A mi esposa se la cogió un señor viejo pero vergudo

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Mi mujer me cuenta que antes de casarnos ella, ya mayor de edad con 20 años, trabajaba en una tienda de ropa. Al comenzar a trabajar la primera semana fue puro ambiente de trabajo, sin embargo al comenzar a ganar dinero se empezó a arreglar y a vestir más sexy, a lo que el dueño la empezó a observar. Ella tiene unos pechos increíblemente bonitos y enormes y él se los miraba demasiado. Ella con toda la coquetería de una joven sentía como se la comía con la mirada, y la invitó a comer. La primera cita fue para conocerse; el señor le llevaba 15 años y era muy alto como de uno noventa y ella uno cincuenta y ocho. La llevó a un buen restaurante, ella nunca había asistido a uno de primera y al instante le llegó como novio y se besaron tiernamente. Posterior a ello comenzaron a salir y él a comprarle ropa más sexy y a fajarse cabrón (ella era virgen) y por primera vez tomaba tequilita, solo una luego dos y así, hasta que en una de esas salidas la convenció de llevarla al hotel, pero solo para darse unos fajes increíbles y unos repegones.

La siguiente salida a los tres días, la llevó al mismo hotel y ya en el cuarto él la acomodó boca abajo en la cama y le dio un masaje agarrándole las nalgas y la sujetó del cabello, le restregó la cara con el bulto de su verga y ella hundió el rostro en su entrepierna, respiraba agitadamente. Él le daba más caricias en todas las nalgas redondeándolas y ella sentía su vagina húmeda y él seguía apretando sus nalguitas y de pronto ella le dio una mordidita en su verga por encima del pantalón y él le recorría la raya de sus nalgas y ahora le subió el vestido y le quitó las medias, restregándole el bulto en la cara y él le dijo “ya sabes lo que quiero”, y ella dijo “nunca he mamado una” y él le dijo con cariño “anda, ella te quiere”. Y ella bajó la bragueta y salió una verga gorda y enorme y muy parada, se la acercó a los labios y le dio una chupada a la cabeza, directa a su punta de la verga y se retorcía el señor. Comenta que la verga no le cupo en la boca, ella estaba excitadísima porque ella sentía que se la paraba porque él la deseaba, y le salía mucho lubricante.

Le hundió los calzones y se los jaló no sin dejar de agarrarle las nalguitas, ella se la metía y sacaba la verga de la boca. Él pide cambio de posición, le quita el brasier y él dijo “qué hermosas chichis tienes” y le arrancó los calzones. Al momento que le agarraba sus nalguitas al tiempo que le chupaba los pezones, en eso se levanta y la carga fácilmente y se pone su lubricante natural y le mete despiadadamente la vergota en su vagina. Ella se retuerce del dolor y de la satisfacción y se mira al espejo que tan penetrada se veía ella con ese gran señor vergudo y él la tiene traspasada y ella se moja tres veces con la verga adentro y una mezcla de sangre y venida de ella los moja a los dos. Él sigue penetrándola y la carga más arriba y se la mete toda sin compasión, ella grita demasiado y rompe por completo la virginidad… ella con su vagina dice que lo mordía y le cupo toda, él se mueve mucho más rápido… saca la verga de ella, la baja con ternura, la hinca y le echa todos sus mocos en la cara de ella… y él le dice “son tuyos, trágamelos”.

Ella, con las rodillas aún temblando sobre la alfombra del hotel, sintió el peso de aquella mirada que la devoraba desde arriba. El sabor salado y espeso de su semen le quemaba la lengua, pero no le dio tiempo a tragar: él la levantó del cabello, como a una muñeca de trapo, y la volvió a sentar en el borde de la cama. Sin mediar palabra, le abrió las piernas con una sola mano, mientras con la otra se volvía a frotar la verga, aún dura y chorreando, contra sus labios inferiores. Ella notó cómo su propia humedad se mezclaba con la sangre de su virginidad rota, un caldo caliente que le escurría por los muslos, y se dejó hacer porque su cuerpo ya no le pertenecía: era un juguete que él moldeaba a su antojo.

Él la puso de espaldas, le levantó las piernas hasta apoyarlas sobre sus hombros, y sin aviso la volvió a empalar con una sola embestida. Esta vez no hubo dolor, solo un vacío que se llenaba y se vaciaba con una ferocidad que la hacía ver estrellas. Ella clavaba las uñas en las sábanas, mordía la almohada para no gritar, pero los quejidos se le escapaban como un animal herido. Él se inclinó sobre ella, le tomó una de sus enormes tetas y se la metió entera en la boca, chupando con fuerza mientras su verga la castigaba sin compasión, golpeando el fondo de su matriz con cada envión. Ella sintió que se desmayaba, que el mundo se le iba, pero él la agarró del cuello y le susurró al oído: “Aún no termino contigo, putita”.

La giró como a una muñeca, la puso en cuatro, y desde atrás la agarró de las caderas con tal fuerza que le dejó marcas moradas. Su verga entraba y salía con un sonido obsceno, mezcla de su propia lubricación y de los fluidos que ya corrían por sus nalgas. Ella miraba por el espejo del armario cómo aquel hombre alto, de casi dos metros, la azotaba sin piedad, sus testículos golpeando su clítoris con cada embestida. Se vio a sí misma, tan pequeña, tan sumisa, y en lugar de asustarse, se excitó aún más. “Más fuerte”, le pidió con una voz que no reconoció, y él se la dio: la agarró del cabello, la arqueó hacia atrás y le metió dos dedos en el culo mientras su verga seguía martillando su vagina.

Cuando él volvió a venirse, lo hizo dentro de ella, con un rugido que retumbó en la habitación. Ella sintió cómo su semen caliente la llenaba, cómo su cuerpo entero se convulsionaba en un orgasmo que la dejó sin aliento, con la boca abierta y los ojos en blanco. Él se retiró lentamente, dejando que su mezcla de fluidos le escurriera por las piernas, y la abrazó por detrás, mordiéndole el cuello. “Esto apenas empieza, mi niña”, le dijo con una sonrisa depredadora. “Tienes mucho que aprender, y yo tengo mucho que enseñarte”. Ella, aún temblando, se giró y lo besó con la boca llena de su propio sabor, sabiendo que aquella noche solo era el principio de una obsesión que la marcaría para siempre.

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5 comentarios

  1. Q bien q tu esposa te lo contó y tú lo relataste no fue en tu año y esos son recuerdos de tu esposa en hora buena

    • A la mia se la folla un compañero del trabajo. Mary tiene 22 y Alejandro 36, está casado, 1,80 y un pollón de 20cm. El tío se la folla a pelo,, y la rellena de leche. Ahora que ya lo sé, me dá muchísimo morbo que me cuente como se la folla, y como se corre de gusto con él.

  2. Excelente relato, excelente estreno le dieron a tu esposa, de un vergazos le rompieron la panocha virgen

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