Sexo en familia (Padre, Madre, Hija)

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Mi hija, al ser hija única, siempre había sido una niña muy enmadrada, con una gran dependencia de su madre y muy cariñosa conmigo que, en justa correspondencia la mima a mucho y le daba todos sus caprichos.

Esto había hecho de ella una joven con una personalidad muy frágil, fácil de convencer y de manipular, lo que hacía que todas sus amigas se aprovecharan de ella de una manera u otra.

Siendo así no fue difícil para dos “amigos” llevársela a su piso y montarse una orgia con ella, recién cumplidos los 18 años.

Esa noche cuando llegó a casa en un estado lamentable, se lo contó a su madre (Yo estaba en uno de mis viajes de trabajo).

Mi mujer, que es enfermera lo primero que le dijo, fue de ir a denunciarlos por violacion, pero ella se negó, porque en realidad ella había ido voluntariamente y en ningún momento puso ninguna resistencia, simplemente les dejó que hicieran lo que quisieran con ella y además, ya era mayor de edad.

Con lo que su madre optó por que se diera una buena ducha, mientras ella se acercó a una farmacia a comprar la “píldora del día después”.

La dio la píldora y la hizo un reconocimiento vagina y anal, con resultado que la vagina estaba tan solo un poco enrojecida y en el ano tenía un pequeño desgarro.

El resultado, que nuestra hija con sus 18 años recién cumplidos ya no era virgen por ninguna de sus entradas.

Por otra parte, su madre, en cuanto tuvo su siguiente regla la llevo a su ginecóloga y la implantó un DIU, para prevenir un embarazo no deseado cuando volviera a tener relaciones sexuales.

Pero aquella desagradable experiencia, que además fue su primera vez, la marcó sexualmente, cogió miedo al género masculino y comenzó a acercarse más al género femenino.

Su madre y yo nos dimos cuenta de ello, porque se echó una más mejor amiga con la que siempre estaba y lo hacían todo juntas.

Al único hombre que seguía tratando igual que siempre era a mi, su padre.

Conmigo siguió siendo tan cariñosa como siempre o incluso más.

Como ya dije al principio ella siempre había sido muy cariñosa conmigo, pero últimamente ese cariño se había vuelto mucho más evidente, hasta el punto que, tanto mi mujer como yo, lo empezamos a ver como un auténtico coqueteo.

Mi mujer y yo lo hablamos y decidimos no decirle nada, pero mi mujer lo consultó con uno de los psicólogos del hospital en el que ella trabajaba.

El psicólogo le dijo que si quería que fuera a su consulta, pero que, en principio, contándole lo que le había pasado, lo que la niña tenía era una especie de lucha mental entre la atracción lógica por el sexo opuesto y el miedo que los había cogido, lo que la había inclinado en principio por acercarse al sexo femenino, pero sin dejar de sentir su natural atracción por el otro sexo y esa atracción la manifestaba con su padre, porque era el único hombre en el que confiaba totalmente.

Esa explicación, tanto a mi mujer como a mi, nos pareció bastante convincente y decidimos no decirle nada a nuestra hija y dejar que su naturaleza la fuera adaptando a las circunstancias.

Pero claro, yo también tenia que conseguir adaptarme a las circunstancia, porque para mi mujer era muy fácil, pero para mi no lo era tanto.

Eso de tener a una joven con el cuerpo que tenia mi hija, todo lleno de curvas (tetas, caderas, culo) a todas horas pegado a mi, sentada encima de mis piernas cuando me sentaba en el sofá del salón, rodeandome el cuello con sus brazos desnudos y sus tetas pegadas a mi cara, casi siempre sin sujetador, pues no podía evitar excitarme.

Sus abrazos, sus besos, llamarme con cualquier excusa cuando se estaba duchando, para que la viera completamente desnuda… Ufff, me tenía todo el día excitado.

Los domingos se había cogido la costumbre de que, como nos levantamos más tarde, irse a nuestro dormitorio y meterse en la cama entre media de su madre y mía.

Iba solo con una camiseta fina de tirantes y sus braguitas y yo duermo solo con los calzoncillos, así que os podéis imaginar como se me ponía a mi la verga, si se tumbaba de lado mirando hacia su madre, ponía su culo contra mi verga dura y me lo restregaba sin cortarse un pelo.

