Crónica de un cornudo

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La separación de Silvia me había costado más de lo imaginado, y no piensen en mi bolsillo, fue un montón de dinero, aun lo sigue siendo, pero lo material solo es pasajero, el problema fue psíquico, esos daños que nunca se curan del todo.

Es que yo la amaba con todo mi corazón, y de pronto, llegaron sus infidelidades y la inevitable ruptura.

Y lo que era peor de todo, separarme de mi pequeño Brian, mi hijo.

Lo curioso de esta retorcida situación era la presencia de María, mi suegra, ella era una mujer bonachona, testigo de todo lo que sucedía entre nosotros y me quería como a un hijo

María tenía un dicho de su familia, algo así como que en toda pareja uno es ancla y otro barrilete, uno de los dos siempre será ancla, amarrado al suelo, inamovible, duro, rígido, el otro, siempre sería barrilete, unido por una fina piola al ancla a merced del viento y las inclemencias climáticas, y todo está bien cuando esa piola une ambos, pero cuando se corta, en fin, el ancla siempre será ancla, amarrada al piso, y el pobre barrilete, terminará perdido en cualquier sitio, en cualquier lugar, golpeado, destruido, abandonado.

Y en mi relación de pareja estaba claro que ella era ancla y yo barrilete, la vieja María siempre me lo decía y lo decía porque a su vez, ella también había sido el barrilete de su marido y sabía por experiencia propia el dolor que yo sentía.

El divorcio supuso miles de inconvenientes, Silvia tenía un nuevo hombre, y con eso rompía cualquier intento de mi parte por recuperarla, habían formado una nueva familia, se habían mudado lejos, y solo me llamaba para que yo le pasase dinero, no me permitía ver a Brian, hacía lo imposible por evitarlo y obviamente le llenaba la cabeza sobre lo ‘mal padre que yo era’.

Nunca entendí porqué lo hacía, porqué el odio desmedido hacia mi persona, tenía todo y más de lo que le correspondía, como puede ser que una mujer que compartió tu cama, que te dio un hijo, puede llegar a convertirse en tu peor enemigo

Y aunque pareciera mentira, María, mi suegra, era mi mejor aliada, cuando estaba a solas con el pequeño Brian, por el motivo que fuera, ella me llamaba y nos permitía estar juntos a escondidas, era nuestro secreto, abuela, padre, hijo, algo que por ley me correspondía tenía que ser algo clandestino

Y todo eso se fue al demonio cuando Silvia se enteró, porque las cosas tarde o temprano se saben, solo se peleó a muerte con su madre, la puso de mi lado, en la lista de sus enemigos, y solo me hice poco a poco a la idea de olvidar a mi pequeño amor

Anduve visitando a miles de psicólogos con mis penas a cuestas, miles de salidas que no me conducían a ningún sitio y solo hacía caso por tratar de hacer algo diferente

Me acercaba a los cuarenta y solo no tenía nada, había perdido mi empleo producto de mi depresión, nada me llenaba

Pero tenía que ganarme la vida, Mauro era otro de los compañeros de trabajo que habían quedado sin empleo, el tenía familia, tres hijos, y teníamos cierta amistad.

Me propuso aunar fuerzas, con su dinero y el mío, parte de nuestras indemnizaciones, podríamos comprarnos un coche a medias y trabajarlo como remisse, doce horas para mí, doce para el, gastos compartidos, ganancias separadas.

Así mi vida pareció encarrilarse un poco, trabajaba arriba de un auto, tenía un socio compañero amigo, todo en uno, vivía solo con mi perro y aun visitaba de tanto en tanto a María, mi ex suegra. También hacia algo de deporte, empujado por algún psicólogo de turno, sugerencia para mantener el cuerpo en condiciones y no estar pensando en Brian, ni en Silvia, ni en su nuevo hombre, ni en su nueva y perfecta familia

Salía día por medio a andar en bicicleta, a un velódromo municipal a pocas cuadras de casa, siempre en la rutina de dar varias vueltas para después tomar alguna bebida cola en un barcito del lugar, dejando que el sol de primavera acariciara mi rostro.

Y así conocería a Bruna, mi nuevo problema

La crucé un día en bici, y otro, y otro más, evidentemente teníamos gustos y horarios parecidos, ella siempre con unas calzas negras muy ajustadas que le marcaban un culo de otro planeta, y más montada en esa bici donde al afortunado asiento parecía perderse en su intimidad. Me gustaba mucho y podía pasarme todo el tiempo pedaleando discretamente por detrás, solo para llenarme la vista con su trasero, donde generalmente se perdía alguna minúscula tanga y su figura terminaba siendo la causal de mis más ricas masturbaciones

Yo no me animaba a encararla, tenía poco más de veinte, sonaría desubicado y solo cada tanto cambiaba alguna mirada o sonrisa, pero nada descabellado, esas situaciones de personas que solo frecuentan un mismo sitio

Uno de esos días, ella tuvo un inconveniente con una rueda desinflada, me ofrecí a ayudarla como caballero y para tener una oportunidad, pero ella me rechazó molesta, asumiendo una situación de machismo feminismo que lejos había sido mi intención

Solo me retiré y fui al bar maldiciéndola por dentro, pedí una gaseosa y traté de sacarla de mi cabeza

Poco después ella llegó a mi lado, más calma me pidió disculpas por portarse como una tonta, me dijo que se llamaba Bruna y se sentó a cerca para hacerme compañía mientras pedía un agua saborizada

Ella era una mujer difícil de describir, muy menudita, muy petisita, toda chiquitita, pero tenía un culo exasperantemente perfecto y exagerado, parecía no corresponder a ese cuerpo y tenía las cuervas más excitantes que yo hubiera visto. También me atraían sus largos y lacios cabellos que ella decoloraba a un rubio casi blanco

Lo cierto es que charlamos, cambiamos teléfonos, y nos mantuvimos chateando, en dos días me había regalado muchas de esas fotos sexis de redes sociales, en cuatro días me había regalado fotos suyas de páginas pornográficas y antes de una semana nos revolcábamos en mi cama, incluso le hice el culo sin el menor resquemor.

Las cosas con Bruna irían demasiado rápido, en dos meses se había metido a convivir en mi departamento, a los ocho me enteraba que nuevamente sería padre.

En este punto de la historia no sabía si realmente me había enamorado de ella o solo estaba de rodillas antes ese culo de otro mundo, y a su forma de ser en la cama, porque ella era un tornado insaciable, siempre estaba caliente, siempre estaba deseosa, siempre estaba dispuesta y más de una vez era yo quien pedía una pausa, doblarla en edad ya era un problema

Pero de lo que, si estaba seguro, es que recordando las palabras de mí ya fallecida ex suegra, me había conseguido una nueva ancla, porque yo siempre sería barrilete, y fuera amor, fuera adicción, fuera lo que fuera, me sentía amarrado a esa petisa que me haría padre por segunda vez

Sería un tanto largo y escabroso narrar los siguientes cinco años de convivencia, tal vez los mejores en el plano sexual, pero no tan buenos porque en ese tiempo se iba gestando lo que llegaría a un desenlace de cornudo asumido, y por segunda vez en mi vida, el que me engañaran parecía ser mi marca registrada

Que Bruna era una máquina con admirable apetito sexual, era indudable, y que yo no podía llenar sus zapatos, tampoco, y que solía vestir y verse demasiado provocativa, tampoco lo niego, pero que me hiciera cornudo para enfriar su vagina, era otra cosa.

Y siempre fui un tipo bueno, creído, confiado, ella era mi mujer, mi amor, y Mauro era mi amigo, mi socio, y un tipo casado, con familia, como pensar algo inusual al respecto?

Y nunca pude notar sus miradas, sus gestos, sus charlas, como esperar que quien menos lo esperas te clave un puñal por la espalda?

Pero en verdad, en cada encuentro casual cuando nos pasábamos el coche entre turno y turno, o en cada reunión que hacíamos, ella, él su esposa, nuestros hijos y yo, en cada momento, la traición solo se iba gestando

La vieja porota, como la conocían en el barrio fue la primera en advertirme, esa vieja chusma que está siempre en la puerta, la que sabía todo sobre todos, la que traía y llevaba chimentos, una mañana al azar, nos cruzamos, nos saludamos y me dijo algo así como

Jorge, como está? mire, yo no quiero ser indiscreta, pero ese amigo suyo, ese tal Mauro, es muy de su confianza?

Yo no atiné a la intención de su pregunta, entonces siguió para clavarme la lengua como una daga filosa

No, preguntaba, porque muchas veces cuando usted no está suele venir por su casa, solo por eso…

Nuevamente no le di crédito, esa vieja chusma, mi amigo, mi mujer, imposible, pero mis antecedentes de cornudo me hicieron encender una lucecita de intriga, y poco a poco empecé a esta más atento a los pequeños detalles, de un lado, de otro, preguntas, palabras, gestos, solo pequeñeces que me pusieron en alerta

Traté sin éxito de validar los dichos de mi vecina, y cada vez que salía a la calle y ella estaba barriendo la vereda, me saludaba con una sonrisa, pero con su mirada me hacía sentir el tipo más cornudo y miserable del mundo

Una tarde en la que Bruna no estaba en casa, me decidí a instalar un sistema de cámara oculta en nuestro propio dormitorio, al fin de cuentas era la forma en que me ganaba la vida cuando tenía mi empleo en los días de mi primer matrimonio

