Vacaciones con Sara
Un viaje a solas con Sara en las playas de Baja California se convirtió en la oportunidad perfecta para una de mis actividades favoritas: exponer a mi novia a extraños.
Me encontraba con Sara en un hotel todo incluido en la playa para celebrar nuestro aniversario. Durante esa semana pudimos disfrutar de nuestra sexualidad en privado, y no tan privado. Como comenté en relatos anteriores, mi pareja y yo hemos empezado en el mundo del exhibicionismo y voyerismo gracias a que poco a poco ella se ha prestado a participar en estas situaciones. Ella no ha perdido completamente la vergüenza de que extraños la vean con poca ropa, lo que hace que me siga excitando cada vez que provocamos que esto ocurra. Desde que estábamos planeando el viaje me empecé a crear escenarios en mi cabeza, puesto que mi novia me enseñó los trajes de baño que compró. Dos bikinis, uno blanco y uno negro. Como le suele suceder cuando compra por internet, el brassier le queda ya sea muy grande o muy chico. Esta vez ambos conjuntos le apretaban un poco de los pechos. Como he dicho, Sara tiene unos senos muy lindos, de buen tamaño y con pezones cafés bastante grandes. Con los trajes de baño, y como me mostró en fotografías, se le veían las tetas en una posición comprometida y pareciera que con cualquier movimiento se podían salir. Ella dijo que no llevaría esas prendas a las vacaciones por miedo a que ocurriera un accidente. Sin embargo, la convencí de empacarlos. Obviamente pensando en las posibilidades que eso presentaba.
El día que hicimos check in en el hotel nos dirigimos a conocer la alberca y el bar que había. Le dije a Sara que se pusiera el bikini negro que me mostró. A ella le pareció bien, ya que solo iríamos a pasar un rato tranquilo a la alberca con unos tragos. Al llegar, ella se quitó la blusa larga que traía y dejó ver su cuerpo por primera vez en ese hotel. Debo decir que inmediatamente levantó miradas de la gente que estaba en el bar. Sus tetas rebotaban a cada paso que daba mientras se metía al agua, y parecía que en cualquier momento iban a brincar fuera del brassier. Pedimos unas margaritas para celebrar el inicio de nuestras vacaciones. Al poco rato, unos gringos de unos treinta y tantos años que estaban en la barra nos preguntaron si queríamos tomar shots con ellos. Aceptamos, puesto que era un todo incluído. Sara no entiende muy bien el inglés, así que fui yo quien platicó con nuestros nuevos amigos. Varios de ellos se notaban ya tomados y no podían evitar verle el pecho a mi novia. Ella no lo sabía en ese entonces, pero se podía asomar una parte de sus aureolas por el borde de su traje de baño. Como dije, Sara no habla mucho inglés, pero sí que pudo entender algo de lo que los hombres tomados empezaron a decir. Empezaron a gritar el clásico “show your tits”. Ella tímidamente dijo que no, cubriéndose con el brazo y no pasó de unas cuantas risas. Sin embargo, pude ver en Sara el rostro que hace cuando se siente deseada, lo que ayudó a sentar base para lo que serían nuestras vacaciones.
