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RESUMEN: En una noche cargada de tensión, organiza una fiesta para humillar a Dianita y sacarla de la vida y el corazón de Thiago, Dianita, devastada, observa desde las sombras mientras Sofía intenta seducir a Thiago. Natalia y Cristian intentan consolarla, pero la situación se complica. Thiago, confuso, mira a Dianita y parece recordar algo, dejando a Sofía furiosa y jurando venganza. La noche termina en caos, y la batalla por el amor de Thiago apenas comienza.
Dianita sintió cómo el mundo a su alrededor se desmoronaba. La escena que se desarrollaba frente a sus ojos era como una pesadilla de la que no podía despertar. Dianita no podía soportar la idea de ver a Thiago con otra mujer, sus manos temblaban mientras los veía a través de la ventana. La imagen de Sofía sobre Thiago, devorando los labios de Thiago, sus manos desabrochando su camisa, con esa sonrisa triunfal y esa mirada seductora, se grababa en su mente mientras sus amigos trataban de consolarla.
Dianita, con el corazón encogido, Su vestido negro contrastaba con la palidez de su rostro, y sus ojos, normalmente llenos de vida, ahora estaban nublados por la incertidumbre. Lágrimas silenciosas rodaron por las mejillas de Dianita, mezclándose con el maquillaje que había aplicado con tanto cuidado. – ¿Qué hago?, susurró, su voz quebrada por la desesperación.
—Dianita, tenemos que hacer algo —insistió Cristian, apretando su hombro con empatía—. No podemos dejar que esto continúe.
Natalia con su mirada también llena de preocupación. —Thiago no sabe lo que está pasando. No recuerda… —dijo, intentando encontrar palabras que aliviaran el dolor de su amiga.
-No dejes que te haga esto, Dianita, murmuró Natalia, apretando su mano. – Thiago te ama, aunque no lo recuerde.
Thiago, confuso pero atraído por la intensidad de Sofía, permitió que lo guiara. Sus recuerdos eran fragmentos desordenados, y aunque sentía una conexión con Dianita, no podía explicarla. Sofía aprovechó esa confusión, besándolo con pasión mientras sus manos recorrían su cuerpo. Thiago comenzó a besar los duros senos y morder los pezones erectos, con sus manos le acariciaba las redondas nalgas, abriendo las piernas sobre él, Sofia tomo el cinturón y lo abrió junto con el pantalón, bajando el cierre, tomo el duro pene de Thiago y lo empezó a masturbar suavemente, antes de ubicarlo para que la penetrara, por el culo, la habitación se llenó de sus gemidos, un sonido que pronto se convertiría en una puñalada para Dianita.
Natalia y Cristian intercambiaron una mirada preocupada. Sabían que Dianita no podía permitir que Sofía se saliera con la suya, pero tampoco querían que sufriera más. – Entra y hazle frente, dijo Cristian, su voz firme pero llena de compasión. – No dejes que te robe lo que es tuyo.
Dianita cerró los ojos y respiró hondo, tratando de calmarse. Recordó los momentos felices con Thiago, las risas compartidas y cómo él siempre había estado a su lado.
—No puedo permitir que esto suceda —murmuró, finalmente, y sin pensarlo más, se dirigió hacia la puerta de la terraza con determinación. Cristian y Natalia la siguieron, pero ella se detuvo antes de entrar.
—¿Estás segura? —preguntó Natalia con preocupación.
Dianita dudó, su corazón debatiéndose entre el orgullo y el amor. Justo cuando estaba a punto de tomar una decisión, una alarma de incendio sonó estrepitosamente, rompiendo el silencio de la noche. Los invitados corrieron en pánico, y el caos se apoderó de la mansión. Sofía, sorprendida, se apartó de Thiago, mientras él se incorporaba, confuso y alarmado.
