Como me convirtieron en putita personal parte final

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Alejandra estaría bien encabronada, pero pensé en cómo contentarla. Y así me acosté.

Pues amaneció el lunes, y en la escuela ya me estaba esperando Ale, bien encabronada. Y me dijo: «Qué bien, yo metiéndome una verga de plástico, y tú metiéndote una verga de verdad, grande y rica. Sí, espero que te haya cogido bien y que vengas lleno de mecos en tu culito, y que te lo haya lastimado. ¿Eh? ¿Sí te dolió que te metieran la verga? Anda, responde. ¿O vienes con una sonrisita llena de mecos en tu boca?». Y le dije: «Amor, perdóname, sí, por favor. Es que tú sabes cómo me hizo adicto a su verga a lo largo de dos años, me estuvo metiendo la verga todos los días. No faltaba ni un solo día que no me metiera la verga bien rico. Así me acostumbró tanto que no podía vivir sin sentir su verga en mi culo y sus mecos dentro de mi culito. Algo rico», le dije. «Así que aproveché esta oportunidad, perdóname, amor. ¿Qué hago para que me perdones?». Y me dijo: «Llévame de compras ahorita». Y le dije: «Nos vamos a echar la pinta todo el día». Y me dijo: «Sssíii, ahora me toca a mí disfrutar de tu verga. Vamos al sex shop, ahí quiero ir primero, ¿sí?». Y fuimos para el carro, le abrí la puerta y se subió. Sí que estaba molesta. Me dijo: «Sí, ándale, putita, ya sube». Y le dije: «Ale, bájale dos rayitas a tu chocomilk. Sí, sí fui la putita del profe, pero ya no». Y me dijo: «Ay, sí, pues ya vienes bien cogido y lleno de mecos. Tú sí disfrutaste que te dieran tus cogidas, y yo en la casa, nada más pelándome la panocha».

Y arranqué el carro, y le dije: «¿Qué quieres comprar en el sex shop?». Y me dijo: «A ver si venden muñecos de plástico». «Sí, ahí me vas a comprar uno, y con una verga grande». Y le dije: «Ay, no mames, Ale, esas madres cuestan un billete». Y me dijo: «Y qué, lo quiero». Y le dije: «Pues a ver si tienen».

Y llegamos a la tienda de sexo y nos metimos, y nos atendió una chava que estaba bien rica. Traía minifalda, y nos dijo: «Buenos días, ¿en qué les puedo ayudar?». Yo me quedé viéndola de arriba abajo; estaba bien rica. Estaba delgada y tenía sus nalguitas bien paraditas y unas tetitas bien ricas y duritas, porque caminaba y se veía cómo rebotaban bien rico. Y Ale me dio un madrazo. Me dijo: «Ándale, ya te vi, cabrón, síguele. Y agarro a cualquier pendejo que se me atraviese, y me lo cojo delante de ti». Y le dije: «Ya toxi». Y le iba a preguntar yo a la chica, pero me interrumpió Ale. Y le dijo a la chava: «¿Tienen muñecos hombres de plástico, tamaño real?». Y la chica dijo: «¿Qué crees? Solo tenemos mujeres, tamaño real. Las pueden coger por su puchita y por su culito», nos dijo. Y le dije: «Ya ves, amor, no hay». Y la chica dijo: «Les puedo mostrar otra cosa». Y Ale le dijo: «Sí, mira, quiero algo para cogerme a este putito, para que no ande de culo suelto». Y la chica dijo: «¿Quéee?». Y Ale dijo: «Sí, pues, como verás, no estás para saberlo ni yo para platicarte. Yo le dije: ‘Ale, no vayas a hablar'». Y me dijo: «Cállate, putita». Y la chica estaba con la mirada de sorpresa, no estaba entendiendo nada. Pensó que era una broma, pero Ale le dijo: «Pues mira, este cabrón, desde el viernes que no lo veo. ¿Sabes dónde estaba?». Y la chica dijo: «No lo sé, ¿dónde?». Y Ale le dijo: «Estaba con su profe de deportes en su casa, mamándole la verga y dejándose coger, y llenándose su culito de mecos». Y la chica, más asombrada, sin entender si estaba oyendo eso, y que yo se lo confirmara. Y con voz temblorosa, le dijo: «Pues no creo, pero allá ustedes. Pues si te lo quieres coger tú, tengo un arnés para que te lo pongas, y tiene un pene de silicón, vibra y se contrae. Trae otros dos penes por la parte de adentro, para que te los metas en tu puchita y en tu culito. Todos vibran y se contraen». Y Ale dijo: «A ver, muéstramelo». Y la chica dijo: «Síganme». Y fuimos a una estantería que estaba al fondo de la tienda. Y la chica se inclinó para sacar el arnés de la estantería que estaba abajo. Y cuando se agachó, yo estaba detrás de ella, y la faldita se le subió hasta media nalga, y traía tanguita blanca. Se le vieron bien ricas sus nalguitas güeritas, y se veía su culito salirse de la tanga. Se le veían dos medias lunas de su culito saliendo por los lados de su tanguita. Y yo, que estaba viendo eso, se me paró la verga. Y se me veía, pues se veía un chipote en mi pantalón. Y se quedó así empinada un momento, mostrándome su colita rica, y me llegaba un olor a flujo vaginal muy rico y provocativo, que se me paró más la verga.

