Clase de refuerzo con el sustituto pollón
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Álvaro era un estudiante del grado medio de informática en el instituto Liceo Sancolerta. Y no le gustaba. No le gustaba estar ahí, pero su padre se había puesto pesado y había insistido como un loro hasta que él había aceptado y había hecho el papeleo de matriculación. Álvaro estaba bueno, nada mal físicamente, con la piel bastante tostada, rasgos afilados, ojos grises y el pelo de un bonito rubio platino le caía por la frente lacio y brillante.
En cuanto a sus compañeros… no había tenido más mala cosecha en toda su vida. Normalmente en todas las clases en las que había estado hasta el momento solían haber dos o tres tíos follables —no que fueran gays, pero por lo menos alegraban la vista, se distraía mirándolos cuando la cosa se ponía aburrida— pero en esa clase la mayoría tenían granos por la cara y eran muy delgados, o pasaban los treinta y estaban bastante dejados físicamente hablando, a parte de Iván, con la cabeza rapada, bastante chulo y con tatuajes en el brazo derecho; no estaba mal físicamente hablando, seguramente porque había trabajado en la obra o algo por el estilo, algún empleo físico. Y para variar era el típico malote que se sentaba al final de la clase con los porreros de turno, que en ese curso eran solo tres, y eran de los más jóvenes de la clase con diecisiete años.
Al principio todos se llevaban bien y no había muchas pegas. En una semana se formaron los grupitos de amigos y todos estaban tranquilos y cooperaban bastante bien.
Además, solo había una tía en la clase; el resto eran unos veinte tíos, si no se contaba a las profesoras, que en su mayoría eran mujeres.
—¿Eres gay? —repitió Roberto cuando Álvaro se lo dijo.
El tono de incredulidad con el que lo dijo hizo que Álvaro sonriera por dentro; le gustaba saber que no tenía pluma, o al menos no demasiada. No es que fuera pregonando por ahí su sexualidad, pero cuando empezaban a hablarle sobre que tía era la mas follable y de coños… Álvaro suponía que era hora de dejar claro que él pasaba de las tías como ellos pasaban de los tíos, y no iba a fingir que le importaban un pimiento.
—Sí —dijo esbozando una sonrisa.
Como suponía ni Roberto ni ninguno de los de su grupo de amigos que se había montado en esa clase le puso ningún problema, eran buenos tíos y por lo menos tenían la mente bastante abierta como para meterse en sus asuntos, pero Manuel, uno de los porreros lo escuchó y fue el primero en irles con el chisme, como una vieja maruja, a sus amiguitos.
Un día cuando sonó el timbre del fin del recreo fue al baño y fue consciente de que Iván subía detrás de él en la escalera y entraba con él al baño, que a esas horas estaba prácticamente vacío porque la mayoría de alumnos prefería usar los baños que había en la planta baja.
Entró en el baño y meó, consciente de que Iván también estaba ahí. No es que fuera especialmente guapo… pero un revolcón nunca estaba de más.
Cuando salió del cubículo vio a Iván en los urinarios que había junto a la puerta, en el mismo lado que el de las cabinas, a la izquierda de la puerta, para que la gente no viera a los tíos meando al pasar. Había cuatro en forma de U y Iván había escogido el primero, de forma que Álvaro lo veía de perfil, y desde luego podía verle la polla. Aunque intentó aguantarse las ganas de mirar.
—¿Cambiándole el agua al canario, Alvarito? —le preguntó él con una sonrisita, llamándolo por su diminutivo; el tono era amigable.
—Pues sí —respondió Álvaro acercándose a él—. ¿Y tú?
—Ya ves, tío. Acabo de tomarme una cerveza en el patio y estoy que reviento ¡Ooooh! —masculló echando la cabeza hacia atrás mientras meaba y Álvaro pudo verle la polla. Era bastante gorda; no era una mala tranca.
Tenía a dudas de que a Iván le fueran las pollas, pero se le acababan de despejar; probablemente los gilipollas de sus amigos habrían evitado entrar si hubieran sabido que él estaba ahí, porque sus pollas de cinco centímetros y sus caras llenas de granos eran el sueño de cualquier marica.
Siguió andando y se marchó; obviamente no iban a ponerse a follar en los baños del instituto ¿Fumar porros en los baños? Sí ¿Comerle la polla o que te metieran la polla por el culo en los baños? No, eso es pasarse. Que injusta era la vida a veces.
Por supuesto, los porreros de clase aprovecharon lo que sabían para lanzarle pullitas de vez en cuando, muy típico de los porreros, pero el resto de la clase era bastante más adulta y madura y se llevaban bien. Además sus amigos eran buena gente y se entretenía con ellos.
—Si que has cagado rápido Álvaro —comentó Iván con alegría un día cuando volvió a clase después de pedir permiso para ir al baño.
Álvaro entendió la bromita —«Tienes el culo tan abierto de los pollazos que te meten que la mierda casi sale sola, ¿eh?»— le respondió:
—No sabía que me estabas cronometrando, tío.
Eso hizo que la clase entera riera de buena gana. Iván no añadió nada más y miró enfurruñado a su ordenador.
Por supuesto algunos eran idiotas pero en fin, ¿qué se le va a hacer? Idiotas hay en todas partes.
Aquel fue el inicio de una enemistad fría entre Iván y Álvaro. No buscaban bronca pero tampoco la evitaban; normalmente se ignoraban hasta que alguno —normalmente Iván— lanzaba alguna pullita.
Y ese grado medio era un asco.
*—-*
La cosa mejoró bastante más cuando su tutora —una de las profesoras que más asignaturas les daban— sufrió un golpe por detrás de un camión en la autovía y le dio un latigazo cervical, con lo que se ganó unos meses de baja. Y mandaron a un sustituto.
Y qué sustituto.
Era delgado pero fibroso, puede que no hiciera muchas pesas, pero definitivamente tenía que hacer bastante ejercicio de cardio —probablemente follar como un mono, el mejor cardio que hay—, mucha bici, seguramente. Tenía la cara angulosa, sin barba ni bello y unos preciosos ojos azules que resaltaban sobre su piel tostada de ir por ahí con la bici y de que le diera el sol, y tenía el pelo corto y juvenilmente desordenado, engominado y en punta. Tendría alrededor de unos treinta y tantos años. Su nombre era Santi
Y era alto. La clase de altura que indicaba que tenía un rabo de unos veintidós centímetros entre las piernas, como un puto misil, listo para follarse todo lo que se le pusiera a tiro.
Joder…
Captó toda su atención desde que llegó; era el mejor profesor que la que les había estado dando la clase desde que empezó esa mierda del grado medio: explicaba mejor y hacía que la clase se pasara más rápido, apenas mandaba deberes y si los mandaba eran cortos y se corregían en cinco minutos, lejos de los rollos de la profesora habitual que parecía que cada clase durase una semana.
Y, joder… qué bueno estaba.
Así que Álvaro de pronto se vio esperando porque llegasen sus clases (que por suerte eran la mayoría) y cuando tenía dudas —algo que la anterior profesora solía quitarse de encima con «en la vida real no me tendrás a mí para responder tus preguntas, apáñatelas solo»— respondía a sus preguntas, sin complicaciones.
Tampoco es que se hiciera ilusiones, después de todo era un profesor, le sacaba por lo menos quince años, y a juzgar por la alianza que llevaba en el dedo estaba casado —eso dolía, aunque no demasiado—. Seguramente tenía ya un par de retoños, o puede que diez. Pero a diferencia de su anterior profesora sabía enseñar. Y Álvaro aprovechaba todo lo posible para mejorar; pensando que igual hasta conseguía aprobar esa mierda de curso en el que se había metido.
—Seguro que se pone de rodillas entre sus piernas para chuparle la polla —escuchó que le comentaba Iván detrás de él a uno de sus amiguitos haciendo que el otro se riera.
Álvaro pensó en contestar, pero pensó que era mejor seguir a su bola y se puso los cascos para no tener que oír más gilipolleces y centrarse en la tarea que Santi les acababa de mandar.
Sabia que no había sido el único que se fijaba en el nuevo profesor. Desde “el relevo” —Álvaro nunca había deseado tanto que su profesora no volviera— Iván también estaba diferente; decía menos gilipolleces en clase, y parecía que intentaba impresionar al nuevo, aunque Álvaro no creía que le estuviera saliendo muy bien la jugada, porque aunque ahora casi no se pelaba clases —las del nuevo— y hasta le hacía los deberes… —la mayoría— Iba a costarle más que eso aprobar la asignatura. Álvaro podía querer follarselo, sí, pero no iba llamando tanto la atención como Iván, que casi parecía gritar “Mírame, profe, yo bueno… dame un besito” Y extrañamente esa imagen mental hizo que la polla se le pusiera morcillona.
—Para hacer el examen tenéis que entregar todo los trabajos que habéis hecho en clase hasta ahora. Los de vuestra profesora anterior también —les avisó Santi unos días antes de su primer examen.
—Eso está hecho, profe —proclamó Iván con confianza.
Álvaro no dijo nada pero pensó que se estaba dando muchos aires, porque desde luego a él precisamente le faltaban bastantes trabajos por entregar, porque con Santi no, pero con la anterior profesora se pelaba las clases de tres en tres, y no creía que fuera entregarlos, ya que lo suyo sonaban más a lo típico de “me voy a esforzar” de principios de cada año; se intentaba, sí, pero luego terminaba en nada.
Ese día Santi los fue llamando a todos para ver que le faltaba a cada uno y cuando llamó a Álvaro este aprovechó la ocasión para ponerse junto a él detrás de su mesa.
Mientras Santi miraba sus apuntes buscando la situación de Álvaro, este no pudo evitar pensar en el pedazo rabo que tenía que tener su profesor de informática, puede que no fuera demasiado fuerte, pero no le costaba nada imaginárselo encima de él, follándoselo encima de una cama, metiéndole el rabo enorme y largo por el culo, sudando a chorros y sintiendo su cuerpo húmedo, caliente y resbaladizo sobre el suyo mientras le daba por el culo con ese rabo enorme que Dios le había dado, taladrándolo con esos ojos azules que tanto le gustaban.
Joder…
—Te falta por entregar un trabajo —le dijo mirándolo con esos ojos azules, para luego explicarle el trabajo al que se refería.
Quería que su profesor le follase el culo con ganas, ahí mismo, delante de todos esos putos cerdos que tenía por compañeros de clase. Que se lo follase a fondo. Y a pelo.
No pudo reprimir el impulso de sobarse la entrepierna, y el corazón se le aceleró cuando vio que Santi desviaba la mirada hacia su paquete.
—Es que… —dijo, volviendo a atraer la atención de su profesor hacia su cara; qué ojazos tenía, joder—, no recuerdo muy bien cómo era ese trabajo.
—Bueno —respondió él, esbozando una sonrisa—, pásate ahora cuando se acaben las clases, y te doy unas indicaciones.
«Si lo haces con los pantalones bajados y fóllandome a fondo, encantado» pensó sin poder contenerse.
—Vale, de acuerdo —dijo con una sonrisa.
Y él se la devolvió.
Joder, dos sonrisas y un rato a solas con su profe favorito y más buenorro del insti… eso pintaba interesante.
—Yo también tengo ese trabajo por entregar, ¿no? —dijo entonces Iván, que se había acercado a primera fila para comentarle algo al gilipollas de su pandilla, probablemente cuantos porros podían fumarse en el recreo del día siguiente.
Al oír su voz Álvaro miró una de las carpetas que Santi tenía sobre la mesa como si quisiera coger una sierra mecánica para partirla por la mitad.
«Me cago en tus muertos.»
—Pues supongo que sí, porque no me has entregado nada todavía —contestó él mirando serio a Iván. Su sonrisa se había esfumado.
—Guay, ¿puedo pasarme yo también?
Álvaro lo miró, amenazante. «No me jodas, cerdo, vete a fumarte el porro con los colgados de tus amigos y piérdete. Fúmate el parque entero, joder, ¿a quien le importa? Déjame chuparle la polla al profe en paz.»
—Sí, claro. Pásate —dijo el profesor haciendo que Álvaro se tragase un suspiro de irritación.
—Genial —dijo Iván con una sonrisa.
Álvaro volvió a su sitio de mal humor. ¿Pero qué hacía ese idiota? ¿Por qué no iba a fumarse sus porros y le dejaba a su aire? Joder… era un incordió con patas. Puto hijo de puta.
No iba a poder follárselo, pero si ese gilipollas estaba delante seguramente no le sacaría ni una sonrisa. Y tenía una sonrisa preciosa.
Solo de recordar cómo le acaba de sonreír su profesor se le pasó un poco el cabreo.
Pero luego escuchó a Iván reír en su sitio detrás de él y deseó que se cayera rodando por las escaleras y se partiera una pierna.
