Vanesa, mi madre y yo
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Esto ocurrió después de que Vanesa y Santiago intercambiamos madres. Mi madre, mientras cogíamos, me platicó que tenía ganas de estar con Vanesa y me preguntó si podía invitarla, a lo cual le dije que sí. Nunca me comentó qué día vendría, pero yo sabía que se tenían ganas desde el día del intercambio; una vez encontré en la computadora de mi madre fotos que se mandaban a solas.
Un martes salí temprano de casa por un compromiso que al último momento se canceló. Al llegar, apenas entré, escuché gritos y gemidos que salían del cuarto de mi madre. No pude evitar escuchar y, por el morbo, me asomé ya que la puerta estaba abierta. Vi que estaba con Vanesa; mi madre estaba empinada mientras Vanesa le lamía el ano y la vagina. Mientras la nalgueaba, le decía que ya deseaba tener todo ese culo para ella solita. Mi madre le respondió que le encantaba cómo la estaba lamiendo y que ya deseaba sentir su lengua ahí. Vanesa le dijo que ya no aguantaba las ganas de probarla de nuevo y de tener esas ricas tetas grandes para ella.
Vanesa se puso encima de mi madre mientras se besaban; vi cómo mi madre abría las nalgas de Vanesa metiendo sus dedos en su ano mientras le decía que le encantaba y que quería lamerla también. Vanesa se levantó y se empinó, y entonces mi madre empezó a lamerle todo el ano y la vagina. Ella gemía mientras mi madre le decía lo rico que sabía y cuánto deseaba pasar la lengua por ahí. Vanesa le confesó que le fascinaba cómo lo hacía, y recordó que gracias a que yo puse su cara en ese sitio mientras la cogía, no había dejado de desearlo. Ambas confesaron que era la primera vez que estaban con otra mujer y que no imaginaban que fuera tan placentero.
Yo veía todo lo que pasaba y me estaba masturbando desde la sala, ya que se veía todo. En eso, ambas salieron desnudas y se sorprendieron al verme. Vanesa me dijo que no era lo que yo imaginaba, pero le respondí que no se preocupara, que me fascinó ver cómo se disfrutaban. Mi madre me recordó que ya me había comentado sus deseos y le dije que no me molestaba, al contrario, que me excitó tanto que no pude evitar masturbarme.
Vanesa le susurró algo al oído a mi madre y ambas empezaron a reír. Se empezaron a besar y a agarrarse las nalgas; luego se acercaron a mí y se pusieron de rodillas. Con mi miembro fuera, ambas empezaron a lamerlo mientras seguían besándose entre ellas. Mi madre se empinó de nuevo y le dijo a Vanesa que quería que yo viera cómo su propia madre era la puta de otra mujer. Vanesa se agachó, abrió el ano de mi madre y metió los dedos mientras la lamió profundamente.
Al ver a Vanesa de rodillas, no pude más, la agarré de la cintura y metí mi miembro en su ano. Ella pegó un grito y me pidió que la sacara, pero le dije que gritaba muy rico y que se veían excitantes juntas. Vanesa me confesó que ni su propio hijo la hacía gritar así cuando la tomaba por atrás, y pidió que al terminar, mi madre la lamió de nuevo. Mi madre se levantó, se agachó a mi lado y empecé a manosear sus tetas mientras la besaba. Le pedí que me la chupara; saqué mi miembro de Vanesa y mi madre comenzó a lamerlo con devoción, diciendo que sabía al rastro de Vanesa y que ese olor la volvía loca.
Vanesa pidió sentir de nuevo la lengua de mi madre. Ella se acercó y se hundió en su ano. Vanesa exclamó que deseaba sentir toda su lengua adentro, y mi madre le aseguró que era lo más rico que había probado. Luego, Vanesa volvió a lamer mi miembro, comentando que sabía al rastro de su propia amiga. Me confesó que desde la primera vez que nos vio a mi madre y a mí, se sintió muy excitada al ver cómo yo la nalgueaba y la tomaba por el culo.
Me levanté, agarré a mi mamá y la empiné en el sofá. Metí mi miembro en su ano y ella empezó a gemir fuerte. Abrí sus nalgas y le pedí a Vanesa que se acercara para ver cómo entraba y salía. Vanesa pidió probar mi verga con el sabor de mi madre; la saqué y, mientras ella lamió el ano abierto de mi madre, también me la chupó a mí. Ambas decidieron ir al cuarto para seguir.
Nos acostamos en la cama. Ellas se besaban y se tocaban mientras me decían lo mucho que les gustaba estar juntas y que no habían dejado de recordarlo desde el intercambio. Yo les dije que estaba dispuesto a que lo hicieran cuando quisieran, siempre que yo pudiera participar. Ambas se subieron a la cama y me la chuparon un rato. Luego puse a mi madre encima de mí y la penetré por el ano; mientras ella cabalgaba, Vanesa le chupaba las tetas y la besaba. Después fue el turno de Vanesa, quien se puso encima y se movió gimiendo rico, mientras mi madre le decía lo bien que se veía con mi miembro adentro. Así estuvimos los tres hasta que nos vinimos en la boca de ambas, y no dejamos de coger por un buen rato.
