Aventuras de Lolita – Primer finde

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Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.

Buenos Aires, 19 de diciembre de 1998, 9:45 am.

Con Carmen de franco semanal y Jimena descansando después de una noche de guardia en la clínica, Lola tuvo que despertar, desayunar y preparar sus ropas en solitario. Acomodó en una mochila un par de mudas de prendas aptas para trabajar en aseo y orden del departamento, obvio ropa íntima y algo más para poder salir a cenar.
Estaba concluyendo el armado cuando sonó el portero eléctrico.
Lola: ¿quién es?
Leonardo: buenos días reina, ya estoy aquí
Lola: ya bajo pa. Dejo una nota para Jimena y bajo.
Minutos más tarde, se abría la puerta del edificio y tras saludar al encargado de portería, se subió al auto de su padre.
Cerró la puerta del vehículo, discretamente, le dio un beso corto en los labios a Leonardo y se abrochó el cinturón de seguridad.
Lola: ¿vamos para el depa?
Leonardo: primero las compras de los productos de limpieza en el súper y de allí si, al depa.
Llegaron al estacionamiento del segundo piso donde solo había un par de autos. Aprovechando que na se veían más personas en el sector, Leonardo se lanzó sobre Lola y literalmente le comió la boca. Movilizó sus manos por los pechos de la joven, masajeándolos a placer y provocando que los pezones se pusiesen como piedras.
Lola reaccionó primero con sorpresa, pero luego se prendió al juego amoroso. Extendió su mano derecha y se apropió de la verga, metiendo la mano dentro del jogging. “¿Estas con muchas ganitas papito? La tenés durita, como a mi me gusta…” le dijo mientras intensificaba el masaje, ya directamente transformada en una paja violenta. Él retribuyó el masturbado hundiendo un dedo dentro de la conchita jugosa de la mujer.
Lola: no sigas o nos van a echar de acá por coger dentro del auto. Aguantá un poquito hasta llegar al depa…
Se acomodaron como pudieron las ropas, dejaron el vehículo y juntos de la mano ingresaron al local para hacer las compras. Lentamente el carro se fue llenando con todo tipo de materiales, algunos comestibles y varios six packs de cerveza.
Pasaron por la zona de electrodomésticos y observaron algunos que ella creía necesarios para su comodidad en la nueva vivienda. Fueron al sector de cajas, y Leonardo se hizo cargo de la compra, abonando todo.
Cargaron todo en la caja de la SUV y abandonando el lugar, se fueron al departamento.
Al llegar, Leonardo fue a hablar con el encargado del lugar para saber si Lola tendría algún estacionamiento asignado en las cocheras, mientras la joven subía hasta el 5to piso, ingresaba en el departamento B y abría ventanas de su nueva vivienda, para dar luz natural y ventilar.
Leonardo halló al encargado, se presentó como el padre de Lola. El encargado le confirmó que tenía una cochera asignada y además le informó que en el transcurrir de la próxima hora le habilitaría calefacción (innecesaria en verano), la caldera para agua caliente y el resto de los servicios de los que disponía y se hallaban bloqueados por estar deshabitado temporalmente. Le entregó la llave de acceso a las terrazas y una tarjeta para acceder a las cocheras.
Leonardo agradeció y con tarjeta en mano, ingresó su vehículo al estacionamiento. Descargó todo junto a la puerta del elevador de servicio y le avisó a Lola, vía WhatsApp que ya subía con toda la compra.
Ella lo esperó y juntos cargaron todo al interior, Leonardo le avisó todo lo que le informó el encargado y que seguramente vendría en breve a verificar que todo estuviera correcto. Eso les puso un freno, ya que mientras iban vaciando las bolsas de compras, se tocaban, de besaban e iban calentando el ambiente. Se escuchó el timbre de la puerta de acceso, Lola fue a abrir y se encontró con un hombre de unos 50 y tantos, con algo que podría llamarse uniforme laboral. Se presentó como Jorge López, encargado general y ella como Lola Viveros, la propietaria.