Y Ale se me quedó viendo, y me dijo: «Sí, cabrón, pues ya nada más dile que si te deja meterle la verga, cabrón». Y le dije: «Ale, por favor». Y la chica se levantó rápido, y ni siquiera se acomodó la falda; se la dejó así, a media nalga. Tenía unas nalguitas bien hechas, pa’ acá, jejeje. Y la chica dijo: «¿Qué pasó?». Y le dijo Ale: «Mira, ya te vi. Andas urgida de verga, y pues esa verga es mía. Así que métete un dildo, eeee». Y la chica dijo: «¿Pero qué dices?». Y Ale le dijo: «No te hagas mensa, hay sí, muy empinada, enseñando todo el culo». Y la chica dijo: «Ay, perdón, pero para mí es normal andar así». Y sacó el arnés de la caja, y empezó a explicarle a Ale: «Mira, aquí están los tres penes de silicón, y aquí van las baterías». Y Ale le dijo: «Pero, ¿cómo carajos se pone eso?». Y la chica agarró dos penes y le dijo: «Mira, uno es para que te lo pongas en tu culito, el otro es para tu panochita, y el otro es el que se pone al frente, para que te lo cojas». Y Ale: «Pero no entiendo, ¿cómo es que van?». Y la chica dijo: «¿Quieres que te muestre cómo va?». Y Ale dijo: «Sí, me haces el favor». Y la chica dijo: «Espera», y fue a otro anaquel y agarró un frasco de gel, y regresó. Y dijo: «También van a necesitar gel, para que resbale». Y Ale dijo: «No, así, para que sienta de verdad lo que es una verga». Y la chica nada más se rio jejeje, y le dijo: «Pues mira, primero le pones las pilas a los penes». Y después: «Escoges cuál te vas a meter en tu culito». Y la chica agarró un pene, abrió el gel y le puso al pene de silicón. Y como no podía soltarlo, se lo puso en su boca. Y se agarró su minifalda y se la terminó de subir, y descubrió por completo esas nalguitas ricas. Se quitó la tanga, y yo no perdía detalle de nada. Y la chica me dio la tanguita para que se la agarrara, y la tomé. Y sin que me viera Ale, porque estaba muy atenta viendo, agarré la tanguita y la olí, y olía a sexo rico. Y Ale estaba con cara de sorpresa, pues la chica estaba desnuda de su culito. Y la chica se puso gel en su culito, y le dijo a Ale: «Mira, este va en tu culito». Se empinó y se metió el pene en su culito, y le resbaló toda hasta adentro. Y la chica dijo: «Uy, está frío», jeje. Y le dijo: «Y agarras otro, le pones gel». Y le puso gel, y le dijo: «Este va en tu puchita». Levantó el pie y lo puso en una banquita que había ahí, y se metió el otro pene en su panochita. Y por poco y se le sale el que traía en su culito. Y me dijo: «Ayúdame, méteme el pene». Mientras agarro el otro. Y Ale me volteó a ver, y me dijo: «Nada más, y te la corto». Y la chica: «Ándale, no pasa nada, ¿qué se hace? ¿Con qué? ¿Me meta el pene de silicón? No es el de él». Y agarré el pene y se lo empecé a empujar en su panochita, y se lo metí todo. Esos penes tenían como un largo de 17 o 18 cm, y estaban bien gruesos, bien ricos.

Y terminé de meterle el pene a la chica. Y dijo: «Ahora, ponme el arnés». Que era como un calzón de cuero que sostenía los dos penes cuando lo subías. Y en todo el traqueteo, le agarré dos o tres veces su culito y su panochita. Y ya que tuvo el arnés puesto, la chica agarró el último y le puso gel, y lo puso en el arnés. Y Ale preguntó: «¿Y cómo los prendes?». Y la chica le dijo que con una app del celular los controlaba. Y la chica dijo: «Y así se la metes a tu novio». Y Ale, de burla, dijo: «Pero, ¿cómo? Yo quiero ver». Y la chica dijo: «Sí, bueno, me dejas que se la meta a tu novio». Y Ale dijo: «Ya que». Y la chica, sin decir nada, Ale me echó una mirada como diciendo: «Ándale, que te la meta». Y la chica me desabrochó el pantalón y me bajó el boxer, y vio que tenía la verga bien parada. Y Ale se me quedó viendo y nada más movió la cabeza. Y la chica me vio la verga y dijo: «Ándale, ¿y a esta qué pulga le picó?». Y me terminó de quitar el pantalón y el boxer. Me dijo: «Voltea te y agáchate en el banco». Me dijo: «Mira, ponte de perrito». Y me agaché en la banquita, empinado. Y la chica se agachó y me dio una mamada en mi culito. Y Ale le dijo: «¿Es necesario que se lo chupes?». Y la chica dijo: «Es que tiene que estar excitado, para que le entre más fácil». Y Ale dijo: «Mmm, sí, ¿cómo no?». Y la chica siguió mamándome el culito. Se levantó y me puso gel en mi culito, y me dijo: «A ver si no te lastimo». Y Ale le dijo: «No te apures, viene bien cogido, ya ni la va a sentir». Y la chica dijo: «Mm, sí, sabe tu culito mucho a mecos». Y Ale le dijo: «¿Ves? Viene bien cogido». Y la chica agarró el pene, me lo pasó por en medio de mis piernas. Ese pene sí estaba grande, y me empezaron a temblar las piernitas. Y después la chica me lo puso en mi culito, la puntita, y lo empezó a empujar. Y se empezó a resbalar poco a poco, y lo empujó todo hasta adentro. Y me dijo la chica: «Oye, ¿te entró todo el pene?». Lo remolino para que se acomodara, y lo dejó allí, hasta adentro. Y le dijo a Ale: «Así es cómo tienes que ponértelo». Y Ale le dijo: «Pero quiero que te lo cojas, ya la tiene adentro». Y la chica le dijo: «Pásame mi cel, para prender los penes». Y Ale se lo pasó.

Ella abrió la aplicación, y estaban numerados del uno al tres. Y empezó con el uno, era el de su culito, y lo prendió. Y nada más echó un gran suspiro, y le dijo a Ale: «Se siente bien rico». Y prendió el número dos, era el de su puchita, y dijo: «No mames, se siente más rico los dos». Y luego prendió el tres, que era el que tenía adentro de mi culito. Y al prenderlo, sentí: «Puta madre, súper rico», pues sentía cómo vibraba y se metía y salía solo. La chica dijo: «Ni ocupas moverte, solo se mueven». Y Ale la agarró de la cintura a la chica, y dijo: «No, métesela y sácasela, quiero que te lo cojas bien. Ya la tiene adentro». Y en eso estábamos, cuando entró una clienta. Y la chica le dijo: «Ahorita la atiendo, sí, estoy mostrando cómo se usa un aparato». Y la clienta dijo: «Haaa, ¿y puedo ver?». Y la chica dijo: «Claro, venga». Y se acercó, y cuando dio la vuelta y vio a la chica atrás de mí, desnuda, y yo también, se quedó sorprendida. Y dijo: «Pero, ¿qué están haciendo?». Y Ale le respondió: «Se lo están cogiendo, por puto». Y la señora dijo: «Pero, ¿cómo?». Y Ale le dijo a la chica: «Métesela». Y la chica empezó a bombearme bien rico, me la metía y sacaba. Yo nada más pujaba de ricura. La neta, ese arnés es otra cosa, se siente bien rico. Y la clienta me preguntó: «¿Y te duele?». Y Ale le dijo: «No, ¿cómo cree? Ya está acostumbrado a que se lo cojan». Y la clienta dijo: «Pero, ¿cómo?». Y la chica siguió metiéndola y sacándola. Me agarró de mi cintura y se quedó quieta, y gritó: «Hhaaaaa, ya me vine».