En medio del caos, Paula, quien había estado observando desde las sombras, sonrió con satisfacción. Ella había sido el artífice de la alarma falsa, sabiendo que era la única manera de detener el plan de Sofía.
– No dejaré que te salgas con la tuya Sofia, había murmurado mientras manipulaba el sistema de seguridad. Su intervención había sido oportuna, evitando que la escena de sexo se concretara.
Thiago, desorientado, miró a su alrededor, buscando alguna señal de lo que estaba sucediendo. Fue entonces cuando sus ojos se encontraron con los de Dianita, quien aún estaba paralizada junto a la ventana. Por un momento, algo en su mirada cambió, como si un fragmento de su memoria hubiera regresado. Sofía, sin embargo, no se dio cuenta de la conexión que se había establecido entre ellos.
Cuando la alarma cesó y se descubrió que había sido una falsa alarma, Sofía se dio cuenta de que su plan había fracasado. Su rostro se distorsionó en una expresión de furia mientras miraba a Dianita, quien ahora estaba siendo llevada por Cristian y Natalia hacia un lugar seguro.
-Esto no ha terminado, susurró Sofía, sus ojos llenos de promesa de venganza.
Cristian tomó las manos de Dianita y Natalia, guiándolas hacia un rincón apartado del jardín, donde el caos de la fiesta no podía alcanzarlas. – Estamos a salvo por ahora, dijo, intentando calmar a su amiga.
Dianita, sin embargo, no podía dejar de pensar en la mirada de Thiago, en esa chispa de reconocimiento que había visto en sus ojos. ¿Habría recordado algo? ¿O era solo su imaginación, deseando que las cosas volvieran a ser como antes? La confusión y la esperanza luchaban dentro de ella, mientras los ecos de la música y las risas se desvanecían en la distancia.
La noche terminó con un silencio incómodo, la fiesta disuelta en caos y sospechas. Sofía, con los puños apretados, juró que no descansaría hasta que Dianita sufriera tanto como ella había sufrido. Sofía veía a Dianita como la culpable que Thiago no la eligiera a ella, no estaba acostumbrada al rechazo y menos de los hombres, por eso su resentimiento no hacía más que crecer. Mientras tanto, Dianita se preguntaba si alguna vez podría recuperar el corazón de Thiago, o si el accidente y las manipulaciones de Sofía habían dañado algo irreparable. La angustia de perder a Thiago la asediaba, cada vez que pensaba en él.
El jardín, iluminado por las luces tenues de la fiesta, parecía un mundo aparte, un refugio donde podían discutir lo que había ocurrido sin ser interrumpidas. Cristian, que las observaba con preocupación, decidió intervenir. –Por cierto, donde esta Paula. Preguntó mirando a los alrededores del jardín. Todos cayeron en cuenta que Paula no estaba con ellos, cuando de repente escucharon su voz; -Tranquilos aquí estoy, respondió con una sonrisa en su cara que era evidente.
– Donde te habías metido nos tenías preocupados y porque estas tan contenta. Pregunto Natalia sorprendida.
Paula les conto todo lo que había hecho para activar la alarma de incendios, al darse cuenta que Sofía estaba desnuda en la habitación con Thiago, y que ellos solo se quedaron mirando la escena, no podía permitir que Sofia se acostara con Thiago siendo ellos unos simples espectadores y termino diciendo: – Tal vez deberíamos hablar con Thiago. A veces, enfrentar nuestros miedos puede ser la única forma de encontrar la solución.
Dianita asintió, aunque su corazón estaba dividido. ¿Qué pasaría si Thiago no podía recuperar la memoria?, ¿O si su amor por ella no era suficiente para ayudarlo a recuperar la memoria?
Dianita respiró hondo, el aire fresco de la noche le dio un poco de claridad. – Paula tiene razón necesitamos hablar con Thiago -dijo finalmente, con determinación. – quizás así, podamos encontrar la solución en medio de esta tormenta.
