La infiel diana y sus cornudos (steven) parte 13
Duración estimada de lectura: 33 minutos
Visitas: 3,442
Como era de esperarse, José llamó a eso de las 7 pm para avisar que solo podían ir Dana con su esposo, Leandro con su esposa Marcela, y él solo, ya que su novia no podía. Quedó en pasar por nosotros a las 10 pm. Diana se metió al baño de la habitación del primer piso, donde dormíamos, para bañarse. Yo esperé mi turno. Cuando salió, entré, me quité la ropa y noté que Diana había dejado la suya en una esquina. Tomé su short blanco y observé el interior, por la parte de la cola tenía manchas secas. Luego vi su diminuta tanga de hilo blanca: el pequeño triángulo que cubre su coño estaba húmedo, con un gran manchón de sus fluidos y el semen de su primo que se le había salido.
Al instante se me paró la verga. No me aguanté y empecé a hacerme una paja, recordando cómo se la cogía frente a la iglesia mientras llevaba esa tanguita. La acerqué a mi nariz, aspirando ese olor a perra y a macho. No aguanté mucho: a los tres minutos cubrí mi pene con esa prenda diminuta y me masturbé como loco hasta descargar borbotones de semen sobre el triángulo de tela, untándolo todo. Puse la ropa de Diana como la encontré y me bañé.
Salí y Diana estaba sentada frente al espejo, alisándose el cabello. Me vestí con pantalón, zapatos, camisa de manga larga con botones, me peiné un poco y salí a la sala con el resto de la familia a esperarla. Pasados 45 minutos, salió. Quedamos todos con la boca abierta. Diana venía enfundada en un microvestido rojo oscuro strapless que pasaba por debajo de sus axilas, cubría solo la mitad de sus grandes senos y llegaba 5 cm debajo de su culazo redondo y perfecto. Le quedaba ceñido, mostrando su figura voluptuosa en forma de guitarra, con piernas macizas de piel suave y torneadas: un cuerpo digno de la mujer latina más sensual, que despierta lujuria pura. En los pies, tacones de aguja negros altos que estilizaban esa silueta lujuriosa y levantaban aún más su trasero. Su rostro angelical lucía labios rojos intensos, ojos delineados con coquetería y deseo, cabello castaño oscuro alisado hacia el lado izquierdo. Parecía una femme fatale. Todos tragamos saliva.
Vi cómo mi suegro, don Jesús, se la comía con la mirada sin disimulo, formándose un bulto en el pantalón que empezó a apretarse y sobarse. Mi suegra, doña Silvia, se dio cuenta y le hizo una seña discreta para que parara. Por suerte, sus otras dos hijas no notaron nada. Yo hice como si no viera. Diana se acercó y me dijo con vocecita de niña buena: “Amor, ¿cómo me veo? ¿Me veo linda?”. En mi mente pensé: “Tremenda puta con la que me voy a casar”. Le respondí: “Sí, amor, te ves preciosa”. Me dio un besito y nos sentamos a esperar a José.
José llegó y le dio una repasada descarada a mi novia, aunque yo estaba ahí. Le dio un abrazo y un beso cerca de los labios. Diana me lo presentó. Subimos al auto: yo atrás, ella de copiloto. Hablaban recordando el pasado, ella contenta de verlo, extrañándolo mucho. Fuimos a una discoteca en las afueras, concurrida y bien puesta. Diana se llevó el show. Conseguimos mesa cerca de la pista. Tomamos cerveza esperando a los demás. Diez minutos después llegaron Dana con su esposo Enrique (ella con blusa blanca, minifalda negra a medio muslo, piernas torneadas, tacones negros, cuerpo de modelo, cara angelical, cabello negro corto); y Leandro con Marcela (blanca, 29 años, 1.60 m, senos enormes de 110 cm, culo grande de 98 cm, algo gordita, jean negro ceñido, tacones altos, blusa roja escotada).
Tomamos, hablamos, bailamos. Ponían merengue, salsa, reggaetón, bachata. Yo no bailo bien, así que salía torpemente con Diana a veces. La mayor parte me quedaba sentado bebiendo. José y Leandro sacaban a Diana constantemente. Entre la multitud veía cómo le metían mano, agarrándola del culo, restregándole sus paquetes contra esas nalgas. Ella se veía feliz; ellos volvían con bultos evidentes. Pasaron horas. Yo estaba borracho perdido; los demás mareados pero mejor que yo, por bailar. Las mujeres eufóricas, desinhibidas. José apenas bebió, excusándose en que manejaba.
Les dije a Diana que mejor nos íbamos. Ella quiso quedarse un rato más; acepté. Las mujeres fueron al baño tambaleando, riendo. Cinco minutos después, José dijo que iba también. Yo, por tanto alcohol, sentí náuseas. Me fui rápido al baño de hombres (forma de C: lavabos, luego sanitarios). Vomité en el primero hasta vaciarme. Me lavé, refresqué. El baño vacío. Salí pensando en José. Miré el baño de mujeres: lavabos vacíos, luego sanitarios. Al fondo, fuera del último cubículo, las encontré: Diana, Dana y Marcela arrodilladas frente a José, apoyado en la pared, cierre bajo, polla erecta, gruesa, venosa, cabeza rosada grande, 23 cm, huevas como pelotas de golf.
Dana: “Por Dios, está muy grande, Diana”.
Diana: “Sí, te lo dije”.
Marcela: “Mi marido la tiene más grande, jijiji”.
Diana: “Sí, Leandro la tiene enorme”.
Dana: “¿Y usted cómo sabe?”.
Marcela: “¿Cómo sabes que mi marido la tiene más grande?”.