Y se orinó allí. Y la chica me agarró la verga, y al sentir su mano, me vine también, a chorros por mi verga y por mi culito. Y la chica me sacó el pene poco a poco, hasta que quedó todo fuera. Y se agachó frente a mí y me dio unas chupadas, y se tragó mis mecos todos. Y la clienta dijo: «Está muy bien ese aparato, quiero uno para cogerme a mi marido. Pero quiero que vayan a mi casa y nos enseñen a usarlo». Y la chica de la tienda le dijo: «Ay, qué pena, pero ellos también son clientes». Y la clienta nos dijo: «Si lo hacen, y van todos, yo les pago lo que quieran, y les pago por la exhibición». Y nos volteamos a ver todos, y solo arqueamos los hombros. Y la clienta dijo: «¿Sí?». Y dijimos: «Sssíii, claro que sí». Y la clienta dijo: «Ok, les dejo mi dirección para que lleven lo que se necesita, y les dejo abierta mi tarjeta para que se compren lo que quieran, ¿sale?». Y le dijimos: «Ok». Nos dijo: «Pero sí van». Y le dije: «Sí, si quiere le doy mi número». Y me dijo: «Está bien». Y se lo di. Entonces la chica le dijo a Ale: «¿Si viste?». Y dijo: «Sí, no hay bronca, los vamos a hacer otra vez en la casa de la clienta».

Y la chica me dijo: «Ahora quítame el arnés». Y me puse atrás de ella, y se lo empecé a desabrochar. Y le empecé a sacar el pene del culo. Se lo saqué despacito, hasta que salió todo. Y la chica los apagó, porque vibraban mucho. Y luego le saqué el de su puchita. Y Ale estaba viendo otros productos. Y lo agarré y me lo metí en mi boca, y lo chupé. Sabía delicioso a panochita rica. Y la chica me hizo una seña, y se empinó enfrente de mí. Y le lamí su panochita y su culito bien rico. Y me paré rápido, y la chica me dijo: «Para que no te quedes con las ganas de probarme». Y le dije: «Estás bien rica, y sabe de lujo tu panochita». Me chupé todo los labios. Agarré unas toallitas húmedas y le limpié su culito y su panochita. Y Ale regresó y dijo: «Oye, amiga, ¿sabes qué? Yo también voy a querer que me enseñes otra vez cómo se usa, pero en el motel. Pero no tenemos para pagarte, ¿cómo ves?». Y la chica: «No te apures, con gusto te enseño las veces que quieras, con tal de tener cerca esa rica verga. A ver si un día se hace que me la meta a mí también, muero por probarla dentro de mi culo y mi panochita». «Ya se hará», dijo. Y Ale dijo: «¿Neta quieres probar de esta verga? Que es solo para mí». Y la chica dijo: «Ay, amiga, no seas gachita, y déjame probar tantito». Y Ale dijo: «Solo por que vas a ir a enseñarme otra vez, te comparto de mi putita, jejeje». Y la chica dijo: «Sí, ¿por qué no?».

Me hicieron una buena venta, y la chica dijo: «¿Y qué más van a querer? Tienen crédito abierto». Y Ale ya había escogido dos o tres cosas más. Y le ayudé a la chica a vestirse, le puse su tanguita. Y le di un rico beso en su puchita otra vez. La chica me agarró la cabeza y me empujó hacia ella. Le besé y le lamí su rico líquido de su panochita. Le subí su tanga y le puse su falda. Y la chica me preguntó: «¿Apoco sí te gusta la verga?». Y le dije: «No, eso era antes, solo fue un tiempo que me estuvieron metiendo la verga diario, dos o tres veces, y los fines de semana eran todo el día. Y todos los tres días empezaba desde el viernes en la noche, y así seguía toda la noche, y amanecía con la verga metida en mi culito. Pues en ese momento todavía no conocía a esta putita loca desquiciada». Y me dijo: «Pues te la metí toda, y está grande, y se te fue toda». Y yo le dije: «No es por presumir, pero la verga de mi profe medía 22 cm, y estaba bien gruesa. Y pues, como te digo, fueron dos años que me metieron esa rica verga». Y me dijo: «Pero, ¿ella qué dijo?». Y le dije: «Nada, cuando la conocí en una de las fiestas de la universidad, ella estaba cogiendo con uno y con otro. Así se aventó varias cogidas. Y yo, casualmente, me la encontré empinada, se estaba subiendo los calzones y el pantalón. Y como yo la encontré así, con el culito pelón, pues pa’ pronto la agarré de su cintura, me saqué la verga y se la metí. Y ella no dijo nada, solo se quedó quieta. Me dio dos o tres apretones de puchita bien ricos. No sé por qué, si era bien putita, tenía la panochita bien apretadita. Y ella me dijo que porque hacía ejercicio. Y bueno, terminé dentro de ella, y me dijo: ‘¿Qué haces, cabrón?’. Y le dije: ‘Nada, te metí la verga y te eché los mecos dentro’. Y me dijo: ‘No, wey, todos terminan afuera de mí, o se ponen condón.

A ver, y si salgo panzona, ¿qué voy a hacer? No sé quién eres, no te conozco’. Y le dije: ‘Mira, niña, yo tampoco te conozco, pero si salieras panzona, yo me haría cargo del niño o niña, lo que tuvieras. Yo no soy ningún cobarde’. Y para que me conozcas, me llamo Luis, y estoy en la carrera de arquitectura». Ella estaba apenas en segundo de prepa. Y así me presenté. Y me dijo: «Ayúdame». Y le empecé a subir sus calzoncitos. Y como yo estaba detrás de ella, le di una lamida a su culito y a su panochita. Y le dije: «Andas bien mequeada». Y me dijo: «Pos son tuyos». Y le di una última lamida, y le subí sus calzoncitos y su pantalón. Se levantó, me miró de frente, y me agarró mi pene. Y me dijo: «Mucho gusto, yo me llamo Alejandra, pero para ti soy tu putita. Desde ahora quiero que seas mi viejo, quiero que seas mi novio, ¿quieres?». Y se me declaró ella. Y le dije: «Haaayyy, déjame pensarlo». Me puse muy nervioso, jejejeje. Y me dijo: «No seas mamón, cabrón». Y le dije: «Por que así le hacen ustedes cuando se los pedimos, ¿o no?». Y me dijo: «No, yo no. A mí nunca me han dicho eso, soy siempre yo la que me declaro a mis novios. Pero no aguantan cuando descubren que me encanta mucho la verga, pero mucho la verga. Pero desde ahora solo voy a ser tu putita personal, y solo para ti, ¿sale, Luis?». Y yo le dije: «Acepto». «Hasta que la verga no se pare», jejeje. Y Ale me dijo: «¿Cómo que eres medio mamoncito? Y eso me agrada». Le dije: «No, ¿cómo crees? Pero ponme tu puchita, y entonces sí te doy unas buenas mamadas, para que veas entonces que sí soy bien mamón», jejeje.