Natalia sonrió, apoyando a sus amigas. – Estoy con ustedes. No las dejaré solas en esto. Pero tengan cuidado; Sofía no se detendrá hasta ver el mundo arder.
Las palabras de Natalia la hicieron dudar, pero también le dieron fuerza. Era hora de enfrentar sus miedos y luchar por lo que creía que merecía. Dianita miró el cielo estrellado y se prometió a sí misma que encontraría la manera de recuperar los recuerdos de Thiago y reconstruir lo que una vez fue. La batalla apenas comenzaba, y con el amanecer, tal vez, llegaría la esperanza.
Por otro lado, Thiago estaba confundido, su cabeza se llenaba de preguntas. ¿Por qué Dianita estaba detrás de esa ventana? ¿Por qué se quedó viendo la escena entre él y Sofía, casi teniendo sexo? La tristeza en su mirada lo sorprendió, y lo más inquietante: ¿por qué sentía la necesidad de estar cerca de ella?
La imagen de sus ojos empañados le llegó a la mente, y su corazón se contrajo al recordarla con lágrimas. De repente, como un destello en la oscuridad, una memoria lo invadió: Dianita besándolo en un baño. El roce de sus labios en su mente resultó tan vívido que casi lo hizo temblar. Pero una mano acariciando su espalda lo trajo de vuelta a la realidad. Era Sofía, acompañada por Amber, envuelta en su abrazo mientras lo miraba con una intensidad que lo incomodó.
—¿Por qué no seguimos con lo que estábamos haciendo antes de que sonara la alarma de incendios? —sugirió Sofía, con una sonrisa juguetona mientras lo abrazaba con fuerza.
Thiago, sintiéndose irritable, le tomó las manos y las apartó de su cuello. La seriedad en su mirada contrastaba con la despreocupación de Sofía y la curiosidad de Amber.
—¿Qué fue todo eso? —preguntó, el enojo palpable en su voz.
Sofía frunció el ceño, fastidiada.
—No sé por qué se activó la alarma, alguien debió manipularla.
—No me refiero a la alarma, Sofía —la interrumpió, con una intensidad que la dejó sin palabras—. ¿Por qué llevarme a esa habitación cuando todos estaban en la fiesta? ¿Con qué propósito?
—Solo quería intimidad contigo. ¿Eso tiene algo malo? —replicó Sofía, el rojo de la molestia empezando a asomarse en sus mejillas.
Thiago la miró fijamente, sus ojos oscuros ocultaban un torbellino de emociones.
—Si realmente querías intimidad, ¿por qué no esperar a que todos se fueran? Así nada ni nadie nos podría interrumpir. —Su voz era dura, como una roca en medio del mar.
—Puede que haya perdido la memoria, pero no soy estúpido, Sofía. Claramente había una intención detrás de todo esto, y eso es lo que quiero que me respondas con la verdad.
Sofía se cruzó de brazos, su frustración palpable.
—Ya te dije que solo quería estar contigo. No sé por qué te haces ideas en la cabeza.
Thiago suspiró, sintiendo que la desconfianza lo envolvía. Algo en su interior le decía que Sofía estaba mintiendo, que ocultaba algo que no quería que él supiera. Esa incertidumbre lo irritaba más que cualquier otra cosa.
—Lo siento, Sofía, pero es la primera vez que no te creo. Si esta fiesta era para unirnos más, lo que hiciste fue llenar de dudas mi cabeza. Necesito estar solo —dijo finalmente, bajando la mirada y sintiendo el peso del mundo sobre sus hombros.
Antes de que ella pudiera responder, se giró hacia Amber, pidiendo en silencio que lo dejara ir, y se marchó.
Sofía lo siguió con la mirada, pero Amber la detuvo suavemente.
—Creo que es mejor dejarlo ir. Está molesto y no va a escuchar tus razones.