Se me revolvían las tripas, espiar a mi propia esposa, tenía que quedar todo demasiado perfecto, de haberse enterado Bruna jamás me lo hubiera perdonado, pero al final de cuentas, la trampa estaba tendida, y la presa rondando

Pasó un día, otro, y otro más, me dedicaba a ver horas y horas de filmaciones en cámara rápida, solo Bruna, un cuarto vacío la mayoría del tiempo, pero nada me hacía ver lo que mi vecina decía, lo mejor era ver cada tanto a mi esposa en ropa interior o desnuda, antes o después de una ducha, lo miraba con gracia

Lo mejor, fue descubrir que cada tanto ella se masturbaba sobre nuestra cama, la veía tocarse, la sentía gemir, jamás lo hubiera imaginado, pero era muy rico descubrir como ella lo hacía en mi ausencia, como se metía los dedos y como movía su culito, pero claro, ese sería mi pesado secreto, nada podía decirle, ni siquiera ella podría imaginar que generalmente yo me masturbaba viendo como ella lo hacía

Todo parecía estar bien, los fantasmas empezaban a desaparecer, y entendí que, si mi amigo me metía los cuernos, al menos no sería en mi cama, y comencé a mirar a la vieja chusma con una sonrisa sobradora, un poco dejándole saber que sus palabras me las pasaba por el culo

Pero nuevamente me asumiría como un barrilete atado a su ancla…

La filmación del once de noviembre marcaría un antes y un después, si bien la habitación estaba vacía, podía captarse el audio del otro ambiente, donde mi mujer discutía acaloradamente con alguien, la voz de Mauro era inconfundible, ella quería cortar con algo, que no había retorno, pero el parecía obstinado en continuar, no estaba muy en claro el motivo de la discusión, pero se notaba ajetreada.

Bruna entró en escena, parecía estar escapando, y él por detrás, la tomó por un brazo, la giró y la besó casi a la fuerza, ella lo apartó, y lo empujó, él volvió para apretarla con más fuerza, para meterle sus manos por el culo, ella trató de zafarse, pero él obviamente tenía más fuerza

Le dijo que no estaba dispuesto a perderla, ella le respondió que ya era suficiente, él le dijo que no podría vivir sin ella, y que era una maldita puta que no dudaba en meterme los cuernos, ella bufaba y le decía que no, que ya no, que la dejara en paz, él retrucó diciéndole que se la cogería ahí mismo, en nuestro cuarto, como a ella le gustaba que se la cogiera, ella volvió a negarse, menos en el cuarto matrimonial, ahí no

Comprendí lo que pasaba, la vieja chusma tenía razón, me metían los cuernos, solo que ella quería parar, y él quería seguir

Mientras forcejeaban, Mauro le decía muchas cosas sucias, que era una puta, una perra perdida por su pija, y que por ella él también se jugaba entero perder a su familia, Bruna solo parecía mantenerse en una discusión que no quería mantener solo porque no tenía donde ir, y porque físicamente no podía apartarlo

Mauro quiso besarla una y otra vez, pero ella lo maldecía y una y otra vez le quitaba el rostro, entonces metió mano en su bragueta y sacó su pija dura y lustrosa, y contra la voluntad de mi mujer, la obligó a sentarse sobre la cama, para luego metérsela hasta hacerla callar, ella intentó seguir resistiéndose, pero poco a poco pareció ceder y en unos segundos se la estaba chupando en silencio, engolosinada, sin decir palabras

La situación se tornó dolorosa, sentí un nudo en mi garganta, recordé esos bebes pequeños que lloran desencajados hasta que sus padres le meten un biberón en la boca y empiezan a succionar esas tetinas con desesperación, como si se les fuera la vida en ese placer nato de alimentación, pues bien, así pareció actuar Bruna cuando el le metió la pija en la boca, de pronto la tempestad del infierno pasó al placer del paraíso, en un abrir y cerrar de ojos y solo llegaba a mis oídos el ruido constante de su boca succionando

Ella se paró, lo bofeteó con ganas, me sorprendió, le dijo

Hijo de puta, siempre te salís con la tuya, son su maldito, cogeme, quiero que me cojas, quiero tu pija

Se desnudaron son rapidez, con locura, sin importar nada, él la giró con fuerzas y le empinó el enorme culo hacia su lado, se lo sobó con ganas, se acomodó y embistió como una locomotora clavándosela profundo, arrancándole un gemido descontrolado y haciéndola parar en puntas de pies, solo empezó a moverse en su interior, mientras le acariciaba por delante los pequeños pechos y le decía al oído todo lo puta que era, Bruna giraba su cabeza buscando juntar sus labios con los de su amante, luego él la empujo con fuerzas sobre el colchón y ella calló desparramada, y antes que pudiera reaccionar él ya la había tomado por los tobillos y pantorrillas y la había arrastrado nuevamente hacia a su lado, la puso en cuatro a la fuerza y se quedó observando el trasero que tenía ante sus ojos, le golpeó con su pija dura en los glúteos un par de veces para luego escupir un par de veces

El ángulo no me permitía ver puesto que estaba casi de frente a la lente, pero fue evidente que él se la quiso meter por el culo, Bruna recriminó

Pará hijo de puta! otra vez por el culo! siempre lo mismo con vos!

