Yo follo con mi padre y mi marido con mi madre

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Una pareja joven proponen a los padres de ella hacer un intercambio de parejas. Que ella follara con su padre y el con su suegra, los padres aceptan y esto es lo que sucede, contado por el padre y la hija.

Versión del Padre, con su hija y su yerno:

Despues de que mi yerno hablara conmigo, tomando unas copas y me propusiera hacer un intercambio de parejas, porque al parecer la idea era de mi hija, que sabía que yo siempre la había deseado y el también sentía atraccion por mi mujer, yo hablé con mi mujer del tema y llegamos a la conclusión de que a los dos nos estaba dando mucho morbo la situación que se presentaba, pero teníamos cierta incertidumbre sobre si seríamos capaces de cruzar la línea.

Finalmente mi mujer cedió, porque me dijo que ella no era tonta y había visto como miraba últimamente a nuestra hija, comiendomela con los ojos y también había visto como le miraba su yerno a ella y que si eso era lo que ellos querían, pues que ella no iba a ser el problema.

Yo hablé de nuevo con mi yerno y quedamos que la mejor manera de hacerlo era que yo fuera primero a su casa solo y viviera la experiencia con mi hija, pero estando el también, porque ella decía que le daba mucho corte estar a solas conmigo, por lo menos al principio y que luego ya, cuando mi hija y yo nos entendieramos, ya iría el a hacer lo mismo con mi mujer y en eso quedamos.

Después de comer, me puse elegante para la ocasión y me acerqué a casa de mi hija, no podía parar de imaginar situaciones con ella, iba excitadisimo.

Cuando llegé y llamé a la puerta me abrió Angela con una blusita beige y una falda negra hasta medio muslo, nunca la había visto tan sexy, quizás era por la expectativa pero estaba increíble.

Ella al abrir me dio un abrazo de bienvenida como siempre, me miró a los ojos y se puso roja como un tomate, le dio vergüenza así de primeras, pero a mi me enterneció el corazón.

Pasamos al salón y saludé a Alberto que me ofreció algo de beber.

El ambiente estaba un poco tenso entre Angela y yo, pero gracias a la conversación de Alberto, tanto Angela como yo nos fuimos soltando un poco a medida que conversábamos de distintos temas.

Estábamos sentados en un sofá y un sillón, Alberto y Angela abrazada a el en el sofá y yo en el sillón.

A Angela se le notaba excitada, pero no se atrevía a dar más pasos, y yo estaba igual.

Así que conversamos un buen rato hasta que Alberto empezó a acariciar a Angela con más descaro y nos preguntó que si estábamos de acuerdo en lo que queríamos que pasase.

Ambos dijimos que sí y Alberto le dijo a Angela que se fuera a cambiar como habían hablado.

Ella se fue y vino con un conjunto de lencería de encaje azul y ligeros, estaba…. Perfecta.

Se me puso durisima al verla, será porque es mi hija o por que estaba vestida así y con una actitud vergonzosa y tierna.

Me levanté y me acerqué a ella para hacerla girar y verla entera.

Le alabe lo bien que le quedaba y ella se pegó a mi y no me pude resistir y la besé.

Angela se prendió enseguida y pasó de la niña vergonzosa a una loba ardiente en poco tiempo.

Me empujó suavemente contra el sofá donde estaban ella y Alberto sentados y me mando sentarme.

Se sentó entre los dos y se abrió de piernas mientras besó a Alberto, como una clara invitación a que yo disfrutara de su suave piel.

Así que empecé a acariciar sus muslos y su tripa, acercandome a sus tetas, baje el sujetador y ella me miro y me volvió a besar.

– ¿Te gustan papi?” – me dijo refiriéndose a sus tetas.

– Son preciosas hija mía – la contesté.

– Son tuyas papi, tu ayudaste a crearlas como a mi, así que tienes derecho a disfrutarme.