Jorge pidió ingresar para verificar que todo estuviese en orden y funcionara completamente. Tras hacerlo, le entregó en mano un decálogo de convivencia del edificio para luego retirarse del lugar.
Lola resopló y volvió a la cocina. “Pa, ahí me dejó un rosario de normas a cumplir este señor, espero que no sea muy metido, tiene pinta de chusma” le dijo antes de dejar el reglamento sobre la mesa.
Leonardo: mirá Lola, si no te adaptás al lugar y querés más privacidad, podes vender esto y comprarte una casa. Primero probá y después lo analizas.
Lola: ¡¡ qué tarada!! Podría haber hecho eso desde el principio…
Siguieron hablando mientras guardaban todo, luego fueron recorriendo la casa y destapando todos los muebles y artefactos del departamento, el polvo que estaba sobre los cobertores, empezó a flotar en el aire y el calor del mediodía se hacía presente, por lo que el sudor lo adhería a sus ropas.
Dividieron tareas y comenzaron a limpiar para estar más cómodos y a gusto. Eran casi las 3 de la tarde cuando sonó el portero eléctrico, Lola se acercó al visor y se encontró con la imagen de Jimena. “Subí má, estamos limpiando” le dijo mientras accionaba el botón de apertura de puerta.
Lola: llegó la inspección general, pórtate bien papito
Leonardo: ¿vendrá a ayudar?
Lola: no creo, solo críticas y escenas de celos
Ambos rieron y siguieron con sus tareas, hasta que el timbre sonó y Lola le abrió a su progenitora.
Lola: bienvenida a mi hogar, Jimena
Jimena: hola hijita, no puedo creer que estés trabajando un sábado y menos en limpieza…
Lola: ma, no empieces… si quiero quedarme a dormir aquí no tengo otra que hacerlo, además papi me está dando una mano
Jimena: ¿si? Míralo vos… debe haber aprendido después que se fue de casa
Lola: Jimena, nada de conflictos. Vení que te muestro el depa.
Juntas recorrieron las diferentes estancias y en dos oportunidades se cruzaron con Leonardo, que colocaba cortinas, cambiaba luminarias y movía algunos muebles a pedido de Lola.
Jimena aún conservaba el atractivo que había cautivado en su momento a Leonardo, muy buenas curvas, generosas, que ella se encargaba de resaltar con prendas informales bastante ajustadas. Verla desde atrás, con esos leggins negros tan prietos y metidos entre las nalgas era un poema.
La visita duró una hora más o menos, tiempo en el que madre e hija coordinaron para hacer un par de compras juntas el martes próximo, además de ofrecerle a Carmen para que viniese una vez a la semana para darle una mano en el mantenimiento. La joven quedó en responderle, una vez que intentara adaptarse a vivir sola. Cuando ya salía, Jimena le hizo una consulta.
Jimena: ¿cenamos juntas?
Lola: sólo cena ma, quiero quedarme acá en el depa y pasar mi primera noche sola, ¿te parece?
Jimena dudó un poco pero aceptó, se despidió de ella e ignoró a Leonardo (tal su costumbre). Salió del lugar sin volverse, sabiendo que los ojos de su ex estaban clavados en su culo.
Leonardo: pensé que pasaríamos juntos la noche, mi reina.
Lola: obvio que sí, pero tenía que disimular delante de ella papito…Una cena rápida y me vuelvo. ¿Me esperás acá o vas a tu casa y volvés?
Leonardo: voy y vuelvo, necesito algunas cositas que tengo que traer.
Se fundieron en un beso intenso y él aprovechó a magrearla a discreción. Lola respondió a los besos y le masajeo la verga por sobre las ropas.
Lola: espero tengas fuerzas para hoy, tengo muchas ganitas…
Leonardo: si mi reina, tengo algo especial para la noche…
A desgano se separaron y terminaron de organizar el lugar. Él se despidió y partió a su casa, quedaron en volver a juntarse cerca de la medianoche.
