Viernes de placer

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¡Por fin Viernes! Llevaba una semana bastante estresada con los malditos exámenes, además de tener que currar, así que imaginaros… Mi novio estaba estudiando fuera en Madrid, por lo que solo le veía los fines de semana, y a parte esa semana apenas habíamos hablado por teléfono. Todos los viernes venía a buscarme al instituto, pero ese día me había mandado un mensaje diciéndome que hasta por la noche no llegaba, me desilusioné bastante, necesitaba estar con él.

Salí del instituto con mis amigas, con la esperanza de que todo hubiera sido una broma y él estuviera allí, pero no.

– Hola guapísima.

De repente Víctor un amigo de mi novio, apareció por detrás de mí.

– ¿Dónde esta Álvaro?

– Hasta por la noche no llega – le contesté un poco apenada.

– Vaya por dios.

El se debió de dar cuenta de lo decepcionada que estaba porque Álvaro no estuviera allí.

– Venga nena… total no va a pasar nada porque estés unas horitas más sin verle. Además… ¿Qué te parece si te vienes a mi casa y le esperamos allí?, Te prometo que no voy a cocinar, pedimos una pizza.

Víctor era un chico majísimo, muy simpático, nos habíamos hecho bastante amigos, además él fue quien me presentó a Álvaro, porque a mi novio le daba vergüenza acercarse a mí. Nos fuimos a su casa, estábamos solos allí, comenzamos a hablar de temas sin importancia, de los estudios, del calor que hacía. Víctor fue un momento a la cocina, cuando sonó mi móvil… era Álvaro.

– Hola cariño, perdóname por no haber podido ir.

– No te preocupes, pero por fa ven lo más pronto que puedas que te hecho mucho de menos.

– Ay cielo, no sabes las ganas que tengo de quedarnos esta noche a solas, te voy a recompensar por no haber llegado pronto.

– ¿A sí? – le pregunté entre risas, aunque la verdad que sin darme cuenta me iba calentando.

– Esta noche pienso romperte el culo, algún día tiene que ser y va a ser esta noche.

Álvaro nunca me había hablado así, enseguida noté como mi tanga comenzó a mojarse y sin darme cuenta me llevé la mano entre mis piernas.

– ¿Y que más me vas a hacer?

– Yo nada, lo vas a hacer tú solita, me vas a hacer la mejor mamada del mundo.

Mi excitación cada vez era más grande, y comencé a mover mi mano frotándome por encima del tanga, por un momento me olvidé que Víctor estaba cerca. Mientras Álvaro seguía contando como me iba a follar, yo aparté un poco mi tanga, y me empecé a meter un dedito despacio. Álvaro me contaba que él se estaba haciendo una paja a mi salud, yo no le decía que estaba en casa de Víctor por lo que me animó a que me masturbará yo también. Cuando ya tenía dos dedos dentro, me di cuenta que Víctor estaba mirando desde la cocina, en un primer momento me quedé parada mirándole avergonzada, pero él me sonrió y me incitó a que siguiera. Se acercó a mí, y sin decirme nada, apartó mi mano y fue él quien siguió masturbándome, ya con dos dedos.

Colgué a Álvaro… era incapaz de seguir así, y me dediqué a disfrutar de la masturbación que Víctor me estaba haciendo, sus movimientos eran secos y profundos, yo gemía fuerte. De repente sacó los dedos, y se desabrochó el pantalón. Su polla era alucinante, era casi el doble que la de Álvaro, sin decirme ni una palabra me agarró la cabeza y me la llevó hasta su polla, me la metió de un solo golpe en la boca, casi me ahogo, no estaba acostumbrada a tener algo tan grande dentro de mí.

– Eso te pasa por calentona, eres una puta zorra, que nos tienes calientes a todos. Ya es hora de que te den tu merecido.

Comenzó a mover mi cabeza a su antojo, cada vez más fuerte. Yo apenas podía respirar, pero hacía todo lo posible para adaptarme a sus movimientos y hacerle disfrutar.

– Esto es por las veces que nos enseñas el culo y las tetas y por todas las veces que Álvaro nos cuenta como te folla. Y ojito que le dejes follarte el culo, ya que es el único agujerito que te queda virgen va a ser mío.

De repente se corrió en mi boca, yo ya no sé ni los orgasmos que tuve. Víctor me obligó a limpiarle la polla, y a tragarme todo sin que se cayera nada. Después me agarró de los pelos y me levantó, me tumbó contra el sofá de su casa boca abajo y comenzó a meterme un dedo en el culo, moviéndome para dilatármelo, y cuado le pareció que estaba preparada, comenzó a meter su polla despacio, porque apenas cabía. Yo gritaba de dolor y placer a la vez, sentía que no podía más y solo llevaba la mitad. Después me la acabó de meter y comenzó a bombearme hasta que terminó dentro de mí. Después me dio la vuelta, me besó suavemente en los labios, se llevó mi tanga y se largó a su cuarto, dejándome allí desnuda tumbada pensando en lo que había pasado.

Autor: Anónimo

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