Eso me excitó muchísimo y le comí la boca con pasión, después baje a su cuello y después a su pezon mientras mi mano bajo a su coñito que estaba empapado y caliente, totalmente depilado.

Tras un rato de estar así ella se levanto y me preguntó si me gustaria comerle el coñito porque a ella le encantaria que se lo comiera.

No pude negarme, así que se tumbó en el sofá, se quito la braguitas y se abrió de piernas.

¡Dios mio!!, que belleza, brillante, rosadito.

Me lancé a ella desesperado, besándola la piel y empecé la labor, ella empezó a gemir y a agarrarme del pelo.

Al poco tiempo dejé de escucharla gemir tan alto y miro para ver a Alberto metiendo su pene en la boca de Angela.

Ella no hacía más que mover su cabeza y sus caderas, se corrió en mi boca y el morbo que me dio fue increíble.

Cuando se recuperó nos pidió ir a la cama y una vez en su habitación nos organizó a todos como cuando era niña.

Alberto sentado en el cabecero de la cama, ella apoyada en el y yo encima de ella.

Se tumbó y me invito a metersela separando sus labios con las manos.

– Venga papi, a que esperas, desnudate y follame, te necesito dentro – me dijo con voz de gatita, con un tono dulce y cargado de sensualidad.

Que me llamará papi en esa situación me puso demasiado caliente, me desnudé lo más rápido posible y me subí a la cama hasta colocarme entre sus piernas.

Ella abrazada por alberto y con mi miembro sobre su pubis, adivinando la profundidad a la que me encontraría en unos momentos.

– ¿Estas segura Angela? Que después de esto no hay vuelta atrás – la pregunté.

– Sí papi, te quiero dentro, se que llevas mucho tiempo deseando hacerlo y yo también deseando que lo hicieras, así que hazlo, por favor, papi – me dijo, acariciando con sus mano mi miembro.

Me eché un poco para atrás, rocé un par de veces su coñito y apunte a su hoyo para ir introduciendome en aquel húmedo y placentero infierno, notando como sus pliegues abrazaban toda mi longitud, escuchando un gemidos largo por su parte y alternando mi mirada en como entraba y en su cara de placer mientras me miraba.

El sentimiento de satisfacción y morbo de ser yo el que le estaba provocando esa cara de placer, me volvía loco.

Me empecé a mover y follarla con cariño y calma, disfrutando de cada una de sus reacciones, de su suave piel, sus bonitas tetas, esas piernas tan bien cuidadas, de mi hija.

Cada vez gemia más fuerte y más dulce, durante un rato estuve en el cielo, era difícil aguantar en ese coñito tan rico.

Ella tuvo un primer orgasmo y de seguido me pidió cambiar de posición y que la follara de perrito.

Nos colocamos y Angela me cogió del brazo y me dijo que la follara duro, que le gustaba sentirse la hembra de su hombre.

Eso me puso más cachondo si cabe y la follé como me pidió mientras ella le daba una felacion a alberto.

Tras un rato no pude resistirme más y le avisé que me iba a correr dentro de ella.

Ella sacó el pene de Alberto de la boca y con voz muy alterada me dijo:

– Siiii, papáaaa… Hazlo… Correte dentro del coño de tu hijaaaa….

Y empezó a moverse contra mi, buscando mi orgasmo y el suyo.

Yo me acerqué a su nuca para decirle que la iba a preñar corriendome dentro y ufff, entre eso y que apretó más firme me corrí en su coñito, hasta quedarme seco.

Después ella acabó de darle la mamada a Alberto y se fue al baño a limpiarse.

Estuve hablando con el un rato y cuando volvió Angela, Alberto se marchó para dejarnos solos un rato y estuve hablando con mi niña sobre lo bien que lo habíamos pasado hasta que se subió sobre mi porque quería más.

Estuvimos varias horas follando, que loba esta hecha, más que su madre, nunca lo hubiera imaginado, con su cara de niña buena que tiene.

Me dejó seco y satisfecho.