*—-*
Álvaro creía que con suerte Iván se olvidaría de que habían quedado con él y podría quedarse con el profesor tranquilamente al final de las clases, que lo suyo era solo palabrería, y que se piraría en cuanto sonase el timbre, poniendo alguna excusa de mierda para poder fumar, o a pillar farlopa a su camello.
Para su mala suerte se plantó delante de la mesa del profesor con él mientras el resto de la clase salía por la puerta.
—Tengo que hacer una cosa primero —les dijo Santi mientras los últimos de sus compañeros salían por la puerta—. ¿Podéis volver en… unos veinte minutos más o menos? No nos llevará mucho tiempo.
—Sí, claro.
—Claro que sí, profe —le dijo Iván, sonriéndole.
Álvaro nunca había tenido tantas ganas de zurrar a alguien; era un grano en el culo y ahora le jodía la reunión con el profesor más buenorro del insti, casi de los únicos que había que tenía un polvo, a diferencia del resto de la clase.
Vaya puta mierda.
*—-*
Santi no tenía nada que hacer, solo les había pedido que se largasen para tener un momento de paz antes de la clase de repaso —que por lo menos les ocuparía unos cuarenta y cinco minutos— sobre discos duros y particiones que tenían por delante; él también era un ser humano y se merecía un descanso después de estar dando clase sin parar, y agradeció tener la clase vacía para él solo.
Y la excitación no tardó en aparecer.
Su vida sexual ya se había resentido bastante a causa del embarazo, pero desde que su mujer había dado a luz al primero de sus hijos —y de eso ya hacía más de cuatro meses— no había forma de mojar, ni de echar un polvo como Dios mandaba. Santi suponía que no quería correr el riesgo de acabar con un segundo bombo justo después de parir al primero; y había sugerido hacerlo con condón y tomar medidas, pero siempre le salía con alguna excusa: «El nene esta durmiendo y se despertará», «el bebé tiene hambre»; y cuando no era el bebé la canción cambiaba por «estoy muy ocupada haciendo la cena» o el clásico «ahora no, que me duele la cabeza». No conseguía ni si quiera una triste mamada.
Él entendía que no le apeteciera tener otro bombo, pero él también tenía hambre, mucha hambre. Así que, por increíble que pareciera, había empezado a cascarse pajas viendo porno en el móvil, como cuando tenía doce años; aquello era increíble. Y la verdad es que las disfrutaba bastante, aunque tenía que esconderse como si hubiera matado a alguien.
Y ahora tenía la clase vacía para él solo. El resto de los profesores del modulo normalmente recogían las cosas y se iban a sus casas, así que no pasarían por allí, y les había dicho a los chicos que volvieran en veinte minutos… así que si quería tenía tiempo suficiente para un pajote, uno rápido mejor, porque como le pillasen ahí se le caería el pelo. Pero esa iba a ser la ultima ocasión para poder cascársela antes de volver a casa con su mujer y su vástago, y ahí no iba a poder desahogarse, porque como su mujer saliera de la habitación a la una de la mañana para buscarlo en el salón y le pillase en el sofá viendo porno en el móvil… seguramente como poco recibiría una mirada de reproche, porque aparentemente cascársela cuando tu mujer no folla contigo ni a tiros era igual que ponerle los cuernos —sí, primero había sido el embarazo y luego el periodo de postparto—, así que como poco le tocaría pasarse la noche en el sofá y una buena bronca por la mañana porque el bebé estaría dormido y no querría arriesgarse a despertarlo si la cosa subía de tono, y como mucho ¿el divorcio? Sonaba exagerado pero…
¿Cuánto hacía que no echaba un buen polvo? ¿Siete meses? El ultimo había sido cuando estaba embarazada.
El caso era que ese era el único momento que tenía para un buen pajote —cuanto más rápido mejor—, y tenía que decidirse rápido.
Una paja rápida no le llevaría ni diez minutos… si se daba prisa.
Se sentó en la silla detrás de su mesa al final de la clase, y pensó que para asegurarse debería cerrar la puerta de la clase con llave, desde dentro —para entonces ya estaba buscando los videos porno que guardaba en el móvil— porque casi ni se acordaba de los alumnos con los que había quedado, pero pensó que, seguramente esos dos apurarían hasta el ultimo minuto que pudieran para retrasar el tener que seguir dando clase. Seguramente tardarían cerca de media hora en volver, y tendrían menos ganas de hablar de ese trabajo que les faltaba que él.
Eso le pareció razonable.
No subirían hasta dentro de por lo menos quince minutos, se dijo convencido.
Y si se daba prisa…
Por lo que tenía entendido a Álvaro le iban las pollas —los profesores también oían cosas, y hablaban—, y se le ocurrió que seguramente le encontraba bastante atractivo. Si le viera cascándosela probablemente se la chuparía, pensó.
No pudo evitar sonreír. Era guapo, y lo sabía. Tenía unos ojos preciosos y estaba fuerte y sano, puede que no fuera un 10 físicamente hablando —le iba más la bici que las pesas y las flexiones—, pero sabía que ese chico lo tenía en el punto de mira. Había visto cómo lo miraba durante sus clases… cómo se sobaba la polla cuando estaba cerca de él.
Y desde luego, el chico tenía un buen polvo, con esa carita de ángel y esos ojos grises…
En realidad sabía que todo eso eran fantasías y que follarse a un alumno no era buena idea, sino por ponerle los cuernos a su mujer porque estaban en clase y si le pillaban follando con un alumno iba a estar metido en un lío de tres pares de cojones.
Sentado en su silla giratoria se abrió la bragueta y se sacó la polla, grande morena y de unos veintitrés centímetros; salió a jugar. Todavía no estaba de todo dura y descapullada pero el capullo asomaba, rosado, gordo y babeante de precum.
Buscó un video de los que tenía escondido en los rincones de su móvil, dentro de una carpeta con contraseña —le costó varios intentos, pero acabó entrando— y seleccionó un video al azar, y el video porno gay empezó a sonar, bajito para que no se oyera mucho; toda precaución era poca.
Tenía que hacerse la paja rápido y sin perder tiempo. Dejó el móvil sobre la mesa usando unos libros para aguantarlo, se sacó la polla y se puso a cascarse la paja centrándose completamente en el video, lamentando no poder subir más el volumen…
No tardó mucho en subirlo un poco, y luego un poco más, mientras le daba a la zambomba, con ganas de descargar los cojones. Desde que su mujer había parido no había forma de metérsela por ningún sitio, pero ahora estaba centrado en el video y sus preocupaciones se fueron evaporando.
Así fue como empezó a centrarse en el video y fue el motivo por el que se olvidó de que había quedado con dos de sus alumnos en apenas unos minutos.
Suspiró cascándose la polla con ganas mientras Nathan Bull gemía en su móvil. Le estaban reventando el culo como si no hubiera un mañana, y él gemía mientras le sujetaban de la cabeza revolviéndole el pelo castaño y metiéndole la polla hasta la tráquea.
Santi aceleró al paja casi sin pestañear, totalmente centrado en el video, oyendo como Nathan Bull gemía:
«Ooooh, joder ¡Oooooh! Mmmmmm… ¡Aaaaah! Fóllame fuerte, hijo ¡Aaaah!»
Ya ni se acordaba de sus alumnos.
Y se había dejado la puerta abierta.
*—-*
Álvaro e Iván estaban fuera del instituto, en la calle mientras todos los demás alumnos del instituto se iban, pasando por su lado mientras Iván se fumaba su octavo o noveno cigarrillo del día apoyado en una farola delante de él.
«Maldito idiota» pensó Álvaro, resentido, mientras fingía que estaba mirando sus redes sociales en el móvil.
¿Por qué tenía que hacer el numerito del buen estudiante? «Eres un puto porrero, joder —pensó—. Vete a casa a fumarte una cachimba de marihuana y deja que yo me quede con el profe a “repasar” cuanto le mide la polla, joder.»
Mientras la gente pasaba por su lado no podía parar de darle vueltas a que coño venía tanto rollo por parte de Iván, por mucho que dijera que quería trabajar era obvio que el rollo de los estudios no era el suyo. Y por culpa de esa chorrada iba a cargarse sus ya escasas posibilidades de comerle el rabo al único profesor sexy que tenía esa puñetera cárcel para niños.
No estaba de humor para aguantar las chorradas de Iván más tiempo del necesario, ni sus intentos de hacerse el ingenioso con el profe, ni sus puñeteras pullitas sobre maricas.
Se estaba poniendo malo ahí haciendo como que miraba el móvil mientras no paraba de carcomerse pensando en que tendría que aguantar a Iván más tiempo aún.
Joder. Que asco. Puta mierda.
—Me voy ya para adentro —anunció cuando ya nadie salía del instituto y se quedaron los dos solos en la acera.
—¿Por qué? ¿Piensas comerle el rabo a nuestro profe antes de que empiece nuestra clase? —inquirió Iván con una sonrisilla y le dio una calada al cigarrillo para echar el humo.
—En realidad esperaba que tuvieras el cerebro lo bastante frito por esos porritos que tanto te gustan como para que se te olvidase y te fueras a tu casa —contestó Álvaro sin humor.
—Es verdad —dijo Iván volviendo a llevarse el cigarrillo a los labios y echando otra nube de humo para mirar a Álvaro, irritado—. Imagino que a ti te van más los puros ¿no? Más grandes y gordos. Y a ti te encanta meterte cosas grandes en la boca ¿eh, capullo?
—Pues sí —replicó él tranquilamente—, me gustan las pollas grandes, como a todo el mundo. Por eso estás a dos velas: No tienes mucho para llevarse a la boca —y le dio la espalda para entrar en el edificio.
«Con suerte le cerrarán la puerta en las narices y ya no tendré que aguantarlo» se dijo mientras atravesaba el vestíbulo.
Pero Iván vio como entraba, y tras echarle una ultima calada al cigarrillo lo tiró al pavimento distraídamente, para luego sobarse la entrepierna y entrar en el instituto detrás de Álvaro pensando que ese rubito era un gilipollas.
*—-*
Álvaro subió al tercer piso del edificio por delante de Iván; no le apetecía aguantar sus gilipolleces, y aunque sabía que era una tontería pensar que iba a follarse a su profesor, y que la presencia de Iván no había jodido nada porque no tenía posibilidades de follárselo, sería más realista decir que esperaba pasar un rato a solas con él en la clase privada, y que tener que aguantar al gilipollas de Iván todo el rato en el que había pensado estar con Santi le había jodido la tarde. La verdad es que Santi le caía bien; no era solo porque fuera guapo, era muy parecido a él. Y también estaba muy bueno, ¿para qué negarlo?
«Bueno —pensó mientras llegaba al tercer piso e iba hacia la puerta de la clase— por lo meno aprobaré el examen. Algo es algo.»
Las puertas de las clases eran grises, de metal ligero y se abrían solo tirando del picaporte; tenían un ojo de buey por el que se podía ver la clase, y tal vez por una corazonada o un presentimiento, Álvaro miró por el ojo antes de abrir la puerta para ver si el profesor estaba dentro… Había que apiñarse contra la ventana, pero se podía ver la mesa del profesor al otro lado de la clase.
Y fue entonces cuando lo vio.
«¡HOSTIA PUTA!»
Santi estaba en su mesa, repantigado en su silla y por el movimiento del brazo era obvio que se estaba cascando un pajote, con los ojos azules completamente centrados en la mesa.
«Joder… la vida es la leche.»
Sentir a Iván detrás de él —«Ey, ¿qué haces?— fue un autentico pinchazo.
Se volvió hacia él, irritado, y se llevó el dedo a los labios, pidiendo silencio y volvió a girarse para mirar a la ventana. Iván debió pillarlo, y curioso por saber que estaba pasando se pegó a él por detrás para mirar también por la ventana, pegando su cabeza a la suya. Álvaro quiso apartarlo de un empujón, pero se aguantó por no hacer ruido. Le interesaba más el espectáculo que les estaba dando su profesor.
—Joder… —masculló Iván por lo bajo—. El profe es un pajillero…
Estuvieron mirando a Santi que estaba recostado en la silla, y el hecho de que Iván se mantuviera callado y no abriera la boca le pareció una buena señal, aunque le molestaba que se apretujase tanto contra él, pero era obvio que, como él, también quería ver más y mejor.
Iván se apretaba contra él, y notaba su respiración en el cuello; no le gustaba pero por lo menos no hablaba.
Podían ver cómo Santi estaba completamente centrado en el porno, sin dejar de cascársela, relajado, disfrutando de su paja como un animal, y gozando de ella. Con la boca ligeramente abierta recostado y mirando la mesa muy concentrado.
Al verlo así, tan serio… hasta cuando se la cascaba, se la puso dura. Casi podía oírlo…
Quería… Casi podrían hasta…
Antes de que se diera cuanta notó que Iván se apartaba de él y al segundo siguiente su mano sobre el hombro y un tirón le hizo apartarse de la puerta. Álvaro le habría gritado que se fuera a la mierda solo por interrumpirlo, pero no quería hacer ruido para alertar al profesor y que dejara de pajearse.