El respondió con un par de nalgadas como demostrando quien era el macho, y mientras el rostro de mi mujer dejaba saber que efectivamente la estaba penetrando por detrás, él respondió

Dale sucia… si te gusta que te rompa bien el culo, acaso cuantas veces me lo dijiste? como era eso que a tu amante le dabas lo que a tu marino no?

Ah! diablos, como dolía escuchar eso, Bruna se excitaba con toda esa perversidad de lo prohibido, de los golpes, de las palabras sucias, de la sumisión, de un amante, y yo solo parecía morirme, al ver como ella poco a poco volvía a entregarse y recostaba su rostro sobre el colchón para hacer la penetración más y más profunda

El la tenía por las caderas y le decia

Te gusta cómo te rompo el culo putita? dale! dale! movelo, movelo que me encanta que me la comas toda hasta el tronco, decime lo que me gusta!

Ella respondió entonces

Hijo de puta! dale! dale! no pares! rompémelo todo, dejámelo todo abierto para que tenga que darle explicaciones a mi marido, eso me calienta, ser tu puta

Desde el ángulo desde donde estaba la cámara no podía ver como él le rompía el culo sin piedad, pero sin dudas su rostro de puta complacida quedaba expuesto, y solo me retorcía viendo como mi socio le hacía lo que quería hacerle

El siguió y lo noté acabar, mientras ella lo provocaba y le decía que era más mujer que su esposa, que ella era bien puta y le cumplía todos los deseos, incluso entregarle el culo

Bruna cambió de posición, se recostó con sus piernas abiertas y casi que llevó a su amante entre las mismas, en un eterno sexo oral que terminaría con un orgasmo que lastimaría mis oídos.

No miré más, no quise, para qué? tal vez solo para seguir lastimándome y sentir que la fina piola que unía al barrilete estaba a punto de soltarse.

Hoy se cumplen nueve meses desde que vi esa filmación, nueve meses en los que ocurrieron muchas cosas

Mauro y yo ya no somos socios, obviamente, tuve una charla a solas con él, muy subida de tono, nunca le dije como me había enterado, pero se suponía que éramos amigos, que éramos familia y su proceder fue un puñal por la espalda. Le di unos pesos para quedarme con el coche, y ya, le dije que nunca más quería saber nada de él, de su familia, y le juré que si me enteraba que si seguía jugando con mi mujer lo mataría, le juré por Dios que lo haría, y hasta donde se, soné convincente, pues ya es pasado.

Me queda el consuelo de saber que su esposa también le metió los cuernos, ella sabía, no era tonta y le pagó con la misma moneda, desconozco si supo lo de Bruna o si fue alguna otra. Tengo alguna información de que se han divorciado y que ella le hace su vida un calvario

Por mi lado, mi reacción con Bruna, no podía solo cortar la piola, ella era ancla, yo solo un barrilete, y con indirectas cada vez más punzantes traté de hacerla confesar, una y otra vez, ante sus negativas, me mentía en la cara y yo era demasiado directo con detalles, hasta que no pudo ocultarlo, primero me dijo que era solo una intención y que entre ella y Mauro jamás había ocurrido nada, situación que me revolvía las tripas

Seguí punzando, más y más, hasta que me reconoció de solo un par de veces, hasta que terminó confesando de que eran amantes y solo ahí pude dormir tranquilo, cuando saltó todo el pus de la infección que estaba matando mi matrimonio

La perdoné con su promesa de no volver a engañarme y como puedo llevo mi vida adelante, me es fiel?, me engaña? quien sabe, lo hizo una vez, pude volver a hacerlo

Estamos en una tarde de parque en familia, estoy sentado sobre una manta en el verde césped rodeado por otras familias, observo a la distancia, mi pequeña hija y mi mujer juegan a remontar un barrilete, peleando con un fuerte viento que amenaza arrancarlo de sus inocentes manecitas, miro al cielo, la cola del cometa viborea de lado a lado, está sufriendo, y solo se defiende como puede, en cualquier momento se corta la cuerda y adiós, como mi vida, siempre seré barrilete

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