Ya en soledad, Lola se quitó las ropas, las arrojó sobre una silla y desnuda se fue a dar un baño en su nueva bañera. Pasó un buen tiempo dentro, relajándose e imaginando lo que haría cuando volvieran a juntarse.
Cerca de las 21, se vistió y pidió un Uber que la llevara al punto de encuentro con Jimena. Como era de esperar, un largo listado de recomendaciones por parte de su madre durante la cena que fue bastante liviana y regada con un vino dulce que tanto les agradaba a ambas. Tras el postre, se despidieron: Jimena insistía en llevarla hasta el departamento pero ella se rehusaba para evitar que pudiese encontrarse con Leonado.
Jimena: mañana te espero en casa, ¿sí?
Lola: ya veremos ma, quiero invitar a Lucha a conocer el depa y pasar la tarde juntas.
Jimena recelaba de la otra joven, pues sabía que era tan impulsiva como Lola, y pese a conocerla desde siempre, suponía que algo podría haber entre ambas.
A las 23:30, cuando Lola llegaba al portal del edificio, recibió un mensaje de Leonardo: ya estaba en viaje y llegaría en 20 minutos. Le respondió con un par de emojis calientes e ingresó al edificio. El encargado, Jorge, estaba en su puesto de trabajo, casi de retirada. Lo saludó y le informó que su padre no demoraría en llegar. El hombre retribuyó su saludo y le recordó que el domingo no prestaba servicios, cualquier necesidad debería referirla el día lunes. Ella agradeció, abrió la puerta del ascensor y mientras buscaba las llaves de ingreso, subió hasta su departamento.
Había mucho silencio, como si nadie ocupase las otras locaciones.
Entró, encendió un par de luces pequeñas y fue a quitarse la ropa: esperaría a Leonardo tan solo con su conjunto de ropa interior, tendida en la cama.
No recordó un detalle, solo ella tenía llaves de acceso al departamento. Por ello se sobresaltó cuando sonó el timbre de acceso.
Se acercó a la puerta y observó por la mirilla y vio a su padre. Escondiéndose tras la puerta, le abrió y le dio paso. Cuando cerró, Leonardo giró a verla. “eppaa… ¿tan ansiosa estás que no pudiste esperarme vestida?” le dijo y la levantó en vilo, le dio un beso intenso y la llevó a la habitación, la depositó en la cama, arrojó la mochila a un lado y se recostó sobre ella para llenarla de besos por todo su cuerpo.
Con suma maestría desprendió el brassier y lo quitó para arrojarlo al suelo. Se deleitó con los pechos de la joven, mamándolos de manera ansiosa, intensa, estirando sus pezones apenas aprisionados con los dientes, de manera suave.
Lola: ay papito, sabés lo que me gusta eso… seguí, no pares…
Mientas besaba y chupaba las tetas, estiró una mano hacia abajo y dibujó la raja de la muchacha sobre la tela del hilo dental. Calzó dos dedos en el elástico y lo fue bajando lentamente, trazó una línea de besos desde el centro del pecho hasta llegar a esa hermosa conchita rosada, depilada por completo, húmeda y cálida.
Con un manejo preciso de la lengua, abrió los labios vaginales y se dedicó a lamerlos, dando paseos por el centro cada tanto, simulando una penetración. Lola gemía muy bajito y se aferraba a la cabellera de su padre, cuando estaba a punto de estallar, lo detenía para frenar un poco sus instintos y prolongar el momento. Él le pidió que se girara en la cama y se colocara en posición de culito en pompa mientras se quitaba la ropa para quedar tan desnudo como ella.
Ya en posición, embistió nuevamente entre las nalgas de Lola, metiendo la lengua por toda la raja, desde los labios hasta detenerse en el orificio anal.
Lola experimentó sus primeros roces linguales en aquel sector, la hacía gozar enormemente. “Ay Leo… que bueno se siente eso… quiero más…” pedía desesperadamente. Él le abrió bien los cachetes con sus manos y le dio su primer beso negro, hundiendo su lengua dentro del preciado agujero.