Los días pasaron y teníamos una rutina relajante. En la mañana a desayunar en el restaurante del hotel. Luego a la alberca un rato. Y por la tarde teníamos caminatas por la playa. Sara pudo usar sus bikinis más sensuales. Lo que captó varias veces la atención masculina de la zona, pero solo hasta ahí. No fue hasta un día que nos quedamos a descansar en el cuarto después de una mañana de playa, que decidimos pedir comida a la habitación. Ordené con el teléfono del cuarto y mientras esperábamos, mi novia tomó una ducha. Al salir, Sara se puso su ropa interior rosa de encaje y una de las batas que daban en el hotel. Puesto que el servicio al cuarto llegaría pronto, ella pretendía vestirse. Pero al ver su atuendo le dije: “Y si mejor te quedas así como estás?” Ella como de costumbre al principio se negó. Pero ya me conoce y sabe lo que me excita, así que aceptó algo a regañadientes. Llegó el momento y el joven que traía la comida tocó la puerta. Yo lo dejé pasar mientras Sara se encontraba frente al espejo cepillando su cabello. Sus pechos estaban solo cubiertos por la bata abierta, mostrando un perfecto escote hasta la cintura. Su ropa interior rosa y algo transparente no dejaba mucho a la imaginación. El chico dejó la comida en uno de los muebles, no sin antes observar a Sara de pies a cabeza. Desde sus largas piernas hasta sus tetas semicubiertas que rebotaban con cada cepillada que se daba. Mi novia fingía no importarle ser vista así, pero sé que se moría de vergüenza en el interior. Le di propina al empleado y salió del cuarto. No sin antes echarle un último vistazo a la mujer que seguramente alegró su día. Yo no cabía de la excitación y el morbo. Así que tan pronto cerré la puerta detrás del joven, fui a quitarle la bata a Sara y comprobar lo erectos que estaban sus pezones después de lo ocurrido. La comida tuvo que esperar un poco ese día…
Al siguiente día nos propusimos ir a una playa que estaba algo retirada del hotel donde nos quedábamos. Así que temprano nos levantamos para alistarnos. Durante la noche debió haber una falla en el aire acondicionado de la habitación porque estaba goteando y se formó un charco en el suelo. Le dije a Sara que reportaría el imperfecto para que vinieran a arreglarlo, y mientras ella se fue a bañar. La regadera de la habitación se encontraba separada de la parte de la cama por una pared. Pero no tenía una puerta, sino que la parte de la ducha y el lavabo se encontraban acessibles al pasillo que daba a la puerta principal. Mientras mi novia se seguía bañando, llegó el técnico que arreglaría el aire acondicionado. Lo dejé pasar y caminó por el pasillo hasta donde se encontraba el aparato. Desde donde estaba él se podía ver perfectamente la regadera; y como ésta era de cristal transparente, pudo ver a Sara completamente desnuda de espaldas poniéndose shampoo. El hombre se notaba excitado con lo que veía: unas grandes nalgas seguidas de unas piernas largas y sexys. Así estuvo un rato mirando el aparato de aire y sin que Sara notara su presencia. No fue hasta que ella se volteó para salir de la ducha que pudo ver que no estábamos solos en el cuarto. Sara titubeó un poco mientras salía de la regadera, dando suficiente tiempo al tipo de ver sus tetas y su vagina con lujo de detalle. Sara gritó cuando pudo distinguir a aquel hombre y corrió a cubrirse con la toalla. Yo estaba contemplando la escena con una erección durísima. Era la primera vez que lograba que un extraño viera a Sara sin una sola prenda. El hombre se disculpó y aseguró que solo hacía su trabajo, aunque todos estábamos seguros de que disfrutó de la vista. Después de terminar la reparación, el técnico salió con una gran sonrisa en su cara. Sara estaba enfurecida por no avisarle que había alguien. Pero ya sabe cómo soy y que me prenden esas cosas.
Después de eso y aún con cierta vergüenza por parte de Sara, nos dirigimos a la playa. Caminamos por el muelle unos 20 minutos para llegar ahí. Hoy, mi novia decidió ponerse uno de los trajes de baño que sabía que le quedaban bien, y que no corría riesgo de algun accidente. Al llegar a la playa, Sara se quitó su blusón y yo la playera, y fuimos a nadar un rato en el agua. Ya dentro jugueteamos un poco y comenzaron algunos besos coquetos. Aproveché este momento para desabrochar discretamente el nudo en el brassier negro de Sara por la parte de la espalda. Ella no se dio cuenta hasta después de un rato que se movió y sintió muy flojo el bikini. Pensó que se había desabrochado solo y me pidió que hiciera de nuevo el nudo. Pero en lugar de eso le deshice el otro nudo, el que sostenía la prenda del cuello, y se lo quité completamente. Ella se sorprendió e intentó obtener su brassier de vuelta. Sin embargo yo ya me encontraba lejos de ella y más cerca de la orilla. Corrí hacia la toalla que dejamos extendida en la arena con una gran erección que estoy seguro que la gente de la playa pudo notar, dejando a Sara casi desnuda mar adentro. Ella no sabía qué hacer, si enojarse, salir corriendo o esconderse entre las olas. Al final tomó una decisión que no esperaba. Salió caminando del agua con toda tranquilidad y sus increibles pechos a la vista de todos en la playa. Ella supuso que al no cubrirse los senos, no llamaría tanto la atención. Pero sí que captó las miradas de un grupo de estudiantes que se encontraban sentados en la arena. Las tetas de Sara rebotaban en su máximo esplendor, dando a los jóvenes un espectáculo difícil de presenciar más de una vez. Sara llegó a mi con total confianza. Le di su brassier; se lo había ganado después de darme lo que deseaba.
