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Migrañas que Despiertan el Sueño Erótico

Duración estimada de lectura: 9 minutos

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Un maestro nuevo en una escuela por las tardes congenia con Elena, maestra de Educación Física alta y atlética, exjugadora semiprofesional de básquetbol. Tras ayudarla con una migraña ofreciéndole medicamentos, la acompaña a casa donde su mamá sale. Elena lo seduce agresivamente: lo manosea, domina el encuentro con sexo oral, vaginal dominante (cabalgándolo) y anal intenso. Él responde con pasión; terminan exhaustos y planean más sesiones. Confesado como experiencia real con agregados eróticos, destacando su fuerza y deseo.

Empecé a trabajar por las tardes en una escuela. En ésta había una maestra de Educación Física llamada Elena, era muy alta, tal vez 1.80 metros. Había jugado básquetbol como semiprofesional cuando era más joven. Casi no hablaba con nadie; en las clases era profesional, aunque con los estudiantes era cálida. Yo mido alrededor de 1.74 y soy delgado, atlético. He practicado sobre todo vóley y fútbol, sin embargo juego un poco de básquetbol. Un recreo ella estaba en la cancha tirando a la canasta. Me acerqué, me pasó el balón y empezamos a tirar. Así comenzamos a congeniar. Ella era dura con todos menos con los estudiantes. Empezamos a platicar más; me contaba cosas de su otro trabajo matutino, yo de la escuela en la que estaba estudiando. Así pasó el tiempo.

Cierto día de noviembre a mi grupo le daba clases casi a la salida, es decir entre las 5:30 y las 6:15 de la tarde y ya empezaba a oscurecer. Entonces casi al final de la clase me di cuenta que ella se tomaba la cabeza como con molestia. Me le acerqué y le pregunté: “¿Te sientes mal?”. Ella me miró y dijo: “Tengo migraña”. Yo padezco migraña desde los 13 años y sé perfectamente lo que el dolor puede hacerte. Le mencioné que ya dejara al grupo, que yo lo subiría al salón y lo sacaría. Así sucedió. Saqué al grupo y la encontré en su bodega guardando sus cosas. Me dijo: “Esperaré a que pase el aura para poder irme porque no veo bien”. Yo le comenté: “Padezco migraña y tengo un cóctel de medicamentos que me controlan un poco para seguir con mi vida. Te los ofrezco si te arriesgas”. Realmente me miró como con algo de desconfianza, pero cuando vio las medicinas y constató que no eran nada del otro mundo, aceptó con gusto. Le di mi botella de agua y tomó las medicinas. En ese momento me ofrecí para acompañarla a su casa para que no se hiciera demasiado tarde, ya que el rumbo no era el más seguro. Aceptó y salimos caminando. Ella vivía dos colonias más adelante, no tan lejos. Caminamos sin hablar primero y luego ella mencionó que en realidad no se sentía tan mal como en otras ocasiones, que las medicinas en verdad funcionaban. Yo comenté que por lo menos a mí me resultaban y me dejaban hacer mis cosas.

Llegamos a su casa y ya se veía mucho mejor. Tocó y abrió su mamá. La saludé y Elena me presentó, le dijo lo que había sucedido, lo de los medicamentos y que me agradecía. Entonces su mamá nos dijo: “Qué bueno que llegaron porque iba a salir a visitar a mi hermano que está un poco enfermo y en verdad no sé a qué hora regresaré”. Elena asintió y entramos a la sala. Su mamá antes de irse le dijo: “¿Por qué no le muestras tus fotos del básquetbol al maestro?”. Ella asintió. La señora salió y Elena regresó de una habitación con unos álbumes de fotos, me los tendió. Yo le dije: “No quiero molestarte, ya me voy para que descanses. Las medicinas ayudan pero no son milagrosas”. Ella me miró y me dijo: “Aunque sea ve mis fotos, ¿no?”. Yo acepté. Empecé a revisarlas; ella se colocó atrás de mí e iba explicando las fotografías. Su aliento lo sentía en mi nuca y en mi oreja, cálido y excitante. Cuando acabé el primer álbum, lo dejé en una mesita y cuando me incorporé, ella me tomó por la espalda. Sus manos bajaron directamente a mi entrepierna y empezó a sobar mi verga por encima de mi ropa. La dejé hacer todo lo que quiso hasta que me dio la vuelta, me sacó la playera que llevaba y comenzó a besar y mordisquear mis tetillas y mi pecho, con una pasión que me erizaba la piel. Con sus manos bajó mi pantalón y tomándome de las nalgas me jaló hacia ella, me apretaba con fuerza y comenzó a jugar con mis nalgas, introduciendo sus dedos entre ellas y sobando mi culo con deseo.