No quiso dejar de estimularla, por lo que deslizó un par de dedos por la raja, desde atrás hacia adelante, sin ingresar en la cueva de placer.
“Papi, me voy a correr, no seas hijo de puta, clávame de una vez, cógeme por favor que ya no aguanto más” pidió mientras se aferraba fuertemente a la almohada. Obediente, Leonardo de acomodó un poco mejor y con dos movimientos precisos dejó ir la verga al interior de la concha hirviente.
No necesitaron muchos movimientos para acabar ambos, ella escurriendo jugos de manera intensa y él llenándola de leche caliente. Un par de movimientos más y tras despegarse, cayeron en la cama rendidos.
Lola: guau… es la primera vez que me meten la lengua en el culo, que lindo se siente y como me hizo calentar, más que tener la verga adentro de la conchita.
Leonardo: ¿tu primer beso negro?
Lola: si papito y fue tuyo… ¿puedo pedir algo más?
Leonardo: y si, queda algo más por probar…
Lola: ¿mi culito? ¿querés romperme el culo?
Leonardo: sería un gran placer desvirgártelo.
Lola: no por ahora, sé que duele y lleva tiempo, que no tendremos. Además ¿qué digo si no puedo caminar correctamente?
Leonardo: tenés razón, quizá en las vacaciones alquile una cabaña en la playa y allí nos dedicaremos a eso, ¿te parece?
Lola: claro papi, quiero entregarte mi último agujero virgen
Se quedaron tendidos un buen rato en la cama, recuperándose. Ella aprovechó para hacerle preguntas de las que quería saber las respuestas.
“¿Por qué te divorciaste de Jimena? Yo era muy pendeja y no lo entendí” le consultó. Leonardo encendió el típico cigarrillo post polvo, se sentó en la cama y se dispuso a contarle todo.
“A Jimena la conocí en la Uni, siempre estuvo muy fuerte y yo me moría por cogérmela, pero me ignoraba. Hice lo imposible porque me prestara atención y me entregara su cuerpo, hasta que una noche en una fiesta en casa de una amiga en común, se puso muy en pedo” dijo mientras le daba una pitada al cigarro. “estaba a punto caramelo, regaladísima y yo aproveché: ella era virgen y fui quien la inició en el sexo, le gustó y desde aquella noche, no parábamos de escaparnos de clases a mi departamento o al de alguna de sus amigas para coger. La inicié en las mamadas: ella a mi o yo a ella, pero jamás se animó a entregarme el culo, que se transformó en mi obsesión” comentó mientras apagaba la colilla.
“En uno de tantos de esos polvos, hubo un descuido de ambos y quedó embarazada, pero no de vos. Perdió el embarazo a los 4 meses, quedó media depre y decidió que sería ginecóloga para saber la razón de la perdida. Me cortó un poco la actividad sexual, hasta que descubrió que era por un tema personal la pérdida y volvimos a la acción, pero ya me exigió casarnos” dijo y se detuvo un instante, observando el rostro de sorpresa de Lola.
Luego continuó con el relato. Le confesó que mientras ella se transformaba en una de las mejores alumnas de su promoción y le llovían propuestas de trabajo, él quedaba relegado en su carrera de administración de empresas.
Ella aceptó un trabajo de fin de semana para cubrir enfermeras y algún que otro médico en una clínica privada, a la que lo hizo ingresar en la administración. Ambos fueron haciendo carrera con el tiempo y tras tres años de noviazgo se casaron. Jimena se recibió y fue confirmada en la clínica como médica del plantel profesional, con ello empezaron las guardias, los horarios rotativos y él quedaba solo en la casa por mucho tiempo. Cuando Jimena quedó embarazada otra vez (ahora si de Lola) bajó un poco la actividad y empezó a montar su propio consultorio, en la casa. Contrataron a Carmen para que colaborase con las actividades del hogar y cuidase de ella mientras la madre trabajaba.
Tanta era la ausencia de Jimena en la casa, que él comenzó a sospechar que había un tercero. Su esposa no respondía a sus requerimientos de cama y pasaba mucho tiempo fuera, incluso en congresos a los que viajaba sola o con un grupo de especialistas.