Diana: “Eehh, dicen que los negros la tienen más grande, supongo”.
Marcela y Dana: “Aaaaaa”.
Diana: “Cógela, Dana, mira lo dura”.
Dana: “Nooo, yo no”.
Diana: “Dale, no desaproveches. Mira”. Tomó la verga de José, empezó paja. Dana y Marcela hipnotizadas. Diana tomó mano de Dana, la puso en el tronco, guió la paja. Luego mano de Marcela en las huevas; ella las sobó instintivamente. José cerraba ojos, gozando. Diana: “Hay que aprovechar”. Retiró manos, agarró la barra, apuntó a su rostro, se la metió a la boca. Mamada experta: lengua de base a punta, mete-saca. Dana: “¿Qué haces?”. Diana: “Slurrp, aaa esto”. Sacó verga, tomó nuca de Dana, la guió a la polla, forzando mete-saca. Dana se acostumbró. Repitió con Marcela: la acomodó en la base para lamer tronco.
Las dos se peleaban la verga: una chupaba cabeza, otra tronco o huevas. Diana se unió; tres hambrientas compartiendo de punta a huevos, besándose con lengua o polla en medio. Mano de Diana se perdía en su entrepierna, luego masturbó a Dana bajo falda; con otra apretó nalgas de Marcela, quien se bajó jean para facilitar dedos en su concha. Cinco minutos así. Diana: “Métemela, no aguanto”.
Diana se puso de pie, subió vestido a cintura, short a un lado, conchita expuesta, culazo en pompa. Dana: “¿Te la van a meter toda?”. Diana: “Lo siento, necesito verga buena”. José detrás, abrió nalga, apuntó, empujó lento. Toda entró; gemido largo. Mete-saca lento, luego rápido. “Aaahhh puta, qué rica, cómo extrañaba cogerte”. “Siii papi, mi macho, mi primer amor”. “Si fueras mi novia”. “Te pusiste con Alejandra, me tocó Antonio”. José aceleró, pelvis chocando nalgas: plas plas plas. Dana y Marcela se masturbaban, tetas fuera. Diana orgasmeó, chorreando piernas.
Dana: “¿Qué puta eres?”. Diana: “Ahora te toca”. Puso Dana contra pared, falda arriba, tanga a muslos, culito en pompa. José tanteó, entró lento. Dana: “Me parte”. “Puta apretada, ¿Enrique no te coge?”. “La tiene pequeñita”. Toda adentro; Dana: “En el estómago”. José aceleró; ella gimió, orgasmeó chorros. José: “Vas a repetir”.
Diana sentó Dana. Marcela: “Ahora tú”. José sacó tetas masivas de Marcela, las manoseó, chupó pezones. “Tetas obscenas, irresistibles”. Diana chupó la otra. Ambas amamantando. Marcela: “Terminemos”. José la puso contra pared, jean/tanga abajo, culote en pompa. Tanteó vagina, entró fácil. “Abiertico”. “Culpa de Leandro, enorme”. Sacó, apuntó ano, entró todo. “Ya estaba abierto”. Marcela gimió pidiendo más. Plas plas plas cinco minutos. Orgasmeó gritando, arrodillada. José: “Casi me vengo”.
Diana en pompa otra vez. José clavó, bajó escote, tetas al aire rozando. Bombas violentas. “Puta, te lleno”. “Síiii, yo también”. Orgasmo mutuo; semen escurriendo piernas. Marcela: “Querías todo”. Diana abrió piernas: “Compartan”. Marcela y Dana gatearon, lamieron semen de piernas/concha, besándose.
José: “Salgo por auto, digan que nos encontramos”. Mujeres acomodaron ropa. Yo salí tambaleando, verga dura. En mesa, Enrique y Leandro borrachos. Mujeres llegaron sonrientes. “Baño lleno”. Taxis para parejas; José nos llevó. Me dormí.
Llegamos 3:30 am. Suegro bajó por agua. Entramos habitación; me quedé en boxers, dormí. Diana salió por agua. Desperté 4 am solo. En cocina: vestido/tanga tirados. Corazón acelerado. En comedor vi: Diana piernas abiertas en sofá, suegro enterrándole verga gruesa de 20 cm, tobillos en manos, bombeando coño chorreante. Gemidos suaves. Me escondí bajo mesa comedor (mantel largo), saqué verga, pajé observando.
Jesús: “Qué puta saliste, Dianita”. “Aaahiii papi, qué puta”. Se acostó sobre ella, besaron apasionados. Diana unió tetas lechudas: “Chúpalas”. Él mamó teta derecha, sacó leche, bombeando. Silvia bajó: “Por Dios, otra vez”. Jesús: “Tu hija es puta, no resiste una verga”. Silvia se sentó escalón, viendo sumisa.
Jesús volteó Diana en cuatro, culazo pompa. Lamió ano, dedos uno-dos-tres. Penetró anal de golpe. Silvia: “No la lastimes”. “Cállate, soy el macho”. Bombeó rápido, nalgadas. Plas plas. Diana gemía bajo. Silvia: “No tan duro”. “Cállate, termino”. Clavadas profundas: “Te lleno culo”. “Síiii papi”. Semen adentro; yo eyaculé piso. Jesús besó Diana, salió.
Silvia: “¿Estás bien?”. “Sí mami”. “No me hagas esto”. “Lo intento”. Silvia subió. Diana entró baño, luego short/tiritas, durmió.
Al día siguiente, 11 am, todo normal. Suegros preguntaron rumba. Diana cansada: “Descansemos, películas”. Así pasó. Suegro macho dominante, suegra sumisa dependiente. Yo, enamorado, guardo secretos como ella.
