mi hijo me dió por el culo creyendo que estaba dormida y borracha (parte 2)
Hola amigos y amigas. Primero quiero agradecerles a todos por los consejos y comentarios sobre mi primer relato.
Como ya saben los que leyeron mi primer relato, mi hijo Benjamín, que tiene 19 años, entraba a mi dormitorio cada vez que teníamos una fiesta en la casa y tomábamos licor, o cuando yo salía con mis amigas y volvía tarde a casa. Al verme dormida, él creía que yo estaba borracha y no despertaría, así que sacaba las sábanas y luego me sacaba el calzón y me follaba por el culo.
Yo soporté esa actitud de mi hijo sin decirle nada, porque tenía miedo de causarle algún daño emocional si lo confrontaba y le reclamaba. Pero no niego que a mí también me gustaba sentir su verga dentro de mi culo y sus movimientos y jadeos, hasta que mi hijo llegaba al orgasmo.
Pero gracias a los consejos de ustedes que me escribieron a mi correo, tomé la decisión de hacerle saber de alguna manera que a mí me encanta la verga de mi hijo y yo quería disfrutar de su verga sin fingir que estaba dormida.
Una noche que volví tarde a casa, después de haber estado en el cumpleaños de una amiga, decidí que esta noche haría lo que algunos amigos que me aconsejaron por correo. Me acosté como siempre con mi camisón de dormir y mi calzón, sin brasier. Al cabo de unos minutos entró mi hijo como otras veces. Botó toda la sábana al piso, me sacó el calzón, sacó la crema que siempre está en la mesita de noche, me la untó en el ano y empezó a penetrarme por el culo.
Cuando yo lo sentí bien excitado y a punto de vaciar su leche dentro de mi culo, empecé a gemir y a mover mi culo, primero muy suavemente y luego cada vez más fuerte. Mi hijo al percatarse de esto se detuvo un segundo, pero luego siguió sus movimientos. Yo también seguía gimiendo y moviendo mi culo, hasta que mi hijo llegó al orgasmo. Él se quedó un ratito encima mío y luego se levantó y se fue rápido. No me dio tiempo para decirle nada.
Yo me asusté un poco, me quedé pensando y luego me dormí. Al día siguiente me levanté temprano para esperar a mi hijo. Le preparé su desayuno y esperé a que salga de su habitación y venga a la mesa a desayunar. Él salió de su habitación, vino a la mesa, me saludó y se sentó a desayunar. Yo le dije: “Hijito, quiero hablar contigo”. Él me dijo: “Yo no quiero hablar nada”, se levantó y se fue.
Yo me quedé muy preocupada, pero pensé que debía haber una forma para que él aceptara hablar conmigo. Él llegó en la tarde y se fue a su habitación sin decirme nada. Entonces yo me fui a bañar, sabiendo que él iba a venir a mirar por la cerradura de la puerta. Me bañé y salí solo envuelta con la toalla.
Al salir, mi hijo estaba justo en el pasadizo. Y al cruzarme con él dejé caer la toalla. Él se agachó a recogerla, pero yo pisé la toalla. Él quedó con la cara justo a la altura de mi vagina. Alzó su mirada, me miró a los ojos y luego puso sus dos manos en mis nalgas.
Yo abrí mi pierna como invitándolo a besar mi vagina. Él hizo justo lo que yo quería: puso su boca en mi vagina y empezó a lamerla. Yo agarré su cabeza y lo atraje más a mi vagina. Después de unos minutos en esa posición, él se levantó, me alzó en sus brazos y me llevó al sillón de la sala.
Allí él empezó a besarme todo el cuerpo, agarró mis tetas, las estrujó con fuerza y empezó a mamarme los pezones. Él succionaba mis tetas como lo hacía antes cuando era niño. Luego me dijo: “Voltéate mamita y dame el culo”.
Yo le dije: “Sí mi amor, pero antes quiero chuparte la verga”. Él se desnudó desesperadamente y ya desnudo se echó en el sillón con su verga parada como un palo. Yo empecé a mamarle la verga por primera vez a mi querido hijo.
Le mamé la verga como a nadie se lo había mamado, con ese amor de madre y de mujer. Mi hijo tiene la verga gruesa y larga. Él es alto y corpulento, es más alto que mi esposo. Él agarraba mi cabeza y la jalaba hacia su verga, tratando de que me trague toda su verga. La verdad esa verga me llegaba hasta el esófago y casi me atoraba. Él gemía con una voz ronca: “Haaa, haaa, haaa”.
Después de mamarle la verga hasta los huevos, le dije: “Ya mi amor, ahora tú lámeme la vagina”. Él se incorporó rápidamente y yo me eché en el sillón con las piernas abiertas de par en par. Él empezó a lamerme la vagina torpemente. Yo le dije: “Tienes que lamerme suavemente, mete tu lengua y después chúpame el clítoris”.
