Una noche especial

Susana y Enrique habían quedado para esa noche. Sin duda iba a ser un momento muy especial para los dos. Se habían citado para las 9 en casa de Enrique, sus padres estaba fuera ese fin de semana y había que aprovechar el momento.

Susana entró nerviosa, sabía a lo que venía, pero eso no impedía que su corazón latiera de emoción. Era un momento clave en su vida y lo sabía. A Enrique se le veía más tranquilo, pero en el fondo estaba tan nervioso como Susana. Quería hacer las cosas bien y tenía miedo de que los nervios se lo impidieran.

El comienzo fue tímido, parecía que nunca se habían enrollado antes, pero esa noche era diferente. Poco a poco, y sin apenas darse cuenta, fueron avanzando entre beso y beso hasta la habitación de Enrique. Ya en la cama sus cuerpos estaban tan calientes como la lava de un volcán. El momento llegaba.

Se fueron desnudando poco a poco, había que aprovechar el momento, ese momento tan especial del que llevaban días hablando. Ya desnudos se movían como conejos. Enrique recorría el cuerpo de Susana dando besos por todas partes. Enrique estaba tan caliente que tenía miedo de correrse antes de tiempo. Jamás recordaba haberla tenido tan tiesa como en ese instante.

Enrique le besaba el coño a Susana. Ella jadeaba de gusto y en poco tiempo se corrió. Susana había llegado al clímax, a lo más alto, jamás se había sentido como en ese momento. Después fue ella la que le chupó la polla a Enrique. Enrique se había hecho muchas pajas pensando en que una mujer se la chupaba, pero nada era comparable a la realidad. Enrique se corrió. Nunca había visto el semen de salir de su polla de esa manera. Llenó toda la cama del liquido blanco. Susana, mientras, se restregaba el semen por todo su cuerpo. Eso a Enrique lo ponía aún más caliente.

Después de eso no podían parar. Era la primera vez que los dos follaban y les quedaban fuerzas para mucho más. Después de que la primera vez Susana le hiciera un francés a Enrique, éste cambió de idioma y en una segunda vez, le hizo un griego a ella.

Después los dos siguieron otra vez, lo hacían como conejos. Continuaron hasta que ambos se quedaron sin fuerzas. A la mañana siguiente ambos tuvieron el mejor despertar de su vida. Los dos se sentían felices. Habían hecho algo por primera vez y los dos sabían que habían acertado la pareja y el momento.

Autor: Anónimo

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