El día que convertí mi ex y a su mama en mis putas

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Hola, qué tal amigos. Les vengo a relatar cómo se convirtieron en mis putas mi ex Minelia y su mamá Rosario. Como les comenté, mi ex esposa Minelia es de estatura mediana, clara, gordita, con cabello negro corto. Actualmente tiene 36 años. Lo más atractivo de su cuerpo es su trasero riquísimo, redondo y firme. Ella proviene de una familia muy tradicional, donde para ellos la mujer está en casa para servir a los hombres y serle fiel al marido. Aunque su mamá era una convenenciera y una amargada porque no le había ido bien con los hombres, y nunca le caí bien. Me consideraba poca cosa para su hija, se dedicó a separarnos y a meterle otra persona por los ojos, hasta que ella cedió al capricho de su mamá y empezó a salir con otro a escondidas de mí.

Cuando la descubrí, me dijo que era mejor terminar. Le dije: está bien, vamos a divorciarnos. Hubo un divorcio de mutuo acuerdo, terminé y no tuve que pagar pensión porque ella no quiso. Cuando su mamá se enteró que no aceptó pensión, puso el grito en el cielo. Desgraciadamente, lo que mal empieza, mal termina. No duró mucho su relación con aquella persona que le escogió su mamá: le fue infiel con su propia mamá, aunque tampoco le duró el gusto. Acabaron abandonadas por el mismo hombre, quedándose nuevamente solas y amargadas con los hombres y la vida. Por eso nunca entendí por qué seguía viviendo con su mamá, parecía que estaba atada a ella.

Ya hace 10 años que terminamos y debido a esto nunca volví a comprometerme. Mejor era disfrutar sin compromiso y a mi nueva pareja en su momento le dije que si íbamos a estar, era sin compromiso. Mi ex a veces me hablaba cuando estaba tomada y envalentonada. Me decía: escucha lo rico que me meten la verga, y se ponía a gemir: lo que te pierdes. Nunca le respondía y colgaba. Ella vive con su mamá hasta la fecha, no le fue bien después de mí y decidió no buscar más. A ella le cambió igual el carácter y se amargó igual que su mamá, y eso no le ha permitido gozar de lo bueno y sabroso del sexo.

El viernes a las 3 de la tarde recibí una llamada de ella. Le contesté y le pregunté qué deseaba. Me dijo: quiero sentirme libre y tener sexo en cualquier lugar y de la forma que quieras, y tener una noche inolvidable contigo, por favor. Le dije: segura de lo que pides, recuerda que te decidiste por otro, no vaya a ser que yo quiera vengarme. Mejor ten cuidado con lo que pides. Yo lo más que te puedo ofrecer es tratarte como mi puta, es lo único que puedes esperar de mí. Me contestó: eso quiero, ser una puta pero libre. Bueno, está bien, te voy a dar lo que pides. Te espero en mi casa a las 10 de la noche, ponte vestido provocativo y escotado.

Le comenté a mi pareja lo que íbamos a hacer y decidimos hacerlo todo en la terraza al aire libre. Subí un sofá cama para que gozara Minelia. A las 10 en punto llegó mi ex. Bajé a recibirla y le dije nuevamente: estás a tiempo de arrepentirte, ya el lugar que dejaste está ocupado. Recuerda que para mí solo serás una puta. Me contestó: estoy lista para ser tu puta. Le insistía para ver si desistía y me decía que sí, que estaba lista. Entonces le puse un antifaz y le dije: no vas a poder ver, te voy a guiar al lugar donde vamos a estar y no te puedes quitar el antifaz hasta que yo te diga. Antes de que te meta la verga, voy a ponerte a prueba, voy a llevarte más allá de tus límites para ver hasta dónde eres capaz de gozar. ¿Estás lista? Me dijo que sí, ya estoy ansiosa por gozar.

La guié hasta la terraza, la senté enfrente de mí y Gaby le quitó su bolso y lo dejó en el mueble. Le dije: ahora sí, puta, abre tus piernas y déjanos ver lo que traes. Abrió y vimos esa vagina apetecible y excitante debajo de esas bragas azules. Me acerqué y empecé a acariciarle su entrepierna. Con mis dedos hice a un lado su braga para tocarle su vagina, tocaba sus labios vaginales suavemente hasta rozar su clítoris. Solo gemía y continué acariciándole despacio. Ella me abría más las piernas. Con maestría sin igual sabía lo que hacía. Le introduje mi dedo en su cosita y lo apretaba como para no dejarlo salir. Era una sensación de mucha calentura.