Y si se daba la vuelta, mirando hacia mi, pues todavía peor, porque me ponía una de sus piernas encima mientras acariciaba mi pelo con su mano y me decía con su cara a pocos centímetros de la mía qué era el padre más guapo del mundo.

Yo veía sus preciosos ojos azules con esa sonrisa pícara y respiraba su aliento, con sus labios a pocos centímetros de los míos y tenía que hacer un tremendo esfuerzo para contenerme y no comérmelos a besos.

Mi mujer se hacía la tonta y no le decía nada, ni a ella, ni a mi, pero yo empecé a pensar seriamente que tenia que hacer algo, porque yo no podía seguir así ya que, en cualquier momento, no me iba a poder contener y iba a cometer cualquier locura.

Y empecé a acariciar la idea de que, finalmente, no me iba a quedar más remedio que tener sexo con mi hija, porque, estaba convencido que era lo que ella estaba deseando y necesitando para liberarse de todos sus traumas y contradicciones.

Así que decidí dar el paso y para ello me monté un plan que me permitiera pasar muchas horas a solas con mi hija, lejos de su madre, para dar rienda suelta a nuestros deseos con total libertad.

Estábamos a principio de verano y mi hija estaba de vacaciones de la universidad.

Yo, por mi trabajo, viajaba a Madrid, que está a tres horas de coche de la ciudad en la que vivimos, una o dos veces por mes a reuniones de trabajo de dos o tres horas, salgo por la mañana, tengo la reunión, como allí y vuelvo por la tarde.

Así que mi plan consistía en proponerle a mi hija que se viniera conmigo el próximo viaje, diciéndole que mientras yo estuviera en la reunión ella podía irse de compras, luego quedábamos para comer y después nos volvíamos para casa.

Pero había otra parte de mi plan, que consistía en preguntarle a mi hija durante la comida, si le gustaría pasar la noche conmigo en un hotel, para lo cual le diríamos a su madre que se me había averiado el coche y que los del taller qué habían venido a recogermelo me habían dicho qué me lo tendrían para el día siguiente y que podría pasar a recogerlo a media mañana.

Puse en práctica mi plan y la primera parte funcionó perfectamente, tanto mi mujer como mi hija estuvieron de acuerdo, mi hija aprovechó para comerme a besos, diciendome qué era el mejor padre del mundo y que me quería muchísimo.

Esa mañana cuando mi hija salió de su cuarto para venirse conmigo casi me da un infarto, salió con unas calzonitas de esas pegadas qué marcaban todas las curvas de su precioso culo y una camiseta de tirantes tambien pegada qué resaltaba su perfectas tetas… Ufff

Hicimos el viaje hablando de todo, pero sin ningún contenido expresamente sexual, aunque el ambiente estaba cargado de sexo.

Llegamos a Madrid sobre las 11am, dejamos el coche en un parking y cada uno cogimos un taxi para ir a nuestros destinos.

Quedamos en que yo la llamaría por el móvil cuando terminara la reunión y que, en cualquier caso, ella me esperará en la cafetería de un conocido hotel que le quedaba cerca del centro por donde ella iba a estar.

Terminé la reunión sobre las 14 horas, la llamé y nos encontramos en la cafetería del hotel que le había indicado.

Pasamos al restaurante y mientras comíamos nos contamos como nos había ido la mañana a los dos.

Mi hija se había comprado varias cositas y estaba contenta y feliz.
La primera parte de mi plan podríamos decir que había sido todo un éxito, pero ahora había que pasar a la segunda fase, que era la realmente importante y la más difícil para mi, puesto que era yo el que tenia que dar el paso y no sabia como iba a reaccionar mi hija cuando se lo dijera.

Mi mayor temor era que mi hija reaccionará mal y estropeara la bonita y excitante relación que había entre nosotros.
Por un momento dude si dejarlo y seguir como estábamos, porque no podría vivir ya sin esa relación tan especial con mi hija… Ufff

Cuando nos pusieron los postres llegó el momento y finalmente decidí jugarmela y seguir adelante con mi plan.

Mirando fijamente a mi hija le dije:
– A ver cariño, quería hacerte una propuesta y espero que no te lo tomes a mal, si no estas de acuerdo lo olvidamos y aqui no ha pasado nada.

Mi hija con su cara sonriente me dijo:
– No te preocupes papá, porque yo aceptaré cualquier propuesta que tu me hagas, así que hazme tu propuesta, que me muero de curiosidad.

Yo ya un poco más tranquilo por su actitud me dejé de rodeos y se lo dije directamente:
– Pues mi propuse se reduce a la siguiente pregunta ¿Te gustaria que nos quedáramos y pasáramos la noche juntos en este mismo hotel?

Mi hija me contestó con unas risas:
– Jajajaja… Sí papá, me encantaría que nos quedáramos y pasar la noche contigo.

Yo, entre feliz y desconcertado le dije:
– Gracias cariño, pero ¿porque las risas?

– Pues porque desde que me dijiste que si quería acompañarte, acepté de inmediato, porque supuse que te traías algo entremanos y tratándose de ti conmigo, sabía que sería algo bueno y no me equivocaba.

– Vaya y yo que tenia tanto miedo y he estado a punto de no pedírtelo.

– Pues si no me lo hubieras pedido había decidido pedírtelo yo a ti… Jajaja

– Jajaja voy a llamar a tu madre para decirla qué se nos ha averiado el coche y no nos lo tendrán listo hasta mañana.

– Jajaja, ya veo que lo tienes todo pensado.

Llamé a mi mujer, le conté lo del coche y me sorprendió lo bien que se lo tomó y sobretodo que se despidiera diciéndome:
– Pasadlo bien, tenéis toda una tarde y una noche para divertiros.

Terminamos de comer y pasamos a la recepcion del hotel para coger la habitación y allí surgió el primer problema.

Pedí una habitación doble con dos camas, para disimular, porque yo sabía que en ese hotel las habitaciones dobles tenían una sola cama de esas enormes de 2×2.

Me comunicaron lo que yo ya sabía y cuando les dije que si no había más remedio la cogerá para mi y para mi hija.

El recepcionista sonrió porque, evidentemente no se creía que fuera mi hija, así que le presentamos los DNI con lo que pudo comprobar que además de ser mayor de edad, era mi hija de verdad y ya cambió su sonrisa.

Lo que no se podía imaginar es que aunque era realmente mi hija, la habitación la habíamos cogido para hartarnos de follar.

Subimos a la habitación y nada más entrar y cerrar la puerta mi hija me dijo:
– Papá tu sabes lo que me pasó y que por eso he cogido asco a los hombres y me habia prometido a mi misma que con el único hombre que volvería a tener sexo sería con el hombre que mas me quiere y al que yo más quiero del mundo, ¡mi padre!, osea… TU

Yo, con una alegría difícil de disimular le dije:
– Vaya, cariño, pues no sabes lo que me alegro de que pienses así, porque yo ya no podía aguantar más las ganas de comerte enterita.

– Pues ahora lo podras hacer, podras comerme enterita, quiero que me hagas todo lo que me hicieron aquellos sinvergüenzas, pero ahora me lo harás tu con mi consentimiento y con todas mis facultades mentales intactas.

Mientras hablábamos los dos nos habíamos ido desnudando y cuando nos dimos cuenta los dos estábamos completamente desnudo, nos miramos y… ¡Joder! Lo buena que estaba mi hija, era realmente impresionante.

Y mi hija al ver por primera vez mi pene totalmente empalmado exclamó:
– ¡Joder, papá! Que pedazo de penes tienes, ahora entiendo los gemidos de mama.

– Pues ahora va a ser toda tuya y podas oír tus propios gemidos, cuando la tengas dentro de ti.

– Siiii papá, quiero sentirla dentro de mi por todos los agujeros de mi cuerpo y que me lo hagas como si no fuera tu hija, cómeme enterita como deseabas hacer, todo mi cuerpo te pertenece, es solo tuyo y puedes hacer con el todo lo que quieras.

Me acerqué a ella, la abracé y nos fundimos en nuestro primer beso como amantes, sintiendo como los pezones de sus tetas se clavaba en mi pecho y ella sintiendo todo mi pene en su vientre, mientras ambos axcariciabamos con nuestras manos el cuerpo del otro… La pies sueve de su espalda y de su culo…

Despues de un par de minutos abrazados y comiéndonos nuestras bocas, su aliento, su saliva… Mi hija se separó, se sentó en la cama y tiró de mi, agarrandome por mi pene y me dijo:
– Ven papá, voy a empezar por comerte yo a ti este hermoso pene que tienes y que llevo tanto tiempo deseando comerme.

