El mercado, tentación de jóvenes, maduras y otras cosas

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Domingo de mercado, de hacer las compras.

Vivo solo en mi depa, desde hace ya varios años, me independicé de mis padres, los cuales ayudo económicamente.

Los Domingos, tengo el tiempo para realizar las compras del mercado, todo lo que utilizaré durante la semana.

Pero también sirve para despejar la pupila, donde cada mirada encuentras a unas chicas bonitas, señoras maduras guapas, marchantes a los cuales uno compra sus cosas de comida.

En el mercado ves a unas indígenas caderonas, de tetas agradables, sa chica del puesto de pollo, nalgona, risueña.

La señora que vende puerco, con unas piernas sabrosas, las niñas que venden verduras agradables.

Me encontré a un chico en el puesto de carne de res, con ojos muy bonitos, grandes y se le nota que le gusta la carne.

Pero mi mayor ilusión es conquistar a una indígena, caderonas, con Buenas tetas, duras, me exita cada vez que la veo.

Ella ya se dió cuenta, que cada que llego se me pone el pene bien parado y se nota, siempre llevo unos pants alicrados.

Tiene un puesto, con una barra y atrás hay una pequeña bodega, quiero y deseo llevarla a la parte de atrás y desnudarla, con ese olor en particular que tiene.

Me exita sus axilas, se ven apetecibles, peludas, exitantes.
Estoy en camino, le llevo algunos detalles para enamorarla, me para la verga imaginar que la puedo cojer en la bodega a la hora de la venta.

Tengo tantas ganas de agarrar esas nalgas y meterle el dedo en el culo para abrir camino y vaya sintiendo esa sensación de exitación.

Pero bueno, llegará el día.

Mientras tanto, pasé a la carnicería y el chico estaba solo, lo saludé pedí mis filetes, cosillas, deshebrada, y otras cosas.

Mientras tanto le dije que bonitos ojazos tiene y me invito a pasar y atrás de los congeladores hay un pequeño espacio, donde me dijo si los quería ver de cerca, y me quedo mirando mi pene erecto, duro, sabroso.

Pase de inmediato al espacio y lo empecé acariciar, me saqué la verga para que la mame y que mamadota le dió, lo llenó de saliva y de inmediato se puso en cuatro y poquito a poco, le fui metiendo la verga.

Primero solo la cabeza, el cual el decía, así. Mételo dale papi, meteme el filete, ese trozo.
Ay papi darle, rico, desde cuando me quería comer tu chorizo cabezón.

Estoy exitado y le daba con fuerza, duro, hasta dentro, experimentando una sensación de adrenalina, exitación del saber que en cualquier momento llegaría alguien a comprar.

Le di la vuelta, lo acosté en unos bultos, me puse sus piernas en mis hombros y de un empujón entro toda.

Él tenía la verga bien recta, se la agarré y se la empecé a frotar y se movía muy rápido, le temblaban la pierna y yo dándole duro a ese culo qué cada vez se sentía más suavecito, más lubricando.

Gritaba, gemia, así, así, me vengo, ay papi dale me duele ya mi culito, me duele pero sigue no pares.
En eso expulsó toda leche y al instante le bañe de leche el culo, rica cojida. Inesperada

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