Y así conocí a esta putita loquita desquiciada. Y ya tenemos dos años, y todo muy rico. Cogemos en todos los lugares que estamos. Y la chica me dijo: «Pero bueno, es tu culo», jejeje. Y le dije: «Y mi putita está bien encabronada por eso, y por eso quiere comprar el arnés. Que si me habían metido la verga todo el fin de semana». Y la chica dijo: «¿Neta?». Y le dije: «Sí, ¿por qué lo voy a negar? Pero me gusta más meterle la verga a mi novia». Y le dije: «Entonces, ¿a qué hora pasamos por ti?». Y me dijo: «Como a las 7, ya cierro a esa hora». «Está bien», le dije. «Ok, dame tu número para marcarte cuando vengamos». Y me dio su número. Nos despedimos, y me agarró mi pene enfrente a Ale. Y me dijo: «Espero que me cojas un día». Y Ale dijo: «Sí, sí, ya, par de tortolitos, después se cogen. Ya vámonos, putita». Y le dije: «Los zelotes son de a cinco», jejeje.

Déjenme les cuento quién es Alejandra. Bueno, pues como saben, ella es mi putita personal. Pues nada más le dan ganas de coger a la hora que sea. Ya sea que esté con ella y cogemos al momento, nada de: «Ámanos al motel». No, donde te dan las ganas, pos allí mero. No hay bronca, si hay gente, bueno, nos tapamos un poco, y zas. Y si no estoy con ella, me llama y me dice: «Estoy como rosa en el desierto». Y yo, la primera vez, le dije: «¿Cómo así?». Y me dijo: «Pues mi panochita se está secando, y quiero que me la riegues con tu manguera». Y esa es nuestra clave para ir a coger. Pues les decía, ella es de una familia de dinero, pero ella ha sido siempre muy rebelde. Tiene tres hermanos mayores que ella, que nada más la andan cuidando. Pero ya que le cuidan, jejeje, ha sido mi putita dos años, y está bien cogida por mí. Y pues por varios de antes de conocerla. Bueno, así es ella. Ella nada más está en la escuela por mí, porque dice que no quiere que me acostumbre otra vez a la verga de alguien. Y bueno, así es mi putita. Tiene dinero, pero ella siempre anda con el perfil bajo, igual que yo. Y ella me platicó que un primo de ella le quitó, bueno, se la cogió por primera vez cuando ella entró a la prepa. Y desde ahí se cogía a cuánto cabrón se le atravesaba. Y también a todo el que se la atravesaba, jejeje.

Cuando yo le platiqué cómo descubrí el sexo, bueno, cuando me abrieron el culo para meterme esa rica verga durante dos años seguidos, y llenarme de mecos mi culito, pues era lo único que sabía. No conocía lo que se sentía meterle la verga en una panochita, ni probar su rico sabor, hasta que después de un año que ya no vi al profe, conocí a mi putita Ale. Y ella me decía que le platicara cómo me cogía el profe, y se ponía bien cachonda. Y le metía la verga bien rico, igual que me la metían a mí. Y ella no me dijo más que: «Mira, Luis, lo que descubriste del sexo fue algo que ya pasó. Y bueno, tú querías probar la verga, y así se te dio, la probaste. Y decidiste: mejor una panochita que una verga. Así que aquí me tienes, soy tu putita, y me puedes meter la verga como quieras, y las veces que quieras, y en donde quieras». Y me dijo: «Mira, no soy nadie para juzgarte por lo que hiciste, es tu vida, y tú sabrás qué hacer». Y así me gustó mucho más mi pinche putita, porque me aceptó tal y cual era, y lo que había hecho. No me ha reprochado nada, me acepta así, tal y cual soy. Pues esa es mi putita. Le digo así de cariño, y ella también me dice así. Y la verdad, no lo decimos de forma hiriente, lo decimos con amor y cariño.

Y les platico de la chica de la tienda. Era una mujer delgada, pelo negro, y como hacía ejercicio, tenía unas nalguitas paraditas y duritas, y unas tetitas chicas y redonditas, bien duritas. A pues ella tenía 30 años, y estuvo casada con un señor muy rico, con empresas muy grandes en la ciudad. Y por desgracia, el señor tuvo un accidente en su carro y falleció. Y le dejó todo su patrimonio a la chica, y también su fortuna, que eran varios melones de varo. Y ella dijo: «¿Qué voy a hacer sin mi viejo?». Y estuvo muy deprimida un tiempo. Y ella dijo: «Que se agüiten los feos, porque esta belleza va a brillar». Y puso a un administrador para que llevara las empresas de su difunto marido. Y dijo: «Con el dinero, pondré una tienda de instrumentos sexuales». Y así las puso, pues tenía ya varias sucursales en la ciudad. Y la idea de enseñarles a los clientes cómo funcionaban los productos, y líquidos con pelos y mecos, nació de una vez que entró una pareja de chavos y querían un dildo vibrador. Y como eran nuevos en el arte del sexo, ella empezó a explicarles. Y saltó la pregunta obligada: «Pero, ¿cómo? No entiendo». Y como ese día la chica de la tienda traía una putifalda, les preguntó que si podía mostrárselos en vivo. Y los jóvenes dijeron: «¿Cómo?». Y ella les dijo: «Si yo se los voy a enseñar haciéndolo en mi cuerpo, ¿están de acuerdo?». Y los jóvenes pensaron: «Mmm, a no, no se va a atrever». Y le dijeron: «Claro, a ver». Y la chica se acercó a un gel, y les dijo: «También van a necesitar esto, para que resbale». Y la chica se levantó la putifalda; pues estaba muy chiquita, no le tapaba nada, se le veían medios cachetes de fuera. Y bueno, se la levantó y se bajó la tanga. Y los chavos se quedaron de a seis, pues estaban viendo enfrente de ellos cómo se desnudaba, adentro de la tienda. Y con más clientes que estaban viendo otras cosas, se empezaron a acercar para ver el show. Y ella les dijo a todos: «Les mostraré cómo se usan los dildos vibradores». Y les dijo a los clientes: «Acérquense, para que aprendan». Y así se acercaron los pocos clientes que había, y todos se quedaron callados al verla semidesnuda.

Y la chica empezó con la lección. Les mostró el dildo y les dijo: «Este es un dildo de silicona suave, y usa unas baterías de litio que no vienen incluidas, y van adentro». Y les explicó cómo ponerle las baterías. Y luego les dijo: «Ya que está con las pilas, se le pone un poco de gel al dildo». Y le puso del frasco, le dejó caer un chorrito desde lo alto. Y les dijo: «Se lo tienen que embarrar bien por todo el pene. Y lógico, ya tienen que estar bien calientes, para querer meterse esta verga de silicona. Y se ponen un poco de gel en sus puchitas, o si se lo quieren meter en sus culitos, ahí es decisión de cada persona, ¿dónde se lo quieren meter?, ¿sale?». Y ella se puso gel en su panochita. Y les dijo: «Dénme espacio, por favor». Y se hicieron un par de pasos para atrás. Y la chica se sentó en el suelo; la tienda estaba toda alfombrada. Y se abrió las piernas, y les dijo: «Ya que se pusieron el gel, pueden empezar». Y todos estaban boquiabiertos, no podían creer lo que estaban viendo. Empezó frotando el pene por sus partes. Bueno, primero lo encienden, lo pueden manejar muy cómodamente con una aplicación, y verán el menú de velocidades y vibraciones». Y la chica lo prendió, el pene vibraba y giraba lentamente. Y la chica se lo empezó a tallar en su panochita, de arriba abajo. Y ella se retorcía de placer. Y les dijo: «Y ya que están bien mojaditas, se lo empiezan a apuntar en su vagina. Con una mano se abren los labios y ponen la punta del pene, y la resbalan poco a poco». Y la chica se metió el pene en su panochita, y dio unos espasmos de placer, pues al sentir cómo le giraba adentro y le vibraba, se retorcía de puro pinche placer. Y les dijo: «Esto se puede hacer solos, o en parejas: mujer y mujer, o hombre y mujer, como lo prefieran».

La chica tenía los pies flexionados, las rodillas estaban arriba, pero las tenía separadas. Se veía muy rico el pene de silicona, cómo se movía, haciendo pequeños círculos. Y les dijo: «A ver, ¿quién quiere probar?». Y luego luego los hombres dijeron: «Yo». Y la chica: «A ver, uno por uno pasarán a tomarlo y metérmelo y sacármelo, para que aprendan». Y las damas se quedaron viendo entre ellas, y no dijeron nada. Y se agachó el primero, lo tomó, se lo empezó a meter y sacar, despacio. Y así lo hicieron los otros dos; eran solo tres hombres. Y luego les dijo a las damas: «A ver, ¿quién se anima?». Y les dio pena. Y la chica les dijo: «Por favor, señoritas, no están en el templo, están en una tienda de adultos». Y una dijo: «Yo». Y se agachó, tomó el pene de silicona, y se lo sacó. Y lo chupó, y les dijo: «Es que la verdad, yo tenía que probar esa puchita, se ve bien rica». Y así lamió el pene de silicona varias veces, y se lo volvió a meter. Y le dijo: «Oiga, la tiene bien rica». Y así pasó otra dama, se agachó, le sacó el pene. Y esta se agachó y le chupó la panochita a la chica, le dio varias mamadas. Y el novio solo dijo: «¿Te gusta, amor?». Y ella dijo: «La tiene bien rica, amor». Y la chica le dijo: «Ven y prueba». Y el joven se agachó, y también le dio unas mamadas a esa panochita jugosa. Y la chica le metió el pene otra vez, varias veces. Y antes de pararse, le sacó el pene de silicona, y le dio otras mamadas. Se levantó, y le dio el pene a la última chava. Y dijo: «Con su permiso». Se inclinó, le mamó su panochita. Y le dijo: «Ponte de perrito». Y la chica se dio la vuelta y se puso de perrito. Y la joven le dio una tremenda mamada a su culito y a su panochita. Y les dijo: «Es que esto está muy rico, mmm, qué delicioso culito mojadito». Y le preguntó a la chica: «¿Puedo?». Y le apuntó el pene en el culito. Y la chica dijo: «Claro, estamos aquí para aprender, ¿va? Usted, métalo». Y la chica lo empezó a empujar para adentro de ese rico culito, y se fue resbalando poco a poco hasta adentro. Y la chica dijo: «Hayyy, me vengo». Y se orinó en la alfombra, y se quedó con los espasmos de su excitación, pues el pene seguía moviéndose. Y la chica solo se flexionaba de arriba abajo. Y la chica sacó el pene, y le dio un besito en su culito, y se levantó. Apagó el pene de silicona, y dijeron todas: «Mmm, así se usan». Pues todas dijeron que querían uno. Y la chica ese día hizo una buena venta. Y esa tienda ganó mucha fama y clientela, pues después ella llevaba los productos a las casas de las señoras, y hacía demostración, como los Tupperware, pero estas eran en vivo. Por las clases, ella cobraba y vendía muchos productos. Y hasta se cogía a los maridos de la casa, para enseñarles a mover el culo. Eran unas clases privadas, pero muy explícitas. Y así se hizo famosa esta tienda de sex shop. Y la chica, cuando abrió sus sucursales en la ciudad, ella era la que las reclutaba. Las pedía delgadas y de mente abierta, y les instruía de cómo debían vender y enseñar, con peras y manzanas, el uso de los productos. Ya sean para hombres o mujeres. Y les dijo: «Tengo cámaras, y la que no enseñe de todo a todo a los clientes, dése por dada de baja. Porque por eso son las tiendas, porque al público le gusta cómo los atendemos aquí». Y las metía a un curso, donde les enseñaba a cómo usar los productos bien, desde metérselos ellas mismas, o pidiendo permiso para meterselos a los clientes. Algo muy hermoso. Y así hizo unas vendedoras súper. Y esa es la historia de la chica del sex shop.

Y entonces llegó la hora de la clase de la nueva clienta. Y le llamé a la chica, faltando 15 para las 7. Y me contestó, y me dijo: «Hola, putita, ¿eres tú?». Y yo me quedé: «¿Quéeee?». Y le dije: «¿Cómo me dijiste?». Y me dijo: «Sí, te dije: ‘Hola, putita, ¿cómo estás?'». Y le dije: «Ya vamos para allá». Y me dijo: «Está bien, estoy juntando los productos que le voy a vender». Y por qué no, solo compraban una sola cosa, le compraban siempre todo lo que llevara, y hacía muchos pedidos. Me dijo: «Los espero». Y me colgué. Y Ale me dijo: «¿Qué te dijo?». Y le dije: «¿Cómo ves? Me dijo: ‘Putita, ¿eres tú?'». Y Ale solo se rio jajajaja. «Ya se te quedó. De ahora en adelante, vas a ser nuestra putita personal, jajajaja. Ya ni modo, aguanta la verga para que andes de putita».