Empezó lamiendo mi glande, luego se lo metió en la boca y empezó a chuparmeló mirándome fijamente con una sonrisa en sus preciosos ojos azules.

Ver a mi hija con mi pene en su boca me produjo una sensación de placer increíble… Uffff… Mis sueños se estaban cumpliendo.

Pero esto no había hecho más que empezar y no podía imaginarme lo que mi hija tenía en su cabecita.

Empecé a saberlo cuando se sacó mi pene de su boca y con una mirada de deseo me dijo:
– Papá quiero que me folles por la boca, quiero comérmela entera, métemela hasta dentro y correte en mi garganta, quiero tragarme todo tu semen.

Yo, un tanto desconcertado le dije:
– Cariño, creo que no deberíamos hacer eso, puedo hacerte daño, te ahogaras y te darán arcadas.

Ella totalmente decidida me respondió:
– Papá, te dije que quería que me hicieras todo lo que me hicieron ellos, porque quiero repetirlo ahora contigo, sentirlo y disfrutarlo contigo, porque entonces no lo disfruté.

Y sin más volvió a meterse mi pene en la boca y yo totalmente excitado por lo que me había dicho, agarré su cabeza con mis dos manos y empecé el movimiento despacito, pero ella había cerrado sus labios alrededor del tronco de mi pene, eso me producía una sensación increíble y empecé a mover su cabeza con mis manos, metiéndosela cada vez más adentro.

Mi hija me miraba fijamente como queriendome decir que siguiera, que lo estaba haciendo muy bien y eso me evitaba aún más.

La empezaron a llorar los ojos, yo afloje mis manos, ella se la sacó, tosió varias veces, pero antes de que yo dijera nada se la volvió a meter, ella misma apretó su cabeza y se la metió casi entera hasta dentro… Uffff

Yo ahí ya me volví loco, agarré su cabeza y me la empecé a follar, ahora ya, tal y como ella me había pedido que hiciera y cuando sentí que ne iba a correr, se la metí hasta lis huevos y comencé a disparar todo mi semen dentro de su garganta.

Fueron solo unos segundos, luego aflojé la presión y seguí corriendome ya en su boca.

Mi hija me miraba con sus ojos llenos de lágrimas mientras seguía tragándose todo el semen que mi palpitante pene seguía soltando en su boca… Uffff

Fue algo realmente salvaje y sin embargo mi hija estaba totalmente feliz y no mostraba ninguna señal de haberlo pasado mal.

Yo nunca había tenido una experiencia así, mi mujer me la había chupado muchas veces, pero de una forma normal, esto no había sido una mamada, esto había sido otra cosa, realmente me había follado a mi hija por la boca y me había corrido en su garganta y ella no solo lo había soportado sin muchos problemas, sino que lo había disfrutado.

Cuando se sacó mi pene de la boca, después de darle unas buenas chupadas al glande, mi hija con una sonrisa de satisfacción me dijo:
– Gracias papá por hacerlo como te dije que lo hicieras, ahora si que lo he disfrutado y quiero que me lo hagas todo con la misma intensidad, tu no te preocupes ni tengas miedo, porque si en algún momento me hicieras daño o no me sintiera bien, yo te lo diría, mientras yo no te diga nada usame como tu quieras, como más placer sientas.

Yo le respondí:
– Gracias a ti mi vida por ser como eres, creo que nos lo vamos a pasar los dos muy bien, ahora me toca a mi cumplir uno de mis mayores deseos, me voy a comer tu coñito y no voy a parar hasta que no tengas un orgasmo y te corras en mi boca.

Mi hija se tumbó en la cama, abrió sus piernas, doblando la por las rodillas y me dijo:
– Pues ahí lo tienes, papá, a tu entera disposición, todo tuyo, estoy deseando que te lo comas enterito.

