un mensaje diciendo que la había pasado delicioso, que tenía la vagina hinchada de lo rico que la pasó, que seguía muy caliente y se había masturbado otra vez ya sin mí, pensando en lo sucedido.

Me mandó una foto de su vagina escurriendo. Me dijo: “Le hablo la otra semana”. Me bloqueó.

Ella ya no bajó a la convención, se terminó de arreglar y se fue a casa con su familia. Yo hice lo mismo con la mía. Ambos con una sonrisa pícara de oreja a oreja.

Sabiendo que seguramente se repetirá esta experiencia tan deliciosa.

Continuará…

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Dieguinixx
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