Los chismes de pasillo de la clínica, eran intensos respecto de infidelidad por parte de ella y en vez de enfrentarla, Leonardo decidió pagar con la misma moneda: inició una relación con una enfermera bastante putita, con la que se sacaba las ganas de sexo y cumplió con aquel sueño que Leonardo tanto perseguía: le entregó el culo. Él se obsesionó con la enfermera y se descuidó, a tal punto que Jimena lo encontró en plena faena de cama, para entonces el patrimonio de ambos había crecido de manera importante al igual que la fama de Jimena como profesional.
Llegaron a un acuerdo de silencio por la situación vivida, no hubo división de bienes sino un arreglo donde la beneficiada sería Lola al llegar a la mayoría de edad y él recibió una recomendación para hacerse cargo de la administración de otra clínica. Así se separó la pareja pero Leonardo siempre se mantuvo en contacto con Lola y Jimena.
“Cuando comenzaste a desarrollarte, te llevé a un casting de jóvenes modelos, consciente de que triunfarías y no me equivoqué, pero con cada día que pasaba me obsesionaba más y más con vos Loli.” Comentó y suspiró, “Hasta aquella noche en Aruba, donde en medio de una buena borrachera de ambos, crucé el límite y te empecé a ver y tratar como mujer, ya no como mi hija. No me arrepiento, porque te amo y jamás voy a dejar que nadie te lastime. Voy a estar para vos, siempre a menos que vos me digas lo contrario” y dicho esto, la abrazó y comenzó a besarla nuevamente.
Ella, conmovida por la confesión, lejos de enojarse, se entregó nuevamente a los brazos de su hombre.
Lola también sentía algo similar por él y no encontró mejor forma de mostrárselo que abriendo sus piernas y entregándose por completo a aquel hombre al que ya no veía como su padre, sino como su amante.
Esa noche fue intensa, hubo sexo en todas las formas y posiciones posibles, lo hicieron hasta no dar más y prácticamente desmayarse por tanta actividad.
Al amanecer, Lola despertó y lo vio tendido a su lado, con la clásica erección matinal de los hombres. Solo le quedaban dos cosas por probar y tomando la iniciativa, quiso cumplir con la primera: acercó su rostro a la verga de su padre, la observó con detalle, la olió detenidamente y en un acto descontrolado, abrió la boca y comenzó a mamarla, pasaba su lengua por el tronco completo y se detenía en la cabeza para darle besos. Él despertó con el tratamiento recibido, se acomodó un poco mejor y le dio el espacio necesario para que le hiciera su primer mamada, algo torpe pero sumamente placentera.
Lola metió por completo aquella herramienta en su boca y la llenó de saliva, tal y como había visto en algún video porno, la chupaba como si fuese un helado, que de tanto ser succionada, explotó llenándole la boca de leche, que con gran esfuerzo pudo tragar a medias.
Tras ello, lo miró, le sonrió y volvió a tenderse a su lado. Solo quedaba una materia pendiente: entregar el culo, su último espacio virgen.
Lola: papi, tenés que irte, Jimena va a venir sobre las 10 y no queremos que te encuentre aquí y mucho menos en mi cama desnudo, ¿sí?
Ella sabía que le estaba mintiendo pero necesitaba quedarse a solas un rato y luego llamar a su amiga y confidente: Lucha.
Con resignación, él se puso de pie, pasó a lavarse un poco y tras vestirse, se despidió de Lola y se fue, quedando en volverse a ver muy pronto.
Lola se tomó un tiempo, porque sabía que Lucha jamás madrugaba y menos un domingo. Cerca del mediodía la llamó y le pasó la dirección del departamento. Bajó a buscar algo para desayunar y la esperó hasta que ella llegó.
Lucha entró al departamento y no paraba de sorprenderse con el lugar. Tras la recorrida de rigor, volvieron a la cocina y ambas hicieron desaparecer las facturas, el café y el jugo de naranjas.