—Tienes razón —admitió Sofía, con una exhalación de frustración—. Mañana hablaré con él más calmada. Si no hubiese sido por esa maldita alarma, mi plan habría funcionado al cien por ciento.
Amber la miró con compasión.
—Tal vez no funcionó al cien por ciento, pero con lo que vio Dianita, estoy segura de que debe estar sufriendo a lágrima viva.
—Lo sé, estoy completamente segura de que me vio desnuda encima de Thiago, besándonos.
—¿No te has puesto a pensar que, si te vio Dianita desnuda, también lo hizo Cristian?
Sofía se encogió de hombros.
—Eso es un pequeño daño colateral que puedo asumir. Además, espero que se haya deleitado porque nunca más volverá a ver esa imagen —respondió, riendo con un tono de desdén.
Amber la miró con una mezcla de preocupación y diversión.
—Creo que tu obsesión por Thiago te está llevando a la locura.
La fiesta terminó y todos se fueron a sus casas. Thiago, sumido en la confusión y la rabia, solo podía recordar la mirada llena de tristeza de Dianita. ¿Por qué alguien que supuestamente no lo quería lo miraba con ternura, pero al mismo tiempo decepcionada? Mientras caminaba hacia su casa, se cuestionaba todo.
Dianita, sentada en el borde de su cama, observaba el cielo nocturno a través de la ventana. La fiesta había terminado, pero su mente seguía inquieta. La mirada de Thiago había desestabilizado su mundo, combinándose con los recuerdos de aquel encuentro en el pasillo del baño. Sabía que no podía seguir ignorando lo que sentía, pero tampoco podía permitir que Sofía siguiera manipulando la situación.
Tomó su celular, La luz de la lámpara de mesa iluminaba su rostro mientras se decidía enviarle un mensaje, pero se detuvo. Recordaba que Sofía había hecho que cambiara su número para evitar que sus amigos lo contactaran. Con un suspiro, colocó su celular en la mesa de noche y se recostó en la cama, buscando claridad. Sabía que su única oportunidad de hablar con Thiago era conseguir ese número. Necesitaba un lugar donde pudieran hablar sin interrupciones, un espacio donde su conexión pudiera florecer sin el peso de las miradas ajenas.
Recordó el Faro de la bahía, un lugar tranquilo y apartado que siempre les había traído paz. “Allí podríamos hablar, sin Sofía, sin Tony, sin nadie más,” pensó, sintiendo un destello de esperanza.
El fin de semana transcurrió en calma, mientras Sofía intentaba hablar con Thiago sin éxito. Él solo le respondió con un escueto mensaje: “Mañana hablamos en la universidad.”
Thiago disfrutó el día con sus padres. Isabel, su madre, quería consentirlo y le cocinó su platillo favorito. Mientras ayudaba en la cocina, Thiago la abrazaba y le daba besos en la mejilla.
—Ya extrañaba que mi hijo favorito me consintiera —dijo Isabel, sonriendo.
—¿Hijo favorito? Según tengo entendido, solo tienes uno —respondió Thiago, confundido, pero bromeando.
—Ja, ja, ja, no seas tontito, hijo. Claro que solo tengo un hijo, por eso nadie te quita tu lugar. Pero también hay alguien que me llama mamá y ese es Cristian —contestó Isabel, con un toque de nostalgia en su voz.
—¿Cristian? ¿Por qué te llama mamá? —preguntó Thiago, sintiendo un pequeño destello de celos y confusión.
—Bueno, ustedes se han criado como hermanos. Desde pequeños son amigos inseparables; todo lo compartían. Era como si fueran uno solo —le explicó Isabel, con una mirada melancólica.
El silencio se apoderó de la cocina por un momento. Thiago se quedó pensando en lo que su madre dijo. Por un lado, no podía evitar sentirse perdido, y por otro, sabía que había preguntas que necesitaban respuestas.
