Me trató como puta

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Todo empezó hace unos años atrás cuando yo tenía 20 añitos. Trabajaba de encargada de un café aquí en la ciudad cerca de donde vivo. Él era un hombre de más de 40, de barba poblada, ojos verdes y cuerpo normal.

Él y su esposa llegaron como clientes al café y se volvieron clientes frecuentes. Venían dos o tres veces por semana. Se hicieron amigos de las meseras, pues todos los conocíamos. Nos hicimos amigos en Facebook, en fin.

Una ocasión coincidimos él y yo en el chat. Nos saludamos. Él chequeó mi Facebook, vio una foto mía donde me decía qué guapa estaba, qué bonita, que sí todo eso escondía con el uniforme, que me veía muy bien, etcétera. Yo solo contesté “sí, para que vea que sí hay con qué”. La conversación subió de tono. Me invitó a salir. Yo le dije adónde y no se anduvo con rodeos: me dijo que al motel para ver en persona todo lo que escondía detrás del uniforme. No lo pensé dos veces, acepté, pues se me hizo un hombre muy guapo. En fin, chamaca. Así que nos pusimos de acuerdo adónde y a qué hora pasaría por mí.

Llegó el día acordado. Ese día me bañé, me depilé toda, me puse los calzones más sexys que tenía: un conjunto de encaje azul rey, un short de mezclilla corto, una blusa negra, y me dispuse a ir a mi encuentro con ese hombre. Al llegar al lugar, él ya estaba esperándome. Ahí nos saludamos, nos subimos a su carro y zas, directo al motel.

Llegamos al motel. Nos besamos un poco, plática y zas, empezó lo bueno. En un sillón que estaba ahí, nos empezamos a besar y tocar por encima de la ropa. Me quitó la blusa, me besó el cuello, me tocaba la panocha. Yo estaba al millón. Cuando se detuvo y me dice: “Quítate el short seximente”. No dudé, le di la espalda y empecé a bajármelo seximente, moviendo mi culo. Él poco a poco se quitó la ropa para quedar en bóxer. Me jaló, me sentó encima de él. Me besaba el cuello, con una mano me apretaba mis chichis, con otra me masturbaba. Yo me perdí en ese deseo, sentía su verga dura, grande. Cuando escuché decir:

“Qué rica estás, estás bien mojadita”.

Yo: “Sí, muy mojada”.

Él: “¿Por qué estás así?”.

Yo: “Tú me pones así”.

Él: “¿Qué quieres?”.

Yo: “Verga”.

Él: “¿Sí quieres verga?”.

Yo: “Síiiii, dame verga”.

Él: “Qué rica, así que saliste golosa de verga”.

Yo: “Sí, sí quiero que me coja”.

Él: “No pensé que fueras así”.

Yo: “¿Cómo así?”.

Él: “De caliente y puta”.

La palabra mágica: puta. Esa palabra me prendió mucho más. Nunca me habían dicho así, bueno, tampoco es que he andado de verga en verga, pero para mis dos noviecitos y el papá de mi hijo nunca me llamaron así. Así que solo le contesté:

“Sí, sí soy una puta”.

Otra frase mágica. Porque en ese momento, él con un movimiento audaz me hizo mi calzón de lado, sacó su verga del bóxer y me la empezó a meter. Qué pinche orgasmo me sacó. Ya caliente, yo me di unos sentones ahí solita, le movía mi culo, gritaba de placer. Me paró, me recargó en el respaldo del sillón, me hizo parar mi culo y me empezó a penetrar. Sentí toda su verga adentro. Él solo me decía: “Te gusta, puta”.

Yo: “Sí, sí me gusta”.

Él: “¿Quién es mi puta?”.

Yo: “Yo, yo soy su puta”.

Él: “Así muévete, puta, así rico”.

Yo hacía caso y movía más y más el culo hasta que acabamos juntos. Bueno, yo ya tenía tres orgasmos más que él, pero yo quería más. Él se sentó al lado en el sillón. Yo me subí en él y empecé a montarlo, haciendo que su verga flácida volviera a reaccionar. Le decía: “Cógeme a tu puta, anda papi, ¿que no te gusta tu puta? Tu puta quiere verga”. Y así hasta que lo hice venir otra vez. Yo estaba exhausta, me quedé sentada en él con su verga flácida dentro de mí y abrazados, besándonos, diciéndole lo mucho que me había gustado cogerme con él.

En un rato me paré, salió su verga flácida mojada de nuestros jugos. Me disponía a vestirme, pues hacía por hecho que había acabado la faena más rica de mi vida, cuando me dice:

Él: “¿Para dónde vas?”.

Yo: “Cambiarme”. Ya tenía puesto mi calzón.

Él: “¿Y vas a dejarme así?”.

Yo: “¿Cómo así?”.

