Mi hijo me dió por el culo creyendo que estaba dormida y borracha 5

Hola amigos. Para los que no han leído mis relatos anteriores, les diré que tengo sexo con mi hijo desde hace un tiempo. Él ahora tiene 20 años, yo 37 y estoy casada. Mi esposo tiene 39 años, pero no es el padre de mi hijo: es estéril. Hemos consultado con muchos médicos, y todos confirman que no podrá engendrar.

Aún así, mi esposo quiere a mi hijo como si fuera suyo, aunque mi hijo siente celos cuando él está en casa.

Antes de continuar, les digo que pueden escribirme en privado para más detalles.

Mi esposo trabaja como agente de ventas y viaja al interior del país en semanas alternadas: una de viaje, otra en la ciudad. Paso semanas enteras sola con mi hijo. Al principio me agarra con fuerza y me tumba donde sea, me baja el calzón y me mete su verga. Cuando le increpo, dice que soy su puta y que mi culo es suyo. A veces no tengo ganas, pero su ímpetu me excita; una vez dentro, disfruto y hasta he tenido orgasmos intensos con él. Ya hemos hecho tríos con sus amigos, y me ha llevado con engaños a casas de ellos o profesores de la universidad para sexo grupal.

Últimamente se ha puesto más atrevido. Temo que un día, borracho, no note que está mi esposo e intente agarrarme.

La semana pasada, mi esposo llegó cuando mi hijo estaba fuera. En la noche, en nuestra cama, hacíamos el amor. Sentí un ruido en la puerta, intuí que era mi hijo escuchando. Al terminar, mi esposo fue al baño; abrí la puerta rápido y allí estaba él. Le dije que se fuera, pero estiró la mano para agarrarme. Cerré y volví a la cama.

Al día siguiente, con mi esposo en el trabajo, le reproché a mi hijo por espiar. “Quiero oír cómo gimes cuando tu marido te mete la verga”, dijo. “Me excita escucharte gemir y lo que te dice”. Le advertí que su padre se enteraría. “Querrás decir de lo que hacemos tú y yo. Mejor que sepa que eres mi puta y nos deje en paz. No me regañes, dame este culo mío, seguro mojado con la leche de tu marido”. Me tumbó al piso y me penetró con fuerza.

En otra ocasión, con mi esposo de viaje, mi hijo me tenía arrodillada, falda levantada, calzón quitado, a punto de penetrarme el culo. Llamó mi esposo al celular. Intenté alejarlo, pero me sujetó las caderas. Contesté: “¿Hola?”. “Hola, mi amor, ¿cómo estás?”. Mi hijo empujó su verga con fuerza; grité: “¡Haaayyy!”. “¿Qué te pasa?”, preguntó. “Me lastimé el dedo con la puerta”. “¿Estás sola?”. “Sí, sola”. Empezó a bombear, dolía al inicio pero excitaba. Gemía bajito mientras charlaba. “¿Estás hablando raro?”. “Me duele el dedo”. “Ponte algo y tómate un calmante”. Colgó.

“Bien, mamita, ya tu marido oyó cómo gritas con mi verga en tu culo”, dijo. “Eres un depravado, ¿cómo me haces gritar al teléfono con tu padre?”. “Ese cojudo no es mi padre. Mueve este culo y goza de un verdadero hombre”.

Cuando mi esposo estaba en casa, le gusta arreglar el jardín, su hobby. Lo miro desde la ventana del dormitorio en el segundo piso. Ese día conversábamos; de pronto, sentí manos en mi trasero por encima del vestido. Me volteé: mi hijo arrodillado, agarrándome las nalgas. Levantó mi vestido, bajó el calzón y metió un dedo en mi vagina, luego en el culo. Nerviosa pero excitada, abrí las piernas. Me metía y sacaba el dedo; me dio una nalgada fuerte que resonó. Miré a mi esposo, concentrado en las plantas. Me lamía el culo mientras manoseaba.

Excitadísima, dije: “¿Quieres que baje a ayudarte?”. “No, amor, tráeme un refresco”. Me alejé. Mi hijo me tumbó a un metro de la ventana: “Dame el culo, mamita, estoy arrecho”. Abrí las piernas; me penetró la vagina con un empujón, bombeando con fuerza joven. “Ponte de rodillas, dame ese tremendo culo”. Arrodillada, me embistió hasta el fondo. Casi grito, pero me contuve. Me dio duro, con nalgadas y golpes de pubis, hasta llenarme el culo de leche.

Me puse el calzón rápido, preparé el refresco y bajé. Mi esposo lo tomaba cuando mi hijo asomó riéndose. “¿Qué hace en nuestro dormitorio?”. “Vi un bicho bajo la cama, le pedí que lo mate”. “Ya. Lo veo contento”. “Sí, las cosas le van bien”. “Me agrada verlo así. Tiene una buena madre que le da todo”. “Tú también eres un buen padre”.

Pero lo de la semana pasada fue el colmo. Ricardo, compañero de mi esposo, cumplió años e invitó a su fiesta. Fuimos los tres; mi hijo no quería, pero insistió mi esposo. Todos querían bailar conmigo; mi esposo me sacaba siempre. Mi hijo tomó cerveza con un amigo.

De pronto trajo vino y sirvió vasos llenos a mi esposo; charlaban amigables, raro porque suele ser urano con él. “No le des mucho licor”, le dije. “Déjale divertirse”. Mi esposo: “El muchacho tiene razón, quiero disfrutar con mi hijo”. Seguí bailando con otros mientras ellos bebían.

Vi a mi esposo mareado: “Vámonos”. Insistí y salimos; él más borracho que mi hijo. Llegando, me bañé; mi hijo fue a su habitación. Mi esposo entró desnudo al baño: “Quiero bañarme contigo”. Lo hicimos diez minutos; fuimos a dormir. Cerré bien la puerta. Me acarició borrachito: “Todos querían comerse tu culo”. “Estás loco, había mujeres bonitas”. “Tú tienes el más rico. De quién es este culo?”. “Tuyo, mi amor”. Me penetró vagina y culo, preguntando quién me hace sentir mujer. “Tú”. Me llenó el culo de leche y se durmió. Pensaba en mi hijo acercándose a él; me alegraba.

Media hora después, ruidos bajo la cama. Una mano en mis nalgas. Mi hijo escondido mientras nos bañábamos. Empujones suaves para alejarlo, pero destapó las sábanas; desnuda, expuse culo y piernas. Manoseó; saqué el culo al borde para no mover la cama. “Tienes el culo lleno de leche de tu marido”, susurró. Intentó penetrarme; resbaló fácil por el semen. Se movió suave. Mi esposo se volteó, dándonos la espalda.

Luz tenue entraba; vigilaba a mi esposo. Mi hijo aceleró; le di golpecitos, pero empujó pegándome a él. Me puso boca abajo, piernas estiradas, y penetró el culo. Los tres en cama: esposo dormido, yo ensartada al lado. Bombeó fuerte, agarrándome hombros, nalgadas. “Ponte de rodillas o despierto a tu marido”. “Vamos a la sala”. “Este cojudo no es mi padre. Quiero romperte el culo aquí, delante de él”. A regañadientes, de rodillas enseñándole el culo. Entró sin dolor, bombeó fuerte con nalgadas; yo asustada pero él confiado.

Empecé a excitarme viéndolo roncar. Gemí bajito: “Hay, hay”. “Gime más, tu marido está borracho”. “Dime de quién es este culo”. “Tuyo, mi hijo”. “¿Quién te da más rico?”. “Tú, mi amor”. “¿Quién es tu macho?”. “Tú”. Me masajeó el clítoris; no me importó mi esposo. “Dame duro, rómpeme delante de tu padre. ¡Haaaayy!”. “¡Toma, puta, grita!”. Grité en orgasmo. “Mira, cornudo, cómo le rompo el culo a tu mujer”. “¡Hay, mamita, qué rico!”. Me llenó palpitando.

Quedamos echados, él encima. Besó mis nalgas: “Ahí te dejo a tu mujer, cornudo”. “Vete”. Me aseé; moví a mi esposo: “Despierta, alguien anda”. No reaccionó.

Al día siguiente, domingo, durmió hasta el mediodía; mi hijo salió temprano. “Anoche tomaste mucho”. “Quería congraciarme con tu hijo; creo que lo logré”. “Espero. Quiero que se lleven bien”. “Cubramos sus necesidades, dale todo y estará contento”. “Tienes razón. No le niego nada: dinero, chicas, amigos”.

Bueno, eso fue lo que me pasó últimamente. Espero sus comentarios.

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Maria66salinas
Maria66salinas
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