Y pasamos por la chica. Y le ayudé a subir las cosas a la cajuela de mi carro. Y se veía súper putita. Traía otra putifalda chiquita y transparente, tangas blancas, y se le veían sus nalguitas y su tanguita bien rico. Y de volada se me paró la verga. Y la chica me vio, y me dijo: «Nooo, ¿a poco sí te exito?». Y le dije: «Es que estás bien rica, chiquita». Y me agarró la verga, y me dijo: «Sí, ya se te paró la verga, mm, qué rico». Y Ale oyó todo, y dijo: «Ya, tortolitos, después se la metes. Aguántate, sí, putita». Y la chica me dijo: «Sí, aguántate, putita». Y le dije a Ale: «Mira cómo me dijo». Y Ale dijo: «Sí, cabrón, eres y vas a ser nuestra putita de ahora en adelante. Solo ella y yo te vamos a decir así. Y no estés de mariquita, y apúrense». Y la chica solo dijo: «Ándale, putita». Y dijo: «Me gusta cómo se oye: ‘Eres nuestra putita'». Jejeje. Y nos fuimos a la casa de la clienta. Llegamos, y salió la clienta a recibirnos. Y dijo: «Qué bueno que vinieron todos, pasen». Y Ale y la chica dijeron las dos juntas: «Baja las cosas, putita, y tráelas». Jejeje. Y la clienta preguntó: «¿Pero por qué le dicen así?». Y ellas dijeron: «Es de cariño, es nuestra putita personal». Y la clienta solo sonrió jeje. Y entramos.

Y ya habían varias parejas de personas de diferentes edades, eran como unas 15 parejas. Y habían montado un pequeño escenario, tenía arriba un pequeño sillón nuevo y una mesita, y varias sillas. Y yo subí todas las cosas. Y hasta tenían sonido inalámbrico, con unos micrófonos que nos pusieron en las camisas. Y hasta tenían un mini bar. Y las personas ya estaban tomando algo de alcohol. Y cuando bajé a la barrita para tomarme algo, pues me empezó a dar nervios, no sabía qué iba a pasar. Y pedí unos tequilaguers, y me chingué dos. Eran de tequila, bueno, puro 1800. Y me relajaron un poco. Entonces empezó el show. Ya saben: «Buenas noches, estamos aquí para presentarles algunos productos de la tienda sex shop, para su uso personal y de grupo. Espero les gusten los productos, y hagan sus pedidos». Y empezó con el arnés de mujer, para cogerse a sus novios, el que habíamos usado en la tienda. Y Ale y la chica empezaron las explicaciones de las pilas y la app del celular. Y dijo la chica: «Y le damos un aplauso a nuestro…». Y dije: «Qué no me vayan a decir putita». Y no dijeron «a nuestro modelo para esta demostración». Y pidió un aplauso, y me llamó: «Sube, Luis, por favor». E iba a decir: «No, vino, se fue a la verga, y todavía no llega». Y sentí que el culo se me iba de vacaciones a la chingada, y no volvería jamás. Una cosa es que uno sea muy caliente, pero coger en público, está cabrón. Deja de que este cabrón me iban a coger a mí. Y dije: «¿Ni que fuera una peli porno, o qué chingados?». Mi cabeza pensó un millón de mamadas. Y con todo y pinches nervios, subí a donde estaban ese par de putitas trastornadas. Y con las piernitas temblando, subí al escenario. Y la gente aplaudió. Y la chica me pidió que hiciera lo mismo que en la tienda, mientras yo hacía las cosas, ella explicaba cada movimiento.