Le hice señas a Gaby para que se acercara. Me retiré y la dejé sola con Minelia. Gaby se hincó y se limitó a pasarle la lengua por ese escote y saludarla con una mordida en una de sus tetas. La besó con todas las ganas acumuladas y comenzó a bajar su mano por su pierna, buscando sentir esa panochita. Sin más, le hundió la braga hasta que quedara enterrada entre sus labios vaginales, mojando ese pedazo de tela con sus fluidos de golfa caliente. Una vez empapada, le arrancó la braga bruscamente y le empezó a meter sus dedos en su raja estrecha. Se escuchaban sus gemidos, ambas estaban gozando. Ya estaba tan mojada y caliente que Minelia solo gemía como loca.

Entonces Gaby le retiró el antifaz para que se diera cuenta quién la estaba haciendo gozar. Gaby estaba desnuda delante de ella y le dijo: perra, déjate acariciar, obedece. Usó mucha fuerza para que le entraran todos sus dedos. Minelia gritaba, ya no sabía si de placer o dolor. Gaby le dijo: espero que entiendas, puta golfa, que cuando te doy una orden, tú obedeces. No me importa si quieres o no, tú obedeces, pinche zorra. ¿Entendiste, zorra tetona? Entre gemidos y gritos comenzó a asentir con la cabeza. Gaby le volvió a gritar: ¿que sí entendiste, puta? Contestó: sí, no te voy a desobedecer, pero por favor para, me arde, estoy muy apretadita.

¿Que pare? Si bien que te encanta estar abierta, cabrona. Hoy te voy a dar por la vagina hasta dejártelo bien rojo, putita. Al decirle esto, Minelia empezó a moverse como perrita en celo en los dedos de Gaby, la cual le seguía acariciándole el clítoris cada vez más rápido. Le gustaba lo que le hacían, la muy cerda se puso cachonda. En ese preciso momento, Gaby le quería quitar el vestido y Minelia no quería. Entonces me acerqué y le dije: no estás lista para ser nuestra puta, vete. En ese momento se quitó el vestido, dejándola desnuda, mostrando sus pechos con unos pezones erectos y bien duritos.

Como primer instinto trató de taparse, pensando que estábamos en la terraza y la podían ver. Entonces me acerqué y le dije: tranquila, perra, vas a ser la puta libre que deseabas, mientras le lamía la oreja, se la mordía y le susurraba las putas ganas que tenía de reventarle la panocha, lo rica que estaba, que sus tetotas me ponían el pito bien duro y que me moría por culearla y sacarle leche de esas chichotas ricas. En ese momento ella comenzó a suplicar: quiero sentir tu verga partiéndome el culo, necesito que me hagas tuya, quiero ser tu puta, tu perrita. Ya su panocha le escurría de placer.

Se acercó nuevamente Gaby, la levantó violentamente del pelo y la llevó a la estructura del barandal de la terraza, que es transparente, dejando ver su cuerpo desnudo. Le dijo: pinche puta, qué rico gozas, y ahora te quiero escuchar gritar de placer. Minelia no atinaba a reaccionar, se excitaba con lo que le decía Gaby. Entonces la inclinó en el cerco, dejando colgando sus pechos al aire, y la nalgueaba con fuerza. Le decía: pinche perra, grita que eres nuestra puta. Minelia empezó a gritar que era nuestra puta y que necesitaba que le metieran la verga.

Entonces Gaby le empezó a acariciar con sus dedos su culo y ella respondía a ese estímulo gimiendo. En ese momento sonó el celular de Minelia. Abrí su bolso, saqué el celular y cuando le contesté, me dijo: quién eres y qué haces con el celular de mi hija. Le dije: soy Raúl y estoy ayudando a su hija a gozar como una puta. Acerqué el celular para que escuchara los gemidos de su hija y le dije: ¿quiere venir por ella? Le di la dirección, la espero. Le dije a Gaby: no la dejes correrse, la quiero toda la noche ganosa.