—La verdad nunca supe por qué ustedes se distanciaron. ¿Por qué no hablas con él? Tal vez encuentres algunas respuestas —sugirió Isabel, sabiendo que su hijo necesitaba claridad.
—Tienes razón, mamá. Mañana trataré de tener una conversación con él —respondió Thiago, sintiendo que el peso de la incertidumbre comenzaba a levantarse.
—Recuerda lo que siempre te he dicho, hijo: “cada historia tiene…”
— Tiene dos versiones, Sí, lo sé, mamá. – dijo Thiago interrumpiéndola.
Isabel se emocionó tanto que abrazó fuertemente a su hijo.
—¿Thiago, recuperaste algún recuerdo? —preguntó, su voz llena de esperanza.
—¿Por qué la pregunta, mamá?
—Esa frase siempre te la repetía antes de que sufrieras el accidente. Después de eso, nunca más —contestó Isabel.
Thiago la miró, sintiendo una chispa de calidez, pero esta se desvaneció rápidamente.
—Lo siento, mamá. Solo me salió, pero no tengo ningún recuerdo.
Esa noche, se reunieron en la mesa para cenar y compartieron risas, pero en el fondo, Thiago seguía lidiando con sus propios demonios. Se retiró a su habitación, reflexionando sobre las palabras de su madre.
—Mañana será un buen día para escuchar la otra versión de la historia —decidió, cerrando los ojos con la esperanza de que el nuevo día trajera respuestas.
El lunes, todos estaban en la entrada del salón de clases. Sofía, nerviosa, escaneaba el lugar, buscando a Thiago. La distancia del fin de semana la había inquietado; algo no se sentía bien.
Cuando entraron al aula, Dianita levantó la mirada, buscando a Thiago, pero no lo encontró. Su corazón se encogió. De repente, él apareció por la puerta, y todos lo miraron, aunque él solo se sentó al lado de Sofía, con un semblante serio.
—Parece que la pareja perfecta tiene problemas —murmuró Natalia, y las risas resonaron entre ellos.
Thiago, sin embargo, permaneció con la mirada perdida, ajeno a la conversación de sus amigos. Sofía tomó sus manos, intentando sacarlo de su trance.
—¿En serio todavía estás molesto conmigo solo porque no pude contener mi deseo de estar contigo antes de que acabara la fiesta? —preguntó Sofía, haciendo pucheros con los labios.
Thiago, más calmado, también tomó las manos de Sofía, y con una pequeña sonrisa le dio una respuesta.
—No te preocupes por eso. Puedo entender tu punto, pero quiero que entiendas el mío también. Pasaron cosas extrañas en ese momento, y solo me confundí un poco.
Sus palabras eran más una excusa para calmar a Sofía, aunque no recordaba nada. Todo este tiempo con ella le había enseñado a conocerla, y sabía que le gustaba tener el control. Así, intentó darle confianza, esperando que todo se mantuviera bajo control mientras él buscaba las respuestas que tanto necesitaba.
Mientras tanto, fuera del aula, las miradas y los susurros se entrelazaban, pero la verdad era que lo único que importaba era lo que se guardaban unos en el corazón. La historia de amor entre Thiago y Dianita aún estaba por escribirse, y el destino tenía sus propios planes.
De un momento a otro, el salón se sumió en un silencio reverente. La profesora Violeta hacía su entrada, llevándose todas las miradas. Su belleza era innegable, y aunque ya había alcanzado cierta edad, su figura se mantenía intacta. Vestía un pantalón de lino que resaltaba la curvatura de su lindo trasero, y una blusa con un escote en V que dejaba entrever el atractivo canalillo de sus senos. Los alumnos, embobados, no podían evitar que sus pensamientos fluyeran hacia territorios poco apropiados, todos los hombres del salón se preguntaban si no traía tanga, ya que nada se le marcaba en la tela del pantalón, e incluso algunos profesores parecían cautivados por su presencia.