Y saben el motivo por el cual este pendejo estaba allí. Pues nada más y nada menos que por ese rico culito de la chica, que me traía todo wey. Nada más de pensar en estar metiéndole la verga, porque sí, ya Ale la hizo su amiguis. Pues había más chance de que sí me la cogiera. Y se me hacía agua la… ¿qué dijeron que iba a decir? ¿La cola? Pues noooo, se hizo agua la verga, sí señor. Nada más de pensar en ese culito, me valían tres hectáreas de verga sembradas de verga, y ya lista para sus sentones, digo, su cosecha, jejeje. Y así subí, con esa meta de meterle la verga a Elsa. Ay, perdón, solo les he dicho que la chica es «la chica». Aaa pues la chica tiene un bonito nombre, y se llama Elsa. Ay, perdón por mi descuido, es que solo estoy pensando en su rico culito, que me voy a comer. Mmm, perdón. Entonces, y cuando pasé cerca de Ale, me dijo: «¿Lo vas a hacer?». Y le dije: «Tú serena y yo calmado». Y me acerqué, y le dije: «Nel, amor, estoy bien nervioso, nunca había hecho esto en público». Y me dijo: «No te apures, y piensa que es tu puto profesor, hijo de su puta madre», jejeje. «Échale culo, y ya te va a ir bien. Y te doy un regalo». Y le dije: «¿Qué es?». Y me dijo: «No, es una sorpresa», jeje. Y seguí caminando hasta donde estaba Elsa. Y llegué, y me dijo: «Mira, Luis, prepárame para usar el arnés». Y le dije: «Claro que sí, Elsa». Y le quité su tanguita. Y la gente, que no sabía cómo era la demostración, solo se quedó con la boca abierta. Y algunas damas le taparon los ojos a sus parejas, y les dijeron: «Tú no veas eso». Y los chavos dijeron: «Entonces, ¿cómo vamos a aprender?». Y todos muy atentos a lo que estaba haciendo. Primero le subí su putifalda, hasta que quedaron sus nalguitas pelonas. Eran mi dolor de huevos. Y le dije: «Recárgate en la mesa». Y así se puso, se recargó con las dos manos. Y yo le empecé a quitar sus tanguitas. Ella estaba de espaldas al público, así que cuando terminé de quitarle sus tanguitas, Elsa quedó de nalgas al público. Y todos podían ver su panochita y su culito. Lo traía bien rasurado, se le veía bien rico. Y ella explicando. Y acto seguido, agarré uno de los penes y le puse gel lubricante. Y me incliné para darle una mamada a ese culito tan rico, que me traía loco. Y también a su panochita, le di unas mamadas. Y le dejé el culo bien mojado. Y agarré el pene de silicón, y se lo apunté en su culito. Y se lo empecé a empujar, despacio. Se lo empujaba y se lo sacaba, hasta que le quedó todo adentro. Y agarré el segundo pene, y le puse gel. Y se lo acomodé en su puchita, y se lo metí despacito, para que disfrutara. Y ya que tenía los dos penes adentro, agarré el arnés, y se lo empecé a subir, hasta que quedaron fijos los dos penes. Y se lo ajusté para que no se le bajara. Y por la parte de enfrente, tenía un pequeño orificio donde entraba el otro pene. Se lo volví a desabrochar, y le puse el otro pene, que iba desde adentro para afuera. Y así se lo puse, y le volví a ajustar el arnés. Y así quedó. Y Elsa se levantó, y modeló el arnés en todo el escenario. Y se acercó hacia mí. Y sentí otra vez que se me caía el culo, me agarro de la camisa y me recargó en la mesa, de forma agresiva, como si estuviera encabronada. Pero estaba en el papel de hombre, pues cada que se movía, movía el pene que traía, le movía de un lado para el otro, como queriendo intimidarme. Y sí me tenía bien paniqueado. Y neta que sí me daba, no sé qué. Y después que me empujó a la mesa, me recargó el pene en mi pene, y me lo restregó varias veces. Y con fuerza me volteó hacia la mesa, y me empino. Y se puso atrás de mí. Y casi salí corriendo, cuando sentí que me arrimó el pene que traía. Me lo restregó varias veces por mi culito. Y así, de brusca, me volteó. Y Elsa explicaba todo el trama que estábamos haciendo. Y ya de frente, se agachó frente a mí, y me desabrochó el cinturón. Me lo quitó, y me lo puso en mi cuello. Me bajó el pantalón y el boxer. Yo también estaba recién rasurado, y se me veía de lujo. Pero había un pequeño problema: mi rica verga de 18 cm estaba dormida. Se veía un pene como de un niño. Y Elsa, después de que me bajó el boxer, siguió explicando. Y se agachó y me dio una rica mamada de verga, hasta que se me paró. Pero bien parada. Y volteé a ver a Ale, y tenía una mano en su puchita, abajo de su falda. Yo sabía que se estaba dedeando, porque ella es así de califas. Y le veía que cerraba los ojos, para imaginarse todo lo que estaba pensando. Y Elsa, después de que me paró la verga, pero me la dejó bien parada, entonces sí dije: «Así mero, compadre, lúcete». Le dije a mi verga. Y Elsa, con fuerza, me volvió a voltear hacia la mesa. Y me dijo: «Acuéstate en la mesa, putita». Con una voz fuerte. Y me empujó en la mesa, y me quedé así. Y Elsa se agachó otra vez, y me lamió mi culito rosita. Me dio unos piquetes con su lengua. Y se paró, agarró el gel, le puso al pene de silicona que traía en frente, y me puso a mí en mi culito. Y primero me metió un dedo, y después me metió dos. Y alcancé a oír a una pareja que dijo: «No le va a entrar esa verga, esa verga que trae está más grande que la de él». Y yo dije entre mí: «Si supieran que ya me la comí». Y Elsa me talló el pene en mi culito, lo agarró y me lo apuntó en mi culito. Y a mí me temblaban las patitas, de sentir eso tan grande. Y me lo puso en mi mero culito, y lo empezó a empujar un poco. Y me metió la cabecita primero. Y yo solo di un pequeño salto de dolor. Y Elsa me agarró de mis nalguitas, y me dio una nalgada fuerte, que me asustó. Y dije: «¿Qué pedo con esta? Esta también está loquita, trastornada, igual que mi putita Ale». Y me volvió a dar otra nalgada. Y me dijo: «¿Qué te gusta, putita? ¿Te gusta la verga? Pues ahorita te la voy a meter, para que sientas más rico». Y yo estaba viendo para dónde estaba mi putita de Ale. Y la vi que tenía los ojos cerrados, y con la mano metida bajo su falda. Y pensé: «Esta ya se está viniendo». Y pensé: «Hay par de loquitas desquiciadas». Y Elsa me empujó más la verga, y la metió toda, lentamente. Sentí cómo resbalaba cada cm dentro de mi culito. Y cuando me la metió hasta adentro, sentí cómo me la acomodaba adentro, haciendo pequeños círculos. Y así la sostuvo. Y luego agarró el celular, y prendió los dildos del arnés. Y hasta dimos un brinco, cuando sentimos la vibración de los penes. Se sentía algo rico. Y la verdad, se me salió un quejido muy rico. Y Elsa no podía moverse de las venidas que estaba teniendo. Y como pudo, empezó a bombearme, despacio, para afuera y para adentro. Y me daba otra nalgadita. Y me decía: «Qué putita, te gusta la verga». Y me la metía hasta adentro. Yo no podía moverme, sintiendo cómo giraba y vibraba ese rico pene de silicona. Y se inclinó un poco, y me agarró la verga. Y cuando me talló un par de veces, me vine a chorros sobre el mantel de la mesita. Elsa me sacó la verga, y me volteó. Y me dijo: «Súbete a la mesa». Y yo solo abrí los ojos. Y me dijo: «Ándale, putita, súbete». Y me subí. Me dijo: «Levanta los pies». Y me los agarró, me los abrió, quedando mi culito expuesto hacia la gente. Y la verdad, me dio mucha pena. Y me dio una rica mamada en la verga. Me dijo: «Agárrate los pies, putita». Me los agarré. Y me metió otra vez la verga de silicona hasta adentro. Y volví a sentir ese rico espasmo de placer, bien rico, sintiendo cómo se movía y vibraba ese rico pene de silicona. Y Elsa lo metía y sacaba. Y me puso mis pies en sus hombros, me agarró de mis muslos, me la empujó hasta adentro. Y con una mano me agarró la verga, y me masturbó un par de veces. Y me hizo terminar, y aventé los mecos al aire. Le cayeron a Elsa en la blusa. Y dio un quejido de placer. Me empujó la verga, y sentí cómo se le doblaban las piernas, de que estaba teniendo un orgasmo múltiple por su puchita y por su culito. Algo muy rico. Y me sacó la verga. Y al terminar de salir, me dijo: «¿Qué, putita, te gustó?». Y le dije: «Sí, mi amor». Y Elsa dijo: «Qué bueno, amor, porque a mí también me gustó mucho». Y Ale hasta abrió los ojos, me vio. Y me dijo con su gesto: «Vas a ver, putita, te voy a madrear». Ya la conocía, lo toxie que era. Y a mí solo me dio risa, jejeje. Y Elsa les dijo: «Y así es una de las formas que se puede usar este arnés. Y ya depende de su imaginación, de qué otras formas lo puedan usar». Y les dijo: «Ahora vamos a probar los dildos manuales». Y les dijo: «Un aplauso a nuestra putita». Y todos aplaudieron. Y la pareja que había comentado que no me iba a entrar, solo dijeron: «Se la comió toda». Y le dijo a su pareja: «¿Cómo ves, lo compramos?». Y él dijo: «Sí, quiero sentirte».

Y bueno, después Elsa les explicó de los consoladores manuales. Y les pidió a los hombres que subieran tres. Y hasta se peleaban por subir. Yo me bajé de la mesa, y me subí los boxers y los pantalones. Y me acerqué a mi putita Ale. Y le dije: «¿Cómo estuvo tu dedeada?», jejeje. Y ella me dijo: «Mira, cabrón, ahorita me las vas a pagar, cabroncito». «Hay, sí, mi amor». «¿Por qué le dijiste ‘mi amor’ a Elsa?». Le dije: «Calmantes, montes, mi putita toxie, es parte del show». Y me dijo: «¿Show? El que te voy a poner en tu madre, cabrón».