La última noche en el hotel había una “Fiesta Blanca”. La cual era una cena en la playa en la que todos debían ir vestidos de blanco. Sara decidió ponerse un vestido blanco, suelto de la parte de la falda, pero ajustado del busto y sin tirantes. El vestido le quedaba perfecto, pero al ponerse sostén, se veían los tirantes en sus hombros. Convencí a Sara de ir a la cena sin sostén. Se transparentaban mucho sus pezones, pero pensamos que no debería ser un problema al estar entre tanta gente. Dicho esto, salimos del cuarto y nos topamos con una gringa que habíamos visto anteriormente y se hospedaba sola en una habitación cercana a la nuestra. Varias veces días atrás, había halagado el atuendo de Sara, y esta no fue la excepción. Ella le dijo que se veían increibles las tetas con ese vestido. Ella no entendía mucho de lo que decía pero le agradeció por cortesía. Al llegar a la cena nos separamos de la gringa y fuimos a comer. Todo transcurrió sin pasar cosas importantes; un buffet de comida internacional, y un show de tragafuegos. Después de varias horas, decidimos volver al cuarto. Íbamos algo tomados y con ganas de sexo. En el camino se me ocurrió una idea. El cuarto estaba algo retirado de la zona común del hotel. Tenías que caminar por varias escaleras exteriores para llegar. Reté a Sara a bajarse el vestido hasta llegar a la habitación. Con las tetas de fuera como si solo trajera falda. Ella ya estaba algo excitada por lo que nos esperaba al llegar, por lo que accedió facilmente. Liberó sus hermosos pechos con pezones enormes y continuamos caminando. Estaba oscuro y parecía no haber nada de gente. Eso hasta dar vuelta en una escalera y toparnos con nuestra amiga gringa. Ella también estaba algo borracha y muy sorprendida de la audacia de Sara. No paraba de verle el pecho y hacer comentarios sobre lo rica que se veía. Mi novia estaba entre apenada y emocionada de todo lo que se atrevía a hacer. Al poco rato llegamos al cuarto de nuestra amiga, la cual descubrimos que se llamaba Alicia. Pensábamos que sería nuestra despedida pero antes de entrar por la puerta, Alicia tomo a Sara del brazo y nos invitó a ambos a pasar. Adentro, nuestra amiga decidió acomodarse al atuendo de mi novia y se quitó el vestido junto con el sostén. Sus tetas eran más grandes que las de Sara, con pezones oscuros. Al poco tiempo, comenzó a chupar los pezones de Sara, mientras yo observaba todo mientras me hacía una paja. Mi novia manoseaba a Alicia con placer, evolucionando a besos apasionados. Yo no me quise quedar atrás y le bajé la tanga a Sara para acariciar su clítoris. Comencé a hacerle un oral mientras Alicia le succionaba los pezones sin parar. El orgasmo de Sara no tardó en llegar llenando de jugos la cama de nuestra vecina. Posteriormente, Sara comenzó a introducir sus dedos en la vagina de Alicia, y yo me puse a frotar y morder sus tetotas. Ella comenzó a decir en inglés y gimiendo cada vez más fuerte que quería que se la metiera. Sara no comprendía del todo y le dije en voz baja lo que quería. Ella me dio permiso e hicimos el cambio. Comencé a introducir mi verga en Alicia. Ella gemía mientras Sara la toqueteaba y le acercaba sus tetas a la boca. Sin saberlo nos encontrábamos en nuestro primer trío. Cuando Alicia llegó al orgasmo, nos levantamos y la dejamos disfrutar de un merecido descanso. Volvimos a nuestra habitación concientes de que nuestra relación había llegado a un nuevo nivel de morbo y confianza.
Al siguiente día, poco antes de hacer checkout en el hotel, quisimos ir una última vez al bar de la alberca. Nos topamos a nuestros amigos del primer día. Como aquella vez, los gringos pidieron ver las tetas de Sara. Solo que esta vez, con todo lo que habíamos pasado, ella no lo dudó un momento y mostró sus anhelados pechos a todos en el bar. Brincando y sacudiéndolos les dio un último espectáculo antes de irnos del hotel llenos de recuerdos, experiencias y mucha excitación.
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