Se miraron muy serios. Iván llevó el dedo a los dedos —«silencio»— y tiró de la puerta con suavidad para entrar y Álvaro lo siguió, asegurándose de que la puerta se cerraba sin hacer ruido y se reunió con Iván un metro más allá, al final de la clase. Podían ver y oír lo gruñidos de gusto de Santi, que de lo centrado que estaba en el video no los había visto entrar en clase.
También podían oír el video —«¡Ooooh!, joder. ¡Ooooh! Así se hace, cabrón»— que eran indudablemente masculinos —«¡Aaaah! ¡Joder…! Qué polla!»— mientras Santi gozaba de su paja con los ojos clavados en el video; no podían verle la polla, pero con solo oír el video y ver las caras que ponía mientras su brazo derecho se movía sin parar bastaba para que a Álvaro la polla le diera tirones de la excitación.
Captó un movimiento y al girar la cabeza vio que Iván se estaba sobando el paquete por encima del pantalón y notó que ahora parecía más grande y abultado de lo que solía estar normalmente.
«Vaya, mira quien nos ha salido mariquita ¿quién lo iba a pensar, eh? Menudo topicazo, joder» se dijo con recochineo recordando las veces que se había metido con él por comer pollas.
«Cabrón hijo de puta.» pensó, mirándolo.
Pero de perdidos al río, ¿no?
Sin cortarse un pelo se sacó la polla y se puso a cascársela ahí mismo, imitando a Santi, que se estaba haciendo un pajote en toda regla, ahí, recostado en su silla, con toda tranquilidad, demasiado enfocado en la paja como para enterarse de que estaban ahí, observándolo.
Iván aún tardó unos segundos en darse cuenta de que su compañero también se la estaba cascando oyendo los gemidos del polvo —«¡Oooooh! Sigue así … ¡Fóllame fuerte!»—, y cuando lo hizo, y se dio cuenta de que era el único que no tenía la polla fuera. Después de un segundo de sorpresa, se sacó el rabo siguiendo el ejemplo de Álvaro y se puso a cascarse la polla, sin cortarse un pelo.
Ahora ambos estaban con las pollas fuera, cascándoselas sin cortarse un pelo, viendo cómo su profe gozaba del video porno, cómo se movía su brazo y las caras que ponía. Oyendo los gemidos y gruñidos que venían del móvil.
Álvaro también lo estaba disfrutando. Al girarse hacia Iván vio que este se relamía y que también se la había sacado, dura como una piedra, cascándosela. Él también lo entendía. Quería acercarse y verle la polla a su profesor. Quería ponerse de rodillas entre sus piernas y ponerse a comer.
Lo quería… Lo quería… Lo quería…
«¡¡Ooooh!!, reviéntame, cabrón… así… ¡Aaaaah!»
Estuvieron así un buen rato, cascándosela con tranquilidad, deseando a su profesor que se la cascaba sin cortarse un pelo, y deseando acercarse para tener mejores vistas… y participar. Aunque seguían sin atreverse a romper la magia de las pajas, y arriesgarse a arruinar el momento.
Fue justo en medio de un gemido del chaval del video, cuando el sonido pareció bajar al mínimo mientras un zumbido se imponía al sonido del video. Ellos estaban demasiado cachondos para parar de cascarse las pollas, pero Santi soltó un bufido de hastío e incorporándose en su silla masculló «¿Y ahora que coño quieres, joder?» antes de quitar el video de la pantalla del móvil; el sonido desapareció del todo y descolgó la llamada llevándose la mano a la nuca para frotársela, visiblemente molesto.
—Hola, cariño, ¿cómo va todo?
Álvaro sonrió. Y fue justo cuando Santi levantó la mirada de la mesa, y sus ojos azules se abrieron como platos.
Por un segundo pareció visiblemente asustado, mientras su mujer le piaba en la oreja sin parar, sus ojos azules estaban abiertos completamente y su expresión de fastidio dio paso a una inmovilización total mientras los miraba ambos ahí plantados —probablemente preguntando si aquello era real o desde cuando estaban ellos dos ahí—, y con la boca ligeramente abierta, y ellos tenían las pollas fuera, completamente empalmados, en silencio, pero con sonrisas en sus caras.
No podía decir nada, porque era obvio que le habían pillado, y si hablaba en ese momento metería la pata hasta el fondo.
Estaba en una puta encrucijada, y su siguiente decisión podía mandar a la mierda su matrimonio y su trabajo.
Así que se movieron ellos.
Ambos se acercaron tranquilamente y pudieron oír cómo su mujer hablaba a su marido. Álvaro no podía entender lo que decía, pero por su forma de hablar se imaginó que estaba bastante cabreada por algo.
—Sí, cariño —contestó. Su voz sonaba bastante normal aunque sus ojos gritaban de horror mientras Iván le sonreía a un lado de su silla. Álvaro llegó y se puso al otro de la silla, ambos sonriendo de oreja a oreja viendo el porno que se reflejaba en el portátil de su profesor, delante de la mesa—. Ummm… sí, todo bien. Hoy puede que llegue un poco tarde porque… —los miró bastante asustado— tengo que dar una clase de repaso.
Mientras explicaba que tenía que ayudar a un par de sus alumnos los miraba primero a uno y luego al otro, ambos sonrientes, cerdos y cachondos por toda esa situación. Cuando miró a Iván este sin cortarse un pelo se sobó la polla con toda tranquilidad, y cuando se giró hacia Álvaro vio que este no se cortaba un pelo en mirarle la polla, que era gorda y una puta anaconda. Bronceada y con un capullo rosado, precioso, descapullado y pidiendo atención.
—Sí, bueno… —dijo Santi; Álvaro deslizó sus manos por sus muslos pasando de sus calzoncillos para agarrar esa polla dura y desde luego era grande y gorda. Y dura como una piedra
Pudo sentir que Santi se sobresaltaba, pero siguió hablando mientras Álvaro giraba su silla hacia él, e Iván le daba a su zambomba sin perder detalle.
—Claro que sí, cariño —dijo Santi por teléfono. Álvaro se puso de rodillas y estaba frente a su cara, caliente y babosa. Irguiéndose sacó la lengua y se puso a lamer ese capulló rosado y grande con el pellejo recogido, mirándolo. Y Santi apartó el brazo que estaba en medio y Álvaro pudo ponerse a chupar esa polla enorme con ganas y en silencio..
Iván no les quitaba ojo mientras iba cascándose la polla.
—Tardaré un poco —dijo mientras ponía la mano paternalmente sobre la cabeza de Álvaro animándole a mamar con más ganas—. Termino y voy para allá, vale.
—Mmmm… —masculló Álvaro adelantando y metiéndose en la boca buena parte de la polla en la boca. Desde luego no decepcionaba.
—Vale, compraré pañales —dijo el profesor con un deje de prisa mirando como su alumno le comía la polla—. Hasta luego. Te quiero.
Él colgó la llamada y emitió un suspiro de alivio dejando el móvil encima de la mesa e Iván rió sacudiéndose la polla tranquilamente mientras veía cómo Álvaro le comía la polla con ganas entre sus piernas.
—Mmmmm… —masculló Álvaro empezando a imprimir ritmo a su mamada, y disfrutando de esa polla enorme sin tapujos haciendo que Santi soltase un gemido de gusto, sin intentar apartarse y disfrutando sin tapujos ahora que no había nadie que pudiera oírlo.
—¡Aaaah! —gimió Santi mirando a Álvaro, que no apartaba su mirada de la suya.
—Eso es, profe —dijo sonriente mientras se la cascaba—. Enséñanos bien a los dos. Así da gusto venir a clase.
Santi miró a Iván que sonreía tranquilamente y luego a Álvaro que seguía comiéndole la polla, larga, bien gorda y bronceada, de rodillas entre sus piernas, con muchas ganas, mirándolo con esos ojos grises.
—Mmmm… mmmm… mmmm… mmmm…
—¡Ooooh!
Santi no pudo reprimir un sonido de gusto e Iván a su lado ensanchó su sonrisa. Ambos miraban a Álvaro que le mamaba la polla a su profesor de asignatura y tutor.
—Mmmmm… Mmmmm… Mmmmm… Mmmmm…
Santi suspiró centrándose en Álvaro que seguía comiéndole la polla con dedicación y ganas dignas de un buen mamador; estaba tan cachondo, y llevaba tanto sin follar… que no pudo decir que le costase mucho superar el debate ético de ponerle los cuernos a su mujer con esos dos, mientras veía a los ojos de ese cabrón que lo miraba sin vacilar, disfrutando de su polla y metiéndosela entera en la boca, hasta la tráquea como todo un profesional; desde que le había llegado a esa sustitución había pensado que tenia una boca digna de un buen chupapollas.
Desde luego la intuición no le fallaba.
«Joder… el cabrón tiene aguante» pensó cuando con un suspiró alargado —«mmmmmm…»— se la metió entera en la boca, hasta los cojones con un gruñido.
Y ya le habían pillado cascándosela.
—¡Ooooh! —suspiró, pensando que su polla debía de estar en toda la tráquea de ese chaval—. Joder… —gimió, y los ojos de Álvaro parecieron brillar satisfechos al oírlo mientras mantenía toda su polla en su boca… esa boquita de cabrón—. De esto ni una palabra a nadie ¿de acuerdo? Me juego el empleo y mi matrimonio por esto.
—A mí no tienes porque decírmelo, profe —dijo Iván tranquilamente sin dejar de cascársela—. A mí tampoco me apetece que se sepa, pero por el chupapollas este, no sé… —dijo mirando a Álvaro con una sonrisilla.
—Mmmmm… ¡Aaaah!
Álvaro se había sacado la polla de la boca. La polla larga y bronceada de Santi estaba embadurnada de babas y finos hilos de saliva unían su polla y su capullo rosado con la boquita de Álvaro que miró al profesor con una sonrisa en los labios antes de centrarse en su polla sacando la lengua y pasándola por su capulló brillante y rosado.
—¡Oooooh! Joder…
—¡Me encanta! —masculló el chico con una amplia sonrisa.
Álvaro agarró la polla con suavidad y la puso firme para amorrarse a los cojones depilados de su profesor y ponerse a comerle los huevos como había hecho con su enorme tranca.
Iván sonreía de buena gana, sin dejar de cascársela.
—¡Madre mía! Menudo chupapollas estás hecho… tendría que haberte dado polla el primer día que te conocí —sonrió—. Puto cabrón.
Santi se giró hacia Iván, puede que en un intento de poner algo de paz. Hasta él que llevaba ahí poco más de un mes se había dado cuenta de que esos dos no se llevaban precisamente bien.
Pero entonces Álvaro dejó de comerle los huevos, y le pasó la lengua desde la base hasta la punta de la polla, haciéndole soltar un gemido de placer, y perdiendo el hilo de lo que fuera que pretendía hacer.
—Aaaaah —gimió mientras sentía la lengua de Álvaro lamiéndole el capullo impregnado de babas con ganas—. ¡Ooooh, joder…! Qué bien… ¡Aaaah!
Se recostó contra el respaldo de la silla, y al mirar vio cómo la cara de Álvaro sobresalía por encima de la polla de su polla, con su lengua aún en su polla.
Tenía una cara de puto… En eso Iván tenía razón, desde luego ¡Dios! Era una cara de chupapollas digna de una peli porno. Le encantaba. Era la cara de alguien que definitivamente gozaba de una polla. Y le estaba poniendo a mil.
—Joder… —masculló. Puso la mano sobre la cabeza de Álvaro, en principio pensando en volver a amorrarlo a su polla, pero luego dejó que le recorriera la cara, esa carita pringada de babas, y esos ojos grises… mientras el chico dejaba de lamerle la punta de la polla y le sonreía.
«Sí —pensó mientras le acariciaba ese pelo platino—, definitivamente este chico es un buen chupapollas.»
Dejó que la mano resbalase por la cara de Álvaro, acariciándolo con sus largos dedos. Esa carita de cabrón sonriente, recorriéndola, y pasando los dedos por esa mejilla pringada de babas, las mismas babas que cubrían su polla.
El chico siguió sonriéndole, dejándole hacer, mientras él pasaba los dedos por su cara, para sujetarlo por la barbilla con suavidad. Y empezó a tirar de él.
La cara de Álvaro se acercaba a la suya, y apenas fue consciente de que el chico ponía las manos en sus muslos para poder levantarse, y terminar de acercar su cara a la suya. Para entonces ambos estaban muy cerca, lo bastante para poder respirar en la cara del otro. Habrían podido lamerse mutuamente de haber querido.
Álvaro solo podía pensar en esos ojos azules, como si le atravesaran, y mirasen dentro de él. Era un azul precioso.