Y me bajé. Y Elsa le pidió a Ale que le ayudara. Y Ale se acercó, y le quitaron la falda larga que traía. Se la quitaron los hombres que se habían subido. Y subieron a Ale a la mesa, ya con el culito pelón. Y le empezaron a mamar la panocha. Y solo me volteó a ver, e hizo una mueca de placer, sacando la lengua. Y solo subí los hombros. Y le metieron un pene de silicona a las dos, mientras Elsa explicaba los métodos para que sintieran más placer. Y así las hicieron terminar a las dos. Parecían que estaban sincronizadas, hasta se tomaron de las manos. Y las dos al mismo tiempo gritaron de placer. Y se hicieron pipi, mojando a los hombres que estaban de voluntarios. Y me dio risa de ver sus caras cuando los mearon, jajajajaja. Y dije: «Para que se les quite, lo calientes, los mearon». Y las esposas también los vieron, y se rieron conmigo. Y así terminó la demostración.

Y subí para ayudarles a limpiarlas. Y primero limpié a Elsa; estaban acostadas en la mesa. Y me agaché a darle una lamida a esa puchita rica de Elsa, y la limpié. Y luego limpié a mi putita. Y le dije: «¿Qué tienes, putita?». Y me hizo un gesto, como que estuviera lamiendo algo. Y me dijo: «Ya te traigo, maldita putita». Y solo me dio risa, jejeje. Y le lamí a ella también. Y me dijo: «No, cabrón, quítate, quítate». Y me abrazó. Y le dije: «A ver, ¿quién es mi putita?». Y me dijo: «Ale». «Pues yo». Y le dije: «¿Cómo crees que te voy a cambiar por otra puta? No, amor, a ti te quiero mucho, mi putita loquita, trastornada». Y mi putita, cuando le llamas por su nombre y apellidos, se pone muy caliente. Y me agarró mi verga, que todavía la traía parada. Y les ayudé a bajarse de la mesa a las dos. Y Elsa les dijo: «Gracias por su asistencia. Y si quieren hacer sus pedidos, ahorita las atiendo». Y se bajó. Y todas las señoras se acercaron para hacerle pedidos de cuatro o más productos. Ese día Elsa vendió muy bien; vendió lo que vendía en 6 meses, lo vendió en un par de horas. Y todavía los había meado, jejeje.

Terminamos la sesión, y le pagaron a Elsa. Y le dieron todavía su propina. Y la chava que contrató a Elsa se me acercó, y me dijo: «Oiga, putita». La volteé a ver, y le dije: «Perdón». Y me dijo: «Perdón, es que se me quedó grabado. Oiga, Luis, quiero que me enseñe usted solo algunos productos, pero una sesión privada, solo para mí, ¿si podrá?». Y le dije: «Claro que sí». Y me dio una tarjeta. Y me dijo: «Tenga, para que se compre un refresco, por haber aguantado que se lo cogieran delante de nosotros». Y le dije: «Estaba nervioso, pero es trabajo». Y me agarró la verga, sin que la vieran. Y me dijo al oído: «Quiero esta verga dentro de mi culito, mmm». Y me dio un beso en la boca, y se retiró. Algo bien la chava.

Y así recogimos todo nuestro desmadre. Y subimos a mi carro. Y Elsa nos dijo: «Nos fue bien, gracias a ustedes». Y nos dijo: «¿Qué les parece si los contrato para mis demostraciones, par de putitas?». Nos volteamos a ver Ale y yo, y nos reímos. Y le dije a Ale: «¿Cómo ves?». Y me dijo: «Está bien, así ganamos una feria». Y le dije: «Putita, tú ni ocupas lana». Y me dijo: «Sí, para comprarte ropa, y estés siempre bien vestido». Y le dijimos a Elsa: «Está bien». Y Elsa nos dijo: «Vean, para empezar, les voy a pagar esta demostración, porque nos fue muy bien». Y nos pagó dos mil pesos a mí, y dos mil pesos a Ale. Le dijimos: «Gracias, Elsa». Y dijo: «No, de qué gracias, par de putitas». Y reímos todos, jejejejeje. «Ahora somos las tres putitas, re putas». Y reímos jajajaja. «Ahora somos re putas». Y dijo Elsa: «¿Saben qué? Hay que festejar esta alianza de putas, yo invito. Vámonos a un motel». Me dijo Elsa: «Uno grande y bonito, para disfrutar los tres, ¿cómo ven?». Y me dijo Ale: «Dale, para el motel que me gusta». Y nos fuimos al motel. Y llegando, encargaron una botella de tequila. Y yo preparé unos charros negros. Y así brindamos y festejamos nuestra unión de trabajo. Y Ale se encueró, y Elsa también. Ale se puso el arnés. Y me dijo: «Ven, pinche putita, que ahorita sí me desquito de todas tus mamadas». Y Elsa se acostó en la cama, y me dijo: «Rápido, ven, putita, y méteme la verga». Y rápido me encueré, y corrí a la cama. Y le metí la verga a Elsa, algo rico. Y llegó Ale, y me dijo: «Ahora sí, cabroncita». Me lamió mi culito, y se puso gel, y me metió la verga. Y le dije: «Amor, despacito». Y me dijo: «¿Qué despacito, ni qué nada? Como yo quiera, para que andes de pito suelto». Y me metió la verga. Y sí, me la metió despacio, y hasta adentro. Y no prendió los penes. Así me cogió mi putita loquita, desquiciada. Hasta que me hizo venirme dentro de Elsa. Y Ale también se vino. Nos venimos los tres juntos. Y sentí muy rico. Por fin se me cumplió el metersela a Elsa. Y se la saqué a Elsa, Ale se quedó metida en mi culito. Y Elsa se volteó, y se empinó. Y me dijo: «Atáscate, ahorita que hay modo». Y se la metí por ese rico culito, que tantas ganas tenía de cogérmelo. Y sí, sí estaba como me lo imaginé. Lo tenía bien apretadito. Y le dije: «Putita, estás bien rica». Y me dijo: «De ahora en adelante, soy toda tuya, mi putita personal». Y Ale dijo: «Somos todas tuyas, pinche putita, no te lo mereces». «Pero esa era tu sorpresa». Y Elsa le dijo: «¿Cuál?». Y Ale le dijo: «Pues tu culito, puta. Me dijo que quería mucho metértela por ese culito rico, y se le cumplió». Jejejeje. «Felicidades, putita», me dijo Ale. Y nos abrazamos los tres. Y así empezamos una linda amistad de putitas cachondas.

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francisco gerte
francisco gerte

hola que tal soy un hombre maduro de 57 años y para mi edad siento que e vivido muchas cosas de la vida yo me sali de mi casa a los 18 años me case y me divorcie y desde mi divorcio e estado viviendo con muchas mujeres y viviendo muchas anecdotas que les ire platicando poco a poco pues no tengo a quien conterle mis anecdotas

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