Me inicio mí primo a los 18

Soy un hombre de clóset desde hace años… Hoy tengo 47, pero les voy a contar mi historia de fantasías que me han acompañado toda la vida.

Desde joven, en reuniones familiares adultas, jugábamos a la casita con primos mayores de edad y amigos del barrio. Siempre terminábamos mostrando nuestras partes, tocándonos y rozándonos con entusiasmo mutuo. A mí me encantaba jugar el rol de la mamá en la casita; me fascinaban los penes grandes. Esos juegos evolucionaron, pero con uno de mis primos, un hombre de 25 años como yo en ese entonces, nos escapábamos a escondidas para hacer “cosas de grandes”. Fumábamos cigarrillos y mirábamos revistas porno. Yo siempre fijaba la vista en las grandes pollas de los tipos y en las caras de placer de las chicas, siempre maquilladas y hermosas. Así empecé a pintarme los labios a escondidas y me encantó. Soñaba con ser una de ellas, y comencé a usar bombachitas de mi hermana, todo en secreto.

Mi primo se dio cuenta y, mientras miraba las revistas, sacó su polla delante mío y empezó a masturbarse. No podía dejar de mirarlo. Me propuso jugar a las cartas por prendas, y acepté emocionado. Perdí, y como prenda me pidió que lo dejara frotarme la polla por la cola sin ropa. Bajé mis pantalones, me acosté boca abajo y él se puso encima, frotándome despacio. Su polla era más grande que las de mis amigos. En un momento llegó a la entrada de mi culito y, con mi permiso, empujó la punta. Me dolió un poco al principio, así que le pedí que parara. Se quedó quieto, y cuando me relajé, resbaló un poco más adentro. Moví las caderas para acomodarme, y de pronto me penetró por completo. Me quedé quieto, disfrutándolo, y él empezó a moverse. Sentí su polla entrando y saliendo, y vinieron a mi mente las imágenes de esas mujeres de las revistas. Decidí gozar como ellas, gimiendo de placer. Me cogía despacio hasta que vio que me encantaba, y entonces bombearon más rápido. Sentí que se tensaba y gruñía, acabando dentro de mí con mi total aprobación. Desde ese día, cuando estábamos solos, una simple seña bastaba: me desnudaba para que me hiciera su nena. Así nació Roxy en mí, y me encanta.

Ya contaré la primera vez que me vio de nena…

Ahí

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RoxyLeila
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