—Ni una palabra de esto a nadie —repitió Santi con suavidad.
Se hizo un momento de silencio, hasta que Álvaro respondió:
—Ni una puta palabra.
Y se besaron. Fue un beso suave y tranquilo, jugueteando con la lengua del otro; Santi pudo sentir en su boca el sabor de su propia polla, y la verdad es que no le importó.
—Joder —masculló Iván sin dejar de cascársela, viendo cómo se besaban.
El beso terminó Álvaro abrió los ojos con suavidad, y vio que los ojos azules lo miraban, y había un brillo de excitación en esa mirada.
—Ahora voy a follarte el culo.
—Eres la hostia, profesor —le sonrió Álvaro—. Métemela entera.
—Hasta el fondo —le aseguró él—. Te metería mis cojones dentro también, si pudiera.
—Mmmmmm… —suspiró Álvaro deseoso.
—Pues vamos allá, que no tengo toda la tarde —dijo, y se incorporó de un salto mandando su silla con ruedas hacia atrás hasta dar con la pared. De pie y frente a Álvaro, se puso a tirar de la camiseta del chico hasta quitársela y lanzarla a un lado, y luego cogió a Álvaro con rapidez del hombro desnudo hasta llevarlo a uno de los laterales de la mesa y él se limitó a apoyarse en la mesa mientras su profesor se acuclillaba detrás de él y con dos rápidos tirones le bajaba los vaqueros dejándole el culo al descubierto y poniendo su cara ante él; Álvaro pudo sentir su respiración y aliento acariciándole el culo.
Iván miró mientras se la cascaba. Álvaro no era exactamente delgado, aunque tampoco estaba gordo, y ponía unas caras muy cachondas, disfrutando de tener al profesor comiéndose ese culo jugoso a ese capullo oxigenado…
—¡Oooooh! —gimió.
Y Álvaro tenía un buen culo, redondo firme y joven..
Santi le dio un azote, feliz de poder divertirse al fin, y jugar de verdad.
—¡Oh, sí! —dijo su profesor.
Y con un gruñido se abalanzó sobre ese culo, a devorarlo. Quedó amortiguado cuando enterró su cara en él, y Álvaro gimió en respuesta.
—¡Aaaah!
—Mmmm… Grrr… ¡Mmmmph!
—¡Aaaaah! ¡Aaaaah!
Álvaro gemía del gusto, apoyándose en la mesa. Sentía cómo la lengua de su profesor le comía el culo con ganas, preparándolo para follárselo con ese rabo gigante que le colgaba entre las piernas.
Y se sentía genial.
—¡Aaaah! —gimió recostándose sobre la mesa—. ¡Mmmmm!
Santi volvió a gruñir a su espalda, sin dejar de devorar el culo, mirándolo con esos ojos azules.
—¡Mmmmph! ¡Grrr… Mmmmm!
—¡Aaaaah!
Al escuchar una risita Álvaro se giró. Iván miraba el espectáculo de pie a menos de un metro de él sacudiéndose la polla con tranquilidad y una sonrisita en la cara.
—Ya se ve que te gusta que te den por culo, Alvarito —comentó burlón sin dejar de cascársela—. Seguro que ahí han entrado un montón de pollas.
«Vete a la mierda» le quiso contestar, pero solo pudo gemir mientras su profesor seguía devorando su culo, y Iván acentuó su sonrisa.
Hasta que Álvaro lo miró desafiante.
—Por lo menos él tiene una buena polla que meterme —le picó, ya que obviamente la polla de Iván no era tan grande ni tan larga como la de su profesor. Era gorda, y bastante larga. Tenía que ser una buena talla L de condón por lo menos. Aun así la de Santi era más grande.
—El tamaño no lo es todo, chupapollas. Ya lo verás cuando sea yo el que te la meta hasta el fondo, hijo de puta.
Álvaro pudo ver que se había picado y esta vez fue él el que sonrió burlón antes de soltar otro gemido, sonriente, pinchando a Iván.
—Mmmmm… mmmm… mmmm…
Santi le comía el culo a lametazos, pasando la lengua por esa raja, arriba y abajo, con las manos sobre esos cachetes para abrirlo bien, dedicándose a ese culo, mientras ellos dos seguían picándose.
—Maricón de mierda —le gruñó Iván que no soportaba ver esa sonrisa en la cara de Álvaro—. Te voy a reventar.
—¡Aaaah! —gimió Álvaro sin dejar de mirar a Iván ensanchando la sonrisa en su cara—. Hablas mucho, chucho. Y ya sabes lo que se dice de los que ladran mucho, ¿no, cotorra? ¡Aaaaah! —gimió para volver a centrarse en Iván—. Seguro que no aguantas ni un minuto.
—¡Serás…!
Pero Santi se incorporó dándole un azote bastante más fuerte que los anteriores en el culo a Álvaro y haciéndole soltar un gemido de dolor esta vez.
—Vosotros dos, dejad de discutir ya —les dijo, muy serió—. Y centraos en la follada ¿queréis? No me la jodáis con vuestras chorradas.
Y con un gruñido de frustración llevó la mano de a la nuca y se tiró de la parte trasera de la camiseta para quitársela y mostrar un cuerpo musculoso, bronceado y fuerte; Era bastante delgado pero fuerte, con abdominales bien definidos y complexión dura. Álvaro supuso que había acertado al pensar que hacía algo de pesas de vez en cuando.
Álvaro y Iván se miraron y parecieron acordar que era mejor no cabrearlo si querían seguir jugando, así que se miraron provocadores pero no dijeron nada, aunque no daban el asunto por terminado. Al menos era una tregua.
Álvaro volvió a posicionarse con el culo en pompa y empezó a sentir el la polla de Santi restregándose contra su culo, pasándole la tranca entera por la raja del culo, dándole golpecitos en los cachetes antes de empezar a sentir cómo la punta entraba entre sus cachetes, buscando su agujero, listo para empezar a follárselo….
—Un momento —intervino entonces Iván.
Álvaro le disparó una mirada irritada por fastidiar el momento, pero el chico se separó de la pared y se acercó a ellos mirando a Álvaro con una sonrisa en los labios.
—Solo un segundo —le dijo a Santi.
Se colocó junto a Santi, detrás de Álvaro, que giró la cabeza para ver que tramaba ese hijo de puta ahora, mosqueado por no estar sintiendo como la anaconda de su profesor le entraba por el culo y vio cómo Santi se apartaba un poco de él para darle espacio, curioso por ver que quería hacer.
Iván acarició el culo de Álvaro tranquilamente, y luego le abrió bien los cachetes y de su boca dejó caer un salivazo de sus labios que aterrizó directamente en su raja y empezaba a escurrirse por ella, cuando Iván —mostrando cero delicadeza— le metió dos dedos por el culo haciendo que Álvaro soltara un gemido de sorpresa que se convirtió en un gruñido.
—¡Aaaaaj!
Iván movía los dedos, follandole el culo, lubricando ese culo con su gapo, metiendo su saliva dentro del culo de ese cabrón bocazas y disfrutando de los gruñidos de Álvaro. Miró a Santi con una sonrisa en los labios y aunque este parecía entender que Iván lo hacía para joder a Álvaro más que por otra cosa pareció decidir que era aceptable mientras que no cruzara la línea y no se pasase. Le dejó hacer.
—¡Aaaaah! ¡Joder! —gimió Álvaro, soltando otro gruñido.
Santi se limitó a esperar a que terminase, y Álvaro soltó otro gruñido aguantándose las ganas de soltarle a Iván alguna parida. E Iván por su parte, parecía estar pasándoselo muy bien.
—Ya está —dijo sacando los dedos y dándole un azote a Álvaro y mirando al profesor quitándose de en medio le dijo—: Ya puedes metérsela; No hace falta que seas muy delicado.
—¡Hijo de puta…! —le gruñó Álvaro por lo bajo mientras Iván pasaba por su lado masajeándose la polla y dejando que Santi siguiera follandole el culo a ese cabrón bocazas.
Santi volvió a posicionarse y puso la punta de su polla contra la entrada de ese culo para empezar a entrar con más delicadeza de la que había mostrado Iván, sin prisas, metiéndole la polla centímetro a centímetro, sin ninguna prisa. Y desde luego ese era un culo digno de un tragapollas como ese.
—Mmmmmm…
Mientras le metía la polla Álvaro gemía con suavidad.
—Aaaaah… Ahhhh…
—¡Mmmph! Eso es… muy bien…
—¡Aah! Joder… —masculló con suavidad.
Iván merodeaba con como un depredador, mirando la escena desde todos los ángulos posibles, con una sonrisa en la cara, pajeándose, oyendo cómo le follaba el culo, y cómo Álvaro gemía.
—¡Mmmm! —masculló Santi cuando se la metió entera en el culo, terminando en una especie de gruñido.
Álvaro respondió con un gemido suave, sintiendo cómo al final la cadera caliente de Santi daba contra su culo.
¡Joder! Era una polla enorme.
—Que culito más rico —dijo el profesor pegando su cuerpo al suyo..
—Todo el culo de un tragapollas —añadió Iván, sonriente—. Seguro que lo tienes bien abierto ¿eh, Alvarito?
Sin embargo a Álvaro esta vez no le costó mucho ignorar la pulla, pensando en el pedazo de anaconda que le habían metido dentro.
—Fóllame a fondo, profe —le pidió, encantado—. ¡Mmmmm! ¡Aaaaah! —gimió del gusto.
Santi no pudo reprimir una sonrisa. Si el chico quería una buena follada… él también se moría por una. Hacia tiempo que no tenía una buena fiesta.
Empezó a embestir.
—¡Mmmph! ¡Mmmmph!
—¡Aaaah!
—¡Mmmph!
—¡Aaaah!
Las embestidas de la follada no tardaron en coger ritmo, igual que los gemidos de Álvaro mientras Iván observaba. Los gruñidos de Santi fueron cobrando más y más intensidad, junto con sus embestidas, y Álvaro se sujetaba a la mesa, que empezó a sacudirse al ritmo de las embestidas.
Santi tenía la boca ligeramente entreabierta en una mueca que hacía que sus facciones se tensaran haciendo que se le marcaran los músculos de la mandíbula mientras se lo follaba contra la mesa. Las venas de sus brazos se marcaban con claridad.
—¡Mmmmph!
—¡Aaaaah! —gimió su alumno mientras la mesa se movía hacia adelante y hacia atrás sin parar, sin poderlo parar; era una polla enorme, ensartándole el culo—. Joder…
Iván se plantó a su lado sujetándose la polla, también gorda y blanca y cascándosela mirándolo con una sonrisa socarrona en la cara. Santi lo volvió a embestir con una exclamación y no pudo contener otro gemido.
—¡Joder! —masculló Álvaro cerrando los ojos con fuerza ante la ensartada que le estaba metiendo su profesor—. ¡Aaaah!
—Tienes que controlarte, maricón —le dijo Iván mientras se la cascaba a centímetros de su cara—. O te van a oír los del edificio de al lado y la gente que va por la calle tres pisos más abajo.
Álvaro volvió a gemir ante otra embestida.
—Me esta reventando el culo, hijo de puta —le contestó él mientras su profesor se lo follaba sin parar y la mesa se bamboleaba adelante y atrás.
—Te va a dejar el culo como un túnel —le dijo él.
Álvaro le dedicó una sonrisa tirante mientras Santi se lo seguía follando.
—Cierra la puta boca ¡mmm! —Ahogó otro gemido y le ofreció otra sonrisa chulesca como la que lucía Iván—. O mejor aún —dijo mirándole la polla—, ciérrame tú la puta boca con tu polla, cabrón. Si es que puedes.
Iván no contestó nada, pero cuando Álvaro apartó el brazo para que pudiera colocarse se situó delante de él, y poniendo la mano detrás de la cabeza de Álvaro le metió la polla en la boca y sus gemidos quedaron callados.
—¡Mmmmmm! ¡Mmmmmm!
—¡Oooooh! —suspiró—. Con esto te callarás un rato… ¡Ooooh! Puto cabrón estirado… ¡Qué bien! ¡Mucho mejor así, joder!
—Mmmm…
—¡Oooh joder…!
Iván empezó a mover la cadera con suavidad, aunque apenas necesitaba moverse, de las embestidas que le estaba metiendo el buenorro de su profesor se movía todo lo necesario para mamarle la polla, a cada embestida.
—Mmmmm…
La polla de Iván estaba dura y caliente y la follada que le estaba metiendo su profesor se lo estaba follando por dentro, joder; desde luego su mujer era afortunada ¿Cuántas veces la habría dejado embarazada ya? ¿Seis? ¿Siete? ¿Diez hijos? Tenía que venerar esa polla como una diosa. Él desde luego lo haría.