Thiago no fue la excepción. Cuando la profesora se acercó a su escritorio, le dedicó una sonrisa que lo hizo sentir como si el tiempo se detuviera. “¿Qué pasaría si…?”, se preguntó mientras se esforzaba por concentrarse en las instrucciones de la clase.
La profesora Violeta era conocida por su rigurosidad, y hoy no sería la excepción. Cuando Sofia, con arrogancia, pidió que su grupo de trabajo estuviera formado por tres personas, la profesora le lanzó una mirada desafiante y decidió que esta vez los grupos se formarían al azar. Sofia, visiblemente molesta, no pudo ocultar su enfado al escuchar la respuesta.
Para que todos vieran que los grupos iban hacer escogido al azar, la profesora Violeta, puso todos los nombres de los alumnos en una bolsa, Los murmullos llenaron el aire mientras la profesora sacaba nombres de la bolsa, creando una atmósfera de tensión. Los primeros emparejamientos causaron emoción y descontento, la primera sorpresa fue para Cristian, su nombre salió junto al de Amber, pero cuando finalmente fue el turno de Sofia y Dianita, todos contuvieron la respiración.
A Natalia no le hizo gracia, que Cristian compartiera grupo con Amber, – espero que mantengas la distancia con esa golfa, le dijo molesta y susurrando Natalia a Cristian, – Tranquila, deja los celos, sabes que solo tengo ojos para ti, – contesto Cristian dándole un abrazo y un tierno beso.
Mientras tanto Dianita y Sofia estaban a la expectativa, el ambiente era tenso, la profesora se dio cuenta, Thiago era la manzana de la discordia entre Dianita y Sofia, Natalia se queda viendo a Dianita y le dice; – imagina en grupo entre tú y Sofia, creo ambas llegarían a la exposición llena de moretones, le dijo Natalia riendo visiblemente.
-Espero por el bien de las dos que eso no suceda nunca, enserio no sé qué podría pasar. – contesto Dianita muy seria.
Sofia apretaba los puños, todo el salón estaba a la expectativa, todos sabían que un grupo entre Dianita y Sofia, podría hacer arder el mundo, era juntar la dinamita con un fósforo. La profesora Violeta metió su mano en la bolsa y saco los dos papeles, los leyó muy rápido mentalmente, y miro a todos, como si se tratase de un concurso, le puso un poco de suspenso, respiro hondo y finalmente la decisión de la profesora dejó a Sofia junto a Natalia, mientras que Thiago se emparejaba con Dianita, y rápidamente metió los papeles en la bolsa, Sofia no tuvo tiempo de pedir que mostrará los papeles, para comprobar que le tocaba con Natalia. Un ligero brillo de triunfo apareció en los ojos de Cristian, Dianita y Natalia sin decir una sola palabra, el mensaje entre ellos era claro, esa oportunidad la tenía que aprovecharla al máximo, como dijo Dianita en la anterior clase, solo un milagro podría hacer que ella hiciera grupo con Thiago, para no mostrar tanta felicidad los tres salieron del salón, para celebrar lo que acababa de suceder.
Sofia, no espero a que terminara la clase y se marchó del salón junto con Amber, trato de convencer a Thiago que se fuera con ellas, pero él se rehusó, – Lo siento Sofia, pero tengo que preguntarle algo a la profe, luego te alcanzo en la cafetería.
Una vez terminó la clase, Thiago, antes de que Dianita pudiera salir, la llamó. Conversaron brevemente y anotaron sus números, una chispa de emoción iluminó sus rostros. A medida que se alejaban, en sus ojos había un brillo especial, Thiago sentía la conexión con Dianita, pero no sabia como explicarlo, pero en el fondo también estaba contento que su compañera de grupo fuera Dianita, los dos se alejaron y Thiago se dirigió al escritorio de la profesora.