Yo metí mi cabeza entre aquellos increíbles muslos y por primera vez pude ver a pocos centímetros el perfecto coñito de mi hija, sonrosado, entreabierto, húmedo, brillante y su olor… Ufff

Comencé a lamerselo por todos sitios, metiendo le mi lengua todo lo que podía, cogido su diminuto clitoris entre mis labios y se lo lamia con la lengua…

Esto a mi hija se ve que la producía como una descarga eléctrica, porque gemías muy fuerte, agarró mi cabeza con sus dos manos y me la apretaba contra su coño, como si me la quisiera meter dentro de ella, gritaba y me decía:
– Asiii… Papá… Asiiii.. Como me gustaaaa… ahahah

Finalmente estalló en un orgasmo y se corrió en mi boca, yo lamia y tragaba los jugos de su corrida… Ummmm… Me encantaba su sabor y su olor, era el néctar de una hembra joven y eso vuelve loco a cualquier macho.

Ella gritaba:
– Papaaa… Me corrooo… Ahah… Me corroooo

Cuando se fue relajando salí de allí, trepe hacia arriba metido entre sus muslos abiertos, ella suponiendo lo que venía a continuación dobló sus rodillas para facilitarme el acceso y en cuanto estuve a la altura, enfile mi pene a la entrada de su superlubricada vagina y de un solo empujón se lo clave hasta dentro…

Ella lanzó un grito de satisfacción al sentir por primera vez el pene de su padre dentro de su vagina y me dijo:
– Asiiii, papá, Asiiii… Follarme muy fuerte, quiero que me folles muy duro… Ahah

Oído esto, comencé a follarmela como ella queria, metiendo y sacando mi pene en su vagina, con penetraciones fuertes y profundas, mientras me comía sus labios y su lengua y le metía la mía dentro de su boca, ella me la chupaba con verdadera pasión y los dos intercambiabamos abundante saliva.

No tardó mucho en tener otro orgasmo, le dejé libre la boca para que pudiera meter bocanadas de aire en sus pulmones y ella comenzó a gritar otra vez:
– Siiii… Papaaaa… Siiiii ahahah.. Madre miaaaa… Madre miaaaa… Ahahahah…

Yo como me había corrido cuando me la follé por la boca, sabía que ahora tardaría en volver a correr e, así que la dije que se pusiera a cuatro para cambiar de postura, ella me obedeció y se colocó rápidamente y…
Madre mía, que impresión me causó ver el culo de mi hija en esa posición, que culo más perfecto con su coñito abierto, porque se la acababa de sacar y goteando el flujo de su corrida y el perfecto hoyito de su ano.

No pude resistir la tentación de comerme aquel culito, comencé a lamer su ano, lo que le produjo a mi hija como un calambrazo y me dijo:
– Siii.. Papá… Métemela por ahí… Follarme por el culo.

Yo cuando le dije que se pusiera a cuatro, no lo había hecho con la intención de metersela por el culo, pero ahora que me lo pedía ella, me entraron unas irresistibles ganas de hacerlo, pero me contuve y le dije:
– Pero cariño, por ahí te va a doler mucho, es mejor que lo dejemos para otro día que tengamos un lubricante.

– Nooo papa, lo quiero ahora, ellos no utilizaron ningún lubricante y no les importó hacerme el daño que me hicieron, así que tu ahora lo tienes más fácil, sé que me va a doler, pero soportare el dolor, ya lo veras.

-Está bien cariño, vamos a intentarlo, pero te lo haré con mucho cuidado y si te duele mucho me lo dices y paramos.

– OK papá, tu no te preocupes, házmelo sin miedo, que si me duele mucho yo te lo diré.

Viendo que ella estaba totalmente decidida, unté el dedo índice de mi mano derecha en el flujo de su vagina y con mucho cuidado se lo metí por el culo, traspasando su esfinter sin ninguna dificultad, lo moví para dentro y para fuera y mi hija solo emitía una especie de gemidos qué parecían quejidos, pero como no decía nada, repetí la operación con dos dedos y también entraron sin dificultad, luego con tres y pude comprobar que realmente su ano se dilataba con mucha facilidad, así que lubrique todo mi glande con saliva, cogi mi pene con la mano derecha, se lo enfile, preté con fuerza y para mi sorpresa, conseguí que el glande traspasar a su esfinter, que era lo más difícil de conseguir.

Ella emitió un quejido un poco más fuerte, pero no me dijo nada, solo que su respiración se convirtió en una especie de jadeo.

Yo solté mi pene, empecé a apretar ya con el directamente y vi como iba entrando poco a poco, centímetro a centímetro.