—Mmmmm…
—Ooooh —dijo Iván acariciándole la cabeza y revolviéndole el pelo rubio con suavidad mientras le comía la polla, disfrutando—. Buen puto. Mmmm… Sabía que eras un buen chupapollas.
—¡MMMM! —Álvaro lo miró bastante cabreado aunque él sonreía de lo más satisfecho, disfrutando de que le comiera la polla—. ¡Mmmmm!
—¡Mmmph! —Santi gruñó dándole a ese culo con ganas, sin contenerse, ahora que MAX tenía boca ocupada y no podía gemir.
—Así… —dijo Iván sujetándole la cabeza con más fuerza—. Calladito estás más guapo ¡Ooooh! ¡Mmph! ¡Cómeme el rabo! ¡Jodeeer…! —gimió.
Iván empezó a follarle la boca con ganas golpeando la mesa con la cadera a cada movimiento, y durante un buen rato los dos le dieron a Álvaro con ganas, y lo único que se escuchaba eran los gemidos de gusto de Iván —«¡Oooh! Joder…»— mientras disfrutaba de su mamada, los gruñidos de su profesor —«Grrr… ¡Mph! ¡Mph!— follandole el culo al chico con una mueca rabiosa y tensa en la cara, pero disfrutándolo. Y los sonidos ahogados de Álvaro —«¡Mmmmm… Mmmmm»— entre ellos, recibiendo por delante y por detrás.
—Mmmmm…
Iván soltó un gemido de gusto aminorando la marcha y dejando de follarle la boca, pero aun así Álvaro siguió mamando de su polla, metiéndosela hasta la garganta, mientras Santi seguía follandole el culo. Si había podido con la polla de Santi la suya probablemente no le daría ningún problema, se dijo Iván mientras Álvaro se la seguía chupando sin parar.
—Mmmmm…
«Joder, que puto —pensó sonriéndole a Álvaro de oreja a oreja—. ¡Qué bien la chupa!»
—¡Mmmmm…! —masculló Álvaro mirándolo con esos ojos grises mientras Iván le acariciaba la cabeza y le revolvía el pelo.
Entonces profesor subió aún más el ritmo con un gruñido más alargado que los anteriores, más intenso, y los sonidos de Álvaro se hicieron aun más apremiantes a cada embestida.
—¡Mmmm! ¡Mmmmph!
—¡Joderr! —aulló Santi, embistiéndolo—. Mierdaaaa…. Grrrrr ¡Grrr! ¡MPH!
—¡MMMMM! ¡MMMMMMM…!
—¡MPHHH! —gruñó él volviendo a embestirlo.
—¡MMMM!
—¡Oooooh… qué gozada! —gimió Iván con una sonrisa en los labios, echando la cabeza hacia atrás y mirando a su profesor, que tenía unas líneas de tensión en las mejillas y enseñando los dientes con ojos azules brillando, como si pretendiera abrir a Álvaro en canal a pollazo limpio—. Enséñale bien, profe. Qué aprenda. Le encanta comer pollas ¿A que sí, cabrón? ¿Eh? —le preguntó a Álvaro—. ¿Te gusta comer rabo y que te follen el culo?
Álvaro se sacó la polla de Iván de la boca con un gemido y con una amplia sonrisa en la cara, pringada de babas.
—¡Me encanta! —aseguró delante de su polla goteante de sus propias babas. Soltó un gemido cuando Santi volvió embestirle con un gruñido—. Tiene una polla enorme… y me folla tan bien… ¡Aaaah!
Iván sonrió ante esa declaración y levantó un segundo la mirada a su profesor para ver que él también sonreía antes de volver a centrarse en Álvaro, y acariciarle el pelo con simpatía.
—Ya se nota que te gustan las pollas, ya. Te chiflan las salchichas ¿eh?
—¡La hostia! ¡Aaah! ¡Joder…! —gimió sin energía—. No veas que rabo tiene el cabrón de nuestro profe. ¡Ooooh! Te gustaría.
—Ya. Hasta estoy un poco celoso.
—¡AAAAAAH!
—Pues no lo estes —dijo entonces Santi mirando directamente a Iván sin dejar de follarse a Álvaro—. Porque… ¡Mmmph! —Se la metió entera en el culo a Álvaro de una estocada arrancándole un ultimo gemido—. Ahora te toca a ti.
—¿Qué? Ni hablar —dijo este—. Yo no pongo el culo.
Pero ninguno de los dos pareció escucharle. Santi deslizó las manos por el abdomen de Álvaro y ayudó a incorporarse de todo pegando su cuerpo a su espalda e Iván vio cómo los dedos largos y bronceados del profesor recorrían el cuerpo de Álvaro, hasta sus pectorales y abdomen, acariciándolos.
Sus cuerpos estaban pegados, y el rubio tenía la enorme polla del profesor completamente metida dentro de su culo. Álvaro notaba el cuerpo de su profesor contra su espalda, sudoroso y ardiente, delgado, pero firme y duro.
—¿Te gustaría eso? —le preguntó Santi a Álvaro, seductoramente—. ¿Qué me lo folle a él también?
—Aja… —respondió Álvaro relajadamente. Restregando su cuerpo con el de su profesor, con su larga y bronceada tranca metida dentro de su culo.
Con un sonido voraz Santi se puso a besarle el cuello a Álvaro y la cara mientras cerraba más su abrazo sobre él. Tenía brazos fuertes e Iván vio cómo esas manos con dedos largos se deslizaban por su pecho, y cómo le cogía el pezón y lo pellizcaba haciendo que Álvaro lanzase un pequeño gemido mientras apartaba la cara para facilitar que le besase mejor el cuello y parte de la mandíbula. La otra mano del profesor se deslizó hacia abajó, hasta agarrar el paquete de Álvaro por encima de los pantalones.
—Mmmmm… —masculló Santi llenándolo de besos suaves y pasando la lengua por su mandíbula hasta sus labios.
La verdad es que a Iván le molaba ver como se enrollaban pero, por mucho que a Iván quisiera no le molaba mucho la idea.
—Yo no pongo el culo —repitió.
Una sonrisa afilada asomó por los labios de Álvaro mientras Santi estaba totalmente centrado en comérselo a besos, sin prestarle atención.
—¿Por qué? ¿Nunca te han follado el culo?
—Pues claro que sí —replicó él y la sonrisa de Álvaro se ensanchó un poco más—. Pero… no me va mucho.
—Tiene una gran polla —comentó Álvaro mientras las manos de su profesor le masajeaban el cuerpo—. Se siente muy bien… —ronroneó antes de que Santi pusiera la cara frente a la suya y lo besase con ganas—. Mmmmm…
—Ya —dijo él ácidamente—. Seguro que tú te sientes muy bien, cabrón.
—A lo mejor es que tienes miedo a una polla tan grande —le picó Álvaro, sonriente.
—No es eso, joder.
—Mmmmmm… —masculló Santi llenándole de besos sin parar—. Mmmmm…
—Pues échale huevos —dijo Álvaro con una sonrisa—. No seas marica —dijo usando a propósito una de las palabras que él solía usar.
Eso hirió su orgullo masculino, y eso era lo peor que podías hacer con un tío. Frases como “no seas marica” “no tienes huevos” podían conseguir que un tío saltase de un puente. E Iván estaba seguro de que Álvaro lo sabía. Solo hacía falta ver la sonrisa con la que lo miraba, el muy hijo de puta.
Bufó, en parte cabreado porque Álvaro se saliera con la suya, aunque también excitado. Después de todo la verdad es que el profe tenía una gran polla, y hasta ahora el cabrón de Álvaro era el único que la había catado.
—Vale —cedió mientras Álvaro miraba al profesor y se besaban—. Fóllame el culo, profe. Me toca.
El profe estaba bueno… y le había puesto muy burro viendo cómo le follaba el culo a Álvaro.
—Ya está —dictaminó su profesor desmontando a Álvaro, sacándosela del culo con un suspiro y dándole un suave azote en el culo mirando a Iván con esos ojos azules brillantes—. Desnúdate que ahora te toca a ti.
—Te toca, colega. —Y le lamió la cara haciendo que diera un brinco.
—Cerdo de mierda —le espetó.
Álvaro le sonrió como si acabara de hacerle un cumplido y lo siguiente que hicieron fue desnudarse: Iván se deshizo de su camiseta, pantalones, zapatillas y ropa interior, mientras que Álvaro se apoyaba en la mesa para quitarse las zapatillas y pantalones, y Santi también se quitó los suyos. No eran precisamente tímidos, no había necesidad, ya era tarde para echarse atrás.
Iván sí que estaba bastante nervioso, Santi tenía la polla de un puto toro, y él no tenía el culo tan abierto como el cabrón de Álvaro, que sonrió detectando su inseguridad.
—Vamos, nenita —le dijo Álvaro, retador—. No tengas miedo, seguro que te entra entera. Igual hasta te hace un bebé —se burló.
—Maricón hijo de…
—Eh, tú. —El profesor lo miró seriamente—. Deja de remolonear y pon el culo de una vez. Y dejaos de estas gilipolleces, los dos —les dijo—; ya va siendo hora de que empecéis a trabajar en equipo, joder. Ya sois mayorcitos.
—Venga —le dijo Álvaro cachondeándose ante la indecisión de Iván—. Demuestra que sabes recibir como un campeón, cabrón.
—Pienso correrme en tu culo —le amenazó a Álvaro.
—Muchos humos, pichabrava —le sonrió él—. Ahora vas a recibir tú, nene. Déjale el culo como un túnel, «profe». Que pueda cagar de pie —le dijo citando las propias palabras de Iván que sonrió al oír sus propias palabras en los labios de Álvaro.
—Sí que eres rencoroso, joder.
—Ahora eres tú el que me la va a chupar a mí, hijo de puta —le aseguró Álvaro.
Iván sonrió chulesco pero no dijo nada, porque la verdad es que quería hacerlo.
Indeciso —aunque sin querer contradecir a su profesor— pero sin demostrarlo, se puso en el sitio en el que hasta hace un momento había estado Álvaro, que se subió encima de su mesa con una sonrisa burlona viendo cómo Iván se apoyaba en la mesa, listo para recibir Álvaro se despatarró sobre la mesa sobándose los cojones y la polla, relamiéndose justo delante de Iván, mientras veía cómo la polla de Iván tocaba la mesa, todavía chorreando de sus babas.
Sintió como la polla de su profesor se restregaba contra su culo, preparándose para entrar pero Iván solo tenía ojos para Álvaro y viendo cómo se sobaba los cojones.
—Esto va a ser divertido —ronroneó relamiéndose y sobándose los cojones con las piernas bien abiertas delante de su cara cuando Iván lanzó un pequeño gemido notando cómo la polla de profesor empezaba a darle punzadas metiendo el cabezón de su tranca en su culo y sacándola para volverla a meter una y otra vez, dándole punzadas, abriendo camino—. Mmmmm ¿Te han dado polla muchas veces?
—Ni la mitad de las que te habrán metido a ti —replicó él con sorna mientras Santi se iba tanteando su culo con su polla para follarselo—. Yo no dejo que me den por detrás tan fácilmente como tú.
—Bien —dijo Santi cogiéndose la polla, preparándose para entrar de verdad—. Me toca.
Con Iván no fue tan delicado como había sido con Álvaro, en parte porque Iván tenía pinta de no irle para nada las mariconadas, y también porque Álvaro se estaba encargando de Iván, pegándose a él , y besándolo, probablemente mientras lo distraía para que no se centrase en su rabo largo y gordo entrándole por el culo, aunque era una misión imposible con ese pedazo de anaconda.
Ellos dos se besaban y sus lenguas jugaban.
—¡Mph! —masculló Santi metiéndosela hasta el fondo.
—¡Oh! —gimió Iván interrumpiendo beso.
Álvaro le sonrió socarrón, e Iván hizo una mueca cuando con otro gruñido Santi siguió metiéndole la polla por el culo, y él volvió a pegarse a Álvaro, besándolo, y siguieron morreándose hasta que con otro gruñido Santi terminó de metérsela dentro del todo, y cuando Álvaro separó los labios de los de Iván este soltó un gruñido, aunque sin quejarse.
—¿Ya está toda dentro, cabrón? —le preguntó Álvaro y Iván no respondió aunque estaba toda dentro, grande, caliente y dura como una piedra. Notaba la cadera de Santi contra su culo—. Está rica ¿Eh?
Iván no sabía nada que contestar a eso. Había fantaseado muchas veces con follarle el culo a Santi, y a Álvaro, aunque estaba claro que él ahí tenía todas las de perder. Santi era mayor, y más fuerte y polludo que él.
No pudo hacer más que mirar a Álvaro y ver como sonreía cuando con nuevos gruñidos Santi empezó a follarle el culo, sin ceremonias, ensartándolo con su polla.
—Mmmmm ¡Aaaah! —gruñó—. ¡Joder! ¡Aaaah!
