Duración estimada de lectura: 10 minutos
Visitas: 1,501
La vez pasada Kate y yo fuimos al cumpleaños de una de sus amigas. Me presentó y me llamó mucho la atención la hermana de la cumpleañera, Ariana, una nena de piel blanca y delicada, menudita con unas nalgas muy bien definidas y grandes para su edad, 19 años, que resaltaban debajo de una minifalda blanca.
Ya en la madrugada todos los de la fiesta estaban borrachos o dormitando en la sala. Kate después de unas cuantos tequilas y cervezas quedó K. O., por lo que le pedí a su amiga que me dejara llevarla a una recamara para que pudiera descansar y reponerse, me dijo que podía llevarla a su habitación.
Cuando entré a la recamara vi a Ariana recostada en la cama, me disculpé y le dije que solo acostaría a mi novia ahí y que me saldría, Ariana me dijo que no había problema, que si quería podía hacerle compañía ya que ella estaba aburrida de estar con los amigos de su hermana y necesitaba apartarse un poco.
Ariana y yo nos pusimos a platicar de varias cosas, cuando agarró confianza dijo:
—¿Te puedo hace una pregunta?
—Claro, dime.
—¿Por qué será que los hombres no dejan de mirarme? Es muy incómodo que a donde quiera que voy siempre se me quedan viendo las nalgas, todos libidinosos. Me molesta.
—Pues eres una chica muy linda y tienes un cuerpo muy bonito. Pero sí es muy guarro eso que muchos hombres hacen de quedarse mirando como si quisieran cogerte ahí mismo, perdón por la palabra.
—No, está bien jajaja. Sí lo he pensado pero es muy molesto que se pongan como animales.
—¿Ahora yo te puedo hacer una pregunta?—. Le dije para ver hasta dónde podía llegar.
—Claro, juguemos a preguntas y respuestas pero no se vale decir mentiras, ¿te parece?
—Va.
Entonces le pregunté sin mayor temor:
—¿Has tenido sexo?
—Sí, un par de veces con un tipín de la escuela pero la verdad fue muy X, él terminó muy rápido la primera vez y en la segunda fue muy tosco porque me lo metió muy fuerte y no dejaba de decirme “perra, puta…” y cosas así. Fue muy incómodo.
—Debió ser una experiencia muy desagradable. ¿Entonces la idea de tener sexo no te gusta y por eso te incomodan las miradas de los hombres?
—Sí quiero tener sexo, la verdad a veces me masturbo viendo algo de porno.
Se quedó callada y se puso muy roja. Me dijo que la disculpara, que se le salió el comentario. Estaba muy apenada, puse mi mano sobre la suya y le dije que no se preocupara, que el acuerdo había sido decir cosas sin mentiras o pena.
Entonces recobró su color y lanzó la siguiente pregunta.
—¿Has tenido sexo con una mujer más chica que tú?
—Sí, en ese tiempo yo tenía 30 y ella 20 o 21, no me acuerdo jeje.
—¿Te gusta tener sexo con tu novia?
—El sexo con mi novia es excelente, ambos sabemos lo que nos gusta y nos complacemos.
—¿Y… cómo lo hacen? Quiero decir, solo si quieres contarme.
En este momento se cruzó una idea muy loca por mi cabeza. Viendo a Kate ahí dormida, perdida por el alcohol y sabiendo que los demás estaban en la sala ebrios comencé a pensar en la idea de seducir a Ariana y hacerla mía. Muy pocas veces se tienen esas oportunidades y todo parecía indicar que ella tenía curiosidad.
—Te propongo algo, solo si tú quieres, mejor te cuento cómo me gustaría hacérselo a una mujer que no sea mi novia.
—Me encanta la idea—. Dijo animada.
—Primero que nada, el ambiente. Es fundamental que ambos estemos cómodos. Por ejemplo, que la chica en cuestión esté vestida con una falda arriba de las rodillas, de tela suave, que con solo tocarla dé la sensación de acariciar la piel desnuda que está cubriendo, una blusa de color claro con un escote no muy pronunciado pero que deje ver el borde suave y terso de un par de senos más que hermosos a la vista, no imaginando cómo se han de sentir al tacto y más aún, tenerlos en los labios para recorrerlos centímetro a centímetro. Quiero pensar que debajo de esa falda se oculta una tanga muy sensual que, con un solo movimiento, podría hacerla a un lado y dejar expuesto el paraíso mismo.
Mientras le iba diciendo esto me acerqué más a su oído para que la conversación apenas pudiera ser perceptible, igual no dejaba de estar al pendiente de que Kate fuera a despertar o de que alguien entrara. La miraba fijamente mientras le iba describiendo mi fantasía y pude notar que suspiraba de vez en vez, como imaginando que le hacía a ella lo que le iba diciendo. Continué.
—Después la sentaría en la cama y yo me sentaría detrás de ella. Tomaría su cabello y lo haría a un lado para poder descubrir su cuello y empezarlo a recorrer con mis labios de una manera suave pero llenándome de tu toda su esencia. Y mientras beso su cuello, con una mano empezaría a acariciar sus senos mientras que con la otra acariciaría sus piernas lentamente, sintiendo cómo toda su piel se va erizando y mientras ella abre las piernas permitiendo que mi mano siga su curso hacia su cosita.
—Ay qué cosas dices, de solo imaginarlo hasta se antoja. De seguro tu novia ha de ser muy feliz por cómo se lo haces—. Dijo excitada y con la voz agitada.
—Como te decía, ambos sabemos lo que nos gusta y siempre estoy dispuesto a hacérselo, me encanta disfrutar de ese momento y de su cuerpo de manera que la experiencia sea maravillosa para ambos.
Ariana soltó un suspiro y se acomodó el cabello, vi que estaba ruborizada y le dije que saldría por unas cervezas para refrescarnos.
También quería saber cómo estaban los demás afuera. Unos estaban dormidos en los sillones, otros seguían bebiendo ya pedísimos, así que prácticamente no había nadie que pudiera interrumpirnos.
Regresé con las cervezas y le dije que ya todos habían caído, como para darle esa confianza de que nadie entraría. Seguí con el juego.
—¿Alguna vez te gustaría vivir algo así?—. Le pregunté directo y ella respondió que sí.
Me dijo que iría al baño y que no tardaría. Cuando regresó me di cuenta de que no traía sostén. Sus pezones eran muy perceptibles y la redondez de sus tetas brincaba a la vista, se sentó junto a mí, puso una mano en mi pierna y dijo:
—¿En qué nos quedamos?
Ya no pude contenerme, la tomé de la barbilla y la besé. Sentí su aliento, su respiración, su lengua jugando con la mía y decidí que no podía desaprovechar esa oportunidad.
La puse en la esquina de la cama y me senté justo detrás de ella, así como se lo había relatado, comencé a besar su cuello tan delicado y divino mientras dejaba que mi mano se llenara con una de sus tetas.
Sentía la dureza de sus pezones y ella temblaba con mi tacto. Con mi otra mano exploraba el camino hacia su entrepierna. Rocé con mis dedos por sobre su cachetero, que ya estaba muy mojado. Seguí frotando suavemente por unos minutos hasta que sentí cómo sus piernas temblaban y soltó un pequeño gemido. Puse mi dedo índice en sus labios para indicarle que no debíamos hacer ruido.
Le di la vuelta, la recosté del lado contrario a donde estaba Kate dormida, levanté su falda y fui besando sus muslos, dejando que mis labios y mi lengua recorrieran cada centímetro de su piel hasta llegar a su vagina, sin quitar su cachetero dejé que mi boca sintiera ese sabor, el olor de su sexo. Deslicé su cachetero por sus largas piernas y se lo metí en la boca.
Acaricié su clítoris con la puntita de mi lengua, luego bajé a su culito apretado, encorvó la espalda e inmediatamente me tomó del cabello y apretó mi cabeza con sus piernas. Sentía cómo vibraba, cómo se contenía de no gritar. Entonces dejé que mi boca jugara libremente con sus labios y su clítoris hasta que terminó, bebí sus dulces jugos y la besé para que probara su sabor.
Le tocaba a ella y comenzó a acariciar mi verga, sintiendo lo dura que estaba. Me desabrochó y la liberó. Le quité la blusita y sus tetas quedaron al descubierto; pequeñas con unos pezones claritos y paraditos, me los llevé a la boca, mordiéndolos y succionándolos, Ariana soltó un fuerte gemido, ambos nos vimos esperando a que Kate no despertara, nada pasó.
Puse unas almohadas en el piso y le pedí que se hincara. Ella obedeció y de manera muy tierna se metió mi verga en la boca. Le dije que empezara recorriendo con su lengua desde la base hacia el glande mientras que con su mano masajeara mis testículos. Así lo hizo, se la metía hasta el fondo de la garganta y me lamía los testículos mientras me pajeaba haciendo una cara de putita que me calentaba más y más.
Ya no me resistí, la puse de pie, la recargué contra el respaldo de una silla, abrí bien sus nalgas y cuando estaba a punto de metérsela sonó el teléfono de Kate. Ariana inmediatamente cogió su ropa y se metió al baño, yo me subí el pantalón rápidamente, Kate fue despertando.
—¿En dónde estamos?
—En la recamara de Erika—. Me terminé las cervezas para tratar de quitarme el sabor a vagina.
—Me duele la cabeza, ya vámonos—. Se puso las zapatillas y salimos.
Por suerte Kate se quedó dormida en el auto y me paré para comprar otra cerveza y responder los mensajes de Ariana.
“—No mames, casi nos descubre jajaja”.
“—No sospechó nada, se durmió en el auto”.
“—Me encantó, fue el mejor sexo oral que me han hecho”.
“—Necesito volver a estar contigo preciosa”.
“—Yo también pero esperemos un poco, en lo que hacemos un plan para vernos sin que nadie nos descubra”.
Llegamos al departamento de Kate.
—Quédate, casi no estuvimos juntos, te extrañé.
—Pues nada más aguantaste tres tequilas y te quedaste dormida jajaja.
—Ayyy qué exagerado, ven vamos a la cama.
Estuvimos haciéndolo toda la madrugada pero como Ariana me dejó con las ganas no podía evitar imaginar que lo estaba haciendo con ella.