Lola: Luchita ¿qué te parece mi depa?
Lucha: genial, pero ya lo estrenaste guacha… hay leche a lo loco en las sabanas y un bóxer que alguien olvidó en el suelo…
Lola: no se te escapa nada amiguchi
Lucha: obvio loquita, además vos no fumas y hay un par de puchos en un cenicero en la mesa de luz. Vas a contarme todo, con detalles mamita…
Lola: no jodas, ¿en serio se nota tanto?
Lucha: vamos a limpiar ese despelote y después me contas
Fueron a la habitación, levantaron todo el descontrol que había, limpiaron un poco y ventilaron la habitación.
Lucha: acá a la vuelta vi un lavadero, vamos a llevar las cosas a lavar y me empezas a contar.
Pusieron las sabanas sucias en una bolsa, las ropas de Lola y el bóxer del intruso. Cerraron el departamento y bajaron en búsqueda del comercio. Llegaron, compraron las fichas y pusieron todo a lavar. Se sentaron en una pequeña barra y tomaron un café mientras la máquina cumplía con su labor.
Lucha: decime zorrita ¿lo conozco al dueño del bóxer?
Lola: sipi
Lucha: y lo más importante, ¿la pasaste bien?
Lola: de lujo, hasta me enseñó algunas cosas que no conocía y lo peor es que me encantaron.
Lucha: ¡¡bien ahí!! ¿La tiene clara o estuvo improvisando?
Lola: clarísima. Si te agarra a vos, te deja por las nubes.
Lucha: tanto sabe el tipo… no es un pendejo ¿cierto?
Lola: para nada, me hizo acabar 4 veces en una noche
Lucha: ¡¡¡guau!!! Un semental…
Lola: y con una lengua terriblemente golosa
Lucha: ya me estoy mojando de solo escucharlo… no seas guacha, llevo un par de meses sin ponerla y 6 meses sin sexo oral. Vos sabés…
El lavarropas se detuvo, retiraron las prendas y volvieron al departamento.
Lucha: guacha, me dejaste re caliente…
Lola: ayúdame a tender la cama, nos tiramos ahí y te termino de contar
Fueron a la habitación, tomaron un par de sabanas limpias y dejaron la cama lista. Se quitaron las zapatillas, los jeans y se tendieron sobre las sábanas limpias.
Mientras Lola le contaba con detalles como la había tratado Leonardo (sin decir su nombre), los ojos de Lucha se agrandaban de manera increíble. Casi como al descuido, se llevó la mano derecha a la entrepierna y comenzó a acariciarse íntimamente. “¡¡Qué hija de puta!! ¿Todo eso te hizo durante la noche? Me lo tenés que presentar para que me saque las telarañas de la concha, si no te molesta compartirlo, claro” le dijo.
Lola se giró y la miró a los ojos: “Luchi, ¿te animarías a un trío?” le preguntó después de escucharla. “No sé amiga, una cosa es que me lo lleve a un telo y me lo coja bien cogido y otra es compartirlo ¿vos te animarías?” le soltó sin pensarlo.
Como respuesta, Lola se acercó a Lucha y la besó en los labios, primero suavemente y luego de manera más intensa. “Vos sabes amiga, que siempre hemos pasado por todas estas cosas juntas, probando nosotras antes de tener sexo o mimos con alguien”, Lucha la abrazó y la atrajo hacia ella: “Amiguita, con todo lo que pasamos juntas, voy con vos hasta la guerra” y le devolvió el beso profundo, acompañado de caricias en los pechos.
Se distanciaron un par de segundos y luego se desvistieron con urgencia, se metieron bajo las sábanas y se fundieron en besos y abrazos calientes, se tocaban, se acariciaban y sin dudarlo demasiado, se ubicaron para mamarse mutuamente.
Se conocían demasiado, sabían los puntos que encendían a la otra y no demoraron en estar trenzadas en una danza frenética de caricias y penetraciones, cuando sus cuerpos ya eran calderos hirviendo, se acomodaron para disfrutar de un momento sublime, pleno de sexo lésbico.
15 o 20 minutos descontrolados las llevaron a clamar su fuego interior en un orgasmo intenso.
Intercambiaron sus sabores en besos de tornillo por un rato, hasta que sus cuerpos volvieron a la normalidad.
Lucha: me matás Lolita, si no me gustaran tanto las vergas, me casaría con vos, ni lo dudes amiguchi.
Lola: lo sé mi turrita, amantes desde la cuna podría decirse.
Lucha: ¿vas a decirme a quien te coges?
Lola: solo si prometes guardarlo como secreto eterno
Lucha: te lo juro por cada polvo que no hemos echado desde la adolescencia Lolita y son muchos…
Lola: muy bien, recordá lo que prometiste…
Lucha: por siempre
Lola, ok, me cojo a mi padre, a Leonardo
Los ojos de Lucha parecían desorbitarse, su rostro se puso rojo y sus mejillas levantaron temperatura de manera brutal.
Lucha: no te lo puedo creer, me dejás sorprendida
Lola: ya me había desvirgado hace 3 años, en el viaje de los 15. Estábamos re borrachos los dos y cada vez que me acosté con alguien lo comparaba. Anoche no aguanté más y lo avancé, dudó pero accedió.
Lucha se acodó en la cama, miraba a su amiga a los ojos y escuchaba todo con detenimiento. Cuando Lola le contó absolutamente todo, Lucha suspiró, pasó una de sus manos por su rostro y finalmente habló.
Lucha: lo que me contás, me ayuda a confesarte que también yo me inicié en familia: con mi tío Eduardo. Me desvirgó a los 14, lo hicimos como un juego. Yo no sabía nada de penetraciones y jamás había visto una verga en vivo, pero empezamos con una lucha de almohadas, pasamos a pelea cuerpo a cuerpo, me fue desnudando mientras jugábamos y cuando reaccioné, ya me la estaba metiendo.
Lola era ahora quien escuchaba con detenimiento la confesión de su amiga. “al principio me dolió un poco, pero después me fue gustando y él me guió para que sintiera placer. Después de aquella tarde, lo hicimos varias veces más: me enseñó a chuparla, a tragar las corridas pero no dejé que me la metiera en el culito. Me acordaba lo que me dolió la conchita por varios días, por lo que no quise saber nada de darle la cola” le dijo en medio de un suspiro de relajación.
Lola: pero… ¿siguen haciéndolo?
Lucha: ya no, él se casó y la esposa casi nos descubre hace cosa de un año atrás. Pero guardo recuerdos geniales.
Lola: yo lo quiero a morir, por eso quiero darle mi cola: sería mi mayor muestra de amor.
Lucha: busca el mejor momento, hacete rogar un poco y pensá que puede doler, necesitas una buena cobertura para que tu madre no sospeche nada.
Lola: ¿en las vacaciones sería el mejor momento, no?
Lucha: si se van solos, seguro. Y si como decís, la tiene clara, va a estar de acuerdo, ponele la firma.
Lola: gracias amiguchi, sabía que podía contar con vos.
Se abrazaron y se quedaron un buen rato más en la cama, colmándose de mimos y besos. Al atardecer, Lucha se despidió y partió rumbo a su casa.
Lola, ya sola, decidió comer algo liviano y acostarse a descansar. Hasta que el sueño la venció, pensó en las mil y una formas de irse preparando para el momento de entregar su último agujero virgen, decidió que al día siguiente traería su notebook al departamento: buscaría videos y textos donde se pudiese informar bien, quizá hasta hallaría sugerencias al respecto.

A tener un poco más de paciencia, ya vendrán nuevas aventuras de Lola, su padre y su amiga con derechos…

Espero sus comentarios, y más que nada sus opiniones.
Saludos,
Alejo Sallago

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Alejo Sallago
Alejo Sallago

Mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Para aquellos que hayan leído alguno de mis relatos, soy un adicto a las maduritas desde que tengo uso de razón, pero no por ello dejo de lado al resto de las mujeres.

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