Mi hija solo comenzó a jadear más fuerte y como si soplara, algo parecido a lo que hacen las parturientas, solo que ella en vez de para sacar algo, lo hacía para que se lo metieran.

El caso es que aquello funcionaba ya que su recto se relajaba y mi pene seguía avanzando.

Yo hacía un movimiento suave de saca y mete y cada vez que sacaba y metía avanzaba algun centímetro mas, hasta que se la metí entera y mis testiculos chocaron con su vagina.

Al notar ese contacto mi hija me dijo:
– ¿Ya me la has metido toda, no papá?

– Si mi vida, ya la tienes toda dentro, te la he metido hasta los huevos y esos ya no entran, ¿Te ha dolido?

– Me ha dolido un poquito, pero es más el placer que siento de tener todo tu enorme pene dentro de mi recto, ahora quiero que me folles duro, olvídate de que soy tu hija y solo busca tu máximo placer, porque así me lo proporcionará a mi también.

Yo que estaba deseando comenzar a follarme la así, la agarre de sus caderas con mis dos manos y comencé el mete saca, primero despacio para que se lubricara bien, luego fui acelerando poco a poco y finalmente comencé a follarmela con toda mi pasión, como no lo había hecho nunca con mi mujer.

Mi hija comenzó a emitir una especie de gemidos roncos, que parecían rugidos y con una voz muy ronca me gritaba:
– Así papá, así, dame fuerte, rompeme el culo, hazme daño, produceme dolor… Siiii… Joder… Joder… Como me gustaaaa…

Ella volvió a tener otro orgasmo y yo ya no pude aguantar más y también me corrió, llenando sus tripas de semen diciendole:
– Me corrooo cariño… Me corrooo..

– Siiii… Siiiii… Llena mis tripas con tu semennn

Finalmente caímos los dos hacia adelante, y
quedé encima de ella, con mi pene metido aún en su culo, escurriendo mis últimas gotas de semen… Ufff

Descansamos un rato los dos abrazados sin dejar de besarnos y acariciarnos, momento que yo aproveché para comerme sus tetas, chupando sus pezones y dándoles suaves mordisquitos…

Ella había cogido mi pene con una de sus manos y me másturbaba suavemente solo para conseguir que se me volviera a poner dura de nuevo.

En cuanto lo consiguió se montó sobre ella, clavandosela en su vagina y empezó a cabalgarme.

¡Joder! Nunca me hubiera imaginado que mi hija, que su madre y yo, pensábamos que era lesbiana, le gustará tanto un pene…

Verla saltar sobre mi pene y como sus tetas se movían al ritmo y la cara de felicidad que ponía, era todo un espectaculo.

Y por si eso fuera poco, paró un momento, se sacó el pene de la vagina, lo guió con una mano, se lo metió en el culo y de una, se sentó sobre el, se lo clavó hasta dentro y volvió a cabalgarme, pero ahora con mi pene dentro de su culo de nuevo.

Ahí su cara cambió, ya no tenía la cara de felicidad de antes, ahora tenía cara de vicio, se mordía su labio inferior y se apretaba las tetas con sus dos manos, mientras yo la tenia agarrada por la cintura, para que mantuviera el equilibrio… Ufff

– Me encanta tener tu enorme pene dentro de mi culo, papá… Me encanta que me lo folles.

A lo que yo le dije:
– Ahora te lo estás follando tu sólita.

– Jajaja.. Pues es verdad.. Me estoy follando yo solitaaaa y como me gustaaaaa…asi me lo clavo hasta más adentro y me encantaaaa…

Y volvió a tener otro orgasmo, se paró, dejo de saltar, apoyó sus manos en mi pecho y mirándome fijamente con una mirada felina me dijo:
– Me estoy corriendo otra vez, con el pene de mi padre metido hasta el fondo de mi culo… Ay dios.. Como me gustaaa…que placerrrr…

La dejé que disfrutará de su orgasmo, luego me di la vuelta quedando ella debajo, mi pene se había salido de su culo y sin darle tiempo a nada se lo metí en la vagina y comencé a follarme la como loco diciendola:
– Quiero correrme en tu vagina, que aun no me he corrido dentro de ella, quiero hacerlo viendo la cara que pones cuando llene tu útero de semen y te imagines qué te estoy embarazando…

– Siiii papá… Siiii… Correte dentro de la vagina de tu niña y embarazalaaa

Empezó a gritarme ella, totalmente excitada.

