Siempre lo deseé (IV)
Los embates sexuales, primero con Roberto luego con Tania y después con Raúl, en solo tres días, me hubieran dejado en otra ocasión adolorida y cansada, pero no con lo que había disfrutado con éstos tres “salvajes sexuales”; cada uno con deliciosas y diversas formas de hacer el amor, era una delicia, no quería que terminara éste desenfreno y ésta lujuria que sentía. Luego de disfrutar de la piscina con Raúl y besarnos, acariciarnos y hacer el amor en el agua, nos disponíamos a ver una película, en un amplio diván en el cual me encontraba sentada, cuando apareció Tania, siempre hermosa y cimbreante, era una hembra que imponía su presencia, provocaba devorarla allí, en ése momento.
– Hola chicos, me extrañaron? – preguntó – parece que no mucho – se contestó.
Se acercó a mí y como si adivinara mi pensamiento, de un tirón se quitó el top dejando sus senos a la altura de mi cara.
– Vengo muy excitada – dijo y me obligó a que le lamiera los pezones que ya estaban poniéndose duros, miré a Raúl tímidamente ya que no esperaba esa reacción de Tania, a lo que ella replicó:
– Raúl sabe que nos amamos, no sientas vergüenza, mi amor.
Yo no esperé que me repitieran la orden y procedí a comerme esos pezones que brillaban y estaban bien duros esperando que los chupen. Tania gemía y me pedía:
– Muérdelos, mámalos, dulzura así.
Yo seguía deleitándome y vi a Raúl que se acercó detrás de Tania y le mordisqueaba el cuello, pasaba su lengua por la espalda consiguiendo que se arquee de placer y a la vez la iba desnudando, Tania se dejaba hacer, y gemía por los lengüetazas que yo le prodigaba en los pezones, mordía sus senos, los mamaba muy fuerte como nos gustaba a ambas y por los besos del animal que la tenia agarrándole el culo.
– Sigan los dos así, que rico, sigan.
Yo estaba muy caliente y no me importaba nada que estuviéramos los tres, mi hembra me empezó a sobar las piernas y me quitó la tanga que ya estaba muy mojada por los jugos que corrían en mi cueva y en mis piernas, se agacho, separo mis piernas y empezó a comer toda mi cueva, se deleitaba con mis jugos no dejando escapar de su boca ni una gota, encima de su hombro vi en ese momento el pene duro y brillante de Raúl que se perdía en el culo de mi Tania, la estaban penetrando delante de mí y yo en lugar de sentir celos, me deleitaba, me arrechaba verle la cara de placer que ponía al sentirse penetrada, chillaba entre mis piernas pero no por eso dejaba de chuparme, Raúl embestía y yo también recibía esas acometidas amortiguadas por la lengua y los labios que me hacían gemir, fue en ese momento del máximo placer que ambas sentíamos cuando me mordió salvajemente el clítoris, me hizo saltar al principio pero rápidamente me repuse y con mis manos restregué la boca de mi amante en mi vagina obligándola a que no se retire, ella a su vez pedía que la violentáramos con mayor salvajismo.
Nos tiramos las dos en la alfombra y seguíamos comiendo nuestros cuerpos, yo en cuatro, ahora procedía a separar las piernas de mi Tania y beberme sus jugos deliciosos, en eso sentí que Raúl me colocaba su rico pene en el ano y me penetraba sin piedad, lo estaba recibiendo con ganas, sudaba de placer y emoción, me clavaba como me gustaba a mí, dentro de mi arrechura pensaba: que más podía pedir, por un lado un pene duro grande y grueso que siempre me había encantado en un hombre y por el otro lado una concha dulce, rica, olorosa de mi hembra, Tania un manjar que otros u otras me envidiarían, deje mis pensamientos a un lado por que me desmayaba de placer, me corría y el animal me seguía trajinando y yo comiendo, mamando penetrando mi lengua en ésa cosita rica que se movía y se venia, se venia explotando en mi boca sus jugos deliciosos.
– Cómeme, soy tuya Lessie
Todo se nubló en mi mente al sentir el chorro de leche caliente que explotó dentro de mi culo, el chorro de jugos de mi amada y me vine, me corrí grité, Tania chilló, gimió y la voz de Raúl que al venirse dentro de mí bramó como un toro salvaje, ése era el animal que quería conocer y lo sentí en todo su esplendor y el esplendor de mi hembra, así los tres caímos uno encima del otro, bañados en sudor, semen y jugos vaginales que olíamos y saboreábamos con placer, cansados (no por mucho tiempo) pero felices.
Continuara…
Autor: lessie
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