Mí novio me contó como cogió a mí mamá
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Una mañana vino Gregory a cambiar la ficha de una cafetera eléctrica. Se lo había pedido la noche anterior cuando estuvimos juntos. Se dio la situación que también llegara en ese momento mi mamá que viene dos veces en la semana a limpiar y ordenar mi departamento.
Luego de presentarlo como un amigo que vino a reparar el electrodoméstico, mi mamá lo saludó con un beso en la mejilla. Ella preparó café para tres. Compartimos la mesa y una linda conversación.
Cuando Gregory terminó su trabajo se despidió de nosotros, pero antes de que se fuera, mi mamá le preguntó si podría reparar una cinta de persiana en su casa. Él respondió que con gusto iría y ella registró su número telefónico para combinar el momento.
Luego me preguntó― ¿Qué edad tiene tu amigo? ¿De dónde lo conoces?
Agregó que le resultó muy agradable. Creo que le agradó su edad, 45 años, con una estatura de 178, y que sea un hombre morocho de vientre bastante plano.
Ella cumplió 42, es menuda de piel blanca y cuerpo bien proporcionado.
Mis charlas con Gregory son a corazón abierto. Ambos sabemos lo que deseamos y lo que esperamos del otro. Alguna vez tocamos el tema de si él deseara concebir un hijo, no será conmigo. O si deseara tener sexo con una mujer real.
Nuestra relación es sana y sincera. A la noche cuando nos encontramos, continuamos hablando de mí mamá por mucho tiempo.
Mientras me abrazaba y yo acariciaba su pene. Gregory permaneció en silencio.
Continúe hablando de mi mamá― A la edad de siete años, yo dormía en un cuarto separado de mi mamá. Muchas veces la oía quejarse durante noche. Me dormía intentando escuchar más. Cuando le preguntaba qué la había pasado. Me me decía que le había dolido la panza. Esa explicación me bastaba.
Una noche me despertó su voz u oí― ¡No, no que me duele!
Me levanté de mi cama, asustada. Vi un hombre saliendo del baño con una toalla y volví a encerrarme en mi cuarto. Luego oí correr agua en el baño y me dormí.
A la mañana, cuándo le pregunté a mamá quién era el señor que había visto, me respondió con naturalidad― Era un enfermero que acudió para aplicarme una inyección ―Su explicación me bastó. Hoy encuentro otras explicaciones y siento pena por ella… Por cuidarme no disfrutó a pleno sus años más hermosos. No me dio un padre sustituto del qué me abandonó.
Ambos permanecimos callados hasta dormirnos.
El día acordado con mi mamá; Gregory fue a reparar la persiana trabada y nos encontramos esa noche.
Yo estaba ansiosa por saber que pasó. Presentía que a mamá le había gustado mi novio.
Gregory me besó y dijo― “Te cuento todo con lujo de detalles si eso te hace feliz: -. Me recibió con besos en la mejilla, estaba hermosa con el pelo recogido. Su pollera era corta y la camisa entallada, de mangas tres cuartos, resaltaba sus pechos.
Preparó café para ambos y me invitó a tomarlo junto a ella en el sofá. Cuando se sentó, su pollera se acortó dejando a la vista mucho más de sus piernas. Siempre sonriendo me dijo que podía llamarla María.
Luego comencé mi trabajo que no era poco. Debía desmontar el tapa rollo sin estropear la pintura.
Ella quiso ayudarme a sostener la chapa de un lado mientras yo quitaba los tornillos. Por su estatura no llegaba ni estirando los brazos hacia arriba. Entonces recurrió a un banquito de la cocina para subir sobre él.
Al intentar subir, piso mal y cayó. No sé golpeó porque la sostuve con mis brazos. Pero su pie derecho se torció y no podía pisar. Sin pensar dos veces. La cargué en brazos hasta el sillón.
Le quite la zapatilla y la media. De rodillas en el piso comencé a masajear su pie dolorido. Ella me dijo que no estuviera de rodillas y que subiera sus pies al sillón y me sentara. Acaté su sugerencia y al subir sus piernas al sillón vi hasta su entrepierna. Y me excitó.