Yo respondí como pude, la abracé y besé también con fuerza ya que me había excitado muchísimo. Prácticamente me estaba dominando, así sin aviso, y me encantaba. Le saqué la chamarra y su blusa; aparecieron sus enormes y perfectos senos bajo el brasier. Lo arranqué e intenté morderlos. Ella no me dejó; me jaló hacia una recámara y me levantó, aventándome en la cama. De inmediato cayó sobre mí. Su boca se comía mi verga con succión profunda y ruidos húmedos, sobaba mis huevos con manos firmes. Luego empezó a trepar sobre mi cuerpo como escalándome, su vagina húmeda y caliente se acopló a mi verga. Abriéndola con una mano se metió mi verga entera, jadeando: “Sí, así, te quiero dentro”. Yo intenté corresponder pero ella sujetó mis manos por encima de mi cabeza y empezó a cogerme con desesperación. Su cuerpo grande y fuerte se movía sobre el mío, sin lastimarme en verdad, el olor a sudor erótico llenando el aire. Yo ya no intentaba nada más que seguir gozando aquello. Me estuvo follando casi por media hora; cuando sentía que yo empezaba a tensarme, bajaba el ritmo, eso me enardecía hasta la locura. Entonces yo intentaba ser quien la cogiera pero su fuerza me ganaba. Poco después vi que cerraba los ojos y empezaba a jadear primero, luego me decía ronca: “Quiero que le des tu leche en mi coño, ya es tiempo”. Inició un mete y saca feroz que pensé me iba a romper la verga, pero no. Ya no se detuvo, siguió hasta que yo no aguanté más y gruñendo le solté toda la leche que traía guardada, con palmadas resonantes de piel contra piel. Ella siguió por un momento, contrayéndose alrededor mío, y luego se recostó sobre mí, besándome con una ternura que contrastaba con su furia anterior.

Se rodó sobre la cama quedando boca abajo y entonces tomó una de mis manos y se la llevó a las nalgas. Eran increíbles, grandes, firmes, sensuales. Yo inicié un recorrido sobre ellas, las apretaba, se las pellizcaba y entre más apretaba parecía que ella gozaba más. Me incorporé, me coloqué sobre ella y devoré ese culito —más bien culote—. Mordí con verdadera fuerza sus nalgas, las separé y le chupé su culo, metí mi lengua como si buscara un tesoro, se lo mojé con mi saliva hasta que casi se hizo un pequeño charco, oliendo a deseo puro. Ella solo levantaba las nalgas y pedía más con gemidos: “Sí, no pares”. Le acomodé, enfilé mi verga y se la dejé ir sin mayores contemplaciones. Me recibió como una guerrera, entera se la tragó. Yo inicié a entrar y salir con fuerza, empujando hasta el fondo y saliendo casi por completo, sonidos húmedos y jadeos llenando la habitación. Así duramos bastante según yo, hasta que poco a poco empezó a mover su culo en círculos, atrás y adelante, y a decirme: “Ya échame la leche, hazme tu puta, este culo es para ti, me lo guardé”. Yo soporté todo lo que pude hasta que mi leche salió casi por voluntad propia, gruñendo sobre su espalda sudorosa.

Me quedé encima de ella que parecía que dormía. Luego de un momento se movió y yo con ella; se volteó, me abrazó y me acomodó en su pecho. Así nos quedamos un buen rato. Luego yo me levanté y empecé a vestirme. Ella me miraba con calma. Cuando me vestí por completo se levantó así desnuda como estaba, se me acercó y me dijo: “O la migraña es muy traicionera o tus medicinas tienen muchos efectos secundarios, porque nunca me había sentido tan caliente. De cualquier manera, gracias por todo”. Yo la abracé gozando su perfecto cuerpo desnudo y al oído le solté: “Pues con migraña o con medicamentos, pídeme cuando quieras otra sesión como ésta”.

Los dos sonreímos. Ella me acompañó a la puerta y yo me despedí. Solo pude llegar a mi casa a dormir; estaba molido de una manera que dormí como un bebé feliz.

Elena siguió llevándome a su casa, con y sin su mamá, y yo feliz de la vida hasta que a ella la comisionaron para entrenar los equipos de básquetbol de una delegación.

Esta historia se basa en hechos sucedidos y claro que tiene agregados que buscan incorporar el componente sexual y cachondo que todos los lectores merecen. Si les ha gustado, me agradaría poder leer sus comentarios o críticas y hasta entablar comunicación e intercambios. Saludos.

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