Con el aula vacía, se acercó a la profesora Violeta mientras ella recogía sus pertenencias. Thiago con un poco de timidez, le dice; – disculpe que la moleste profe, ¿puedo hablar un minuto con usted?, pregunto Thiago con voz tímida. Ella lo miró fijamente y dijo; -sí, claro, ya extrañaba nuestras conversaciones después de clases, cómo puedo ayudarte.
Thiago, quedo confundido con la respuesta de la profesora, “eran tan cercanos, había confianza entre ellos”, pensaba Thiago, la conversación giró en torno a su accidente y las dificultades que enfrentaba. Quería comprender su decisión respecto a los grupos. – ¿solo quería saber porque, los últimos papeles solo mostro el nombre de Sofia y no el de Natalia, como hizo con todos los demás?
– Me estas tratando de decir que no fui justa o transparente en esa selección?, – pregunto la profe con una pequeña sonrisa pícara.
– No, mi intención no es ofenderla, discúlpeme, solo fue curiosidad, es que como estoy en blanco no sé qué sucede a mi alrededor y analizo todo. – contesto Thiago devolviendo la sonrisa pícara.
La profesora, con su característico aire juguetón, le reveló que había un motivo detrás de su elección y que, a pesar de su aparente severidad, había actuado con intenciones de proteger a todos. Lo miró fijamente a los ojos, podía ver esa incertidumbre, de tener muchas preguntas y no encontrar las respuestas, por lo que, con una voz sensual, se acercó a Thiago inclinándose un poco en el escritorio, dándole a Thiago una imagen de su escote y sus grandes senos, descaradamente sus ojos se desviaron inmediatamente a hacia sus tetas, la profesora solo sonrió, y dijo; – Mis ojos están acá arriba. Thiago con la cara roja de la vergüenza, dijo; – Lo siento, profesora no quise ofenderla, mejor me voy.
-Es una lástima que no recuerdes la confianza que teníamos antes del accidente, pero solo por eso antes que te vayas te voy a decir un pequeño secreto, – dijo la profe mirándolo a los ojos, – Realmente los nombres en esos papeles pertenecían a Sofía y a Diana, pero esas dos mujeres no pueden estar juntas, y quise evitar una tragedia.
– ¡enserio!, y porque no me puso con Sofía.
– Porque quería darle una lección, no siempre puedes tener lo que quieres.
– Entiendo. – fue la única respuesta que pudo decir Thiago.
– Que ironía, antes del accidente tú y yo teníamos un secreto, ahora volvemos a tener uno, confió en ti nuevamente, espero que esta conversación que entre los dos. – dijo la profe guiñándole un ojo.
Thiago la miro fijamente con picardía, quería saber cuál era ese secreto que tenían antes, – “¿Qué tipo de secreto tenemos?”, preguntó Thiago, con una curiosidad brillando en sus ojos.
La profesora Violeta, juguetona y confiada, pasó una mano por el rostro de Thiago con delicadeza, sonriendo le dijo que su vínculo anterior estaba basado en una complicidad que no podían discutir en ese momento. – “Si quieres saber más, llámame”, le sugirió, dándole su número privado, pero recuerda solo tú, tienes acceso a él, nadie en la universidad tiene mi número. La conversación dejó a Thiago con una mezcla de incertidumbre y emoción.
– Eres un buen chico Thiago, llámame y conversamos, a lo mejor podemos retomar la amistad que teníamos. – recogió sus cosas y se dirigió caminando sensualmente hacia la puerta del salón.
A medida que la profesora se alejaba, su figura se desvanecía por la puerta del salón, y Thiago no pudo evitar sonreír. La conexión que sentía por ella era palpable, y por un momento, el mundo exterior desapareció, dejándolo con una sensación de que, tal vez, había aspectos de su pasado que, aunque olvidados, aún podían volver a florecer.
CONTINUARÁ….
Espero les haya gustado este capítulo, dejen sus comentarios, para que me ayuden a mejorar y para motivarme para seguir con la historia, saludos.