Santi siguió moviéndose sin apiadarse de él, mientras Iván hacía lo que podía por acallar los gemidos.
—¡Mmmm! ¡Aaaah! ¡Aaaag!
—¡MMMMPH! —gruñó Santi, acelerando un poco más las embestidas.
—¡Aaaaah! ¡mmmmm!
Álvaro sonrió mientras volvía a besar a Iván para acallar sus gemidos.
Álvaro lo besaba, e Iván le tiraba el aliento en la cara mientras su profesor se lo follaba como nadie se lo había follado en la vida, aunque no lo admitiría en voz alta, estaba acostumbrado a dar, no a recibir.
Cuando dejaban de besarse Iván y Álvaro respiraban el uno en la cara del otro. Y luego Álvaro se recostó en la mesa, delante de él, mirando como le daban polla mientras se masturbaba con la mano libre, disfrutando de la follada de Iván en primera fila.
—¡AAAAH! —gimió Iván mientras Álvaro sonreía—. ¡Mierda!
Se recostó aún más en la mesa mientras Álvaro sonreía, recostándose más sobre la mesa y deslizándose sobre ella para acercar sus cojones a Iván que gruñía como un animal mientras el profesor le follaba el culo.
—¡Ooooh! ¡Joder! —gimió Iván terminando con un gruñido
—Aja…
Álvaro puso los cojones muy cerca de la cara del cani mientras este gruñía como un toro.
—Anda —le dijo poniéndole la mano en la cabeza—. Cómeme el culo, cabrón.
—Puto —replicó él con un gruñido, conteniendo los gemidos mientras Santi gruñía a sus espaldas.
—Aja… —repitió haciendo presión sobre su cabeza—. Anda, cómeme el culo para que luego uno de vosotros me meta la polla, cabrón.
—¡Oooooh! Grrrr —gruñó, furioso mientras la mano de Álvaro le hacía acercarse a su culo—. ¡Puto, cabrón!
—Cómeme los huevos y el culo, nene. Venga, se un buen cerdo…
—Grrr… —Iván aún le disparó una mirada de enfado a ese cabrón sonriente, antes de ceder y amorrarse a su culo ahogando un gruñido—. ¡Mmmmm…!
—¡Oooooh! —gimió Álvaro mientras sentía cómo su lengua le comía los cojones u le rozaba la entrada del culo—. ¡Eso es! Buen cabrón…. De folleteo y comer culos y huevos sí que sabes, ¿eh? Buen chico…
—Mmmmmm… —La cara de Iván volvió a salir por encima de sus cojones mirándolo enfadado, pero él sentía su lengua dándole lengüetazos sin parar, lamiéndole el pirineo, la entrada de su culo, y llegando a sus cojones—. ¡Mmmm!
—¡Ooooh! —masculló Álvaro con sus ojos grises entrecerrados—. ¡Qué gozada!
Empezaron a oírse los gemidos de Álvaro junto los gruñidos de Santi mientras Iván le iba comiendo los huevos y el culo, mirando cabreado a Álvaro que estaba gozando con una sonrisa en los labios, gimiendo y gozando de los lengüetazos que le estaba dando, viendo como su lengua rosada le humedecía y le lamía el culo y los cojones, mientras lo miraba cabreado pero lamiendo con ganas.
—Mmmmm…. ¡Mmmmmm! —gruñó mientras Santi seguía reventándole el culo.
—Oh, que chico tan duro —Álvaro lo cogió de la cabeza y haciendo presión lo amorró a su culo para empezar a sentir cómo le pasaba la lengua por el culo y los cojones, lamiéndoselos haciendo que entrecerrara los ojos del gusto—. ¡Oooooh!
—Mmmmmm… ¡Mmmp! ¡Mmmmm!
—¡Oooooh! ¡Hostia puta! —exclamó Álvaro, disfrutando—. ¡Qué bien, cabrón! ¡Mmmmmm…!
Mirando a Álvaro irritado Iván siguió trabajándose ese culo y la zona del pirineo que estaba frente a su cara, lanzando exclamaciones ahogadas, gruñendo, sin dejar de mover la lengua por los cojones de Álvaro que se recostó más en la mesa, disfrutando de su lengua.
—Mmmmmm… —masculló, mirando complacido a Iván que le lamía la zona mirándolo bastante furioso, aunque por algún motivo verlo disfrutar mientras su profesor le follaba el culo le gustaba—. ¡Buen cerdo!
Iván gruñó cabreado. Asomó la cara lamiéndole los cojones y haciendo que Álvaro soltase otro sonido de relajado placer —«Mmmmm… buen chucho»— con esa sonrisa relajada en la cara, antes de bajar otra vez para seguir dedicándose al culo y al pirineo, sin dejar de lamer, sintiendo cómo la tranca gigantesca de Santi lo follaba y escuchando sus gruñidos.
—¡Aaaah! ¡Grrr…! —gruñó Santi, sin dejar de embestirlo.
—Mmmmm… que gustito, perro —gimió Álvaro—. ¡Oooooh!
Él siguió comiéndole la zona de abajo a Álvaro, mirándolo a veces para ver las caras de gusto que ponía, el muy cabrón. Cómo gozaba. La verdad era que le gustaba verlo disfrutar, y más de una vez se lo había imaginado de rodillas entre sus piernas comiéndole la polla y poniendo el culo para que se lo follase como a una puta, poniéndolo mirando pa Cuenca. Y desde luego en esos momentos estaba gozando, el hijo de puta.
Álvaro no era precisamente la alegría de la fiesta, aunque tampoco era un empollón, era bastante reservado, bastante seco… Y mira cómo gozaba de la polla de su profesor y de su comida de culo, llamándolo chucho… —«Qué bien comes culo y huevos, cabrón»—. Y tampoco había vacilado mucho en bajarse los pantalones para cascársela cuando habían entrado en la clase. Era un cabrón hijo de puta, y le encantaban las pollas.
—Mmmmm… —masculló Álvaro del gusto.
—Grrrr… ¡Mph! —gruñó Santi a su espalda, metiéndole la polla hasta el fondo de una embestida.
Él movió la lengua con más ganas.
—Anda —dijo Álvaro después de un rato, sentándose delante de él con las piernas colgando y dejando su polla erecta delante de él— ahora cómeme la polla, que ya has trabajado bastante el culo.
«Seguro que lo tienes más que trabajado, cabrón», pensó Iván.
Pensó en contestar, pero, mirándolo hoscamente dejó que Álvaro lo amorrase en su polla que tenía un tamaño muy parecido a la suya, y nada que ver con la tranca de caballo que calzaba el profe. Le disparó una mirada hosca a Álvaro antes de metérsela en la boca con un gruñido rabioso —su profesor seguía embistiéndolo a pollazos— que quedó ahogado cuando se la metió en la boca, aun mirando a ese cabrón y con su mano sobre su cabeza.
—¡MMmmmm! —gruñó mientras le comía la polla.
—Eso es —sonrió Álvaro—. Come rabo, cabrón. Sabes que en el fondo te encanta.
«Tú ríe, que luego seré yo el que te folle el culo» pensó dejando de mirarlo y centrándose en comerle la polla.
—¡Ooooh! —gimió Álvaro complacido—. Que buen maricón eres cuando quieres.
—Mmmmmm… mmmm… mmmm…
—¡Oooooh! ¡Qué bien!
Santi le follaba el culo con ganas, sin descanso.
—¡Mmmph! ¡Mmmph! ¡Mmmmmph! ¡Aaaha! —gimió Santi y al mirar a Álvaro este le sonrió, relamiéndose.
Él le devolvió la sonrisa; esos dos no se llevaban muy bien, pero habían hecho grandes avances en unos minutos. Casi sería milagroso.
—¡Aaaah! —gimió Álvaro—. ¡Qué bien se te da comer polla, cabrón! ¡Aaaah!
—Mmmmm… mmmm… mmmm…
Sin dejar de follarle el culo a Iván, Santi se dijo que si la gente follase más se llevaría mejor ¿Te he dado con el coche? Un polvo. ¿Llegas tarde? Un polvo ¿Me he follado a tu pareja? Un polvo para ti también, joder ¿A tu hijo? Un polvo. Hasta puedes mirar mientras me lo follo, y unirte a la fiesta… Polvo. Polvo. Polvo.
Su sonrisa se ensanchó: El mundo sería mucho mejor.
—¡Mmmmph! —masculló sin dejar de follarse ese culo—. ¡Oooh!
—¡Aaaaah! —gimió Álvaro mientras Iván era follado y le comía la polla con una expresión relajada soltando suaves gemidos—. Joder… esto da mucho gustito… ¡Aaah!
—Mmmmm…
Álvaro rió mientras tenía al hijo de puta de Iván comiéndole la polla, feliz de tenerlo así, mientras recibía por el culo, el jodido cani de la puta clase.
—¡Buaaah! —masculló mientras Iván le comía la polla, presionándole la cabeza.
—¡Mmmm!
Aunque tampoco era como que se estuviera esforzando mucho por sacársela de la boca, porque lo cierto era que, aunque quisiera hacerse el duro le gustaba que le dieran caña, y tener la polla de Santi reventándole el culo y al cabrón de Álvaro disfrutando y dándole polla —«¡AAAAH! Cabrón»— obligándole a comer rabo sin parar. Las mariconadas no le iban, pero eso, esos dos cabrones dándole polla, le ponían como a una moto.
—MMMMM —mascullaba Iván mientras le comía la polla a Álvaro mientras la mesa temblaba.
—¡Traga! —le decía Álvaro sujetándole la cabeza contra su polla—. ¡Traga, joder! Así… come, perrito.
—¡Mmmmm!
Iván intentó sacar la cabeza, aunque no era fácil forcejeando solo con la cabeza mientras el profe lo molía a pollazos. Oyó que Álvaro reía y presionaba, y empezó a resistirse más en serio, intentando sacar la cabeza. Joder… se lo estaban follando vivo…
—¡Mmmmm! —intentó debatirse—. ¡Mmmmm!
—¡Me encanta, joder! —suspiró Álvaro
—¡MMMM!
Parecía que por un segundo conseguiría sacársela de la boca, pero entonces una manó más grande, la mano de Santi, se colocó sobre la de Álvaro y le obligó a volver a metérsela hasta los huevos, sin dejar de follarselo.
—¡Ooooh! —masculló sin aminorar la marcha de la follada.
—¡Mmmmm!
—¡Aaaah! —masculló Álvaro en el séptimo cielo, sonriéndole a su profesor—. La chupa genial, profe.
Le sonreía al profesor… y este mirándolo con esos ojos azules encendidos, le devolvió la sonrisa, mientras Iván mascullaba desesperado, aunque chupaba con ganas.
—¡Mmmmmm! ¡Mmmmmm! —gruñó Santi mirando a Álvaro, que tenía una expresión de relajación total en la cara.
Álvaro notaba la mano caliente de su profesor sobre la suya, ambos tenían las manos grandes y de dedos delgados y largos, aunque la de Santi era un poco más grande. Y disfrutaba cabalgando al cabrito de la clase mientras su alumno disfrutaba de la mamada poniendo esas caritas de gusto,
—¡Aaaaah! —masculló Álvaro—. Eres un muy buen mamón, cabrón. Joder…
—¡MMmmmm! ¡Aaaah! —gimió Iván, por fin sacándose la polla de Álvaro de la boca—. ¡Maricón hijo de puta! —le espetó.
Pero Álvaro solo rió, divertido.
—Te voy a follar hasta reventarte el culo, cabrón —le prometió Iván, cabreado.
—Ya. Anda —dijo volviendo a presionar su cabeza—, deja de hablar y come rabo, joder.
Iván aún lo fulminó con la mirada pero cedió ante la presión de ambos volviendo a bajar la cabeza.
—Cabrón… —masculló, abriendo la boca para volver a metérsela en la boca—. Mmmmm… mmmm…
—¡Oooooh! ¡Qué bien la comes! ¡Ojalá pudieras pasarte la clase comiéndome la polla, joder! Serían mucho más interesantes… —comentó sonriéndole a su profesor mientras Iván le chupaba el rabo—. Tanto tatuaje y eres un mamón de puta madre… ¡Aaaah!
—Mmmmm…mmmm… —masculló Iván mirándolo sin dejar de mamar.
Álvaro notó que hacía mas fuerza para sacarse la polla de la boca, pero eran dos contra uno, y ellos presionaban más fuerte.
—Mmmmmm… —masculló él, dejando de pelear y tragándose su polla hasta el fondo.
—¡Oooooh! Chúpamela bien, cabrón. Qué te encanta…
—Mmmmm…
Santi y Álvaro se miraron mutuamente, sonrientes ajenos a las vacías protestas de Iván, que por mucho que quisiera hacerse el duro estaba claro que lo estaba disfrutando, mientras ellos le daban rabo por la boca y el culo.
—¡Mmmmm!
