Mi hijo su pico y mi culito roto ii
Bueno, ya saben cómo empezó esta caliente y pervertida historia. Mi hijo me enculó en su dormitorio y continúa así.
— Eso, mamita… levanta bien ese culito roto… que te lo voy a comer.
— ¿Vas a seguir culiándome? ¿Quieres que me convierta en una puta?
— No, mamá… no quiero que te conviertas… ya eres una puta… ¡una puta caliente! ¡MI PUTA!
Me tomó de los tobillos. Yo en cuatro patas con todo mi culo al aire… me atrajo al borde de la cama… y empezó a hundir su lengua primero en mi anito, que aún me dolía del paso anterior. Me penetró con su lengua… después fue un dedo… dos… tres… cuatro dedos… los metía y sacaba… despacio… y luego muy fuerte, casi brutalmente, el ardor placentero expandiéndose por mis nalgas.
— Eso, mamita… mira cómo se abre tu culito… mira cómo se está comiendo mis dedos.
— Por favor, hazlo despacio… que con la enculada que me diste aún me duele.
— Así debe ser… debes saber quién de ahora en adelante es tu macho, ¿entiendes? Mi papá es tu marido… pero tu macho que te va a culiar cuando quiera y donde quiera soy yo.
Me dio un fuerte nalgazo… me gustó… me gustó su forma de hacerme sentir tan hembra y a la vez tan sumisa.
— Ahora date vuelta… te voy a follar la boca… quiero que tragues todo mi pico… hasta los huevos… ¿escuchaste?
Solo asentí con mi cabeza. Vi cómo esa tremenda tranca de carne se acercaba hasta mi cara… cómo me la ponía en la entrada de mi boca… y solo sentí cómo me la metió hasta la garganta… de un solo golpe. Traté de no vomitar… de no ahogarme… mis ojos se llenaron de lágrimas por la presión, y comenzó a follarme la boca. Me tomó de la nuca y empezó a hundirla… muy suave… suave… y de repente hasta el fondo.
— Eso, mi zorra… así debes tragarte el pico de tu macho… así debes comer verga… ¡ahhhhh!
— Huufghguhguhgguhhg… uffff… ahaghahgagahg.
— Eso… sigue… ¡culeate solita la boca, perra!
Mi hijo ponía una cara de perversión que nunca había visto en alguien, y eso me ponía caliente… más de lo que estaba.
— A ver, bien puta… ábrete bien… te vas a tragar mi lechita… por primera vez.
Solo sentí un cabeceo de su verga dentro de mi boca. De repente, un torrente de leche explotó en mi garganta… me apretó la cabeza hacia su verga… y no dejó de apretar hasta que me tragué todo… absolutamente todo, el sabor salado y espeso invadiendo mi paladar.
— Qué buena zorrita come-pico has salido… Así siempre debe ser, ¿entendiste? Siempre… y cuando te lo diga.
Estaba anonadada por lo que había pasado.
— ¿Quedaste caliente, puta?
— Sí… ¡no acabé!
— Eso lo arreglamos…
Salió del cuarto… y volvió con un pepino… enooooorme. Me puso de espaldas… abrió mis piernas. Mi zorrita estaba empapada de mis jugos… comenzó a pasarlo por mi clítoris… cada vez más fuerte… más… y más… hasta que me lo metió… casi todo… y comenzó a follarme mi conchita… y con sus dedos me pajeaba el clítoris, mis paredes vaginales contrayéndose alrededor del grosor frío y rígido.
— Eso… eso… goza tu paja, perra… ¿te gusta cómo te comes este pepino?
— Mmmm… síii… ohhhhhhh… ¡me estás matando… qué ricooooo!
— Cómo gozas, perra… ¡cómo se está abriendo el choro!
— ¡Siiiii… me gustaaaa… aaaagagaggahahhhhhhh!
Me abrió mi concha de una forma que nunca imaginé… casi como cuando parí… cuando lo parí.
— ¡ASÍ! ¡Acaba, puta! Qué rico que seas tan maraca… ¡tan buena pa’l pico!
— Siii… machito mío… me estás haciendo acabar como una perra en celo… ¡ricooooo oooohhhhhh… asíiiii… puta qué ricooooooo!
Primera vez en mi vida que tenía un orgasmo de esa magnitud.
Nos dormimos… agotados… felices y calientes.
Luego les contaré cómo me hizo una puta de verdad.
Bye.
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