Me la follé durante un buen rato disfrutando de las caras que ponía cada vez que se la metía hasta el fondo y tocaba con mi glande el fondo de su vagina, hasta que sentí que me iba a correr, entonces se lo dije, se la metí hasta el fondo, me quedé quieto y comencé a soltar mi semen en lo más profundo de su vagina.

Ella al sentir el calor de mi semen y con lo que le había dicho antes, tuvo otro de sus escandalosos orgasmos gritando:
– Siiii.. Siiiii… Correte dentro de tu hija, llena mi útero con tu semennnn… Embarazameeee… Preñameee… Preña a tu niñaaaaa… Ahahah

Finalmente, después de tranquilizarnos se la saqué y me tumbé a su lado, totalmente agotado.

Llevábamos follando sin parar más de dos horas y los dos estábamos agotados, evidentemente yo más que ella, que parecía que estaba tan feliz.

Decidimos parar, darnos una buena ducha y salir a dar un paseo, tomar algo en alguna terraza y cenar.

Y ahí conversamos sobre lo que había pasado, yo inicie la conversación:
– Bueno cariño, ¿Que me dices de lo que hemos hecho? ¿Ha sido como tu te lo habías imaginado? ¿Te ha gustado?

– ¿Que si me ha gustado? Me ha encantado papá, ha resultado todo mucho mejor de lo que yo me había imaginado, para empezar me ha sorprendido el tamaño de tu pene y aun me ha sorprendido más que me lo hayas podido meter por todos lados y que me haya producido tanto placer.

– ¿De verdad que no te ha dolido cuando te la he metido por el culo?

– Bueno, dolerme si me ha dolido, pero es un dolor muy especial, porque a la vez que duele sientes un placer mucho más fuerte que el dolor y bueno, ya has visto que la segunda vez me lo he metido yo sólita, porque lo necesitaba, necesitaba volver a sentir esa sensación, mezcla de dolor y placer, creo que produce adicción, jajaja

– Me alegro que lo hayas disfrutado y que te haya gustado tanto mi pene.

– Tu pene me vuelve loca y lo quiero para mi, no me importa compartirlo con mi madre, pero será el único pene que entre en mi cuerpo por donde quieras metermelo.

– Lo tendrás siempre que tu quieras y… a propósito de compartirlo con tu madre, ¿Como nos lo vamos a montar con ella?

– Pues contandoselo todo, creo que es lo mejor.

– ¿Pero que dices, cariño? ¿Como se lo vamos a contar?

– A ver papá, ¿Tu te crees que mamá es tonta?
¿Tu crees que ella no se imagina porque y para que me has invitado a venir a Madrid contigo?

– ¿Tu crees que mamá piensa que te he invitado a venir conmigo para hacer lo que hemos hecho?

– Estoy segura, papá, ella es mi madre y me quiere muchísimo, tanto o más que tu y estoy segura que haría cualquier cosa que supiera que me hace feliz. Pero además es una mujer y sé que se ha dado cuenta mucho antes que tu del coqueteo qué me traía contigo y nunca ha dicho nada, sabiendo como podía terminar una relación tan intensa, porque últimamente, yo ya estaba desesperada y te entraba descaradamente.

– Y tanto, tu madre y yo nos habíamos dado cuenta, porque era algo muy evidente, lo hablamos y decidimos no decirte nada y dejar que te fueras tranquilizando, pero yo ya no podía aguantar más y por eso monté este plan, sin decirle nada a tu madre, porque no sabía como iba a reaccionar ella.

– Pues yo creo que tenemos que decirselo, porque, como te he dicho, yo creo que ella ya lo sabe y que espera que seamos sinceros con ella y se lo digamos. No la podemos ignorar, ni podemos dejarla fuera de nuestra relación.

– ¿Como que no podemos dejarla fuera de nuestra relación? ¿No te entiendo?

– Pues muy fácil papá, tanto mamá como tu os habías hecho a la idea de que iba camino de hacerme lesbiana, por el asco que habia cogido a los hombres y no ibais descaminados, pero había un hombre por el que no solo no sentía ningún asco, sino que sentía una atracción irresistible por el, TU, mi padre, pero en mi vertiente lesbiana, siento la misma atracción por mi madre ¿Lo pillas ahora?