—Pero que bueno eres mamando…
Álvaro se acostó en la mesa, apartando la mano y dejándole a Santi la tarea de sujetarlo, y se encargó de presionar la cabeza de Iván obligándole a comer polla.
—¡Ooooh! —masculló mirando el techo, notando como la polla empezaba a hormiguearle—. Sigue chupando. Me voy a correr, joder.
Iván notó que su polla empezaba a latirle en la boca, como si tuviera pulso.
—¡Aaaaah! Joder… ¡AAAAAAG! —Con un gemido más alto y potente notó como su polla empezaba a disparar lefa en la boca de Iván—. ¡OOOOH…!
Iván notó como la polla de Álvaro descargaba; trallazos de lefa, uno detrás de otro cruzando su boca y aterrizando en su garganta mientras berreaba, y la mano de su profesor lo mantenía ahí, con esa polla metida hasta los cojones, sintiendo como la polla descargaba una gran corrida, espesa y caliente.
—¡Ooooh! —masculló Álvaro incorporándose y mirando con los ojos entrecerrados a su profesor. Su mano y brazos estaban surcados de venas, apretando la cabeza a Iván contra su polla. Y todavía se lo estaba follando, aunque había bajado el ritmo.
Le miró con los ojos entrecerrados, con una expresión de placer en la cara, relajado, terminando de vaciar los cojones en la garganta de su compañero.
—Me encanta esto —suspiró, tranquilo y en paz.
Y su profesor le dedicó una sonrisa devorándolo con la mirada. Unos ojos azules preciosos, y su piel morena y lampiña brillaba a causa del sudor. Habría querido besarlo.
Notando que Álvaro había terminado de correrse aflojó el agarre y permitió a Iván sacar la cabeza, y este lo miró con cierto aire de desafío.
—Eres un mamón muy bueno —le dijo Álvaro acariciándole la cara mientras lo taladraba con la mirada.
—Tú te vas a enterar —le amenazó Iván—. Te voy a matar, hijo de puta.
Álvaro le sonrió divertido con los ojos grises brillando.
—No gruñas tanto, princesita, que te ha encantado.
Iván lo miró, cabreado y la sonrisa de Álvaro se ensanchó, provocador.
—¡Oooh! —gimió. Santi había sacado su polla de su culo, y se había apartado, y Álvaro vio su polla empalmada mientras este se apartaba de Iván, completamente desnudo. Álvaro pudo verle la polla dura como una piedra mientras rodeaba la mesa, y joder, la única palabra que podía describir ese rabo era misil. Era una polla enorme.
Iván lo agarró por las piernas y tiró de él para acercarlo más.
—Ahora me toca a mí reventarte el culo.
El tonó de amenaza que tenía esa frase hizo que a Álvaro le hormiguease el culo.
—Ya te gustaría —dijo burlón.
—Oh, sí —dijo él echando chispas por los ojos sin soltarlo—. Y voy a correrme dentro —prometió.
Santi se limitó a mirarlos sin intervenir, cascándosela tranquilamente, y asegurándose de que no se pasaban de la raya; sabía que solo se estaban picando, y que Álvaro solo se estaba haciendo de rogar para que Iván se divirtiera más follandole el culo.
Iván no pensaba parar hasta follarle el culo a ese cabrón. Tiró de él, llevando a Álvaro hasta el borde de la mesa, y cuando estuvieron cara a cara Álvaro miró a Iván tranquilamente, tirándole el aliento a la cara.
—Verte cabreado me pone más cachondo —dijo, y le plantó un morreó aunque Iván se apartó de forma bastante brusca y volvió a tirarle de las piernas para acercarlo más, enfadado por haberle obligado a tragarse su polla y su corrida. Pero Álvaro aprovechó que estaban bastante pegados y volvió a alcanzar sus labios, besándolo.
Notó la lengua de Iván jugando con la suya, se ve que le gustaba que se lo pusieran difícil, y Álvaro sentía la polla de Iván contra su piel, caliente y gorda aunque algo morcillona.
—Chúpamela ahora tú a mí —le dijo Iván pegando su cara a la de él y haciendo presión en su hombro para que se pusiera de rodillas ante su polla—. Hijo de puta.
—No te hagas el repipi —dijo Álvaro sonriente agarrando su polla con una sonrisa—. Si te ha encantado comerme los huevos y la polla.
—Cállate y come rabo, joder.
Álvaro sintió su mano sobre su cabeza, amorrándolo a su polla, y abrió la boca de par en par para metérsela en la boca y empezar a mamar.
—Mmmmm… mmmmm… mmmm…
Santi estaba de pie junto a la primera fila de pupitres, cascándose su larga polla con tranquilidad, disfrutando del espectáculo.
—Grrrr —rugió Iván moviendo la cadera con fuerza para follarle la boca a Álvaro—. Traga, joder!
Álvaro mamaba con ganas, escuchando los sonidos de placer que hacía Iván y sin una sola arcada, como si hubiera nacido para eso.
—Oooooh —escuchó que Iván gemía sin parar de darle empellones—. ¡Oooooh!
Santi miraba, sin prisa, caminando un poco alrededor de ellos y viendo cómo sus alumnos se daban polla, hasta que al final optó por acercarse a ellos y sentarse en la mesa como había hecho Álvaro, para observar cómo follaban desde primera fila.
—¡AAAAH! —Al final del gemido Iván le sacó la polla de la boca y cuando Álvaro lo miró con una sonrisa se la devolvió, y empezó a pasarle esa polla babosa y chorreante por la cara, dándole golpes con ella, pringándolo de babas con una sonrisa chulesca en la cara.
Le ayudó a levantarse. Álvaro tenía la cara cubierta de babas como una mascarilla transparente y con los labios y la piel brillándole a causa del sol.
—Ahora soy yo el que te va a reventar el culo —le dijo Iván y lo agarró por el hombro obligándolo a darse la vuelta y ponerlo contra la mesa dándole un azote en el culo—. Voy a volártelo.
Álvaro clavó la mirada en su profesor, que sentado donde había estado él le dedicó una sonrisa mientras los miraba
Gimió con suavidad cuando Iván se acuclilló detrás de él y metió la cara en su culo, empezando a dar lametones. Santi agarrándose la polla se acercó a él.
—Parece que ya os lleváis un poco mejor —comentó Santi, acercando su cara a la de él.
—Follar hace milagros, profesor ¡Aaaah! —gimió Álvaro entrecerrando los ojos mientras sentía cómo la lengua de Iván recorría su culo.
—Ya se ve, ya.
Y se besaron. Álvaro sintió su piel caliente contra la suya, el calor de su boca, y de lengua. Era suave y agradable. Se estaba de lujo…
Cuando se separaron Iván se puso de pie y le dio un azote antes de agarrarse su propia polla llena de babas y con un rugido se la metió por el resbaladizo y cálido culo de Álvaro.
—¡Aaaah! —masculló mientras se la metía y los ojos de Álvaro se abrieron como platos emitiendo un ruido ahogado. Le dio un azote en el culo—. ¡Ahora sí que te vas a enterar! ¡Aaaah!
Y empezó a mover la cadera, a moverla con ganas, sin ceremonias: el profe ya había abierto todo el caminó.
Tras la impresión inicial Álvaro siguió besándose con el profesor mientras Iván seguía follandoselo y hacía que la mesa se bamboleara, su polla era gorda aunque no tan larga como la de Santi, y esa polla en esos momentos estaba a escasos centímetro de su cara; aun así Iván le daba con ganas, desde luego.
—¡Aaah! —gimió Álvaro ante las embestidas de Iván al terminar de besarse con su profesor, y él le sonreía, centrados el uno en el otro.
—Puto…cabrón —masculló Iván con una especie de rugido sin aminorar la follada—. Joder…—rugió.
La verdad era que le ponía ganas y consiguió hacer que soltara otro gemido.
—¡Aaah!
—Toma polla, cabrón… hijo de puta —gruñó—. ¡Aaaaah!
Álvaro respondió con otro gemido mirando a Santi que sonreía travieso mientras se la cascaba sentado en la mesa, con suavidad, esa polla gorda, larga y bronceada con esos huevos de toro a juego.
—Toma rabo, cabrón hijo de puta ¡Aaaaah! ¡Joder!
—¡Aaaah!
—¿Te gusta esto, maricón?
—Me encanta ¡Aaaaah! —masculló Álvaro sin dejar de mirar a su profesor a los ojos, sonriendo divertido.
—Seguid así, chicos —dijo Santi dejando caer un salivazo de sus labios a su polla—. Lo estáis haciendo muy bien. Vais de puta madre.
Álvaro volvió a gemir mientras el cani de la clase seguía follandole el culo sin parar contra la mesa, disfrutando de tener esa polla dentro y de que su profesor mirase cómo se lo montaban ahí, viendo cómo disfrutaban. Desde luego el cabrón de Iván le estaba metiendo caña; no bajaba el ritmo de la follada.
—¡OH! —gimió Iván sin dejar de follarle el culo—. ¡Ooooh!
Álvaro respondió con otro gemido mientras sentía como la polla le follaba el culo y la leche caliente inundando su culo.
—¡OOOOH! Cabrón… —Con un gemido junto a su oreja Iván le metió la polla hasta el fondo, vaciando el resto de sus trallazos en lo más profundo de su culo donde podía llegar. Tiró de Álvaro por los brazos para que se incorporase y pegarlo a él y Álvaro sintió su respiración junto a su cara, detrás de él mientras lo abrazaba. Y vio que el profesor los miraba cascándose un pajote con ganas disfrutando del espectáculo.
Iván se dio cuenta de que se estaban mirando y lo soltó para que pudiera acercarse a la polla del profesor.
—¡Aaaah! —gimió Álvaro respondiendo a otro gemido de Iván y Santi se acomodó un poco más delante de él, y con otro gemido Álvaro le dio una gran lamida desde la base hasta la punta pasando la lengua con los que Santi se la estaba agarrando para besar con suavidad ese capullo rosado hinchado y baboso, sintiendo sus fluidos calientes en sus labios.
Miró a su profesor con una sonrisa en los labios y pudo ver en sus ojos que él lo estaba disfrutando.
Soltó otro gemido cuando Iván se la sacó del culo y Álvaro se volvió hacia él con una sonrisa en la cara sintiendo cómo la corrida de Iván se iba deslizando por su culo y sus muslos, bajando por sus piernas.
Álvaro sonrió a Iván, y este le devolvió la sonrisa, Álvaro agotado de recibir tanta polla y Iván cansado de descargar lefa.
—Ahora estamos en paz —dijo Iván sonriéndole, refiriéndose a cuando Álvaro se había corrido en su boca.
—Genial —dijo Álvaro.
Y se abalanzó sobre él para besarse con él, y le pilló tan por sorpresa que cuando Iván recordó que Álvaro se había corrido en su boca sus lenguas ya estaban jugando. Y le dio igual.
Santi vio como se morreaban, acercándose más al borde de la mesa, mirándolos con excitación, sin dejar de cascarse la polla, Vio cómo Iván le masajeaba el culo a Álvaro buscando su entrada… y cómo su corrida bajaba por sus muslos.
Al separarse Álvaro le sonrió.
—No besas nada mal —le dijo, sinceramente.
—Lo mismo digo —le sonrió él.
—Parece que por fin empezáis a llevaros mejor —intervino Santi con una sutil sonrisa en la cara—. Ya era hora.
—Bueno… —sonrió Iván.
—No vendas la piel del oso antes de cazarla —añadió Álvaro.
—Eso.
—Sois como niños —dijo Santi ensanchando su sonrisa.
La diferencia entre ellos desde que el había llegado y ahora era tan clara como la noche y el día. Definitivamente la gente debería follar más.
—Poneos los dos en el suelo —les dijo. No era exactamente una orden, pero no era un tono que admitiera replica.
Ambos se pusieron, desnudos, de rodillas en el suelo, y Santi se puso delante de ellos con las piernas bien abiertas con su polla encima de sus caras, empezando a hacerse un pajote de verdad, acelerando la paja, y haciendo fuerza, con los labios tensos convertidos en una fina línea,y los músculos de la cara tensos, viendo cómo esos dos sacaban sus lenguas y se movían arriba y abajo con suavidad, contemplando cómo se la cascaba, su polla enorme y gorda, frente a sus caras, sacando sus lenguas y relamiéndose; excitados por recibir un buen premio en lefa caliente…
—¡Oh, joder! —masculló con un gruñido y cerrando los ojos con fuerza, cascándosela con fuerza y ganas. Se le marcaban todas las venas del brazo—. ¡Hostia puta! ¡Aaaaah! ¡Ooooh, joder! —gruñó.
Empezó a sentir el cosquilleo que indicaba que estaba listo para soltar una corrida de primera. Tenía los cojones cargados de lefa.
Aceleró el ritmo de la paja notando cómo el cosquilleo se intensificaba.