Él hacía todo lo que yo le decía. Después se puso encima mío, con la cabeza hacia mi vagina; es decir, hicimos un 69. En esa posición él me lamía la vagina y metía su dedo en mi culo, haciéndome retorcer de placer.
Yo le chupaba la verga y los testículos. Así estuvimos un buen rato hasta que él me dijo: “Ya mamita quiero tu culo”. Yo le dije: “Ya mi amor, pero primero me vas a dar por la vagina”. Abrí mis piernas lo más que pude para darle mi vagina a mi hijo querido. Él sin demora puso la punta de su verga en mi vagina y me la metió hasta que chocaron sus testículos con mi ano.
Allí empezó a moverse con ese ímpetu de hombre joven lleno de energía. Yo disfrutaba por primera vez de la verga de mi hijo en mi vagina. Era algo divino, era lo que había estado esperando desde hacía tiempo. Yo también me movía al ritmo de él, gimiendo: “Haaayyy, haaayyy, haaayyy”.
Después él se safó de mi vagina y me dijo: “Ahora sí dame tu culo”. Yo le dije: “Está bien, pero dime, ¿por qué te gusta tanto mi culo?”. Él me dijo: “Es que tienes un culo que me vuelve loco y la verdad no he visto otro culo igual que el tuyo. Aunque nunca he estado con ninguna chica, pero las miro por encima de la ropa y las comparo contigo, y tú eres la más rica de todas”. Yo le dije: “Entonces yo soy tu primera mujer?”. Él me dijo: “Sí mamita, tú eres la primera y la única”.
Yo me di vuelta enseñándole mi culo. Él me dijo: “Quiero ponerte algo debajo de tu culo para que esté levantado y mi verga entre hasta el fondo”. Diciendo esto, él puso los dos cojines del sillón debajo de mi pubis y yo quedé con el culo levantado.
Mi hijo se paró detrás mío, miró mi culo y dijo: “Qué rico culo tienes mamita”. Yo le dije: “Es todo para ti mi bebé, haz lo que quieras con mi culo”. Él puso su nariz en mi culo, lo olió varias veces, luego me dio varias lamidas en mi ano. Después mojó su dedo índice con saliva y lo metió en mi culo. Con su dedo hacía movimientos de mete y saca en mi culo, luego sacaba su dedo y se lo chupaba como un dulce. Después volvía a meterlo en mi culo. Me daba palmadas en las nalgas con sus grandes manos diciendo: “Qué rico culo, qué rico culo”.
Después él echó saliva en mi culo y mojó su verga. Luego puso la punta de su verga en mi culo y me la metió hasta el fondo. Yo grité: “Haaaaayyy”. Él me dijo: “Ya mamita, aguanta, ahora ya estás con la verga adentro, ahora ya eres mi puta”. Empezó a bombear con todas sus fuerzas, como si quisiera atravesarme de lado a lado. Yo le dije: “Despacio mi amor, me haces doler”. Él me dijo: “Aguanta puta, ya has recibido verga por este culo, no te hagas la delicada”.
Yo le dije: “Haayy me duele amor”. Él me dijo: “¿Acaso tu marido no te da por el culo?”. Yo le dije: “Síiii mi amor, pero tu verga es muy grande”. (Yo lo notaba cada vez más excitado). Él siguió bombeando desesperadamente y me dijo: “Ya vieja puta, sí ya te has comido mi verga otras veces y no has dicho nada. Yo sé que te gusta que te meta por el culo y te haces la dormida”. Yo me quedé callada y empecé a masturbarme el clítoris para tener un orgasmo, que me vino rápido al sentir las arremetidas de mi hijo en mi culo. Tuve otro orgasmo, uno de los más fuertes que yo recuerde.
Él siguió bombeando y dándome nalgadas con sus tremendas manos hasta que de pronto empezó a gritar: “Haaaayyy mierda, haaaayyy mierda, haaaayyy mamita, hayyyyy mamitaaaaaaaaaaaaaaa” y derramó toda su leche dentro de mi culo. Yo sentí cómo su semen caliente inundaba mis tripas hasta salir por mi ano y chorrear por mis piernas.
Él se quedó inmóvil con la verga dentro de mi culo. Así estuvo como 15 minutos. Yo tenía que soportar su peso y esperar lo que él quisiera hacer. Después de 15 minutos aproximados sacó su verga de mi culo. Yo sentí cómo salía su verga, suavecito ya flácido, se lo chupé todo hasta dejarlo limpio.
Después se vistió, me dio un beso en la boca y se fue a su habitación. Yo me fui a mi dormitorio, me vestí y salí a la sala a esperarlo. Él salió después de un rato, se sentó a mi lado y me dijo: “Perdóname mamita”. Yo le dije: “No hay nada que perdonar. Lo que hicimos quedará entre tú y yo. Yo lo disfruté mucho, no te sientas culpable por nada, porque a mí también me gusta tener sexo contigo. Solo debemos tener cuidado de que tu padre no se entere”. Él me dijo: “Está bien mamita, te amo mucho”.
Por la noche tuvimos sexo tres veces. Él está con las hormonas al tope y tiene mucha energía. Nos dormimos en mi dormitorio los dos desnudos. Al día siguiente, que fue miércoles, él no quería ir a la universidad, quería quedarse conmigo. Me perseguía por todo lado tratando de agarrar mis nalgas. Yo le dije: “Te doy mi culo, pero tienes que ir a la universidad”. Él aceptó, hicimos el amor, le di mi culo y después él se fue a estudiar.
Él estudia hasta las 4 de la tarde, pero llegó a las 2. Me dijo que el catedrático de las horas siguientes no iba a venir. No sé si será cierto o no. Cuando llegó, de inmediato me abrazó y me agarró las nalgas, quería tener sexo conmigo. Yo le dije: “Mi amor, no podemos estar todo el día teniendo sexo”. Él me dijo: “Sí entiendo, pero aprovechemos que mi padre está de viaje y va a llegar todavía el domingo. Tenemos varios días para disfrutar”.
Yo le dije: “Está bien, solo hasta que llegue tu padre. Cuando él está, no vayas a insinuar nada, tienes que ser muy discreto. Tú sabes que aunque él no sea tu padre biológico, te ama como a un hijo legítimo y es muy bueno con nosotros. Y no queremos cambiar nada, estamos muy bien así. Sería un golpe muy duro para él si se entera lo que hacemos tú y yo en su ausencia”.
Él me dijo: “Sí mamita, no te preocupes, aunque ahora me da celos al pensar que le darás el culo a mi padre también. Pero haré lo posible para no demostrar los celos cuando él está”.
Ese día miércoles tuvimos sexo dos veces más en el día y ya en la noche nuevamente nos acostamos los dos desnudos en mi cama. Hicimos el amor una vez antes de dormir.
Los días siguientes le di el culo a mi hijo todos los días, mañana, tarde y noche, y nos dormimos juntos desnudos cada noche hasta el día sábado. El día domingo llegó mi esposo y en la noche quería tener sexo conmigo. Yo a duras penas le acepté, porque me sentía cansada por todo lo que mi hijo me hacía todos los días.
Pero tenía que aceptarle a mi esposo, de lo contrario tal vez él podría sospechar algo. Así es que tuve sexo con mi esposo como siempre, pero yo ya no disfrutaba como antes, lo hacía solo por complacerle a él. Y él como que se dio cuenta y me dijo: “¿Estás enferma?”. Yo le dije: “No, solo un poco cansada y me duele la cabeza”.
Yo quería descansar de tanto sexo, pero también quería sentir la vitalidad de mi hijo rompiéndome el culo como solo él sabe hacerlo. Y esperaba el día que mi esposo se fuera nuevamente de viaje para estar con mi hijo.
Yo amo mucho a mi esposo. Él es un buen hombre cariñoso, responsable y ama a mi hijo. Y en la cama también es muy bueno. Jamás me separaría de él. Pero con lo que me hace sentir mi hijo no hay punto de comparación. Ese ímpetu de joven semental con las hormonas al tope por su edad, las ganas de agarrar mi culo, olerme y lamerme el culo, la desesperación para moverse cuando me tiene ensartada por el culo, el tamaño y grosor de su verga son cosas que no encuentro en mi esposo.
He notado que mi hijo se muestra muy serio con mi esposo. Antes no era así, está muy al pendiente de que mi esposo se acerque a mí o que me haga alguna caricia. Como ustedes saben, mi esposo trabaja en una empresa donde es agente de ventas y por su trabajo él está una semana en provincias y una semana está en la capital. Y la semana que está acá, él sale de su trabajo a las 6 de la tarde y llega a la casa a las seis y media aproximadamente.
Por otro lado, mi hijo no puede contener sus deseos de agarrarme las nalgas. Yo lo consiento cuando no está mi esposo, pero mi esposo ha llegado el domingo y el lunes mi hijo me metió la mano. Ya he hablado con él al respecto, pero él me dice que ahora soy su mujer.
No sé hasta qué punto habré hecho bien o mal, pero espero que mi hijo sepa comportarse cuando está mi esposo en la casa.
Ya les contaré posteriormente cómo me va con mi hijo y mi esposo. Espero que me envíen sus consejos.
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Me gusto la continuacion………