Entonces la trajo Gaby hasta donde yo estaba, coloqué música y le ordené que bailara como una puta libre. Se puso a bailar, ya no le importaba si la veían, se había quitado lo que no le permitía ser libre. No dejaba de untarse las nalgas a mi verga y yo la manoseaba, le apretaba las tetas fuerte. Se podían ver sus pezones duros y yo aprovechaba cada oportunidad para pasarle los dedos por la raja y sentir cómo salían empapados. Empezó a decirnos y a suplicar que se la metiera.

Me paré, tomé a Gaby y me acerqué a Minelia. Le dije: ven y ponte frente a Gaby. Quiero que la sometas y la hagas gozar, hazle lo mismo que te hizo o mejor, hazla tu puta. Empezó chupándole los pezones y acariciándole su vagina, dándole placer. Gaby le decía: qué rico lo haces, puta, sigue, quiero más. Entonces metió de golpe todos sus dedos y le mordía los pezones salvajemente. Con su mano que le quedaba libre le alzó la cabeza de Gaby y le dijo: así, perra, ahora eres mi puta. Eso excitaba más a Minelia, gozaba, sus cuerpos temblaban de excitación y mojadas por todas partes. Le decía: muévete, puta, quiero sentir cómo aprietas mi mano.

Después se hincó Minelia y le empezó a chupar su vagina salvajemente, haciendo gritar y sentir temblar el cuerpo de Gaby. Le dijo: puta, quiero que te vengas en mi boca, quiero tomar tus fluidos. La empezó a nalguear, haciendo que Gaby se viniera en su boca, le absorbía todo lo que salía. Ella experimentaba que sí es posible gozar y ser gozada.

Entonces me acomodé atrás de Gaby y empecé a acariciarle el culo suavemente. Poco a poco le fui preparando ese culito para ensartarlo. Ya estaba listo y le dije: inclínate un poco. Se la metí, llevé a Gaby ensartada hasta el barandal de la terraza y la tomé de su cabello. Empecé a culearla salvajemente, ella gritaba y le decía: así, puta, sí, no pares, amor. Su cuerpo temblaba de placer y cuando más gritaba, me detuve, le di la vuelta, la alcé y la acomodé en el barandal. Se la metí por la vagina y empecé a mordisquear sus pezones ya duritos. Le dije: muévete, puta. Me tomó con sus manos mi cuello, sosteniéndose en mí y se puso a moverse como si fuera la última vez. Me excitó mucho e hizo que me vaciara. En ese momento sintió lo caliente de mi leche inundar su vagina y temblaba como si estuviera convulsionando, pero de placer.

Le saqué la verga y Minelia se acercó y con su boca empezó a limpiar mi verga, tragándose los fluidos que tenía de Gaby. Después se acercó rápidamente a Gaby, que todavía estaba gimiendo, y empezó a chuparle la vagina salvajemente. En ese momento tocaron el timbre. Me puse mi bata y me asomé para ver quién era. Me di cuenta de que era Ramiro, el guardia de seguridad, y venía acompañado con alguien. Bajé y abrí la puerta. Me dijo Ramiro: le busca esta persona, me dijo que se llama Rosario y que viene a buscar a su hija Minelia. Le contesté que sí.

Rosario tiene 56 años, un poco gordita, de pechos chicos algo caídos y de buen trasero. Tenía puesto un vestido que le llegaba hasta debajo de las rodillas. Cuando la conocí, ella tenía 46 años y le gustaba lucir su cuerpo, ya que tenía un buen cuerpo, mejor que el de su hija, y ahora quedaba muy poco de ese cuerpo. Le dije que pasara y me dijo con voz enojada: quiero ver a mi hija, que salga, no voy a entrar. Le contesté: pinche puta, modera tu tono, su hija está ocupada gozando. Pasa o le cierro la puerta y quédese afuera esperándola. No le quedó más que entrar.

En ese momento me quité la bata y quedé desnudo. Ella no atinaba a decir nada, solo veía mi cuerpo. La tomé de la mano y nos dirigimos a la terraza. Ya estando allá, descubre a Minelia chupándole la vagina a Gaby. Se acercó apresuradamente a su hija y le gritó enojada: te comportas como una puta, vámonos. Lo que ella respondió: yo no me voy hasta que me metan la verga. Ya no quiero estar reprimida o amargada como usted por los fracasos. Yo hoy soy una puta libre sin prejuicios, solo deseo gozar y ser gozada sin límites, deseo sentir que estoy viva. Se volteó y siguió chupándole la vagina a Gaby.

Se quedó sorprendida y no decía nada. Me acerqué por atrás, rozándola con mi verga, y le susurré al oído que su cuerpo temblaba de la emoción y el morbo. Tenía la boca seca, pero eso era lo que quería. La tomé de la mano y acerqué mi boca lentamente a sus labios y le di un beso bastante corto. Ella me miró sorprendida y volteaba a ver a su hija que gemía de placer. No sabía qué hacer, era como buscar una respuesta a lo que desconocía, a lo que no había probado en lo que lleva de vida. Solo sonrió y la volví a besar, esta vez con más pasión, a lo cual correspondió fogosamente.

La abracé, tomándola de las nalgas, y le dije al oído: ¿quieres ser mi puta? ¿Quieres? Ella bajó su cabeza apenada y respondió: tal vez. Le dije: sabes que deseo besar todo tu cuerpo. Me puse por detrás, empecé a besar su cuello, acaricié su vientre, sus senos. Levantó sus brazos y rodeó mi cabeza, aprisionándome hacia su cuello. La despojé del vestido mientras le daba pequeños mordiscos al lóbulo de su oreja, y le friccioné en una caricia mis manos en el vientre agitado. Bajé una de mis manos para acariciarle sus muslos. La puse de frente a mí, empecé a acariciarle la vagina por encima de su vestido. Sentí que su cuerpo se encendía y le pregunté: ¿quieres sentirte viva para gozar de lo que tu hija goza en estos momentos? Respondió: sí.

Minelia se voltea en ese momento y me dice: primero yo, quiero sentir tu verga, quiero gozar de lo que era mío. Le dije: a ti te tengo algo más especial, ¿quieres ser espectadora y ver cómo me cojo a tu mamá adelante? Entonces me puse detrás de Rosario y le quité su brasier. Comencé a acariciar sus duros senos, sus pezones estaban erectos, muestra de la deliciosa sensación que estaba experimentando. La recosté en la cama y lentamente acerqué mi boca a sus senos, lamiéndolos y chupándolos. Solo emitía pequeños gemidos mientras acariciaba su cabeza.

Me levanté y ella se levantó para acariciar mis pectorales. La volví a recostar. Ven, Minelia, toma tu celular y graba todo lo que le voy a hacer a tu mamá. Reaccionó su mamá y dijo: no, hija, no me grabes. A lo que le contestó ella: claro que sí, te voy a grabar para que recuerdes qué tan puta eres, porque por tu culpa he perdido muchas cosas ricas que pude haber tenido con Raúl. En ese momento empezó la grabación. Le quité la panty y besé su vulva ya húmeda por la excitación. Me dediqué a darle un muy placentero sexo oral con lengüeteos cortos y largos. Con mis dedos abría su vulva y con mi lengua lamía la parte superior del clítoris. Rosario gemía sin inhibiciones, agarraba mi cabeza y la aprisionaba contra su vulva, abría y levantaba sus piernas para que le lamiera hasta el último rincón de su concha.

No tardó mucho en tener un orgasmo largo y alucinante. Su cuerpo temblaba. Me puse de pie y Rosario se levantó, me detuvo y me besó mientras me acariciaba el pene. Bajó por mi pecho besándolo, llegó hasta mi pene, lo acarició y luego lo comenzó a chupar, acariciaba mis bolas mientras lo lamía, lo succionaba y pasaba sus dientes lentamente por mi verga. Le decía: qué rico, putita, así me gusta, eres toda una puta con iniciativa, eres más puta que tu hija, me las voy a coger a las dos.

Llamé a Minelia y se acercó. ¿Qué deseas? Empecé a besar sus pezones y a decirle: qué ricas par de putas. Mientras, Gaby se acercó a Rosario y la tomó de las nalgas, alzándola. Se puso a acariciarle suavemente la vagina y su culito de arriba hacia abajo y viceversa. Rosario gemía al igual que su hija Minelia, que la estaba grabando. Se acercó Minelia a su mamá y le empezó a chupar sus pezones y a mordisquearlos. La cual solo decía: ya cógeme, Raúl, necesito que me cojas.

Entonces tomé de las manos a Rosario y le dije a Minelia: sígueme para que sigas grabando. Bajamos las escaleras y nos dirigimos al corredor. Abrí la reja del corredor, tomé a Rosario y la subí hasta mi cintura. La llevé hasta la pared y le dije: toma mi pene y ponlo hasta la entrada de tu concha. Lo dejó ahí y empujé su cadera, metiendo mi verga dura en la conchita de Rosario, quien clavaba sus uñas en mi espalda. Comencé a clavarla una y otra vez. Aprovechando la fuerza de sus brazos, la mantuve en esa posición un buen tiempo.

Luego la puse en el sofá, levantando sus piernas en el aire y tomándolas por los tobillos. Volví a metérsela dentro de ella con bombeos frenéticos. Ambos jadeábamos de placer mientras Minelia gemía grabando lo que le hacía a su mamá y decía: hazmelo a mí. Rosario gritaba: oh, qué rico, sigue, sigue, clávame más, papacito, sigue metiéndola. Rosario abría cada vez más las piernas mientras la seguía cogiendo. Estaba totalmente loca, gritaba y se convulsionaba de placer. De pronto terminó con un fuerte orgasmo, con sus ojitos cerrados. Sentía ella como apuraba mis embestidas. Al poco tiempo, mi verga sintió que me iba a venir. Saqué rápidamente mi verga y le lancé gran cantidad de semen en el vientre y sus tetas. Acerqué mi verga a su cara y ella la agarró y la chupó delicadamente, limpiándola toda.

Me dirigí a Minelia y le dije: ahora te toca a ti, te van a coger en mi corredor, donde el que pase y quiera cogerte te coja. Quiero que me demuestres lo puta que eres. Me dijo: ya no aguanto, no me importa quién me coja y en dónde esté, yo solo quiero sentir la verga adentro. Le dije: ¿en verdad no te importa nada, putita? Me dijo: no, ya quiero una vergota dentro de mí, necesito que me rompan la cuca y me hagan suya, quiero ser tu puta.

Está bien, tomé mi celular, le marqué a Ramiro y le dije: envíame a tus 3 compañeros, quiero que se coja a mi puta delante de su mamá grabándola. Enseguida llegaron los 3 guardias. Le dije: como ven, tengo una putita en celo que necesita mucha verga y no creo que aguante más tiempo esta panocha sin que se la culeen. Ellos en seguido se desnudaron y le dejaron ver a Minelia sus miembros.

Antes la voy a recalentar. Moví la mesita y la acerqué a la pared donde estaba. La subí a la mesita y abrí sus piernas. Le pasé la nariz por toda esa cuca mojada, olía a perra necesitada. Comencé a comerle la panocha, lamiendo desde su culo hasta su clítoris, jugando con sus labios vaginales. Se jalaba del cabello desesperada, pidiendo más y más lengua. Le jalaba los pezones mientras le comía toda la panocha rica, sus fluidos sabían deliciosos.

Cuando miré hacia ella, estaba mirando a su alrededor, estaba cachonda la muy perra de tener a esos hombres con las vergas duras viéndola, se la estaban jalando mirando a mi perra. Le di unas cachetadas y la tomé del cuello con fuerza. Le dije: ¿te gusta, puta zorra? ¿Te gusta que te miren? Pues vamos a hacer que más gente mire lo pinche cerda que eres. Le dije a su mamá: grábala. Comenzó a grabarla mientras se acariciaba la vagina.

Los tres guardias se acercaron a la mamá de Minelia mientras grababa y uno la empinó y se la metía por el culo. Uno se agachó y le empezó a chupar su vulva salvajemente mientras el otro le chupaba su pezón izquierdo. Recibía placer de tres a la vez. Le dije: así, puta, muévete y disfruta, pero sin dejar de grabar. Así lo hizo. Mientras, la muy puta de Minelia miraba fijo a la cámara, se tomaba las tetas y comenzaba a chupárselas.

Ver esa escena hizo que quisiera partirla en dos. Me saqué la verga y comencé a pegarle en el clítoris con ella, la tenía dura como piedra, las venas se me marcaban demasiado. Comencé a frotarla en la entrada de su puchito, casi no entraba ni la punta en la entrada de esa panochita apretada y muy pequeña. La tomé de la cintura y la embestí con fuerza. Le dije a Rosario, que grababa: graba cómo le abro esa panocha y cómo le rebotan las tetotas, graba su carita de perra pidiendo más. La tomaba fuerte del cuello, no paraba de chinglármela con fuerza.

Después paré y le dije a los guardias: es su momento de gozarla. Se separaron de Rosario, quien gemía y seguía grabando, y les dije que gozaran ese rico culo. Empezaron a jugarle el culo, queriéndole meter cada uno sus dedos juntos. La perra empezó a gritar: no lo hagan, me duele, paren. Le gritaban: pinche golfa, se ve que sí te encanta ser una pinche perra, sí te fascina estar bien llena de tus pinches hoyos, cabrona, y hoy te vamos a estrenar como la puta golosa que eres.

Ya los guardias la manoseaban toda, le chupaban cada espacio de su cuerpo. Estaban ya sus pezones inflamados donde le mordisqueaban, llena de chupetones. Le comían el culo y el clítoris mientras le gritaban: pinche perra, ¿quieres que paremos? Ella les rogaba: no paren, quiero que me partan la vulva, destrócenme, úsenme. Quiero estar llena de sus leches, quiero que me destrocen el culo y la panocha, quiero ser una perra sucia.

Entonces la volteé y la puse de nalgas. Les dije: aquí está este pinche hoyo, es para ustedes, llénenla de pinche semen como pide la perra golosa. Me acerqué a la mamá de Minelia, que seguía empinada mientras grababa, gemía y se apretaba con una mano sus pezones. Le dije: hermoso culito floreado, tan rico. Agarré mi verga y lo metí de un jalón hasta el tronco. Solo gritaba: ahhhhh, dame fuerte, papitoooo, ahhhhhh. La cogí durante unos 15 minutos y me vine otra vez dentro de ella, ohhh. Sin dejar de grabar a su hija, mientras a Minelia le preparaban el culo y gritaba: me duele. Cállate, puta, y goza. Se comenzaron a turnar, iban terminando y dejándole el culo lleno de leche. Sentía que sus vergas no dejaban de correrse dentro de ella, estaba llena de fluidos.

Ella estaba sudada, llena de semen en el culo, con la panocha ya roja de lo duro que se la cogieron. Los guardias se fueron agradeciéndole lo buena puta que es. Ella les dijo: gracias. Se volteó hacia mí y me dijo: quiero sentir tu verga, por eso aguanté y soporté tanto placer, pero quiero más. Entonces sin piedad la tiré al piso, la puse en cuatro, le até las manos a la espalda, me la chingué con fuerza. La embestía violento, jalando su cabello y nalgueándola. Convulsionaba de placer y seguía gritando: quiero más. Eres mía, pinche perra, eres mi puta, eres mi pinche esclava de pucha rica. Así, perra tetona, traga mi pito. Comencé a correrme bien adentro de esa perra. Ella apretaba la panocha ordeñándome rico los huevos. La muy zorra estaba disfrutando mi leche caliente bien adentro. Me encantó verla ahí, atada, humillada, llena de muchas leches en sus hoyos y aprendiendo que de ahora en adelante solo tenía un dueño, un amo y un papi: yo y solamente yo.

La miré y les dije: vamos a la terraza. Subimos nuevamente y nos dirigimos a Gaby. La acomodamos en la cama, la alcé de las nalgas, me acomodé su culo y se lo metí mientras Minelia le daba placer en su vulva y Rosario chupaba los pezones y los mordisqueaba. Estuvimos buen rato cogiéndola hasta quedar exhaustos los cuatro. Me acosté en la cama y se acostaron a mi lado mis tres putas. Rosario, mamá de Minelia, me pedía perdón y me decía: voy a ser tu puta agradecida siempre por mostrarme y hacerme sentir una mujer viva.

Al rato se despidieron y las llevé a su casa llenas de leche, con cara de satisfacción. Al dejarlas, unos minutos después me mandaron fotos metiéndose dedo en la panocha, diciéndome que querían volver a verme, que necesitaban más de mi verga, su nueva adicción. Desde ese día, son mis putas, mis juguetes, y no hay fantasía que no les cumpla ni día que no tenga la vulva caliente para ofrecérmela.

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