Claudia la esposa de mi primo se descontroló
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Hace un par de años, tuve que ir a la finca de mi tía a coordinar la marcación de un ganado que compramos con mi esposa y lo llevamos a pastaje a esa propiedad. Mi tía en realidad dejó a su hijo mayor, mi primo Samuel, encargado de esos asuntos y ella se fue a vivir al pueblo. Mi primo tiene una esposa más joven que él llamada Claudia, y ella tiene un hijo de otro señor, pero con mi primo no tiene hijos.
Por ese tema mi tía los dejó solos en la finca. La casa principal de la finca estaba en remodelación esa semana y ellos se estaban quedando en la del mayordomo que es enseguida con solo dos habitaciones. Ese día no fui con mi esposa fui yo solo por la lejanía y la rapidez del viaje. En el día hicimos lo correspondiente con el ganado y me tocó quedarme para no bajar de noche al pueblo. Mi primo dijo que nos tocaba compartir cama y su esposa en la otra habitación con el niño. Ese día no había energía, toco con luz de vela, hablamos un buen rato en el comedor, el niño se durmió y Claudia lo acompaño en la cama un rato y regresó a hablar con nosotros a escuchar nuestras aventuras juveniles y de infancia. Ya casi era media noche y Samuel estaba cansado y dijo “bueno como dijo la rana: cada uno pa su cama” y Claudia entró a la habitación con su hijo y Samuel se fue a ducharse para sacarse el olor a vaca de todo el día, yo hice lo mismo cuando él salió de la ducha y Claudia mientras tanto me pasó una pantaloneta corta pero ancha para dormir pues no había llevado pijama ni nada de eso.
Yo quedé dormido y a mi lado Samuel mi primo quedó fundido por el cansancio; de repente me despertó en medio de la oscuridad una mano fría en mi pecho, yo me asusté de verdad, era Claudia, me tapó la boca y me dijo “chiiiit” al oído, estaba fría y temblorosa, estaba tan oscuro que no se veía absolutamente nada, solo se sentían los ronquidos de Samuel. Mi corazón se agitó de una vez, creía que se me iba a salir del susto y de reaccionar a ese momento de confusión que no alcanzaba a entender. Ella olía a jabón y su pelo estaba húmedo aún por lo que calculo no había pasado mucho tiempo desde que nos fuimos cada uno a dormir. Ella empezó a tocarme el pecho y sus manos estaban frías y temblaba solo le entendí: “quiero, quiero” bajo su mano y la metió por la manga ancha de la pantaloneta, mi pene estaba flácido y más con ese susto (además no es para nada grande). Samuel roncaba como locomotora y ella respiraba tan fuerte que me tenía confundido. De manera inmediata mi mente recordó la pijama que ella tenía antes de ir a la cama y para aclarar lo que estaba pasando puse mi mano en su pecho para que se sintiera la necesidad de aclarar el momento o para separarla (y no pasar por aprovechado) o para sentir sus senos. De inmediato tomo mi mano y la llevó a su vagina, estaba empapada, muy mojada, se sentía recién rasurada, mis dedos se deslizaban solos en medio de su flujo viscoso, así empecé a tener mi erección mientras ella me frotaba el pene, pero no podía dejar de pensar en Samuel mi primo que hasta el momento roncaba como foca. Le dije al oído que saliéramos, ella me hizo fuerza contra la cama me dijo que no, que no, que no y dejó caer su pijama para quedar desnuda totalmente, sentí su piel erizada, sus pezones duros, yo no podía levantarme por la fuerza que me hacía conta la cama, subió sus pierna hasta mi almohada para hacer el 69 sin decir nada, y estaba aterrado pero excitado no sabia ni que pensar, mi boca se llenó de su humedad, de su flujo que olía a diosa, podía sentir las palpitaciones de su vulva en mi boca, su clítoris era más grande que el de mi esposa, pensaba en ella, en Samuel pero no podía controlar esas sensaciones tan pero tan excitante, mientras podía sentir el roce de sus senos en mi abdomen jamás me había pasado por la mente algo así. Eyaculé imagino que a chorros y solo podía sentir que ella tragaba lo que salía, siguió chupando mi pene, pero me tuve que mover porque ya me hacía cosquillas y estaba el glande muy sensible, sentí que ella tuvo tres orgasmos por sus gemidos comprimidos y por las contracciones de su vulva. Me dejó salir de ahí abajo y sentimos que Samuel se volteó de posición quedando casi de frente a mí. Ella salió del cuarto y al correar la cortina entró un poco de luz, me acomodé la pantaloneta que ni siquiera me tuve que bajar y con la cobija traté de limpiar la humedad para que no se sintiera ni el olor ni la sensación del mojado.
No pude dormir nada, pensando en todo. En la mañana esperé que saliera Samuel, para levantarme, no sabía si sentir pena, emoción o vergüenza. Al aclarar el día puse mis pies en el tapete y me di cuenta que la pijama de Claudia estaba aún ahí, la metí debajo de la cama para que Samuel no se diera cuenta. Salí y me fui a la ducha y para mi sorpresa estaban los dos en dentro de la ducha ella gemía (no tenía puerta era una cortina plástica) que estaba corrida y pude verlos, ella con la cabeza hacia la puerta se veía que estaba un poco inclinada de espaldas a Samuel, la estaba cogiendo por detrás, no se si anal o vaginal, pero gemía suave. Los dos se dieron cuenta de mi presencia y trataron de disimular con risas, yo me alejé con un poco de más tranquilidad de todo lo ocurrido, esperé afuera del patio cerca al corral mientras salían para bañarme. En el desayuno todo normal, yo tenía que regresar al pueblo y Samuel me acompañó de camino yo pensaba si mi primo era un cornudo por gusto o por accidente o no lo sabía, hasta que tocó el tema de haberlos visto en la ducha, me pidió disculpas y mi mente me dijo: es un cornudo y no lo sabe. Me dijo que llevaban casi un año sin tocarse, hasta me dijo un chiste flojo: “cuando uno es novio ellas lo tocan a uno y todo se para y cuando se casan todo se para para no tocarse” dijo que la había visto muy provocativa en la mañana y fue él quien le dijo que se bañaran juntos y terminaron haciendo el amor. Le dije que me alegraba mucho porque hacían bonita pareja y no debían caer en monotonías, me preguntó por Paula mi esposa si lo ella era fría o yo, le dije que los dos éramos calientes, sonreímos y seguimos el camino al pueblo, el compró algo de mercado para subir a la finca y yo le dije que le comprara a la esposa un detalle que no dejara morir las cosas bonitas, dijo que le compraría ropa. Nos despedimos, le envié saludos a Claudia y el envío saludos a mi esposa. Todo continuo normal por un tiempo. En otro relato continuaré cómo siguió la situación.