—¡Ooooh! —gimió, pero su gemido acabó en un gruñido mientras seguía cascándosela, sin parar.
Apretó los dientes, contrayendo la cara, tensando los músculos, sintiendo cómo se acercaba al clímax.
Iba a descargar…
—¡Aaaah! ¡Joder! —masculló cascándose la polla como un animal, frenéticamente.
Iván y Álvaro esperaban entusiasmados su recompensa, desnudos, de rodillas frente a esa folla larga y dura y las bocas abiertas viendo cómo su profesor bufaba y se la cascaba como loco, bufando y gruñendo.
—¡Ooooh! —masculló y se convirtió en un gruñido cuando miró con los ojos azules a sus alumnos que esperaban su recompensa, blanca y cremosa.
Al verlos ahí de rodillas, esperando su recompensa como un buen par de putos, deseando su lefa le puso aún más cachondo, y su gruñido aumentó de intensidad.
—GRRRR…. ¡Joder!
Ya casi…
—¡AAAAH! —rugió.
Su polla empezó a descargar trallazos enormes, una corrida monumental, descargando sobre esos dos que tenían las bocas abiertas dispuestos a tragar todo lo que pudieran. Era una corrida de primera, caliente y espesa, y estaba lloviendo sobre sus caras en generosos trallazos mientas él gruñía como loco y los miraba como si intentase destrozarlos a los dos…
Esa polla larga, dura y bronceada —«¡Buah!»— escupió trallazos monumentales de lefa sobre ellos dos, sobre sus caras, una y otra vez, pringándoles las caras por competo de lefa abundante, como si se estuvieran bañando en lefa, y llevaran una mascarilla especialmente espesa y chorreante. Parte de la corrida terminó en las bocas de los chicos que cerraron las bocas tranquilamente para tragar su premio antes de volver a abrirlas y sacar las lenguas para recibir más, disfrutando de su baño de lefa, pidiendo más, mientras de la punta rosada de esa polla seguía bañándolos en corrida recién ordeñada de sus cojones de toro.
—¡OOOH! —bufó Santi impresionado del pedazo corrida que estaba soltando sobre esos dos.
«Joder —pensó mientras su polla seguía escupiendo lefa sin parar—, sí que me hacía falta desfogar. Hostia…»
Volvió a gruñir bañando a esos dos en su lefa. Sus caras estaban cubiertas de leche blancuzca y parte de la corrida les caía por la barbilla sobre el pecho, y en el suelo había pequeños charcos de corrida fresca de la que les caía por la barbilla.
Ambos estaban completamente bañados y por la sonrisas en sus caras desde luego disfrutaban de su premio; complacidos, con las bocas y las caras pringosas de leche espesa y caliente, y Álvaro se relamía emitiendo sonidos de gusto.
«Madre mía —pensó Santi, excitado y feliz, mirándolos—. Llego a soltar esto en el coño de mi mujer y la dejo preñada otra vez. Qué pesadilla. Un punto más a favor de los cuernos.»
Santi gruñó unas cuantas veces más y los últimos chorros salieron, y cuando terminó de correrse tuvo que apoyarse en la mesa de atrás de él, y miró a esos dos cabrones que disfrutaban de su premio, respirando por la boca, agotado, aunque sonriente.
«Joder —pensó mirando a sus alumnos—. Menuda lefada de campeonato acabo de descargar.»
Ambos chicos tenían la cara blanca de una crema espesa y blanca, como si se hubieran puesto una mascarilla bien espesa, y gotas espesas y blancas les caían por la barbilla y por el pecho; parecían encantados. Ellos se miraron mutuamente y se pegaron un morreo en toda regla, lamiéndose mutuamente, delante de esa monstruosa polla. Ambos se sonreían y al poco empezaron a pasarse las manos por las caras recogiendo la corrida y metiéndole el otro los dedos en la boca para alimentarlo con la corrida monumental y recién ordeñada de su profesor sustituto.
Sonreían como si fueran niños en un parque de atracciones, pasándoselo bomba, pasándose las manos por las caras y los pechos desnudos para recoger los restos de corrida, restregándosela por el cuerpo del otro. Luego Iván se abalanzó sobre Álvaro y jugaron con sus lenguas delante de él y delante de su polla, que aunque ya no estaba dura del todo seguía siendo enorme y colgaba ahí arriba viendo cómo se morreaban repartiéndose su corrida como buenos cabrones.
La verdad es que era algo digno de ver. Si Santi no estuviera tan exhausto seguramente estaría teniendo otra erección de caballo.
De la punta de su polla le colgaba una gota de la corrida anterior. En cuanto los chicos terminaron de morrearse Álvaro giró la cabeza hacia él con rapidez y se abalanzó sobre su polla y engulló todo lo que pudo, y Santi sintió cómo frotaba la lengua contra su capullo sin parar, con ansia.
—¡Oooh! —gimió cerrando los ojos echando la cabeza hacia atrás del gusto, disfrutando.
El ritmo de los lengüetazos se redujo y al abrir los ojos Álvaro estaba mirándolo con esos ojos grises, con el capullo de su polla aun en su boca, lamiendo cualquier resto que pudiera quedar.
No pudo hacer otra cosa que sonreír paternalmente y acariciarle la cabeza al chico metiendo la mano en esa mata de pelo platino; sus dedos manchados de esperma acariciaron ese pelo suave mientras su alumno le comía la polla, disfrutándola. Desde luego ese chico era todo un tragapollas; podría darle clases a su mujer.
Cuando su polla quedó como los chorros del oro y ya no quedaban restos de esperma por devorar Álvaro se la sacó de la boca, y con una sonrisa como nunca le habían visto acercó los dedos pringados de lefa a ese chico, que tras mirarlo a los ojos un momento no dudó en metérselos en la boca, lamiendo esos dedos largos, para limpiarlos de esperma, con tranquilidad, sin prisas y Santi le dejó hacer, encantado de tener un alumno tan dedicado; puede que no pusiera mucho interés en las clases del curso —según los otros profesores—, pero desde luego en lo que le gustaba tenía matricula de honor.
Cuando terminó con los dedos Álvaro le sonrió, y él le devolvió la sonrisa.
Iván se levantó y se puso junto a ellos para acariciarle la cabeza también a Álvaro y este aprovechó que tenía su polla de Iván a la altura de la cara para darle un beso a esa polla morcillona y entre los dos ayudaron a Álvaro a ponerse de pie, y este le dio un beso a Iván, y luego miró a su profesor, que sonreía alentador, y le dio otro beso.
En esa clase se respiraba un ambiente de paz y tranquilidad, la clase de ambiente que solo se consigue después de echar un buen polvo. Y había sido más que bueno, desde luego.
Se vistieron sin prisa, no tardaron mucho, y en apenas unos minutos era como si no hubieran follado ahí. Todo estaba limpio y no había ni rastro de la fiesta que se habían pegado. Desde luego ya no tenían tiempo para esa clase de repaso que les había prometido, y aunque lo hubieran tenido tampoco se la habría dado Santi no tenía ganas ni de pensar, ni sus alumnos tampoco. No después de semejante polvazo.
—Estudiaros los temas de los apartados cuatro, siete y nueve y aprobaréis con buena nota —les dijo mientras se pasaba el cinturón; era lo primero que decían después de haber follado—. No le contéis nada de esto a nadie. Y no os ilusionéis, porque no volverá a ocurrir.
—Vale.
—De puta madre —sonrió Iván.
Santi les sonrió, era increíble lo bien que te sentías después de descargar una buena lefada.
—Anda, largaos.
Sus dos alumnos salieron de la clase con sendas sonrisas en sus caras, Y Santi no tardó más de cinco minutos en salir tras ellos, aunque tenía una sonrisa poco común en la cara, volvía a casa de lo más relajado.
*—-*
Al salir fuera y recorrer los pasillos desiertos para bajar las escaleras del vestíbulo del instituto, animados y felices de haber follado. Álvaro no recordaba haberse sentido así de bien en esa prisión para niños… nunca.
Bajaron las escaleras a paso rápido, y animado para enfilar el vestíbulo.
De pronto Álvaro sintió un empujón y lo siguiente que sintió fue que Iván lo acorralaba contra la pared pegando su cuerpo al suyo, y le plantaba un morreo antes de que pudiera articular palabra.
En primer momento a Álvaro le pillo por sorpresa, pero como él no tenía ningún problema con que le vieran besando a un tío respondió, y jugueteó con la lengua de Iván mientras este le pasaba las manos por la cara y lo sujetaba. Si les pillaban sería problema de Iván, a él se la soplaba.
Así que se dejó llevar, y la verdad es que le gustó.
—Lo de arriba ha sido la hostía —dijo Iván cuando se separaron.
—Ya lo creo —concordó Álvaro con una sonrisa—. Ha sido de película.
Álvaro y Iván por primera vez en lo que llevaban de curso se despidieron como si fueran amigos, y cada uno siguió su camino para volver a sus respectivas casas.
En los días siguientes tanto Álvaro como Iván estuvieron excepcionalmente cachondos y con las pollas empalmadas a todas horas, cascándosela como mandriles, y cuando se corrían descargaban lefa con increíble abundancia. Además el gimnasio se volvió increíblemente ligero y adictivo para Álvaro, y a falta de gimnasio Iván se dedicó a hacer flexiones en el salón de su casa, pero como no llegaron a comentarlo no vieron nada extraño en ese comportamiento y tanto la adicción al gimnasio como las corridas abundantes desaparecieron paulatinamente.
En el examen Iván sacó un notable y Álvaro un sobresaliente, aunque con suficientes fallos para que no fuera perfecto. Fue el examen más fácil de todo el curso.
*—-*
Fue una lastima, pero Santi se mantuvo fiel a su palabra y no hubo más polvos ni clases de “refuerzo”. Tampoco era como si Santi los evitase como a la peste, pero había puesto limites claros y no había ni tocamientos ni caricias especiales para ninguno de los dos.
Cuando volvieron de las vacaciones de Semana Santa para el tercer trimestre Santi ya no estaba y la aburrida de su profesora habitual había vuelto completamente recuperada. A Álvaro le habría gustado despedirse de él por lo menos, pero en fin, no se podía hacer nada. Había sido el mejor profesor de todo el instituto con diferencia, y había podido follar con él. Y desde luego se alegraba de haber aprovechado la ocasión a tope.
La relación entre Álvaro e Iván había cambiado, aunque no demasiado. Después del polvazo Iván lo dejaba tranquilo, y había dejado de lanzarle sus pullitas habituales sobre los maricones; Álvaro tuvo unos meses muy tranquilos, relajado y sin tener que soportar demasiadas tonterías, aunque a veces pillaba a Iván mirándolo.
Un día cuando su profesora habitual estaba soltando un monologo interminable en una de sus soporíferas clases podrían matar a las moscas de aburrimiento suspiró asqueado.
—¿Puedo ir al baño? —pidió, levantando la mano. Por lo menos podría juguetear un poco con el móvil.
Salió de clase pasando junto a Iván que estaba cuchicheando algo a alguno de sus amigos en la ultima fila, preguntándose cuanto tiempo podía estar mirando el móvil antes de que se considerase que estaba tardando mucho en volver a clase.
Echó una meada y cuando salió de la cabina se puso a mirar el móvil y mirarse en el espejo, aburrido.
Joder… Todavía quedaban tres horas insufribles antes de volver a casa.
No llevaría ahí mucho rato cuando escuchó pasos, y apenas tuvo tiempo de intentar meterse el móvil en el bolsillo antes de que la puerta se abriera e Iván entrase en el baño pasando por detrás de él echándole un mirada para ir a las cabinas que había justo detrás. A la ultima.
Álvaro levantó la mirada y vio a través del espejo que Iván lo estaba mirando, ahí de pie, desde dentro de la cabina con una sonrisa; vio que Iván se estaba sobando el paquete. Sus ojos brillaban, como aquella tarde.
Álvaro se giro, no le devolvió la sonrisa, aunque los dos estaban pensando en lo mismo.
«Bueno, es mejor que volver a clase a morirse de asco. Por lo menos así el día mejorara.»
Y avanzó metiéndose con Iván en la cabina y cerrando la puerta.
Total, un culo era un culo y una polla era una polla, ¿no?
FIN
Espero que os haya gustado ¿Quién no ha tenido un profesor (uno, porque la mayoría…) que desde luego tiene un buen polvo? Bueno, más de uno.
Bueno, sé que la presentación de Álvaro e Iván me han quedado un poco largas, pero quería dejar claro su historia y personalidades, y también la de Santi, para darles algo de profundidad.
Como siempre valoraciones, comentarios y lecturas son muy bien recibidos y podéis mandarme correos a [email protected] y tenéis las fechas para próximas entregas de relatos en mi perfil de la página.
Como siempre muchas gracias.
Hasta la próxima.
