La complicidad de mi cuñada
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Me llamo Jessi, soy chaparrita, con tetas pequeñas pero firmes, y siempre me ha gustado vestirme de forma atrevida. Esto pasó antes de casarme, cuando vivíamos en una casa chiquita con mi mamá, mi hermano Jhony y su novia Rosy, que ya estaba embarazada. Solo había un cuarto y un baño, así que todos dormíamos ahí. Mi otro hermano Omar y su esposa estaban viviendo en Holbox, así que éramos solo nosotros cuatro apretados.
Un día Rosy me pidió que la acompañara a casa de sus papás a recoger unas cosas. Acepté encantada. Me arreglé con todo el estilo que me gusta: una blusa escotada blanca muy ajustada que marcaba mis pechitos, una falda corta de jean que apenas cubría mis nalgas y unas sandalias altas. Me veía bien puta y linda, como siempre Tomamos un taxi cerca de la casa. Apenas subimos, el taxista, un hombre como de 35 años, moreno y de mirada intensa, no dejó de mirarme por el espejo retrovisor. Sonreía constantemente.—Buenas tardes, ¿a dónde las llevo, señoritas? —preguntó con voz amable. Rosy le dio la dirección y empezó la plática. Al principio era normal: el clima, el tráfico, que si vivíamos por la zona… Pero poco a poco se fue poniendo más atento conmigo.—Oye, perdona que te lo diga, pero te ves muy guapa. ¿Siempre sales así de arreglada? —me preguntó sonriendo.Yo me sonrojé un poco y respondí tímidamente que sí, que me gustaba arreglarme. Rosy, sentada a mi lado, se acercó a mi oído y me susurró bajito:—Respóndele, Jessi… dile que te gusta que te miren. Se te nota que te excita.
Sentí un calor subiendo por mi cara. Ella sabía perfectamente cómo ponerme nerviosa. Continuó susurrando:—Recuerda aquella vez en secundaria cuando te besaste con el profesor de matemáticas en el estacionamiento… yo te cubrí esa vez también. Este taxista te está comiendo con los ojos. El taxista siguió sacando tema, preguntándome si tenía novio, a qué me dedicaba. Rosy, con una sonrisa traviesa, me apretó el muslo y me susurró otra vez:—Dale tu número cuando te lo pida… hazlo por mí.Al llegar a destino, el taxista se detuvo y, como era de esperarse, me dijo:—¿Me darías tu número? Me gustaría platicar contigo otro rato, sin prisas.Rosy me miró con complicidad y yo, nerviosa pero excitada, se lo di.
Ella sonrió satisfecha. Entramos a la casa de los papás de Rosy. Era más grande y bonita. Su mamá nos recibió amable y Rosy le dijo que iba a recoger unas cosas mientras yo esperaba en la sala. Estaba sentada cuando entró un hombre alto, guapo, de unos 28 años. Me miró sorprendido y sonrió.—Hola… ¿y tú quién eres? —preguntó acercándose.—Soy Jessi, la cuñada de Rosy —respondí sonriendo.Él se presentó: se llamaba Azael, era hermano de Rosy, estaba casado y tenía un hijo pequeño. Había solo un par de años de diferencia entre nosotros. Empezamos a platicar como amigos. Me preguntó cómo estaba la convivencia en la casa, si no era incómodo dormir todos juntos. Yo le conté un poco, riéndome.Rosy salió en ese momento y nos vio platicando.
Azael se ofreció a llevarnos de regreso.Durante el camino de vuelta, la plática se puso más interesante. Azael conducía y yo iba en el asiento del copiloto, Rosy atrás.—¿Y tú tienes novio, Jessi? —preguntó mirándome de reojo.—Sí… —respondí bajito. Rosy intervino desde atrás:—Jessi siempre ha sido muy coqueta desde la secundaria. ¿Te acuerdas cuando saliste con aquel chavo casado q iba ala escuela a buscar a su sobrino? Nadie se enteró, solo yo me puse roja. Azael rio suavemente.—Vaya… no te imaginaba tan traviesa —dijo con voz más baja.Rosy continuó, sin ser vulgar, pero con picardía:—Ella es chiquita pero peligrosa. Siempre le han gustado los hombres mayores, experimentados… aunque nunca pensé que terminaría siendo mi cuñada y ahora la estoy cubriendo.
Mientras hablaban, Azael puso su mano derecha en mi pierna izquierda y la fue subiendo poco a poco por mi muslo. Rosy, desde atrás, me rozaba el hombro y el cuello con los dedos, susurrándome de vez en cuando:—Relájate… se te ve que te gusta. Llegamos a la casa. Antes de que yo bajara, Azael me miró directo a los ojos y me dijo bajito:—Me gustaría verte más tarde, Jessi. Eres muy linda… me encantaría tener un rato a solas contigo, besarte, tocarte… ¿qué dices? El corazón me latía fuerte. Rosy, que apenas se iba a bajar, fingió no escuchar mucho pero me guiñó un ojo.
Esa noche, a las 8, me bañé, me puse un vestido negro corto, escotado, sin brasier y unas braguitas rojas. Me veía sexy. Rosy me cubrió diciendo que íbamos al centro. En realidad ella solo me acompañó hasta el parque y de ahí se fue a casa de su mamá con el pretexto de un pendiente. Azael ya me esperaba en su coche.
Fuimos directo al Motel Pink, que está cerca de la salida a Valladolid. Era un lugar discreto, con luces rosadas y habitaciones privadas.
Apenas entramos a la habitación, Azael me besó con ganas. Sus manos recorrieron mi cuerpo. Me levantó el vestido y me acarició las tetas pequeñas, pellizcando mis pezones mientras yo gemía bajito. Me sentó en la cama y se arrodilló frente a mí. Me quitó las braguitas lentamente y empezó a lamerme el coño con calma, pasando la lengua por mi clítoris hinchado, metiendo un dedo y luego dos mientras yo me retorcía de placer. Era muy bueno con la boca. Me hizo correrme una primera vez así, chupando y lamiendo hasta que temblé.
Después me puso de espaldas, me abrió las piernas y se puso un condón. Entró despacio en mí, gruñendo de gusto. Era grueso y me llenaba completo. Empezó a follarme con ritmo, agarrándome de las caderas, luego me dio la vuelta y me penetró en misionero mirándome a los ojos mientras yo gemía su nombre. Aceleró, follándome más fuerte. Sentía cada embestida profunda. Cambiamos a que yo me sentara arriba, cabalgándolo despacio al principio y luego más rápido, moviendo mis caderas mientras él me apretaba el culo. Me corrí por segunda vez así, apretando su polla dentro de mí.
Finalmente me puso en cuatro y me dio fuerte hasta que él también se corrió dentro del condón, gruñendo mi nombre.
Después de descansar un rato, platicamos un poco más, me pregunto q si rosy enserio sabia todo de mi y le dije q si q cuando estábamos en la secundaria eramos muy apegadas y q igual ella tenia sus aventuras mas nunca pense q seria mi cuñada y q no me molesta si ella cuenta de mi, nos besamos y nos vestimos. Me llevó de regreso al parque. Rosy ya estaba ahí esperándome, sonriendo con complicidad.—Todo bien? —preguntó.—Sí… guardas el secreto, ¿verdad? Ya sabes q tengo novio y quisiera q fuera como cuando estabamos en la secundaria —le dije sonrojada.—Claro, Jessi. Como siempre —me respondió guiñándome un ojo.Y así terminó esa noche que nunca voy a olvidar.