– Creo que si lo pillo, cariño, conmigo ya hemos puesto las cartas boca arriba y ahora toca hacer lo mismo con tu madre ¿Es eso?

– Eso es, papá, en tu caso has sido tu el que has dado el paso y con mamá lo daremos tu y yo juntos.

– Me parece muy bien, cariño ¿Como tienes pensado que lo hagamos? Porque estoy seguro que ya tienes algo pensado.

– Pues sí , le diremos lo nuestro y que queremos que ella también entre en el “juego”, somos tres y los tres estaremos dentro, nadie se quedará fuera.

Y en ese preciso momento sonó el teléfono de mi hija, lo miró y me dijo:
– Es mamá, supongo que querrá saber como estamos.

– ¿Y porque te llama a ti y no a mi?

– Pues no lo sé, pero lo vamos a saber ya mismo.

Cogio la llamada y puso el altavoz para que yo escuchara lo que decía mi mujer y intervinieron si quería.

– Hola mamá

– Hola cariño, ¿Como va todo por ahí? Por la hora que es lo mismo os pillo cenando.

– Pues has acertado, acabamos de empezar a cenar. Por aquí todo muy bien.

– Estupendo, entonces ¿Os han salido bien los planes a los dos?

– Nos han salido perfectamente, incluso yo diría que mucho mejor de lo que habíamos pensado.

– Cuanto me alegro cariño ¿Y tu estas bien?

– Mejor que nunca mamá, ya te contaré mañana cuando nos veamos.

– ¿De verdad? ¿Me lo vas a contar todo?

– Todo y papá esta de acuerdo, el está escuchando, tengo el altavoz puesto.

Ahí entré yo:
– Hola cariño, ya veo que tu hija y tu os entendeis perfectamente.

– Hola mi amor, ¿Tu también estas bien?

– Pues como te ha dicho la niña, mejor que nunca.

– Me alegro mucho cariño, porque se muy bien lo mal que lo estabas pasando.

– Perdona que no te contara mi plan, aunque ya veo que no hacía falta, de todas formas tu hija y yo habíamos decidido contártelo mañana.

Entró mi hija:
– Y no solo contártelo, sino hacerte participe también, somos tres y seremos tres para todo, siempre que tu estés de acuerdo.

– Ya sabéis los dos que yo siempre estaré de acuerdo con todo lo que vosotros me planteeis, sois las personas que más quiero del mundo y daría mi vida por vosotros, así que seremos tres siempre, tanto para lo bueno como para lo malo.

– Gracias mama, no esperaba menos de ti, para mi, papá y tu también sois las personas que más quiero del mundo, vosotros dos me distes la vida y mi cuerpo es vuestro, a papá ya se lo he entregado y el a mi el suyo y quiero hacer lo mismo contigo.

– Gracias a ti mi vida por tu generosidad, estoy segura que me harás tan feliz como has hecho a tu padre y yo también te entregaré mi cuerpo para que hagas con el lo que quieras.

Entré yo de nuevo:
– Bueno, cariño, pues ya está todo dicho y ha sido mucho más fácil de lo que yo había imaginado, somos y seguiremos siendo tres, como tu has dicho, para lo bueno y para lo malo. Hasta mañana mi amor.

My hija:
– Hasta mañana mamá, ahora cuando volvamos al hotel papá y yo vamos a seguir disfrutando de nuestros cuerpos.
Ah, por cierto vaya herramienta que tiene papá… Jajaja

– Jajaja, pues no me importa compartirla contigo mi niña, disfrutala.

Terminó la conversación, terminamos la cena y volvimos al hotel.

Volvimos a tener sexo hasta que caímos agotados, bueno, hasta que caí agotado yo, porque después de correrme otras dos veces ya no podía más.

Mi hija es insaciable, no sé los orgasmos qué tuvo, se la tuve que meter por el culo varias veces pero para correrme quería que lo hiciera siempre en la vagina y que la dijera que la estaba embarazando, eso la produce unos orgasmos increibles.

Al día siguiente salimos para casa después de desayunar y cuando llegamos mi mujer nos recibió con un fuerte abrazo y ese fue el primer día del resto de nuestras vidas.

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