Me senté y apoyé sus pies descalzos sobre mi regazo.Hablábamos sobre los pequeños accidentes domésticos hasta que dijo― Siempre hay que tomar lo mejor de las cosas, si no se torciera mi pie no estaría disfrutando este hermoso masaje.
Eso me impulsó a responder― Improvisar masajes me permite tocar la suave piel de una hermosa mujer.
María volvió a decirme casi riendo― El masaje en los pies puede desencadenar una catarata de sensaciones…
Ella movió un pie sobre mi bulto como para que me enterase que lo estaba mirando. No pude controlarme más y me incliné sobre su boca. Me abrazó el cuello y busqué sus pechos con mis manos. No hablamos más, nuestra comunicación fue gestual y visual, únicamente mirándonos y explorando con nuestras manos y bocas
Minutos después casi toda su ropa y la mía estaba en el piso. Ella únicamente conservaba su braguita y yo mi bóxer. Con naturalidad me dijo― Amor, por favor, ve al baño y trae una toalla y una cajita de condones que está en el botiquín.
Me encantó su manera de expresarse, es como tú sabe lo que quiere y es directa.
Cuando regrese al sillón mi erección estaba al máximo. Ella arqueó su cuerpo para que pudiera pasar la toalla por debajo de su cola. Luego tomó mi bóxer negro tirando hacia abajo. Yo la ayude a quitarlo. Y exclamó― Eres un depilado, te gusta lucir tu herramienta y tienes que mostrar.
Me reí y tomando su braguita se la quite por las piernas y me incliné para besar su rica almeja que se mojó inmediatamente. Creo que estaba muy sedienta.
María buscó y encontró la posición adecuada para chuparme la verga. Y me dijo― No quiero que acabes sin meterme eso bien adentro.
― Descuida María, no te defraudaré ―Le respondí.
― Me gusta que seas seguro en tus palabras y en los hechos ―dijo ella.
Ella se retorcía cuando le lamía el clítoris y se mojaba más y más. Hasta que le pedí : me calzas un condón ? Lo hizo prontamente y mirándome a los ojos dijo― Como necesito este momento…
― Es tuyo y mío, nadie puede quitarnos el momento ―le dije.
Ella me beso y separó más sus piernas, una apoyada en el piso, la otra sobre el sillón. Aún en esa posición. su cuevita era muy estrecha, quizás por la falta de uso.
Entonces exclamó― ¡Tu pene es inmenso!
― Es normalito ―Atiné a decir. mientras presionaba con el glande entre sus labios vaginales.
―Me está estirando toda… ―Volvió a decir y gimió muy sensualmente.
Cuando mi pene la llenó, levanté sus piernas sobre mis hombros y comencé a bombear fuertemente.
María se apretaba los senos que se agitaban con el vaivén de su cuerpo. Se mordía los labios con los ojos en blanco. Teniendo una seguidilla de orgasmos estaba en éxtasis. Bajaban muchos fluidos por su perineo. Yo no podía acabar con el condón puesto y le pedí que se pusiera en cuatro sobre el sillón. Aceptó, pero me dijo― Por el culo no.
Acaricié su vagina desde atrás y volví a clavarla profundamente. Apreté fuerte sus nalgas para que sintiera mis manos. Y le di embestidas que sonaban cuando mis bolas golpeaban su suelo pélvico muy mojado. María gemía y movía la cabeza hacia los lados. Mis manos la sujetaban fuertemente por el culo. Con un dedo llegué hasta su ano. Estaba muy cerrado. Lo acaricié, pero ella no emitió palabra.
Sentí que mi semen deseaba salir con urgencia y no lo contuve. Acabé dentro del condón estando clavado en sus entrañas. Cuando bajamos la colina de la excitación. Ella se río y me dijo― Nunca imaginé que hoy recibiría semejante cogida. Me quedaron los labios de la vagina inflamados e irritados.
― Fue por el roce del látex, ¿te sientes bien.? ―Le dije dando una explicación para tranquilizarla.
María miro el reloj y dijo― Se pasó la mañana, tendrás que venir otro día por la persiana. Pasa al baño a higienizar tu pene . Yo disfrutaré un poco más el momento.
Gregory terminó su relato. Y yo me sentí feliz y orgullosa de ser tan parecida a mi mamá.
Belu