Él: “Acer puta, ven acá”.

Yo: “¿Qué pasa?”.

Él: “Sí lo ocupas, lo tienes que dejar limpio”.

Yo: “¿Qué?”.

Él: “Ven, incate aquí”.

Obedecí, me incliné y me dice: “Límpiamela con tu boquita”. Pues no soy una experta en mamar vergas, así que lo hice con esmero, siguiendo sus indicaciones. Me hizo parar mi culito y empezó a decirme cosas calientes que me prendieron mucho. Me imaginaba todo lo que me decía, que como puta tenía que hacer, como que mientras se la mamaba otro me estaba cogiendo. Eso me prendió al millón otra vez, que era su perrita y así. En un él se paró mientras yo mamaba la verga, me la sacó de la boca y me dijo: “Ven perra, vamos a la cama”. Cuando me iba a parar, él me detuvo y me dijo: “Las perras no se paran, las perras como tú gatean”. Y seximente así que empecé a gatear la cama. Él me seguía, yo movía mi culo. Me subí a la cama literal como una perra. Me hizo sacar la lengua como perra sedienta de verga, me la volvió a dar a probar. Yo la saboreaba. Me nalgueaba, me empezó a meter los dedos. Yo me prendí de nuevo. Él ya tenía la verga dura. Me giró para que le diera una vista de mi gran culo, me quitó el calzón y me dio unas lenguetazos que me hicieron ver estrellas. Yo estaba fascinada, nadie me había mamado la panocha y mi culo así de rico. Tomó su verga, me la pasaba por mi panocha y mi culo. Yo solo le pude decir: “Que por el culo no, nunca me habían metido nada”. Él solo me dijo: “No te preocupes”. Así estuvo acariciando con su verga mi panocha y mi ano hasta que me penetró por mi panocha. Yo sentía rico, era un va y ven despacio. Cuando sentí su dedo masajear mi ano, guauuu, era algo riquísimo. Empezó a meterme el dedo en el culo. Yo sentía poco dolor pero rico y solo le decía: “Por ahí no”. Pero estaba súper caliente y él solo me decía: “Tranquila, eres mi puta, ¿sí o no?”. Yo le decía que sí, pues la pinche calentura me hacía estar al mil. Sacó su verga de mi panocha, me la dio a oler por el culo, uno que otro piquete. Yo solo decía: “Que por ahí no”. Y la volvió a meter a mi panocha. Yo confiada que ya no lo acercaría, me dejé llevar y otra vez sentí los piquetes de verga en mi culo, pero esta vez entró su cabecita. Me dolió, me quise quitar pero él no me dejó y solo me dijo: “Tranquila puta, ¿no que quieres ser puta?”. Yo: “Sí, pero me duele”. Ahí dejó un rato su cabecita de verga en mi culo y poquito a poquito iba empujando más y más y más. Yo sentía que mi culo se estiraba al ancho de su verga hasta que logró meterla toda. Yo solo pensé: este ya me rompió mi culo. Me dolía, gritaba de dolor. Él solo me decía: “Relájate puta, relájate”. Y empezó a meter y sacar despacio hasta que me empecé a acostumbrar a esa verga en mi ano serio. Él poco a poco sacaba más y metía, nada más sacaba su tronco y su cabeza la dejaba adentro y así estuvo un rato. Yo empecé a gozar, sentía rico, me vine otra vez. Después que mi culo se había acostumbrado a su verga, me dijo: “Ahora sí sabrás qué es ser puta” y empezó a darme más fuerte, alternaba mis dos hoyos. Yo no paraba de gritar de gozar, me vine otra vez hasta que sentí que mi culo tenía leche de su verga. Me la sacó y me dijo: “Ya sabes qué hacer”. Así que me volteó y empecé a limpiar esa verga rica que me había roto el culo.

Nos metimos a bañar y ahí otra vez me volvió a coger recargada en la pared, cayendo el agua en mí. Eso fue tan excitante. Cuando me cargó, me daba verga por mi culo y mi vagina hasta terminar. Nos cambiamos, nos retiramos después de 5 horas de sexo intenso.

Al dejarme, me dijo si me había gustado y que si lo repetíamos. No pude decirle no, le dije que las veces que quisiera sería su puta.

Después tuvimos más salidas. Me pedía que fuera sin calzones, que me desnudara en el carro. En fin, me hizo una puta hasta el grado de pasar por mí en una de las calles donde se ponen las sexo servidoras. Nombre, fue una etapa que me gustó mucho. Pero como todo lo bueno tiene fin, yo tuve que salir de la ciudad por trabajo, encontré pareja. No me coge igual y tampoco tiene la verga tan rica, pero no pierdo la esperanza de que me vuelva a coger ese hombre que me hizo sentir como una puta en la cama.

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