Cada vez que me corrí en su interior fue increíble, el morbo de pensar en preñarla es magico, pero cuando me confesó que a ella también le ponía pensar que su padre la podía estar embarazando… Ufff.

Desde luego espero que a mi mujer le guste hoy esto porque… Me encantaría seguir jugando con mi hija y mi yerno.

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Versión de la hija con su madre y su marido:

Ese dia por la tarde todo estaba preparado cuando sonó el timbre.

Abrí la puerta y ahí estaba ella, mi hermosa madre Laura.

Nos saludamos de beso en la cara, como siempre hacíamos y entró con una sonrisa tímida, pero se relajó enseguida, al vernos a nosotros dos tan entusiasmados.

Cenamos charlando animadamente mientras tomábamos vino, rompiendo un poco el hielo.

En un momento dado, le confesé a mi madre que desde que Alberto me contó lo de su relación con su hermana (Eso es otra historia) había despertado en mí ciertos sentimientos y deseos hacia ella.

La miré fijamente a los ojos para recalcar la sinceridad de mis palabras.

Mi madre se sonrojó, pero no apartó su mirada de la mía.

Parecía intrigada por mi declaración.

Alberto saltó sobre el tema:

– ¿Qué te parece si vamos al sofá, Laura?, creo que haría falta que nos conozcas un poco mejor… -sonrió pícaro-. Ángela y yo queremos hacerte feliz esta noche.

Mi madre dudó unos segundos, pero luego aceptó con una sonrisa cómplice.

Se levantó del comedor y caminamos hacia la zona de estar.

Alberto se sentó en el sofá y le hizo un gesto a mi madre para que se pusiera encima de él.

Ella obedeció, subiendo su falda hasta las rodillas y frotándose contra la evidente erección de mi novio.

Yo me quedé sentada observándolos desde el sillón cercano mientras les animaba.

Les dije cuánto deseaba estar en ese lugar, cómo imaginaba a Alberto disfrutando del interior de Laura…

Mi madre no dijo nada pero noté cómo relajaba sus caderas lentamente sobre el miembro duro y palpitante de Alberto, que el había sacado por fuera de su ropa.

Poco a poco fue ganando confianza hasta que se inclinó y besó la punta enrojecida del pene de Alberto, con suavidad antes de succionarla enérgicamente.

Sus labios rodearon el glande mientras Alberto gemía excitado.

La vi apretar más fuerte alrededor del tallo, tragándoselo casi todo dentro de su boca húmeda…

Mi pulso se aceleraba al verlos y deseé poder estar ahí también con ellos dos.

Cuando Laura liberó la boca del pene de Alberto, ya no había dudas de que quería continuar hasta el final.

Se quitó la blusa dejando sus grandes pechos expuestos, los cuales acarició juguetonamente mientras Alberto le daba un masaje en las nalgas redondas.

Le guiñé un ojo a Alberto y me acerque al lado de los dos para besar a Alberto y a mi madre, estaba muy excitada viendo como disfrutaba Alberto y escuchando los gemidos mas relajados de mi madre.

Laura parecía poseída por el deseo. Se corrió en la punta dura de mi novio sin poder evitarlo, su vagina apretando ese miembro palpitante con fuerza antes de llegar al clímax.

Alberto soltó un grito ronco complaciente y se retiró lentamente de ella.

Yo me incliné sobre el sofá, rozando mis pechos contra los pechos de Laura mientras nos besábamos apasionadamente.

Sus manos recorrieron mi cuerpo hasta llegar a las bragas empapadas que rápidamente me quitó.

Nos desnudamos mutuamente mientras Alberto nos miraba y nos relleno las copas.

Me puse en cuatro patas frente al sofá, delante de mi madre para seguir besándola mientras empecé a bajar mi mano para acariciar su clitoris y notar en su vulva la mezcla de flujos de mi madre y mi marido.

Mientras Alberto aprovecho a penetrarme desde atrás y follarme mientras yo miraba a mi madre a los ojos.

Senti una conexión realmente profunda con ella , amor maternal y sensual en su estado mas puro.

Me gire para mira a Alberto y vi su cara a punto de correrse, entonces se me ocurrió, separé sus manos de mis caderas, le paré para apartarme y le dije que se corriera dentro de mi madre, mirando a los dos con una sonrisa picara.

Laura se tumbó en el sofa y se abrió para Alberto, quien se la metió hasta el fondo y en un par de golpes de cadera se corrio dentro de mi madre.

El morbo de la situación y mis dedos hicieron que me corriera también.

Y para finalizar, cuando Alberto se apartó me puse de rodillas entre las piernas de mi madre y comencé a chuparla y lamer su intimidad hasta que ella llegó a su segundo orgasmo.

Mientras tanto Alberto se había recuperado y mientras yo me comía el coño de mi madre, el le había metido su pene en la boca, agarrado su cabeza con sus dos manos y se la estaba follando por la boca.

En cuanto que yo saqué mi cabeza de entre los muslos de mi madre, Alberto saco su pene de su boca, la agarró y la dio la vuelta, con lo que mi madre, disfrutando aún del orgasmo qué yo le acababa de proporcionar, comprendió lo que Alberto quería hacer y se puso a cuatro, apoyándose en el sofá.

Alberto se colocó detrás, le metió su pene hasta dentro, la agarró de las caderas y comenzó a follarsela muy fuerte.

Mi madre gritaba como loca, entre sorprendida y excitada y tuvo un orgasmo continuo, hasta que Alberto se volvió a correr de nuevo dentro de ella diciéndole:
– Ahí te va de nuevo toda mi leche, suegrita.

Y dio un fuerte gemido como de desahogo profundo.

Poco después, una vez recuperados y recostados en el sofá, Laura nos miró con ternura mientras acariciaba las mejillas de su hija y me decía:
– Angela, mi niña querida… ¿Qué te pareció nuestra velada nocturna?, por mi parte, no puedo negar que ha sido muy excitante pero… me pregunto algo: ¿Tu prefieres mi compañía o la de tu padre para hacer el amor?

Sonreí pícaramente ante esa pregunta y pensé en ello unos segundos y le respondí:

– La verdad es que cada uno a su manera es especial. Contigo siento una conexión más profunda, casi espiritual. Hay algo muy fuerte entre nosotras… pero papá es mucho mas dominante y eso tambien me gusta. No puedo elegir, los dos sois increíbles y estoy agradecida por haberos conocido así íntimamente.

Alberto se rió a carcajadas ante mi respuesta y Laura le dio un suave puñetazo en el costado como broma mientras decía riendo con satisfacción:
– Vaya vaya, nuestra pequeña Ángela ha crecido. Ahora tenemos una hija poliamorosa que sabe sacarle partido a su cuerpo. Estoy muy orgullosa de ti, cariño.
Y en cuanto a ti – dijo, dirigiéndose a Alberto eres todo un semental, me ha gustado mucho como me has follado y lo repetiremos muy a menudo.

El riendo orgulloso le contesto:
– Cada vez que tu quieras suegrita.

Yo le di un beso en la mejilla a mi madre y ella me devolvió ese gesto cariñoso antes de levantarse para ponerse ropa.

Aberto también se levantó del suelo y nos dejó solas unos minutos. Ahí madre me dijo, mientras arreglaba su falda:
-Espero haberte dado una buena primera experiencia, Te digo lo mismo que le he dicho a tu marido, no dudes en volver a contar conmigo cuando necesites liberar tus fantasías, cariño, mi cuerpo siempre estará a tu disposición, para darte y recibir placer.

Sonreí conmovida ante sus palabras y le aseguré que así sería.

Esa noche aprendí algo muy valioso, que el amor entre madre e hija puede tener muchas formas y yo estaba lista para explorarlo todo sin prejuicios ni tapujos.

Con mi madre me sentía liberada, como si pudiera ser yo misma por fin.

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