Mala noche para ser gritona

Duración estimada de lectura: 4 minutos

Visitas: 1,564

Soy Stephanie, 30 años, embarazada de siete meses. El cabrón que me preñó se desapareció en cuanto supo lo del embarazo, dejándome sola con esta panza redonda y unas tetas enormes que ahora están aún más hinchadas y pesadas por la leche que las llena. Siempre he tenido caderas anchas de 98 cm y un culo carnoso que invita a manosearlo. Mis papás y hermanos se fueron temprano esta noche, la casa vacía y tranquila, perfecta para desatarme. Lo contacté por Instagram al amigo de mi hermano después de que él me agregara; necesitaba follar como loca, sentirme usada de nuevo. Son las 10:40 pm, luces apagadas abajo, y yo en mi cuarto del segundo piso, solo con una bata ligera que apenas cubre mis curvas preñadas.

Llega él, el amigo de mi hermano, 19 años pero con cuerpo muscular de macho adulto: alto, fornido, con esa verga monstruosa que ya conozco de rumores. Cierra la puerta, me arrincona contra la pared y me arranca la bata de un tirón. ‘Vas a gritar por mí toda la noche, puta preñada’, me dice con voz grave, sus manos ya en mis tetas enormes, apretándolas hasta que gimo, leche goteando un poco de mis pezones hinchados.

Me tira en la cama en cuatro patas, mi culo en pompa de 98 cm, coño chorreando de anticipación, panza colgando pesada debajo. Siento su verga gruesa rozándome los labios, venosa y palpitante, tan grande que me estira solo con la punta. Me clava de golpe, hasta el fondo, rozando mi útero, y yo suelto un grito desgarrador: ‘¡Aaaahhh, joder! ¡Qué verga tan enorme!’. Él embiste sin piedad, sus caderas chocando contra mis nalgas con fuerza brutal, palmadas que queman mi piel. Me jala el pelo hacia atrás, arqueándome como una perra embarazada, y me nalguea sin parar. ‘¡Grita más alto, Stephanie! ¡Dime cuánto te gusta!’, ordena mientras su polla me abre al máximo.

‘¡Síiii, fóllame más duro! ¡Rompe mi coño con esa polla gigante!’, chillo a todo pulmón, mis tetas enormes balanceándose pesadas, pezones duros rozando las sábanas, panza rebotando con cada golpe. Él me da una cachetada en la cara, suave pero dominante, y aprieta mi cuello con una mano mientras me penetra más profundo, su verga abriéndome al máximo.

Cambiamos: me monto encima, su polla clavándose vertical en mi coño empapado, rozando mi panza desde dentro. Lo cabalgo salvaje, rebotando con mi culo ancho aplastando sus bolas, mis tetas enormes saltando frente a su cara. Él las chupa con furia, mordiendo pezones hasta que duele rico y leche salpica su boca. ‘¡Quién te folla mejor, eh!’, gruñe agarrándome la garganta. ‘¡Túuuu! ¡Eres mi rey de la verga! ¡Dame todo, lléname!’, grito histérica, girando caderas para frotar mi clítoris, mi panza presionando contra su abdomen musculoso. Mis jugos chorrea por sus muslos, el sonido chapoteante llenando la habitación.

Me voltea a cucharita, mi cuerpo de lado con la panza hacia adelante, su verga entrando de nuevo por detrás, frotando mi pared interna. Una mano en mi clítoris, frotando rápido y áspero, la otra masajeando mis tetas enormes, pellizcando hasta que tiemblo y leche brota. ‘¡Ohhh dios, no pares! ¡Me voy a correr! ¡Fóllame la panza si quieres!’, berreo sin control, arqueando la espalda. Él acelera, embistes feroces que me hacen gritar una y otra vez: ‘¡Más, más fuerte! ¡Abre mi coño con mi culo de 98! ¡Quiero tu leche caliente!’. Cachetadas en el culo, jalones de pelo, estrangulamiento ligero: todo me vuelve loca.

‘¡Sí, sí, córrete dentro! ¡Lléname el útero, jovencito de mierda!’, aullo cuando siento su verga hincharse. Exploto en orgasmo, coño contrayéndose como un puño alrededor de él, chorros de placer salpicando. Él ruge y descarga dentro, semen espeso inundándome, chorro tras chorro, mezclándose con mi embarazo. Me quedo frotándome el coño, esparciendo su crema por mis labios hinchados, metiéndomela con dedos ansiosos.

Jadeando, gateo en cuatro hacia él, tetas enormes colgando, culo meneándose, panza balanceándose. Le susurro al oído: ‘La próxima, trae a otro amigo… quiero pollas dobles’. Él ríe, me da una nalgada final. Nos levantamos, salgo desnuda de la mano con él, mi cuerpo sudoroso brillando, tetas rebotando libres, coño goteando su corrida por mis muslos, panza expuesta. Bajamos al primer piso, y en la sala… ahí está mi joven hermano, sentado comiendo como si nada, mirándonos con ojos desorbitados.

👉 ¿Te gustó este relato? ¡Compártelo! ✨

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *